
La Trinidad trifacial es una representación muy singular del misterio de la Santísima Trinidad dentro del cristianismo. Se trata de un rostro o una cabeza triple (vultus trifrons) que simboliza las tres personas en una: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta iconografía fue condenada en el marco doctrinal establecido por el concilio de Trento. En este artículo vamos a profundizar en los posibles orígenes de esta representación en la India, Grecia y Roma, así como en el mundo celta y entre los pueblos eslavos. Nos detendremos en especial en la proliferación de esta imagen en España y, fundamentalmente, en Hispanoamérica, donde pervivió pese a las prohibiciones. También pondremos de relieve su reverso: el uso del vultus trifrons para representar a personajes malignos como Satanás o el Anticristo. Vamos allá.
Orígenes de la iconografía de la Trinidad trifacial
La Trinidad trifacial es una representación iconográfica de uno de los «dogmas» del cristianismo: Dios es uno y trino. Para conciliar este precepto se han propuesto diversas morfologías, como el anciano, el hombre maduro y la paloma o tres figuras barbadas con el mismo aspecto que representan al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Pero hubo una tercera vía que trató de representar este misterio a través de tres rostros en uno, a veces con tres rostros anexos o con un solo rostro provisto de dos bocas y dos narices adicionales a ambos lados. La denominación usual para este tipo iconográfico es la latina vultus trifrons.
Para acercarnos a los orígenes de esta iconografía tomaremos como referencia principal el texto de Germán de Pamplona titulado Iconografía de la Santísima Trinidad en el arte medieval español, que fue una de las primeras monografías en las que se abordaba este tema de forma profunda. Allí, De Pamplona señala que la Trinidad trifacial cristiana tiene, aparentemente, sus precedentes remotos en la representación de tres caras o tres cabezas de una divinidad suprema euroasiática de carácter solar y omnividente. Sus precedentes próximos se encuentran en el vultus trifrons románico de los siglos XII y XIII, que sería una reinterpretación de ejemplos paganos preexistentes. A finales del siglo XIII y durante el XIV, algunos artistas que querían representar el misterio de la Trinidad vieron en el vultus trifrons el modo idóneo para interpretar este enigma, dotándolo de símbolos cristianos como el nimbo crucífero o el triángulo equilátero (conocido como «símbolo atanasiano»), emblemas de la igualdad sustancial de las personas de la Trinidad.
Vayamos a los orígenes. El culto a una divinidad suprema trifacial de carácter solar y omnividente se extendió en la Antigüedad desde el Extremo Oriente hasta el Occidente europeo. El ejemplo más antiguo lo encontramos en la India drávida, con el relieve del dios Shiva Pashupati, fechado entre 3250 y 2750 a. C. Otros ejemplos no tan antiguos son el ídolo Sang-Dui del Tíbet, la Trimurti de la isla de Elefanta, en la India, y el ídolo Dainichi de Japón.
En Europa, las representaciones más antiguas se encuentran en los Balcanes, donde se conservan cinco estelas de la divinidad solar conocida como «el caballero tracio» —nombre otorgado por Heródoto—, representada a caballo y con tres cabezas radiantes. En el mundo griego contamos con una diosa triple que es Hécate, colocada en los cruces de caminos y que suele representarse con tres cuerpos de mujer yuxtapuestos. El ejemplo más notorio de esta representación lo tenemos en la Hécate de los Museos Vaticanos.
Imagen 5 en el mapa: Diosa Hécate triple. Museos Vaticanos.
El vultus trifrons aparece también en Roma, aunque de forma mucho más escasa. De hecho, lo localizamos como una variedad del dios Jano bifronte, símbolo del mes de enero, con dos rostros opuestos que representan el año ya pasado y el año nuevo. Pues bien, algunas monedas romanas que representan a Jano lo hacen en forma triple, de modo que simbolizan el pasado, el presente y el futuro, rasgos que, ya en el Renacimiento, serán absorbidos por las representaciones de la prudencia.
