
Warhammer, el hobby silencioso
Ejércitos de miniaturas para montar y pintar, colocar a docenas sobre una mesa enorme, junto a reglas, escenografía, dados… Básicamente, eso es Warhammer, un wargame o juego de batallas en el que dos personas esparcen figuritas de fantasía o ciencia ficción para recrear batallas en mundos lejanos, ya sea en el tiempo o en la imaginación. Warhammer es un hobby que lleva con nosotros más de cuarenta años, con una comunidad fiel que, a diferencia de otros de los llamados «entretenimientos de ocio alternativo», apenas ha necesitado publicidad. Warhammer nunca ha salido en revistas o cómics, ni en TV. Funcionaba el boca a boca, el entrar en una tienda friki —a veces incluso en una de las famosas tiendas Games Workshop, que se dejaban ver solo en algunas ciudades y que eran auténticos templos dedicados al hobby—. Iba de ver esas miniaturas —de plomo en los primeros tiempos—, pintadas y recreando un instante de una batalla; o quedarse embobado con la portada de alguna White Dwarf, la revista que lleva décadas publicando la compañía. Eras un chaval que preguntabas «¿qué era eso de los muñequitos?» y entonces un dependiente comenzaba a explicarte el trasfondo, el lore que dicen ahora, quizá una partida de demostración… y ya estabas enganchado. Salías de allí con la revista, si no tenías mucha paga, para leer los artículos o ver las impresionantes miniaturas pintadas de aquel entonces; o convencías a tus padres de que por Navidad o tu cumpleaños querías una caja de esas grandotas con dos ejércitos para poder jugar con tu primo o tu vecino, unas cuantas pinturas —a alguno le costó enterarse de que no «valían» las de la clase de Plástica—, y tú, como chaval que eras, seguirías tu vida, pero ya sin despegarte de Warhammer jamás, gracias además a novelas, videojuegos… hasta hoy. Warhammer tiene varios universos diegéticos, pero los principales han sido una fantasía ambientada en un trasunto de Europa en los siglos XVI y XVII, el sombrío futuro de nuestra realidad en el cuadragésimo primer milenio o, más recientemente, un mundo de brillante alta fantasía de poderosos conceptos de muerte y reencarnación. Pero ¿cómo se formó Warhammer? ¿Cuál fue el camino de la compañía Games Workshop hasta ser hoy una de las empresas más exitosas de las dedicadas a juegos analógicos?
Los orígenes (1975-1987)
La fundación de la compañía que creó Warhammer, Games Workshop, empezó como muchas otras a lo largo de la historia: con unos chavales sin más pretensiones que hacer lo que les gustaba. Así, por boca de sus propios protagonistas, sabemos que Ian Livingstone —hoy sir Ian Livingstone—, Steve Jackson y John Peake, tres colegas de la escuela, se reunían desde enero de 1975 —una fecha algo exacta, pero aceptada en la historia de Warhammer— en un apartamento de Shepherd’s Bush, un barrio londinense del borough de Hammersmith and Fulham. A veces también en un garaje donde aparcaban o en la furgoneta de Steve Jackson —la Van Morrison—. Allí, según ha comentado sir Ian Livingstone en entrevistas más de una vez, preferían, antes que ver la televisión, dedicar su tiempo a jugar a juegos de mesa, como el clásico Stalingrad, o llenar de soldaditos macedonios y griegos todo el suelo para montar auténticas batallas en miniatura, todo ello mientras se alimentaban de las típicas y no demasiado deliciosas baked beans británicas. Todas estas jornadas de juegos desembocaban en conversaciones y debates sobre cómo crear nuevos juegos, cómo desarrollarlos e incluso cómo venderlos.
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Que guay, que interesante
ojo con buscar cosas de WH40K por internet, que la cantidad de transfondo es tan grande (creo que debe ser mayor de lo que sabemos hoy en día de muchas civilizaciones o guerras del pasado) que el algoritmo solo te va a recomendar cosas de este universo
El Lore de Warhammer, en cualquiera de sus sabores, es impresionante. Ahora veo que la historia de la empresa no se queda muy atrás.
Deseando leer la segunda parte!