Cine y TV

Amores cinéfagos: Simone e Yves, un vagón de putas

Simone Signoret e Yves Montand

El sintagma “compañeros de viaje” alcanzó toda su extensión semántica en el caso de Simone Signoret e Yves Montand. Compañeros de viaje del Partido (el PC, se entiende) a lo largo de casi dos décadas, su relación estuvo fundamentada en una complicidad nítida y en una lealtad mutua que solo los vértigos carnales de Marilyn Monroe y algunos escarceos frenéticos pusieron en peligro de defunción. Los nombres de Simone Signoret e Yves Montand van ligados a una concepción europea tanto de la cultura como de la política. Pusieron voz y firma a manifestaciones y manifiestos frente a buena parte de los hechos internacionales más trascendentes de la segunda mitad del siglo XX. En la historia de la cultura europea (en unos años en los que parecía posible fraguar unas señas de identidad continentales) la mención a la pareja es ineludible. Los ojos de gata adormecida de Simone Signoret y la elegancia esbelta, angulosa, modiglianiana de Yves Montand forman parte del imaginario audiovisual contemporáneo. A ello hay que añadir las maravillosas memorias de Simone Signoret, cuyo título, a juicio de Félix de Azúa, es una joya de apaisada ironía sentimental: La nostalgia ya no es lo que era.

Es en este libro de cálido susurro donde la actriz desgrana su vida junto a su compañero Yves. Con pormenorizado detalle rememora su primer encuentro en 1949. Un 19 de agosto en Saint-Paul-de-Vence en el bar de la Colombe d’or, sobre las 20.30 horas. Por aquel entonces, Simone Signoret tenía una relación con otro Yves, el director de cine Yves Allegret; sin embargo muy pronto, y no de manera fácil, rompió el compromiso con este último. A partir de ese momento, Signoret se convirtió en la primera y gran groupie de Montand. La actriz reconoce, en el relato autobiográfico de marras, que preguntó una vez a Jacques Brel cómo debía ser la mujer ideal de un artista de music-hall. Las indicaciones que le dio el autor de Ne me quitte pas convencieron a Signoret de que sería una compañera atípica porque era incapaz de cumplir con el rol de amante abnegada y, en cierta medida, anulada. Bien es cierto que la fascinación por Montand era asombrosa. Abandonó durante unos años su carrera artística para fortalecer la de su marido. Tanto es así que los envidiosos acuñaron la frase: “Montand está en el escenario, pero la Signoret, entre bastidores”. Una manera de ningunear intelectualmente al intérprete. Ciertamente, en la pareja, ella parecía nutrir de contenido un discurso que luego Yves se encargaba de ejecutar. En el plano político. Otra cosa era en el terreno artístico. Ahí Montand lo tenía clarísimo.

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9 comentarios

  1. Me encanta leerte siempre, Jordi, pero todavía más en esta serie de amores cinéfagos. Gracias, maestro.

  2. Muy bueno, felicidades al autor.
    Sería muy interesante un artículo sobre la relación Elisabeth Taylor-Montgomery Clift, que aunque no fueron pareja por las preferencias sexuales del segundo si tuvieron una relación casi platónica y muy literaria.

  3. La única parte que no comprendo es que Yves Montagne se quedasecon Simone y no con Piaf (y no me fiaría mucho del análisis de Jorge Semprún). Y la palabra «dama» final. Si en realidad fue una compañera completamente atípica.

  4. Que bé, Jordi. Com estudies!

  5. Horacio Montelimar

    Aquí lo que no comprende nadie, es que usted no comprenda que Yves Montand se quedase con Simon Signoret en lugar de Edith Piaf,

  6. Alfonso Feliu.

    Chapeau.

  7. Alfonso Feliu.

    Genial.

  8. José Fernández Santana

    El primer film de Signoret que ví (yo tenía 14 años) fue «Room at the top», con Lawrence Harvey. El argumento, para la época, era revolucionario en el sentido freudiano. Es decir, intragable para el occidente cristiano. Ella me pareció una actriz cuya humanidad trascendía el maquillaje, una mujer, ante todo, inteligente. Parece que no me equivoqué: transmitía con la mirada mucho más que las líneas de sus guiones cinematográficos. Inolvidable.

  9. Jesús Iribarren

    María Félix sobre el rodaje de «Los heroes están fatigados»: Simone Signoret quería que firmara un contrato que especificara que yo no me enamoraría de Yves. Para nada, iba a quedar como una idiota por el resto de mis días.

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