También contamos con el dios eslavo Triglav, del que encontramos testimonios desde el Báltico hasta el Adriático. El vultus trifrons aparece también en el mundo galo, con la representación de su divinidad suprema, llamada Lug o Lugus. Son numerosos los ejemplos de estas representaciones en altares votivos de la Galia romana, entre los que destacan el de Reims y el de Notre-Dame de Châlons-sur-Marne. Este es, según Germán de Pamplona, el inspirador directo de los vultus trifrons románicos pretrinitarios del arte francés. También Julius von Schlosser, en su obra El arte de la Edad Media, señala este origen galo para las representaciones trinitarias trifaciales. Asimismo, el estudioso francés M. Durand-Lefebure refuerza la idea de este origen, frente a las posibles influencias de otras deidades europeas trifaciales como Gerión o la ya citada Hécate. Afirma que los artistas medievales asimilaban influencias de las imágenes indígenas de origen galo que tenían a la vista.
Imagen 2 en el mapa: Divinidad céltica tricéfala (pilastra originaria de Reims), c. 100 a. C.
De Pamplona cita a M. Diron para establecer el origen de las representaciones trinitarias trifaciales. Este señala que esta figuración es una invención del arte gótico francés del siglo XIII, ya como tal representación cristiana. Louis Réau, sin embargo, propone una datación anterior para el origen de la iconografía y presenta como trinitarios dos ejemplos en sendos capiteles del siglo XII, en pleno románico francés: uno en Saint-Révérien, en el Nivernais, y otro en el claustro de Cadouin.
No obstante, no está muy claro cuál fue el origen geográfico de esta iconografía, pues a partir del siglo XIV empezaron a encontrarse ejemplos de ella en Francia, Italia y los países balcánicos. En Italia, por ejemplo, surgen algunos ejemplos en la Toscana en el siglo XIV, que será un centro de florecimiento de la Trinidad trifacial desde Donatello hasta Andrea del Sarto. Los ejemplos más antiguos de esta representación en la región serían el Antifonario de la Morgan Library (Nueva York) y la pintura al fresco de la iglesia parroquial de Sietina (Arezzo), fechada en 1348.
Imagen 3 en el mapa: Fresco de la iglesia de Santa Ágata en Perugia (s. d.).
Ejemplos del Quattrocento italiano son las representaciones realizadas por Verrocchio y Ghirlandaio. También de esta época datan la pintura anónima al fresco de la iglesia de Santa Ágata en Perugia y un altar esculpido en 1448 para la iglesia de la Santissima Annunziata, en Florencia, obra del taller de Michelozzo. También tenemos ejemplos notables en el Cinquecento, como el antes mencionado fresco pintado por Andrea del Sarto para el refectorio florentino de San Salvi en 1511. Otro ejemplo de esta época es el retablo dedicado al Espíritu Santo realizado por Filippo Lippi.
Imagen 4 en el mapa: Taller de Michelozzo. Altar de la iglesia de la Santissima Annunziata (1448).
Por otra parte, la presencia de las imágenes trifaciales del dios eslavo Triglav pudo ser el origen de esta representación en el este de Europa, donde, por ejemplo, encontramos trinidades trifaciales góticas en Rumanía. El ejemplo más notorio se encuentra en la denominada iglesia de la Colina de la ciudad de Sighișoara. Esta representación pudo ser el foco para toda una serie de representaciones trifaciales dentro del arte ortodoxo que se desarrollaron de forma tardía en la zona de Brașov, en Rumanía, en los siglos XVIII y XIX.
Ejemplos hallados en España
Si miramos las representaciones hispanas, acudimos de nuevo a Germán de Pamplona, que nos habla tanto de los ejemplos pretrinitarios como de las representaciones de la Trinidad trifacial propiamente dicha. Entendemos como pretrinitarias las representaciones en el ámbito eclesial (capiteles, canecillos, gárgolas, etc.) de figuras de tres rostros que no tienen significado trinitario; tan solo reproducen la iconografía del vultus trifrons como elemento simbólico sin un significado claro.
Como ejemplos pretrinitarios podemos señalar cuatro representaciones en la zona de Navarra: Garitoain (Monreal), dos en Artaiz (valle de Unciti) y una en Iriso (Izagaondoa). Los cuatro proceden de la influencia francesa, llegada probablemente por el camino de peregrinación jacobea Jaca-Puente la Reina, que pasa por Monreal, zona en la que se enclavan estos ejemplares. Respecto a la época gótica, De Pamplona señala solamente dos ejemplos: un relieve del siglo XIV en Tudela y una miniatura gótica en Manresa.
