Como cada año Barcelona acogió una edición más del San Miguel Primavera Sound. Jot Down estuvo allí y os lo cuenta.
Jueves: más espacio, más grupos, más asistentes, más colas.

Primavera Sound sigue creciendo y lo hace en todos los sentidos. Tanto en su oferta de conciertos dentro del Parc del Forum y en el Poble Espanyol, como en los showcases en diferentes salas de la ciudad o en la oferta musical gratuita que va desde el Parc del Poble Nou a los conciertos en el metro o el Primavera als bars. Todo esto nos ofrece un gran cartel (tanto en calidad como en cantidad); si lo sumamos al atractivo turístico de la ciudad obtenemos un público cada año mayor venido de todas las partes del planeta. Primavera Sound se ha convertido en uno de los mejores festivales del continente y así lo demuestran las más de 120.000 personas que han acudido este año.
Pero no todo iba a ser bonito. Un desgraciado error informático nos regaló interminables colas tanto para poder activar y cargar el nuevo sistema de pago electrónico como para poder hacer uso del mismo; la mayoría de barras estaban paradas sin poder trabajar, motivo por el cual se decidió volver al antiguo y efectivo sistema de pago con moneda.
El problema desaparece cuando mientras intentas situarte tienes a Triángulo de Amor Bizarro haciendo llegar acordes a tus oídos. Los gallegos tuvieron que correr con la responsabilidad de ser los primeros en hacer tronar uno de los escenarios estrella, el San Miguel, y lo hicieron con nota. Sonny & The Sunsets nos alegraron la tarde al son de los rayos del sol en un lejano escenario Llevant. Los Polacos The Car Is On Fire tenían ganas de sobra para hacer moverse al escaso pero participativo público que tenían en el Adidas Originals, mientras DM Smith preparaba al respetable en el Auditori para el que ha pasado a ser uno de los conciertos más elogiados del festival, el de Sufjan Stevens. El de Detroit se llevó un carro de alabanzas por su directo; él mismo confesó que iba a ser un viaje cósmico.
Quien no tuvo la suerte de asistir a tal viaje, pudo bailar y reír con unos entregadísimos Of Montreal, que llenaron de alegría, luz, color, azúcar y del alegre pop que les caracteriza todo el escenario. La cosa pintaba bien por el momento y no era más que el principio.
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