
España fue la invitada de honor este año de la Feria Internacional de Guadalajara. Para responder a la cosa se prepararon medio millón de actividades —exagero un poco, claro— que han deparado un catálogo de trescientas páginas —aquí me quedo corto— y que, lamentablemente, apenas han suscitado comentarios, exámenes ni polémicas. La selección la componían casi doscientos autores, además de músicos y burócratas: apenas dramaturgos, por cierto, que es el único gremio que se ha quejado, con mucha razón, de la osadía de prescindir de ellos en la representación nacional.
Lo primero que hay que decir es que no vamos a ponernos a atacar la lista de seleccionados para hacer el viaje y vestir la camiseta patria en tan alta ocasión, porque hacer un programa de decenas de mesas redondas, recitales, conciertos, etecé, invita a tal cantidad de posibilidades que acertar con una cabalgata de actos honrosa que carezca de debilidades o caprichos suele ser tan difícil como equivocarse en todo. (¿Cómo se ha dejado pasar la ocasión de celebrar los cien años de Ramón Xirau, que escribió poemas en catalán y se exilió en México? ¿Será que no fue nacionalista y por eso? Andres Sánchez Robayna acaba de ofrecer traducción de Graons en Galaxia Gutenberg, por si alguien quiere corregir ese olvido de nuestro programa en Guadalajara).
En esos berenjenales donde un país ha de buscar en sus literaturas representantes fidedignos para ofrecer un espejo de lo que es mediante actividades públicas siempre es mejor poco y bueno que mogollón y regulero, pero se practica lo segundo más que lo primero porque lo que importa al final es ofrecer unos titulares a la prensa que clamen que se han realizado decenas y decenas de actividades sin que importe mucho si la calidad que se derramase en ellas fuera memorable o el público que se congregase para verlas no cupiera en las salas ante la expectación levantada. Lo propio de esos ejércitos con que nuestro Ministerio de Cultura hace su selección nacional es llevar a una docena de primeras espadas y acompañarlos con un largo pelotón de nombres más o menos intercambiables —a pesar de lo cual casi siempre son los mismos, un par de libreros que no se pierden un sarao, como si en España solo hubiera dos librería—, unos novelistas que de tanto decir que sí a todo se apodarán Sisí emperatriz de aquí a nada, unos poetas que… En fin, que nada que decir de la lista de invitados, ellos se lo habrán ganado, yo qué sé, yo dije una vez que no iba a un Congreso de la Lengua en Córdoba, Argentina, porque no tenía la más mínima idea de a quién se le había podido ocurrir que yo estaba capacitado para hablar del futuro del español en la industria de los videojuegos, tema en el que en la vida he gastado un solo pensamiento a pesar de que en mis paseos soy capaz de pararme en los asuntos más peregrinos, y desde entonces no me han vuelto a llamar, y muy bien que hacen.
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Cuanta razón, Juan, sobre Torquemada, gran personaje literario, que capta cierto tipo de esencias nacionales a la perfección: Rato, Trillo, Aznar, el rey Juan Carlos de Borbón, los hermanos Almodóvar…
Y bastantes del PSOE también por supuesto…
Dos apuntes:
-El grueso de la “resistencia francesa” estaba formada por españoles republicanos exiliados, tratados como perros y encerrados en campos de concentración por los franceses meses antes del estallido de la SGM; las primeras unidades de choque que «liberaron París» fueron de republicanos españoles; sobre este tema tiene los ensayos de Evelyn Mesquida.
El trabajo de De Gaulle fue borrar los hechos bochornosos franceses (colaboracionismo mayoritario) y crear los mitos de la «Resistencia Francesa» (entre otros); el último libro de Juan Manuel De Prada también ahonda en este tema.
-La Feria Internacional de Guadalajara es la feria más importante de literatura en Español, que duda cabe, que puedan tener espacio obras en catalán, gallego, euskera o bable (más pronto que tarde en «cantabrú, extremeñú y andalú…), pero, la intención es celebrar el idioma común de 800 millones de personas.
Es más, es preferible, sobre todo, en artículos como el suyo, utilizar el término Hispanoamérica o Iberoamérica (si quiere ser aún más inclusivo con nuestros hermanos lusohablantes) en vez de «Latinoamércia»; este último término se ha impuesto a todas luces, pero, no hay que olvidar el origen propagandístico del mismo: el intento de legitimación del Imperio Francés de Napoleón III para conquistar México y borrar el legado hispano de América.
Si lo ve de esta manera, en su texto hay una referencia infundada a la “Santa Inquisición” (que fue un invento francés, no español) como algo relacionado a España; otro mito propagandístico también instaurado por liberares, románticos y afrancesados que lleva refutado por la Academia mucho tiempo, pero, que en las conciencias colectivas sigue a pleno rendimiento.
Pero, le felicito por no haber citado al Caudillo, el comodín-sombra de Franco suele merodear siempre por artículos que traten la cultura e historia de España.
En 2025 el Gobierno de España ya ha anunciado un centenar de actos con el motivo del 50 aniversario de la muerte del dictador…
No se da puntada sin hilo desde un punto de vista ideológico.