De un tiempo a esta parte cada nuevo trabajo de Bruce Springsteen es recibido bajo cierta tendencia, sin duda mayoritaria, consistente en juzgar el disco en cuestión no por lo que es, sino por lo que no es. Dicha tendencia sostiene que poco más tiene que ofrecer el músico tras su etapa gloriosa de los años setenta y primeros ochenta. El peso de Born to Run, Darkness, Nebraska y The River es, efectivamente, muy grande, pero no debería serlo tanto como para ignorar interesantes movimientos recientes de su carrera, como el disco y tour homenaje a Pete Seeger, la gira de Devils & Dust y los cambios de registro entre soul, rock, gospel o folk a través de varias joyas dispersas a lo largo de álbumes más o menos irregulares como The Rising, Devils & Dust, Magic o el reciente Wrecking Ball.
Así, si bien es muy probable (aunque en esto el paso del tiempo tiene la última palabra) que Springsteen no haya vuelto a entregar un álbum redondo desde, prácticamente, Nebraska o Tunnel of Love, no es menos cierto que en los últimos veinticinco años ha hecho cualquier cosa salvo apretar el botón del piloto automático y vivir de las rentas. Efectivamente, se ha entregado a defender cada nuevo trabajo con absoluta honestidad. Quizá el problema radique precisamente en un exceso de honestidad: en que, en su hiperactivo arrebato enérgico, dedique la misma intensidad a defender joyas como Girls in Their Summer Clothes y cosas como Surprise, Surprise. Al margen de sus siempre controvertidas decisiones en materia de qué incluir y qué descartar en cada nuevo trabajo y su cambiante criterio sobre cuándo lanzarse al vacío y cuándo apostar sobre seguro, es innegable que una parte nada desdeñable de su carrera posterior al éxito descomunal de Born in the U.S.A se defiende por sí sola. Quizá su permanente exposición mediática de los últimos años tenga mucho que ver en la pérdida de un sector del público más amigo de poses «malditas», de un tipo de artista alejado de cámaras y escenarios tras haber saboreado las mieles del éxito.
El disco The Ghost of Tom Joad (1995)
Sea como fuere, podríamos por tanto adscribirnos a esta tendencia y despachar The Ghost of Tom Joad con la afirmación de que “no es Nebraska”. Y oiga, efectivamente, no lo es. Pero no por ello desmerece una escucha atenta: sus letras abren un paisaje tremendamente sugerente, hasta el punto de que en ocasiones el disco prácticamente no existe sin ellas. Y es que el principal reproche que se puede hacer a The Ghost of Tom Joad reside en la propia música: no es un álbum 100% acústico en solitario, pues existen arreglos de fondo (mínimos, eso sí) con batería, teclados, guitarra, bajo o violines en hasta cinco temas, con colaboraciones de Danny Federici, Garry Tallent o Soozie Tyrell. Los otros siete temas sí están grabados por Springsteen en solitario, como hizo en Nebraska. Sin embargo, es precisamente en esas siete canciones donde (y aquí nos referimos únicamente a la ejecución musical) se percibe una cierta monotonía que nos hace echar de menos el ambiente absorbente y sugestivo que Nebraska conseguía con los mismos elementos.
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Muy buen articulo. TGOTJ es un disco que siempre me ha obsesionado, se llegó a rumorear que HBO haría una serie basada en algunos de los temas del mismo, una pena que al final quedase en nada.
Aun asi, a redescubir. Mi tema favorito es Highway 29, eso si, aunque practicamente todos son para escuchar con atención.
Sencillamente genial.
Es impresionante la cantidad de cosas que se pueden escribir en base a estas canciones e historias.
El Fantasma, un disco irrepetible.
Gran artículo. Me ha encantado. Como anuncias al final del mismo, la gira de Devils and Dust todavía fue mejor, dedido a la mayor diversidad instrumental. En todo caso, en ambas giras hay interpretaciones fabulosas, como por ejemplo la de Born in the USA de la gira de Devils and Dust, berreando y tocando la harmónica delante del micro distorsionado.
Si te animaras a escribir sobre esa otra gira, aquí tienes a un lector asegurado.
Felicidades a Iker Zabala por los artículos. Sólo discrepamos en una cosa: afirma que Youngtown es el mejor tema del disco y para mí es el peor. Me resulta muy árido. Para mí Across The Border y la canción que da título al disco son canciones que pueden estar perfectamente entre las 25 mejores de Bruce. Si The Ghost Of Tom Joad se hace más largo que Nebraska también se debe a que el primero dura 50 minutos mientras que el segundo dura 40. No supera a Nebraska, es mejor que Devils & Dust y es una obra maestra.
Genial artículo. Gracias por mostrarnos toda esta información sobre un gran disco Bruce. Yo me acerque a la novela de Steinbeck a raiz de escuchar el disco y tendría que darle gracias a Bruce por darme a conocer tanto Las uvas de la Ira como otras novelas del autor norteamericano.
El disco creo que es para disfrutarlo y pensar escuchando atentamente sus letras.
En su última gira hace un gran versión de Youngtown.
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Uno jamás diría que un álbum como el G of Tom Joad da tanto de sí y efectivamente Bruce recurre a sucesos históricos de los últimos años para escribir sobre lo que más le motiva pero seguramente no sobre lo que más le precoupa.
En cualquier caso lamento discrepar con otros lectores y pienso que este artículo es francamente soporífero.
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