
Daria: Ayer casi mato a un perro.
Jane: ¿Estás practicando para cuando pruebes con humanos?
Daria como una serie feminista? No perdamos tam
Si el doctor House, con su cinismo demoledor y su aparente falta de empatía, hubiera tenido una hija, seguramente hubiera sido la bisnieta de Daria Morgendorffer, una adolescente aparentemente asexual, con un apellido marcadamente judío, más cerca de odiar a toda la estirpe humana por el mero hecho de ir al mismo instituto que ella en Lawndale, ciudad a la que se acaba de mudar, que de tener la más mínima intención de encajar en el universo que le rodea. Muy comprensible todo si tenemos en cuenta que Daria acaba de abandonar una ciudad como Highland, en la que tenía de compañeros a Beavis y Butt-Head, aunque de un dibujo mucho más primitivo y simple, con una apariencia más tosca y más desecho social. Por si no lo pilláis, estoy diciendo que Daria, serie de los 90 emitida en la MTV, es un spin-off reelaborado y remasterizado sacado directamente de Beavis and Butt-Head.
Como casi todas las grandes series, y pese a que tiene unos créditos iniciales al más puro estilo noventero con la pobre tendencia a recopilar escenas de capítulos de temporada, Daria arranca cada episodio con un opening maravilloso gracias a una canción que hace honor al carácter de su protagonista principal. hablamos de «You’re Standing On My Neck», de Splendora, un grupo de rock post grunge alternativo en el que son todo mujeres. Lo mismo ocurre con los personajes más relevantes de esta comedieta adolescente, habitantes de una de las críticas sociales más ácidas, simpáticas e inteligentes de su época. ¿Se puede considerar Daria como una serie feminista? No perdamos tampoco la cabeza con esto, aunque algo haya.
El repaso de los personajes de la serie es sencillo, más que nada porque son tópicos de sociedades de familia media/alta, si es que algo así ha existido alguna vez, cargado de posos de los tópicos de los 80. Los padres de Daria tienen trabajos que son la proyección neoliberal que incluso hoy día muchos desean. El padre, Jake, es publicista y bondadoso, un amo de casa cordial y fiel esposo, mientras que la madre de Daria es una abogada implacable, un tiburón empresarial sin remilgos y un tanto agresiva cuando se enfrenta a cualquier conflicto, aunque sea en el ámbito familiar. La hermana, Quinn —la pronunciación del nombre ya lo dice todo—, es la candidata perfecta a reina del baile de graduación; aparentemente superficial y descerebrada, sorprende de vez en cuando con razonamientos complejos y una calidad académica notable. Pese a ello se rodea de las chicas más populares del instituto, algo así como unas pijas redomadas con alma de perchero, y el capitán del equipo de fútbol americano y sus colegas (todo muy universidad de Salamanca, como veis). Personajes todos vacíos y sin un ápice de inteligencia que, precisamente, es lo que ofrece una cantidad de recursos cómicos y críticos ilimitados a los guionistas. Lo bueno es que nos sirven para catalizar grandes historias moralistas de las series de éxito de la época, mostrando los problemas más comunes de la adolescencia como la inseguridad, la falta de autoestima, desequilibrios alimenticios, neurosis varias, vigorexia y un montón de momentazos replicados de una serie de cultísimo como es la edulcorada Sensación de vivir, pero con más cinismo, más mala leche y una estética mucho más pop de lo que muchos seguidores de Scooby Doo quisieran aceptar. Grandiosos reflejos de lo que se puede encontrar uno en un instituto, concentrados y aumentados hasta el realismo más abrumador del que han sido capaces, son los integrantes el equipo docente del instituto de Lawndale. Si has estudiado en colegio público en los 90, sea BUP o FP, sabrás de lo que estamos hablando. Delirios de grandeza y egolatría desmesurada, falta de autoestima, candidez desnaturalizada, ira descontrolada y agresividad verbal y feminismo son los ingredientes de un cóctel maravilloso.
Una combinación dulce, amarga y ácida al mismo tiempo, para que nos riamos de nosotros mismos a través de los ojos de una adolescente desencantada y sarcástica, junto a su mejor amiga, Jane Lane, artista de corazón, pragmática y realista que le da el contrapunto que se merece, además de su hermano Trent, amor platónico de Daria y músico de nacimiento, que irá humanizando poco a poco al personaje principal que da nombre a esta serie.
De las cinco temporadas que se compone la serie, en la última es en la que Daria madura un poco y deja atrás parte del nihilismo y la misantropía característica del adolescente molón (yo también he odiado al mundo en ese momento de mi vida), poco antes de entrar en la universidad y justo después de tener al fin relaciones amorosas con Trent. Amorosas porque en ningún momento hay sexo explícito, lo mismo que ocurre en La hora de Bill Cosby o ALF.
Sí, está claro, Daria se relaja un poco. Se puede ver claramente en la conversación que tienen Jane y ella antes de emprender su aventura hacia la universidad.
Jane: La universidad. No puedo esperar. ¿Qué crees que nos encontraremos cuando lleguemos allí?
Daria: ¿Que los estudiantes son extremadamente ignorantes, que los profesores son soberbios y corruptos, y que todo el sistema universitario está montado con el objetivo de conseguir dinero?
Jane: Hmm, sí… Oye, ¿sabes eso que he dicho de que te estabas volviendo blanda?
Daria: Sí.
Jane: Pues lo retiro.
Algo se muere en el alma con esta pequeña reflexión anticapitalista perrofláutica. Y es que Daria, con todo su odio y miedo controlado a través del lenguaje y su desprecio misantrópico, se nos agarra al corazón de tal forma que, ante la perspectiva de enfrentarse al mundo universitario y la madurez, y alejarse de la que ha sido su mejor amiga durante los últimos años en Lawndale, no nos queda otra que sentir un pequeño vacío que clama a la reflexión y a asentir al aire la añoranza que nos invade ante la perspectiva de no volver a verla. Lo mismo que cuando acaba el verano y uno no sabe qué hacer con tantas emociones acumuladas durante tan poco tiempo. Solo le queda mirar atrás, sonreír de satisfacción y esperar que lo que venga en adelante no borre esos recuerdos.








Nananananá…