Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) es fotógrafa. Esta breve reseña bastaría para definir en esencia su biografía. Una vida dedicada al lenguaje visual, a contar historias con imágenes que quieren dejarse tocar. Con el empeño puesto en esta tarea ha encontrado la fórmula de la sensualidad en antiguas técnicas y ha recorrido el mundo retratando al ser humano en series monográficas con nombre propio. En el camino ha recibido, entre otros galardones, la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes (2009) y dos premios World Press Photo (2000 y 2005), ha ido dejando su huella en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, la Maison Européenne de la Photographie de París o el New Museum of Contemporary Art de Nueva York y ha publicado sus reportajes en las principales cabeceras mundiales. Una larga trayectoria que no le impide emocionarse en cada disparo hasta el punto de temer que trepide la foto. Nos encontramos con ella en su estudio de Madrid, una antigua nave industrial en la que fabrica sus fotografías y en la que guarda los fetiches atesorados a lo largo de los años: las zapatillas de bailarina colgadas de la escalera, las cámaras, el baúl que recibió en herencia de un tatarabuelo ruso… un espacio insólito que encarna la biografía de Isabel Muñoz.
Aunque llevas muchos años en Madrid, naciste en Cataluña en el seno de una familia valenciana y con algún antecesor de origen remoto. ¿Crees que tus raíces han influido en la forma de percibir y contar?
Sí que creo, cada vez más, que hay cosas genéticas. Hubo un momento en mi vida en que me di cuenta de que hay cosas mágicas: cuando en el año 90 murió mi abuela, me dieron un baúl de un tatarabuelo ruso que no sabía ni que tenía y cuál no sería mi sorpresa cuando empecé a ver que, muchos años antes, él había estado haciendo lo que yo estoy haciendo ahora y usaba los procesos que yo uso ahora. Creo que hay algo genético y algo cultural que te influye. Mi pasión por la fotografía nació desde muy pequeña. Hay cosas que se heredan y otras que se aprenden, es como la forma de amar.
Al llegar a Madrid, en los años setenta, inicias tu formación en Photocentro. ¿Cuál es la lección que recibiste en aquellos inicios que crees que ha permanecido presente durante tu carrera?
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Aporta mucho un artículo como este en los desafortunados tiempos del instagram.
«Hasta el año 76, quitando Cataluña y creo que el País Vasco, la mujer no tenía ningún derecho.».
Por favor…
«Incluso te voy a decir que para mí arte es todo aquello que se hace con amor».
Creo que hay que profundizar más. Hacer girar todo en torno a los sentimientos, justificar todo por ahí, será muy femenino y tal, pero muy poco riguroso.
«Cuando yo empecé aquí no había nada, de hecho me tuve que ir…».
Y a pesar de ello había grandes fotógrafos.
«Y sobre todo dejarte llevar por la intuición, no solo en la fotografía, sino en la vida.»
Otra afirmación muy discutible (y muy femenina).
En general las respuestas no me han gustado nada. Falta reflexión.
A mí también me ha llamado la atención la frase sobre los derechos de la mujer en la España franquista, pero la asumo como una opinión de una mujer que se crió en Cataluña pero se fue luego a Madrid y trabajó por media España. No estamos hablando de la autora de un sesudo análisis histórico titulado «derechos de la mujer en la España franquista», sino con una mujer que vivió ese período y en función de sus particulares vivencias ha extraído una opinión. Puede no gustarte, pero no creo que fuese un intento de demostrar un teorema.
Lo mismo con el resto de las respuestas. Queda claro por la entrevista que Isabel Muñoz es una mujer más bien visceral que racional, por lo que para obtener respuestas frías y analíticas tendrás que esperar a la entrevista a Kimmi Raikonen. Y claro, luego nos quejaremos de que las repuestas no nos han gustado porque «les falta pasión».
¿Por qué son menos rigurosos los sentimientos?, ¿quizás porque son femeninos?, ¿o quizás porque lo riguroso se define desde lo masculino?
Te respondo yo, Dory: porque si el jefe te rebaja un 20% el sueldo y cuando le pides explicaciones te dice «es un sentimiento que me ha surgido así, chica, sin más», quizá te parezca una explicación insuficiente. Y si un médico te da un diagnóstico supongo que esperarás que se base en hechos y en razones, no en sus particulares sentimientos con los que se ha levantado ese día.
¿Te refieres a las explicaciones, hechos y razones que da la troika para rebajar el déficit?, ¿o a los límites del paradigma biomédico apoyado en una dicotomía mente-cuerpo que no atiende a factores psicosociales y culturales? ¿Eh chico?
¿Eh Nemo?
«Otra afirmación muy discutible (y muy femenina).»
Otro comentario muy inútil, (y muy masculino)
no?
Perfecta respuesta, femenina.
No todo es criticar, también es necesario querer entender de vez cuando, señores.
Cierto. En Cataluña y en País Vasco no es menester destacar la ausencai de derechos de la mujer porque no los tenía ni la mujer…ni el hombre mínimamente discrepante CON LOS NACIONALISMOS.
Estoy de acuerdo con Nemo, falta reflexión, profundidad. Excesivamemte correcta. Esperaba mucho más de Isabel Muñoz.
No es verdad que en 1976 la mujer tuviera menos derechos que un hombre.
No todo lo que se hace con amor es arte. El odio también ha dado excelentes resultados.
La mujer siempre ha tenido menos derechos que un hombre.
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Aparece hablando sobre Toni Catany en este documental de TVE y TV3.
http://www.laotracamara.com/movies/toni-catany-el-tiempo-y-las-cosas/