
Háblame, Musa, como si abriéramos La Odisea por primera vez, de aquella muchacha de multiforme ingenio; háblame de un tiempo impreciso, de apocalipsis y de sinrazón.
Un tapiz dibujado a mano por el propio Hayao Miyazaki, inspirado en la cultura medieval —explorado más adelante en La princesa Mononoke—, da paso a unos créditos de orfebrería. Música orquestal para acompañar la representación, como si del mundo épico de J. R .R Tolkien se tratara, de la catástrofe que destruyó a los seres humanos con la intervención de los Dioses de la Guerra, de la mano de la biotecnología; la aparición de los insectos gigantes —los onomatopéyicos Ohms— y el bosque contaminado que extiende su veneno a toda la tierra; el sufrimiento de los supervivientes, y la espera del salvador: la «persona vestida de azul» que asemeja un ángel.
Una dimensión simbólica anunciada desde el inicio y sostenida —en el viento— a través de toda la película por escenas extremadamente sensoriales y poéticas: la sangre y los ojos azules de los pacíficos Ohms, con quienes Nausicaä crea un vínculo especial, y que llegan, en el final de la película, a teñir sus vestidos, haciendo que el viento del valle vuelva a soplar.
La historia de Nausicaä es la historia del viaje de Nausicaä; es la gesta de una heroína en una dimensión que nunca más trabajará Miyazaki, la de la protagonista que no es una chica normal. Es la historia, también, de la raza humana desde la época del fuego y de la agricultura, presentada ante nuestros ojos como una distopía futurista a mil años de distancia plagada de acción, con resquicios de La guerra de los mundos o La máquina del tiempo, que un hastiado Hayao Miyazaki comenzó a escribir y dibujar en forma de manga en 1982.
Trece años tardó en terminar los siete tomos de manga del que el anime —también dibujado a mano y que quizá adolezca de la falta de animación digital— solo representa los dos primeros; una obra, uno de los más importantes mangas, que vio cambiar el viento de los 80a los 90, que nació del miedo y del desastre natural del imaginario nipón, siendo moderna en su planteamiento —molinos de viento— incluso sin terminar. La conciencia ecologista y el mensaje que subyace en la película hacen del leitmotiv —el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra— una constante luz en la obra completa del director. El equilibrio de la naturaleza y de uno mismo, Miyazaki lo dibuja con el corazón del bosque tóxico, un lugar como diamante en bruto que la princesa tendrá que descubrir; con el delirio pictórico de los seres que allí habitan, con los fondos claustrofóbicos, indumentarias imposibles, gestos y expresiones (la nostalgia en los ojos de Nausicaä ante la llegada del pueblo de Tormekia, que nos hace recordar con una sonrisa a los ojos de la protagonista de El viaje de Chihiro) y la sinfonía electrónica (a cargo de Hisaishi) de la naturaleza. Sí, hay una buena dosis de idealismo en el proyecto de Miyazaki, pero también muchas medias tintas que le alejan de Akira y que nos recuerdan que lo que podemos hacer es limitado, porque Nausicaä mata pero también se entrega. Puesto que vivir significa tener un método para mantener el equilibrio, también busca una respuesta científica a las señales que la tierra manda para curar sus heridas y nos hace seguir los pasos de su curiosidad.
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Tuve la suerte de poder ver la película con mis hijas el año pasado en cine, además era la primera vez que la veía. Los tres quedamos impactados a distintos niveles con la historia, su visionado nos acompanó los siguientes días, como tiene que ser el buen cine. En cierto modo me entristeció su vigencia, a la para que me sorprendió su adelanto (supongo) en el momento de su producción. Obra maestra sin duda de Muyazaki que creo no está suficientemente considerada, me alegra este artículo.El Manga es una maravilla también.
La vi hace unos años y lo que más me impactó es el increíble y sutil parecido de armas, armaduras, escudos… un sinfin de detalles demasiado presentes en Star Wars para ser casualidad (me refiero a la primera trilogía). Más que inspiración, podría sonar a copia