Arte y Letras Blogs La gracia que sí/no quiso darme el cielo Literatura

Natalia Carbajosa: Sobre pérdidas y ganancias

Tomas Tranströmer

En un relato titulado The Lecture (La conferencia), el escritor Isaac Bashevis Singer describe lo que califica como un “accidente freudiano”: el protagonista, alter-ego del escritor —como casi todos los que pueblan sus novelas—, pierde el manuscrito de una conferencia que ha de impartir sobre la pervivencia del yiddish como lengua de comunicación. La pérdida es irrecuperable, claramente, pues estamos en la era anterior a las fotocopias y, por supuesto, a los ordenadores. Y cuando se da cuenta de ello, lo acepta como prueba de que él mismo no había llegado a sentirse en ningún momento satisfecho con el texto de la conferencia, por haber adoptado en él, según sus propias palabras, “un tono demasiado grandilocuente”.

La reflexión del personaje sobre la pérdida del manuscrito adquiere una resonancia aún mayor por la peripecia en la que aparece inmersa, peripecia que no desvelaré al lector para que disfrute de ella por sí mismo con la lectura del cuento. Tan solo apuntaré que, tal y como se desencadenan los acontecimientos, el conferenciante acaba percibiendo la pérdida del manuscrito, junto a su vida de ciudadano estadounidense de los últimos años, cada vez más vaga, como parte de un sueño prolongado; al mismo tiempo, pasan a primera plana recuerdos y emociones relativas a su juventud en Varsovia, años atrás, que ya creía olvidados.

El “accidente freudiano” de Singer hace pensar en cómo a menudo la vida —que no la literatura— nos depara este tipo de pérdidas no conscientemente buscadas: las llaves, el monedero, el paraguas, un archivo que olvidamos guardar… pequeñas pérdidas más o menos banales, profundamente irritantes —¿quién no se enfada consigo mismo en esos casos?— que, sin llegar a producir una sensación de irrealidad como la que invade al protagonista de The Lecturer, sí se prestan a ser interpretadas como señales de una mínima rebelión interna, en forma de distracción, frente a rutinas cotidianas a menudo demasiado absorbentes y pautadas.

Y es aquí donde el ciudadano con tendencia al despiste y el lector confluyen: la lectura es una distracción conscientemente buscada. Una actividad, en su mejor versión, carente de objetivos específicos e identificables. Se gana mucho leyendo, es cierto, pero dicha ganancia —en vocabulario, en pensamiento—, no suele tener cabida alguna en el mercado de trabajo, ni en los parámetros del éxito. Se ensancha el mundo interior y, con ello, se está más cerca de la distracción que se materializa en esas pequeñas pérdidas —¿o no es verdad que todos los buenos lectores son despistados hasta la exasperación?—. El mundo de afuera se observa en perspectiva y, en el más extremo de los casos, se desenfoca peligrosamente. Ejemplos literarios ilustres hay muchos, empezando por el ingenioso hidalgo.

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  1. Pingback: 16/04/13 – Sobre pérdidas y ganancias | La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real

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