Más importantes para el presente estudio son los ejemplos de Trinidad trifacial que tienen lugar en el arte hispano de los siglos XVI y XVII, sobre los que nos detendremos. Son solamente cuatro ejemplos, cuadros muy modestos, cuya importancia se basa más en su componente iconográfico que en su valor estilístico-técnico. Hay que destacar que, mientras esta iconografía se hace muy patente en el Renacimiento italiano, ninguna de las obras españolas es de esta época, sino que datan ya del Barroco.
Imagen 6 en el mapa: Jerónimo Cósida. Trinidad de Tulebras (siglo XVI).
El primer ejemplo es la conocida como Trinidad de Tulebras. La tabla es obra de Jerónimo Cósida, activo en Zaragoza entre 1533 y 1580, del que se dice que introdujo el «rafaelismo» en la escuela aragonesa. Está ubicada en el convento cisterciense de Santa María de Tulebras, en Navarra. La obra, fechada en 1570 y pintada sobre una tabla semicircular, muestra a la Trinidad en posición sedente, cubierta con un amplio manto y adorada por un coro de ángeles a su alrededor. Lleva en la cabeza el nimbo crucífero medieval y sostiene en sus manos el símbolo atanasiano, un triángulo equilátero con una inscripción que desvela el enigma de la Trinidad mediante una representación simbólica que pasamos a describir a continuación.
Imagen 7 en el mapa: Símbolo atanasiano.
La representación simbólica de la Trinidad con el símbolo atanasiano consiste en un triángulo equilátero, con tres círculos en los extremos y uno en el centro, todos ellos unidos entre sí por una serie de franjas que contienen inscripciones en latín. En los círculos perimetrales están inscritos los nombres Pater, Filius y Spiritus, las tres personas de la Santísima Trinidad. El círculo del centro contiene la palabra Deus. En las franjas que unen los círculos perimetrales aparecen las palabras non est, y las que unen cada círculo perimetral con el círculo central tienen inscrita la palabra est. Así, tenemos un jeroglífico que representa el misterio de la Santísima Trinidad y que se resuelve de la siguiente manera:
Pater non est Filius — El Padre no es el Hijo
Pater non est Spiritus — El Padre no es el Espíritu Santo
Filius non est Spiritus — El Hijo no es el Espíritu Santo
Pater est Deus — El Padre es Dios
Filius est Deus — El Hijo es Dios
Spiritus est Deus — El Espíritu Santo es Dios
Este elemento simbólico está basado en el De Trinitate de san Agustín, en el que habla sobre el misterio trinitario:
«[…] el Hijo no es el Padre; y aunque el Hijo es engendrado por el Padre, el Padre no es el Hijo; y el Espíritu Santo no es ni el Padre ni el Hijo, sino el Espíritu del Padre y del Hijo, al Padre y al Hijo coigual y perteneciente a la unidad trina».
Imagen 8: Trinidad trifacial. Anónimo, siglo XVI. Hospital de Mondragón (Guipúzcoa).
El segundo ejemplo español es la trifacial del Hospital de Mondragón. Procede del antiguo convento de franciscanos de Mondragón (Guipúzcoa). También posee el triángulo simbólico con la única inscripción «Pater non est Spiritu Santo». Lleva el nimbo crucífero y va acompañada del tetramorfos (los cuatro animales que representan a los evangelistas). El cuadro puede fecharse en la primera mitad del siglo XVI.
El tercer ejemplo es la Trinidad del Museo Frederic Marès de Barcelona. Acompañan a la imagen tanto el tetramorfos como el triángulo equilátero. La cabeza de la trifacial está envuelta en un triple nimbo radiante y concéntrico, ninguno de ellos crucífero. A partir de estos elementos y del exceso de ornamentación, la obra se data en el primer tercio del siglo XVII.
El último ejemplo hispano es la trifacial del Museo Nacional de Arte de Cataluña. Es un óleo sobre lienzo. Lleva un triple nimbo concéntrico, además de irradiaciones divinas que brotan de la cabeza. Es el único de los cuatro cuya representación es solo de busto y no lleva triángulo. Es obra de un autor anónimo español, probablemente del siglo XVII.
La condena de la iconografía trifacial por parte de la Iglesia
Desde la época de los primeros pensadores cristianos del Renacimiento, la Trinidad trifacial fue considerada herética, a pesar de que en la Edad Media fue utilizada con cierta asiduidad.
