Cine y TV

‘Parthenope’, hecha de agua y sal

Parthenope. Imagen Ciné+.
Parthenope. Imagen: Ciné+.

Seguramente yo no sea la persona más indicada para hacer un análisis crítico, que se presupone objetivo y desapasionado, de esta película. Pero, ¿quién lo es? ¿Un predicador calvinista tecleando desde su fachwerkhaus? ¿HAL 9000? ¿ChatGPT? Cuando en la facultad nos explicaban que los medios de comunicación tenían como segundo deber, después del de la verdad, el de ser imparciales, siempre se escapaba alguna risita entre el alumnado. En este caso, mi militancia en el cine de Paolo Sorrentino me haría dudar incluso de mi propia visión, si de objetividad hablamos. Amo tanto su obra, su manera inédita de reverberar planos llegando a la emoción a través del estilo, que tiendo a perdonarle todo. O mejor dicho, casi todo. Lo único que no le perdono es que se ría de sí mismo.

Dicho esto, y con total parcialidad y subjetividad, podemos empezar con algo así como que…

… en la secuencia más impactante —las hay a montones en esta boutique del maximalismo que es Parthenope— y a la que llegamos exhaustos, pues el valetudo estético la ha enmarañado por completo, el catedrático de antropología Marotta (Silvio Orlando) describe a su hijo como una criatura «hecha de agua y sal», definiendo así y por extensión el artefacto que el director italiano nos ha echado por encima.

Porque, efectivamente, esta Parthenope, película y mujer, se nos escapa entre los dedos como un puñado de sal y es tan inabarcable en su aparente inanidad como intentar conservar el agua con el cuenco de las propias manos.

La historia, el drama, si pudiera decirse así en una creación sorrentiniana, sería la siguiente: se traza la línea de vida de Parthenope (Celeste Dalla Porta) nacida en Nápoles en 1950 en el seno de una familia sostenida por un Medici de la camorra y dedicada en alma y, sobre todo, cuerpo al italiano dolce far niente. La niña va creciendo en la(s) forma(s) de bellísima sirena y el director la recorre, con cierta abulia disfrazada de epopeya, desde la más lujuriosa juventud hasta un impostado epílogo en su senectud. Por el medio, como toda vida que merece ser vivida, se cuela de todo: amor, sexo, descubrimiento, antropología, teatro, divas caídas y apóstoles de la decrepitud. Y ella lo prueba todo, literal y figuradamente: también la Iglesia católica, claro. Más bien esa liturgia e imaginería que vuelven loco al director. Ya ves, nada nuevo bajo el sol.

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8 comentarios

  1. Con languidez y lentitud pantagruélica de escenografias, creo que el director raconta su amada Parthenope, el antiguo nombre de Nápoles, no de esa muchacha bella e ingeniosa, que tiene siempre un respuesta para todo y ninguno sabe lo qué piensa, cortejada por todos, desde el hermano hasta el obsceno, ambiguo y carnal obispo, portavoz de San Genaro (pone la piel de gallina ese personaje). En ella hay de todo, como en su ciudad: belleza y miseria, ritos obscenos de mafia para reunir “familias”, ambiciones artísticas abandonadas por congénito pesimismo, fanatismo futbolero, la sensible inteligencia del Meridión sobre el Septentrión, en especial modo en ciencias humanistas. Si no fuera que hay tantos desmayos y crisis existenciales de sus personajes adinereados me habría gustado. Tal vez la comprobada Anemia meridional podría explicar mejor su desarrollo. El profesor Marotta es impagable, para amar a Nápoles. No obstante su lentitud meridional pude verla toda, con gusto amargo al final. Gracias por la lectura.

  2. Humble opinion

    Perfecta pelicula sobre la nada que sirve solo como perfecto «omaggio» del Sig. Sorrentino hacia el Sig. Sorrentino.
    Y pensar que todavia quede gente que compre su continuo autoglorificarse como ejercicio prodigioso de cine de autor solo por el mero hecho de sentirse intelectualmente 3 metros sobre el resto de la gente.
    Los mismos que se empecinan a vendernos Almodovar, Allen, Lanthimos… como genios del 7mo arte.

    • No, hombre… el único genio es Nolan, ¿a que sí? O algún director palestino… Hay que tener huevos para citar a Almodóvar junto a Woody mientras se pretende pontificar sobre películas.

  3. Todo artificio, aburrido y pretencioso film. Esas películas solo existen para los críticos como el que escribe, que no le gustan pero tiene que fingir que sí. Un problema de la modernidad

  4. A mí me gustó. Me gustó el final. Quizá por que recordé a Stefania Sandrelli no como su personaje de Parthenope en su jubilación sinó como en la actriz que hace tanto actuó en «La famiglia», como volver a ver una amiga de la juventud. Sorrentino es capaz de despertarme la nostalgia y producirme un ataque de melancolía.

  5. Paulo Núñez

    Primero que todo, me gustaría dar las gracias por tan tremendos comentarios sobre la película y un análisis tan objetivo dentro de toda la emocionalidad que transmite. Solo me resta hacer un comentario reflexivo como aquel que ignora más de lo que quisiera y como quien no sabe casi nada de cine -el cual es mi caso-. Creo que, incluso cuando leemos literatura, nos ponemos pretenciosos y ponemos expectativas sobre las obras que se leerán y que se han leído llenando de prejuicio aquello que fue hecho para disfrutarse o no, dependiendo de sus gustos.
    Para mí, la película transmite emoción, belleza y un mensaje profundamente reflexivo. Literalmente, me ha dejado una huella en mi memoria y un sentimiento especial con las canciones.
    En cuanto al final, se transmite un sin sentido de la vida y se habla del milagro, a fin de cuentas, de la vida y del absurdo. Es una película que tiene ambos contrastes: el realismo mágico y la realidad más pura se entremezclan dejando a la interpretación y admiración a aquellos que disfrutan de lo simple.
    En definitiva, una película maravillosa en estética y compleja en su significado, ya que no se entiende en su totalidad la primera vez que se mira pero que, cuando se recuerda y se analiza, cobra significado en la vida diaria.

  6. Por lo que yo sé la autobiografía de ficción con tintes de Maravilla de la Naturaleza con desenlaces ambiguos y ritos de paso más ambiguos aún solo puede destilar un trasfondo decadente del cual el espectador es incapaz de librarse, yo he visto la película desde el punto de vista conceptual y no me ha sugerido novedad alguna, la literalidad de la película y el guión son excepcionales, la subcultura a través de los estertores del siglo XX tiene más de masturbación melancólica que de elemento vital, eso es lo que realmente me incita a la parte final de la película donde tanta realidad inconexa termina por deshacerse entre los dedos, quizás, sí como las playas de Nápoles, o como una macedonia de pasajes discretos que parecen más bien cine industrial que de autor, no hay tanta elegancia en esta película, quizás si un buen guión y un buen tratamiento del actor, pero termina quedando en nada cuando las partes de la película se mezclan de forma inconexa y con un tufillo feminista algo hegemónico desde el punto de vista académico que a veces juega con la sátira, aún así es una película bonita, un poco melodramática pero que no sea mala, no significa que sea buena.En fin, ¿qué nos queda tras la confianza en la amarga sospecha? Si, es cierto, la película abre dilemas que ni siquiera se plantea resolver, ni en este ni en cualquier multiverso por haber.Un saludito!

  7. «…en La gran belleza necesité hasta dos o tres visionados para digerir su magnitud». Si no os gusta el cine, se dice y no pasa nada :)

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