Cine y TV

’20 000 leguas de viaje submarino’: tú hablas de la luz, yo hablo de la noche

20 000 leguas de viaje submarino. Imagen: Disney.
20 000 leguas de viaje submarino. Imagen: Disney.

El mal y la muerte es lo más difícil de explicar a un niño. La vida en sí misma o las maravillas del planeta Tierra, en cambio, no ofrecen mayor dificultad, no necesitan puntualización alguna. Para ayudarnos, entretenernos y abrir bien los ojos a nuestro alrededor, Julio Verne inventó la literatura científica, a través de la cual imagina el desarrollo del futuro a partir de artefactos inventados. Se da la circunstancia de que Verne es uno de los escritores más populares de todos los tiempos, lo que significa que la especie humana, quizás, no es tan descabelladamente estúpida como a veces se piensa. 

Julio Verne concebía la vida como un viaje, una aventura que contiene el spoiler que todos sabemos. Su primera obra de ficción científica es París en el siglo XX, una novela que fue rechazada por pesimista: presagiaba una sociedad en que la gente viviría obsesionada con el dinero, la velocidad y, sí, una red mundial de comunicaciones. Una de las preocupaciones del gran autor francés era que la humanidad no siempre está a la altura de sus progresos técnicos. Un caso exactamente aplicable, por ejemplo, al uso de la bomba atómica. Y un fenomenal hongo nuclear es la imagen predominante en los últimos metrajes de 20 000 leguas de viaje submarino. Es una película de Walt Disney, sí, pero también es 1954, tiempos de guerra fría y paranoia nuclear.

El capitán Nemo es un genio de la ciencia que decide abandonar un mundo que considera cruel y dominado por leyes injustas —luego sabremos que la causa es que el gobierno de su país torturó y mató a su familia—, para buscar una nueva vida bajo las aguas a bordo de un artefacto ideado por él mismo que es una obra maestra de la tecnología: el submarino Nautilus. En el transcurso de la película, hace prisioneros al profesor Aronnax, a su ayudante Conseil y el arponero Ned Land, quienes descubren la asombrosa vida marina surcando diferentes océanos y la maravilla técnica del Nautilus. A su vez, a lo largo del oscuro viaje van sumergiéndose en la compleja personalidad del capitán Nemo, un ser cada vez más iluminado por su odio a lo establecido.

Rodada en Bahamas y Jamaica, 20 000 leguas de viaje submarino es, probablemente, una de las mejores películas que Disney ha hecho jamás. Contó con un equipo de extraordinarios actores, una hazaña entonces para un emporio dedicado enteramente a los niños: el capitán Nemo es James Mason, espléndido en este tipo de personajes retorcidos y extraños, sea como Brutus en Julio César, como el espía en Con la muerte en los talones, Humbert Humbert en Lolita, o como ayudante del doctor Mengele en Los niños del Brasil.

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4 comentarios

  1. devilinside

    Como matización, el gobierno que torturó y mató a la familia de Nemo era el gobierno colonial británico, no el suyo

  2. Una puntualización: París en el siglo XX no fue la primera obra de ficción de Verne ni de lejos. Ya había escrito (y publicado) un montón de cuentos y de obras de teatro de ficción, de hecho tampoco fue la primera como «escritor profesional y famoso», ya que esa es Cinco semanas en globo.

    La primera obra de ficción de Verne que no es obra de teatro podría ser Pierre Jean (1852), inacabada, pero si nos centramos en las «científicas», Maese Zacarías y Una invernada entre los hielos (1853), que fue una precuela del Hatteras.

    Referencia, aquí: http://jgverne.cmact.com/Bibliografia/Cronologia1.htm

  3. La mejor película de aventuras de la historia. Por encima incluso de En busca del Arca Perdida para mí.

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