La denuncia comenzó en la Edad Media con el teólogo Gerson, que la tildó de sacrílega y monstruosa. También san Antonino de Florencia declaró reprensibles a los artistas que representaban la Trinidad con tres cabezas. Molano hablará de esta representación como de un «simulacro diabólico». Interián de Ayala también la criticará, tachándola de «absurdísima y monstruosa» y de «monstruo horrible, disforme y digno de las mayores execraciones». Otra opinión que hay que tener en cuenta es la del jesuita Roberto Belarmino, que participó de forma relevante en las reuniones del concilio de Trento y dijo que estas imágenes trifaciales se debían al «capricho o antojo» de ciertos pintores que «fingían» así imágenes de la Trinidad. Compara estas imágenes con las paganas del mundo antiguo.
Finalmente, esta forma de representación fue condenada en el marco doctrinal establecido por el concilio de Trento mediante el decreto sobre el culto y la veneración debidos a las imágenes sagradas del 4 de diciembre de 1563. Uno de los motivos era que los reformistas protestantes se referían a este tipo de imágenes como el «Cerbero católico».
Este tipo de figuraciones debieron de tener cierta aceptación, pues merecieron la atención de dos pontífices después de Trento. El primero de ellos, Urbano VIII (1623-1644), las prohibió en 1628 y parece ser que esto frenó su proliferación. Sin embargo, cien años después, el papa Benedicto XIV abordó nuevamente el tema en un documento de 1745 y, apoyándose en sus antecesores, las declaró «proscritas». Benedicto XIV se refería explícitamente a las imágenes de «un cuerpo con tres cabezas».
Ejemplos en Hispanoamérica
La principal estudiosa de la iconografía trifacial en Hispanoamérica es Consuelo Maquívar. Su tesis es que, a pesar de todas las prohibiciones, debieron de llegar a Nueva España estampas que sirvieron de modelo para los artistas de los virreinatos, pese a que las seis obras que se han detectado corresponden al periodo de mayor controversia en Europa, esto es, al siglo XVIII.
Puede establecerse una clasificación de estas obras: por un lado, tres obras que muestran solo un rostro, a manera de Santa Faz, y, por otro, las que representan la imagen de medio cuerpo o de cuerpo entero. Solo en un caso se trazó la Trinidad a semejanza del modelo italiano de Andrea del Sarto, con un rostro de frente y dos de perfil. El resto muestra una sola cabeza con cuatro ojos, tres narices y tres bocas.
Imágenes 9a y 9b: Dos representaciones de la Santa Faz trinitaria. A la izquierda, la del Museo Nacional del Virreinato; a la derecha, la de la Catedral de México.
Respecto a las obras que muestran la Santa Faz, puede decirse que dos de ellas tienen la misma factura y, por su buen hacer, pueden recordar a los modelos de Alonso López de Herrera, que sirvieron de inspiración a pintores posteriores. Los dos ejemplos pertenecen a la Catedral de México, aunque uno de ellos se encuentra actualmente en el Museo Nacional del Virreinato.
La tradición de la Santa Faz es legendaria. La primera vez que se plasmó el rostro de Jesús en el paño de la Verónica fue en una Biblia francesa del siglo XIV y se popularizó a partir de entonces. El origen de esta iconografía se encuentra en uno de los textos complementarios del Evangelio apócrifo de Nicodemo, donde se cuenta que la Verónica, deseando tener una pintura con el rostro de Cristo, fue agraciada por Dios con la impresión milagrosa de la Santa Faz.
La tercera obra con la Santa Faz trifacial se encuentra en San Juan Tilapa, en el Estado de México. Se conserva en la iglesia de San Juan Bautista y es de factura popular. La pintura presenta a Cristo arrodillado con los símbolos de la Pasión, entre los que destaca el paño de la Verónica, con el rostro trifacial de Jesús. Esta representación sí que recuerda a la imagen de Andrea del Sarto. Esto nos hace preguntarnos cómo un modesto pintor provincial pudo hacerse eco de la pintura italiana. Maquívar señala que es posible que esta simbología haya sido manejada por otros artistas cuya obra se ha perdido probablemente por la prohibición eclesiástica.
