
Es una tarde de finales de enero. La escritora Marie Darrieussecq ha preferido atendernos en su domicilio de un céntrico barrio parisino, tal vez el antiguo Montrouge. La luz del atardecer, la amplitud de las plazas y avenidas y las calles más estrechas envueltas en edificios clásicos rematados por mansardas bien conservadas. París fascina porque entrega momentos así, cargados de civismo y quietud, donde en otras capitales domina el ruido y la furia de conductores y peatones. Es un día laborable y la escritora acaba de regresar a su casa unos minutos antes. No hay demasiado tiempo libre en la vida de Marie Darrieussecq (Bayona, 1969). Nos recibe con amabilidad y delicadeza, dos rasgos que parecen distintivos de su carácter y que pese a su aspecto fatigado nunca faltan en la conversación. Al igual que su tenue sonrisa, que no desaparece ni siquiera al constatar que si la entrevista transcurre entre francés, inglés y su castellano oxidado, su cabeza va a estallar…
Marie Darrieussecq ha escrito en torno a veinte novelas y una decena de libros sobre arte y fotografía. También frecuenta la traducción. Participa en varios libros colectivos. Al menos siete de sus obras han sido traducidas al castellano.
Marie Darrieussecq saltó a la fama y a la literatura en el año 1996, con la publicación de su primera novela, titulada Marranadas, que fue recibida con críticas muy positivas y fue finalista del Premio Goncourt. Se vendieron más de un millón de ejemplares y fue traducido a más de treinta idiomas. Marranadas, aparte del reconocimiento unánime y mundial, permitió a su autora dejar su plaza de profesora de Literatura Francesa en la Universidad Lille-3 y dedicarse a escribir a tiempo completo. Por aquellos años, Marie estaba muy interesada en ese género llamado autoficción, al que dedicó su tesis doctoral. En 1996, publicó uno de los artículos más interesantes al respecto: «La autoficción, un género poco serio» («L´autofiction, un genre pas sérieux») donde somete a una crítica rigurosa a la palabrería y la debilidad conceptual de los practicantes y detractores del género.
Ese artículo tuyo, tan prematuro, sobre la falta de rigor de la autoficción es muy importante. En España lo conocimos en el año 2012 porque apareció en una compilación de textos que hizo Ana Casas: La autoficción: reflexiones teóricas. No es de extrañar que el tema te interesara, ante la intensa relación que hay entre tu vida y tu obra literaria.
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Donde «las calles no pertenecen a las mujeres» es precisamente en los países de procedencia de la inmigración masiva hacia España, que fomentan los partidos de izquierda indefinida, que mayoritariamente votan ésas mismas mujeres.
A disfrutar lo votado.
P.D: para ir acostumbrándose a este nuevo espíritu de época, no viene mal la lectura del famoso libro «Sumisión» (Michel Houellebecq, 2015); ya tiene 10 años y la tesis princial sigue ganando fuerza…
«A disfrutar lo votado»
Qué expresión más fea, qué expresión más repugnante.
Se cree mejor que sus vecinos.
Ningún demócrata verdadero jamás pronunciará semejante frase.
Usted es un «fundamentalista democrático».
Y con fundamentalistas el diálogo es nulo.
Un saludo.
A ver si leemos a Gustavo Bueno con más esfuerzo de comprensión lectora.
No, señor mío. No soy un fundamentalista democrático. La democracia tiene límites, la democracia no es aplicable a todo ámbito, la democracia tiene excesos y degeneraciones.
Soy demócrata, no obstante, y eso implica aceptar a los adversarios políticos y su eventual triunfo (siempre provisional).
Dicho esto:
Usted dice payasadas.
Y con gente que dice payasadas el diálogo es nulo.
Un saludo.
Más Gustavo Bueno y menos democracia, solucionado.
El que dice payasadas debe ser Houellebecq, entonces…
En fin, podría haberse ahorrado su descalificación pueril (no llega a payasada): «Qué expresión más fea, qué expresión más repugnante».
Ni si quiera a usted mismo le importa su opinión, excepto cuando se pone la capa de votOnto e introduce un papelito en una urna cada x años…
Un saludo.
No voto desde 2016.
Hasta tiene nombre, «abstención activa». Cosa que no desdice ser demócrata (que iba a ser su siguiente réplica).
Disfrute usted de su Dunning-Kruger y buen fin de semana.
He aquí un ejemplo de diálogo pueril, en el que no se avanza ni medio ápice, pero se critica ante todo. Y así nos va.