
Imaginen que están a punto de rodar una película de acción. Pero además emplazada en un entorno de ciencia ficción. Ahora imaginen que tienen en sus manos invertir el presupuesto de esa película en un rasgo técnico indispensable para su éxito. Seguramente la gran mayoría coincidirían en lo mismo: efectos especiales digitales. Qué diablos, si les hubiera propuesto el mismo experimento y solo dijéramos «ciencia ficción» o «acción» probablemente la respuesta sería la misma. Y este es un vicio recurrente. Infinidad de obras de los dos géneros —o con los dos— han tirado por el camino de la espectacularidad, la explosión y el exceso a base de insertar efectos y fondos generados por ordenador.
Si la ciencia ficción nos permite reflexionar sobre el futuro, ¿por qué no plantearse una visión futurista de cómo sería la acción violenta en el futuro? Vale, de acuerdo, nos han contado que habría cíborgs policías, espadas láser, poderes mutantes y toda una serie de ingenios de apoyo tecnológico al noble arte de partirse la cara con los malos. Pero aunque el género de ciencia ficción ha imaginado el futuro en sus aspectos tecnológicos (naves espaciales, armas de energía, ingeniería genética…) o sociales (socioficciones apoyadas o no en esos elementos tecnológicos), nadie nos había contado cómo podría evolucionar la técnica de derrotar a un rival en un conflicto violento sin pasar por un fusil más grande y más chungo. Esto es, nadie se había inventado un arte marcial de ficción.
Concedamos que existen algunos precedentes. Stephen Chow se había inventado cosillas en Shaolin Soccer y Kungfundidos, siempre desde el campo de la comedia. Y algunas producciones chinas, tiempo atrás, se habían inventado estilos basados en artes marciales reales. Pero muchas de estas escuelas —y más con el paso del tiempo— acabaron acudiendo a la inserción de efectos digitales. Y el caso que nos ocupa precisamente evita eso, en un paroxismo de la violencia exótica que podría interpretarse tanto como un caso de ingenio único o como una fantasía de poder adolescente. Película de acción emplazada en una socioficción futurista, Equilibrium presentaba la invención de un arte marcial, el gun kata, una disciplina física y mental que maximizaba la habilidad con las armas de fuego.
Las armas de fuego que se usaban eran completamente corrientes (pistolas automáticas y semiautomáticas, uzis, subfusiles, escopetas y rifles) y no tenían ningún avance futurista respecto de las actuales. La gracia estaba en la pericia flamboyante a la hora de manejarlas. Así, un tiroteo ya no era cosa de apuntar, disparar, buscar cobertura y recargar, sino que era algo alrededor de lo cual se elaboraban técnicas marciales a partir de estadísticas, convirtiéndolo, pues, tanto en arte como en ciencia. Visualmente, el gun kata tomaba una parte de los principios del kárate (postura, equilibrio, eliminar al adversario de un solo golpe), un poco de las dinámicas de los tiroteos del cine occidental de acción, otro poco de las acrobacias de las wu xia chinas y algo de pose con estilazo. Porque, evidentemente, aquí se había venido no solo a dejar a los enemigos como pedazos de gruyere ambulantes, sino a molar muy fuerte.
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Esta gente no da pie con bola. No hay nada más ridículo que oir máximas filosóficas o históricas, siempre reducidas al hueso y ver cómo las llevan a la práctica, en modernas pelis de ciencia ficción o no. “Cuando vivimos la muerte no existe, y cuando morimos tampoco…”, o algo parecido es una de las tantas reflexiones dirigidas a un amigo del autor, si mal no recuerdo Séneca, en una larga carta en la cual y como buen filosófo, no sólo hablan del temor a la muerte que es una parte mínima de sus reflexiones, sino sobre la ética y la moral. En una reciente película la usan como arenga final de un caudillo, torpemente o por ignorancia, pues les está diciendo a sus huestes que ¡morirán todos! Espero que, así como los films de vaqueros murieron por muerte natural (con poquísimas “resurrecciones milagrosas”), este tipo de películas pasen al olvido. Con tantos ruidos violentos continuos in crescendo, el sistema audio de mi TV corre peligro. Gracias por la lectura.
«balazos a rodabrazo»
«La palabra «rodabrazo» no está en el Diccionario. La entrada que se muestra a continuación podría estar relacionada: rodeabrazo (a rodeabrazo).»
(DRAE)