Las tres imágenes restantes son las que representan a Dios de cuerpo entero con el rostro trifacial. La primera de ellas es anónima y se encuentra en una colección particular. Es de grandes dimensiones y nos muestra la figura de Dios vestido con túnica y capa pluvial, sentado en un trono de nubes y rodeado por cabecitas de querubines. Eleva su mano derecha para bendecir, en tanto que con la izquierda sostiene la esfera del mundo. Se trata de una pintura de poco oficio, con los mismos rasgos que las antes mencionadas, salvo que no muestra ni la corona de espinas ni la representación de la sangre, puesto que se trata de una representación gloriosa.
Imagen 10 en el mapa: Trinidad trifacial flamenca. C. 1500 d. C.
A propósito de esta pintura, quiero traer a colación una Trinidad trifacial flamenca, anónima, fechada en torno a 1500, en la que Dios bendice con una mano y con la otra toma la bola del mundo y que pudo ser uno de los modelos para las representaciones novohispanas.
Otra de las representaciones está integrada en la mesa de la sacristía del ex convento agustino de San Juan de Sahagún, en Salamanca, Guanajuato. Está tallada en madera, taraceada y policromada. Fue adquirida para el convento en las primeras décadas del siglo XVIII. La figura de Dios-Trinidad viste con túnica roja, alba y capa pluvial morada. Entre sus manos mantiene el triángulo equilátero con el símbolo atanasiano. La imagen de la Trinidad está coronada por cuatro medallones con los símbolos del tetramorfos. La figura trinitaria está rodeada por las efigies de los apóstoles, que portan los atributos de su martirio, así como por el Cordero apocalíptico colocado sobre el libro de los siete sellos.
A juzgar por las similitudes que muestra con los ejemplos de Tulebras y Manresa mencionados en el apartado de representaciones de la Trinidad trifacial en España, cabe relacionarla fácilmente con ellos. Esto hace probable o bien la presencia de autores españoles que llevaron esta iconografía al continente americano, o bien la llegada desde España de estampas con esta representación.
Imagen 11 en el mapa: Trinidad trifacial (siglo XVIII). Wadsworth Atheneum, Connecticut.
El último de los ejemplos novohispanos es un lienzo triangular que se encuentra en el Wadsworth Atheneum, en Connecticut. Es una obra anónima del siglo XVIII y representa el busto de la Trinidad enmarcado por un nimbo triangular. Viste túnica azul y manto rojo. La mano derecha bendice y la izquierda sostiene la bola del mundo. De nuevo, sigue el esquema de la tabla flamenca de 1500 mencionada anteriormente. Alrededor del lienzo se puede leer la inscripción: «[…] mi familia Creemos en el misterio Altísimo de la Beatísima Trinidad y Creemos que son tres personas distintas y un solo Dios verdadero». Tiene faltas de ortografía, por lo cual se supone que el autor de la pintura no era una persona cualificada en su oficio.
Imagen 12 en el mapa: Trinidad trifacial del Museo de Arte de Lima.
Viajemos a Sudamérica para ver qué sucedió allí. Una de las escasas representaciones de la Trinidad trifacial en el virreinato del Perú es la que se encuentra en el Museo de Arte de Lima y que, como todos los ejemplos del virreinato de Nueva España, también es anónima. Su datación no está clara y se ha establecido entre los siglos XVII y XVIII. La referencia a esta obra la encontramos en el texto de Alfonso Rodríguez G. de Ceballos. Se trata de una representación de cuerpo entero con una túnica blanca y una capa azul en su interior y ornamentada con dorados en su exterior. Tiene un doble nimbo, uno triangular inscrito en otro circular. Sostiene entre sus manos el símbolo atanasiano. Recuerda, por tanto, al ejemplo novohispano antes mencionado y a las representaciones hispanas de Tulebras y Manresa antes citadas. No obstante, Rodríguez G. de Ceballos señala como fuente para esta obra una xilografía realizada en París en 1524, que, según dice, sigue fielmente. Está rodeada por los cuatro evangelistas en las cuatro esquinas del lienzo y debajo hay dos angelitos que portan una tiara y un cetro.
