
La anécdota es bastante popular: en diciembre de 1998, Adrien Brody asistió a la proyección para la prensa neoyorquina de una película llamada La delgada línea roja y dirigida por Terrence Malick. El actor se sentó por primera vez ante la cinta bastante ilusionado, sin haber visto previamente nada del material rodado, pero contento porque en teoría su papel en el film era muy importante para la historia. La participación en aquel proyecto le había supuesto la asistencia a un entrenamiento militar, donde se tiró siete noches durmiendo en medio de la jungla en una tienducha minúscula, muchísimas semanas de rodaje esforzándose a tope, y vestir todos los días un uniforme que «nunca se molestaron en lavar». Después de tanto tute, y tras esperar unos meses a que la postproducción hiciese su parte, Brody por fin estaba a punto de contemplar junto a los periodistas un montaje tosco de la película, una versión de doscientos quince minutos que Malick ni siquiera había dado permiso para exhibir. Al finalizar el pase, Brody abandonó la sala de cine con el morro retorcido en ángulos imposibles. Porque, en las más de tres horas y media de metraje que se acababan de proyectar, su presencia en pantalla había sido reducida a cinco minutillos y un par de frases.
El rumor general, los centenares de artículos en internet sobre el asunto, e incluso la mismísima Internet Movie Database en su sección de curiosidades sobre la película, aseguran que en el guion inicial el personaje de Adrien Brody, el cabo Geoffrey Fife, era el protagonista principal del film. Pero es poco probable que eso fuese cierto, y lo más seguro es que se trate de un dato fantasioso que alguien añadió al chisme para hacerlo más colorido y dramático. Hay quienes apuntan que este equívoco puede deberse a que en la novela homónima en la que se basa la cinta, un texto firmado por James Jones y publicado en 1962, el bueno de Geoffrey Fife es el alma del relato. Pero eso tampoco es verdad, porque dicha obra literaria es un relato coral sobre una compañía de soldados, sin un protagonista evidente. En el libro, Geoffrey Fife era un personaje más de la tropa, un idealista aterrado por el sinsentido de la guerra que encima batallaba con el conflicto de tener que asumir su propia homosexualidad en medio de tanta jarana belicosa. Existía un largometraje previo filmado por Andrew Marton en 1964 que ya había adaptado las páginas de Jones a la pantalla grande, y que también se bautizó como La delgada línea roja, pero en esos fotogramas el cabo Fife tampoco lideraba la trama.
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«El montaje inicial de Lock & Stock (1998) incluía a la supermodelo Claudia Schiffer como novia de Eddy (Nick Moran). Hasta que los test screenings realizados antes del estreno demostraron que la mujer CAUSABA RECHAZO entre el público, algo que provocó que su figura fuese eliminada del producto final por el bien de la taquilla.»
Sí, en efecto. Es uno de los problemas con los que los guapos y guapas del mundo nos encontramos, la animadversión y la fea envidia que suscitamos entre la población fea y acomplejada.
Decimosegundo párrafo, cuarta línea: «Un metraje que finalmente no llegó a utilizarse porque el NOVENO ARTE tenía mucho de competición ecuestre según el cineasta».
Señor Cuevas, si está hablando de cine debería al menos explicar por qué ha decidido montarse su propia clasificación y arremeter contra el tópico de considerar al cine el SÉPTIMO ARTE, como ha consensuado el asentimiento general, que otorga al cómic el ser el octavo y a la fotografía el ser el noveno.
El por qué el fotograma en movimiento ha tenido un reconocimiento que adelanta en dos puestos a la fotografía estática de toda la vida post-Niepce es otro cantar, que debería ser abordado en otro momento.
Por lo demás, un artículo bien documentado y sumamente ameno.
Una puntualización a tu puntualización: aunque no existe una clasificación y numeración oficial de las artes, sí existe consenso al señalar a la FOTOGRAFÍA como OCTAVO arte y al CÓMIC como NOVENO. De hecho, hasta existe una cadena de tiendas de cómics (aunque ahora ya tienen de todo) que se llama Arte 9.
Diego, no digas postpro, di pospo ;)