
Un vagón como campo de batalla.
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Se fabricaron veintidós vagones iguales a él. Idénticos. Las mismas maderas, los mismos sillones, los mismos marcos y letras doradas, las mismas piezas cinceladas en bronce. Pero este terminó siendo muy diferente al resto. Fue el que menos kilómetros recorrió por las vías.
Desde 1916 hasta su destrucción apenas circuló.
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El vagón CIWL 2419 fue fabricado por la Compagnie Internationale des Wagons-Lits, la misma del legendario Orient Express.
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En 1916, ante el recrudecimiento de la guerra y la necesidad de utilizar cada bien para fines bélicos, el vagón fue guardado en un galpón. Demasiado lujo, demasiado confort entre tanta muerte. Dos años después, lo restauraron y modificaron su interior para que sirviera de oficina móvil al mariscal Foch.
Un cuartel general entre rieles.
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Foch lo usó por primera vez el 28 de octubre de 1918. Diez días después recibiría allí, hostil y sin concesiones, a sus enemigos.
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Para noviembre de 1918, la Primera Guerra Mundial parecía decidida. Alemania no podía resistir más. Las voces internas del Imperio que desde hacía tiempo pedían el fin de las acciones lograron imponerse solo ante lo evidente de la caída, la falta de fuerzas de sus hombres, la escasez de pertrechos, la pérdida cotidiana de posiciones y en especial de vidas.
Era la hora del final. Era tiempo de armisticio.
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El bosque de Compiègne. El tercer espacio forestal francés de mayor extensión; es probable que en esa época se desconocieran esas precisiones agrimensoras.
Entre robles, hayas y algún animal salvaje escondido se produjo el encuentro. No era sencillo fijar un punto de encuentro. El lugar debía ser discreto, algo apartado. El mariscal Foch sabía que sería en sus dominios, una de las prerrogativas del vencedor.
Los alemanes tendrían que dirigirse al lugar que él impusiera. Dispuso —tal vez entusiasmado por la novedad— que fuera en su oficina móvil, ese lujoso vagón comedor que habían adaptado para que él trabajara mientras se desplazaba por las zonas de combate.
El bosque, y el claro en el que se encontrarían la formación ferroviaria y la caravana de autos que traían a los vencidos, estaba equidistante del frente de batalla y del cuartel general aliado.
Los derrotados cruzaron las líneas enemigas en cinco autos. Luego fueron escoltados por soldados aliados hasta llegar al bosque. Foch no quería que nada les pasara.
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Buena historia.