Trifaciales satánicas
Aunque pueda resultar contradictorio, el uso del vultus trifrons apareció casi simultáneamente a su empleo para representar a la Santísima Trinidad en algunas representaciones del Maligno. Y es que esta apariencia extraña del rostro triple se ajustaba tanto a la necesidad de expresar de forma sagrada un dogma como a la creación de una forma monstruosa y extraña para recrear al Diablo. Uno de los primeros ejemplos de trifaciales satánicas lo encontramos en el siglo XIII, concretamente en algunas ilustraciones de la Biblia moralizada de 1226 perteneciente a Enrique de Lancaster. La fuente para estas representaciones satánicas puede encontrarse en Orígenes de Alejandría (c. 184-c. 253), quien nos habla de que Satanás posee una triple naturaleza maligna en sus comentarios a Isaías 14:12 y Ezequiel 28:12-15.
En el siglo XV encontramos de nuevo esta figuración, pero dentro del tema del Santo Grial. Conservamos una representación de Satanás con tres rostros, entronizado, a cuyos lados se agolpan las hordas de demonios.
Imagen 13 en el mapa: Satanás en el Códice Altonensis.
Pero si hay una fuente por excelencia para la representación trifacial del Diablo, esa es la Divina comedia de Dante (canto XXXIV, 37 y ss.), donde describe con precisión a este ser como sigue:
¡Qué estupor
me causó que su cabeza constaba
de tres rostros! El que se mostraba
al centro, enfrente, del color
de la sangre. A ambos lados, por
el cuello, el otro par que se traba
todo él, en la nuca, que acaba
truncada como un negro tumor.Era el rostro de la derecha, del
color de la cera. El opuesto, el
del luto. Bajo cada rostro, dos
alas de tal tamaño que no se
encontró nave semejante, de
tegumentos membranosos, cual
los sangradores nocturnos. Sacaba
con ellas los tres soplos con que helaba
las entrañas del Cocito.
Lloraba
con sus tres pares de ojos. Goteaba
por sus tres barbas, sangre con baba
roja. Con cada boca machacaba
un condenado, de suerte que daba
tortura a tres a la vez. No mostraba
el que estaba al centro, menos dolor
por las dentelladas, cuanto por
el destrozo de las uñas que lo
desollaban todo el cuerpo.
Siguiendo fielmente esta descripción tenemos el Códice Altonensis, actualmente en la Biblioteca Gymnasii Altonani de Hamburgo, fechado en el siglo XIV, que nos muestra un demonio monstruoso de tres rostros por cuyas bocas va devorando a los pecadores.
Imagen 14 en el mapa: La Antitrinidad. Dibujo de Matthias Grünewald (1523-1524). Kupferstichkabinett, Berlín.
Como último ejemplo, y en alusión a la antes mencionada crítica de los luteranos a los católicos, que denominaban «Cerbero católico» a la Trinidad trifacial, podemos señalar un dibujo de Matthias Grünewald fechado en 1523-1524 y conocido como La Antitrinidad. Allí podemos observar tres cabezas grotescas unidas por su parte posterior. La imagen se presenta como el reverso satánico de la Trinidad católica y critica abiertamente la figura del papa y el poder de la Iglesia de Roma.
Consideraciones finales
La iconografía trifacial está presente en numerosas culturas desde Oriente hasta Occidente. Sus primeros ejemplos se remontan más de tres milenios atrás en la India y, a lo largo de los tiempos, ha aparecido en diversas culturas: el mundo clásico, la cultura celta y los pueblos eslavos, para eclosionar en el mundo cristiano, apareciendo en las Iglesias católica y ortodoxa. Además, la encontramos también con sentido negativo, representando a Satanás y a distintas criaturas demoníacas.
Pese a las reiteradas prohibiciones por parte de los papas, la iconografía de la Trinidad trifacial pervivió en el tiempo y contamos con ejemplos tan tardíos como los datados en el siglo XVIII.
Su expansión llegó a Hispanoamérica y también al mundo ortodoxo y, aunque pueda considerarse una representación marginal, podemos atisbar su importancia, la cual tuvo que ser bastante relevante (se destruyeron muchas de sus representaciones) y merece un estudio en mayor profundidad.
Por último, cabe señalar que, aunque no se han mencionado en este artículo, existen representaciones de rostros triples en culturas africanas y mesoamericanas.
Podemos deducir, por tanto, que la representación de lo que podríamos definir como «lo triple» ha estado muy presente en las representaciones sagradas de todos los tiempos y a lo largo de todo el planeta. Parece que la idea del número tres está vinculada a la divinidad en múltiples culturas.







