Cine y TV

‘Sunshine’: en busca de la santísima trinidad

Sunshine. Imagen Fox Searchlight.
Sunshine. Imagen: Fox Searchlight.

Contaba Danny Boyle que, cuando se embarcó en el proyecto de Sunshine, tuvo como referencias a Kubrick, Tarkovski y Ridley Scott. Esto es: 2001: Una odisea del espacio, Solaris y Alien. Yo me atrevería a decir que, además, puso la Biblia sobre la mesa, el manual del mochilero del que no se ha desprendido desde La playa y un puntito del surrealismo fumado de Trainspotting. Porque ese es el efecto de esta película de ciencia ficción pasada por la batidora de un misticismo arrebatado y un tanto exagerado. Ay, esa búsqueda de la Santísima Trinidad que un irlandés como Boyle no se podrá quitar nunca.

No obstante, Sunshine tiene muchos puntos sobresalientes. Para empezar, es muy entretenida. La primera hora y media te deja pegado a la pantalla. Un equipo de siete científicos tiene que soltar un pedazo de bomba —de masa similar a la de la isla de Manhattan, como bien se encargan de apuntar— en el interior del Sol para que este vuelva a radiar su luz. La Tierra está en una crisis aguda: el Sol se apaga y, si eso sucede, perecerá toda la humanidad. Y no nos encontramos con una misión de superhéroes testosterónicos, sino que los tripulantes muestran sus miedos, sus dudas y su propia psicología: desde el que quiere lanzar la bomba y largarse a casa hasta el que no le importa morir por salvarnos a todos. Precisamente en este sentido, Boyle —y su guionista Alex Garland, con el que ya había trabajado en La playa y 28 días después— introduce esos puntos de vista que no se veían desde los años setenta en las películas de ciencia ficción: un aura trascendental, una cierta religiosidad. Hacia 2007, los filmes que trataban sobre cómo salvar a la humanidad tenían como protagonista a un superhéroe que no se andaba con dudas metafísicas.

El punto de inflexión de la película llega cuando los tripulantes de esta nave, llamada Icarus II —el nombre no es que se lo pensaran demasiado— descubren en el espacio la nave (Icarus I) que había intentado llevar a cabo la misma misión siete años antes y que había fracasado. Es entonces cuando se pone sobre la mesa si cambiar la dirección e ir a por la carga de bomba que tiene esta nave (dos bombas valen más que una) o continuar con su trayectoria. Por supuesto, se decide lo primero —una decisión del científico Capa, interpretado por Cillian Murphy, al que se ha podido ver en otras películas del género como Origen—. Y ahí es cuando comienza verdaderamente la película: en este intento por aproximarse a la otra nave se produce un fallo, se quema el jardín de oxígeno y nos adentramos en una especie de revisión de El señor de las moscas, puesto que no podrán quedarse los siete científicos en la nave. No hay oxígeno para todos si quieren regresar a la Tierra.

En esta carrera por ver quién llega hasta el final, Boyle introduce varios aspectos del misticismo de La playa y grandes toques de 28 días después. De la ciencia ficción pura y dura se pasa al terror, con bastante regodeo en la forma en la que algunos de los tripulantes tienen de morir (supongo que es en estas secuencias donde Boyle hablaba de la influencia de Alien). Incluso aparece por ahí un extraño personaje en el que se acusan todas las reminiscencias bíblicas de esta película: del polvo venimos y polvo seremos. Y no hay más. Ahí están dispuestas las dudas de un director que creció en un ambiente de fuerte religiosidad católica.

Y en medio de todo este desbarajuste —la película toma un ritmo frenético, casi de videoclip—, el Sol ejerciendo su peligrosa luminosidad, que además representa nuestra salvación. Es un poco la metáfora del Eros y el Tánatos, y el hombre es tan pequeñito que no puede evitar subyugarse a ello.

Boyle nos guía como un pastor por esta película que, más allá de sus lecturas, juega con una estética impresionante. Ese Sol ardiente que nos cubre; esa música de John Murphy que nos inunda y nos hace temer. Porque, como parece insistir el director: todo lo que hay ahí afuera es mucho más grande que nosotros. Aunque en 2007, muy poco antes del catacrack mundial, todos nos creyéramos la bomba.

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Un comentario

  1. Recordemos que ‘Sunshine’ aparte de luz solar significa casi literalmente ‘alegría’ u ‘optimismo’. Por la cosa de… la bobada. Eso. Vamos, que se puede echar hilo a esa cometa teológica también, Dios de tres personas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*