
El hombre que mira al mar no puede tener mas de treinta y pocos años. Es delgado y moreno, lleva el pelo, lacio y bastante largo, peinado a un lado. Posiblemente usa gomina, porque el levante que acaricia su rostro apenas consigue agitarlo. Las cejas son espesas y arqueadas, los labios gruesos y sensuales, un tanto femeninos. Es un rostro a la vez agraciado e inquietante, hay algo sin acabar en los rasgos de este joven. Contemplarlos recuerda un retrato magistralmente ejecutado, en el que el artista, por prisa o descuido, no ha completado los últimos retoques. La barbilla es débil, el cabello demasiado lustroso, la cejas demasiado pobladas. Pero sobre todo, lo que inquieta en él son los ojos, enormes, oscuros, inmensamente tristes.
El hombre mira al mar, apoyado en la barandilla del paquebote que recorre el trayecto entre Nápoles y Palermo. No sabemos lo que piensa, pero el ligero temblor que le sacude nos hace intuir que tiene frío. La noche de finales de marzo es bastante cálida en esta parte del mediterráneo, pero el relente del mar es todavía fresco, lo bastante como para que no haya nadie en cubierta excepto él.
¿Por qué no regresa a su camarote? ¿Está acaso mareado por el zarandeo del barco? No parece probable, el mar está tan pacífico esta noche de 1938 como si en el mundo no hubiera ocurrido jamás calamidad alguna, a pesar de que decenas de millones de personas van a perecer en el gran conflicto bélico que se avecina al mundo.
Pero el hombre que mira al mar no sabe nada del futuro. Es más, muy probablemente el futuro le tiene sin cuidado. Al menos eso es lo que parece deducirse de la carta que ha enviado, hace dos días —el 25 de marzo — a Antonio Carrelli, director del Instituto de Física de Nápoles, donde este joven, cuyo nombre es Ettore Majorana, es ya catedrático, uno de los más precoces de la historia de la ciencia italiana. En esa carta, nuestro héroe pide perdón por cualquier inconveniencia que su desaparición pueda causar, pide ser recordado por sus colegas, afirma haber tomado una decisión irrevocable.
¿Qué decisión puede ser esa? ¿Por qué se balancea sobre la barandilla de esa manera, como un hombre del que tira el vértigo?
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¿Qué es eso de «gli ragazzi»?
http://lmgtfy.com/?q=gli+ragazzi+di+Via+Panisperna
google: gli ragazzi da via Panisterna
Magnífica ‘novela’. Esperando…
Gracias y saludos.
Pingback: Juan José Gómez Cadenas: Paisaje sin neutrinos (I), un remedio desesperado
¿Aparecen los WIMPs en la ‘novela’?
Debe tener tarea. No se preocupe, no hay prisa.
Saludos.
Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Juan José Gómez Cadenas: Paisaje sin neutrinos (II), Fred & Clyde