Política y Economía

Cuando los partidos se parten

Eduardo Zaplana y Francisco Camps

Pocos ciudadanos sienten aprecio por los políticos ahora mismo. Cada vez más voces critican el sistema actual y empiezan a desconfiar en una democracia que no ven representativa ¿Y cómo responden los partidos? Con movimientos tácticos para cubrir huecos ideológicos. Esos movimientos son regularmente centrífugos: personajes que abandonan el barco para capitanear uno más pequeño hecho a medida o para unirse al de un tercero, corrientes críticas que acaban saliéndose del partido original o, por el contrario, coaliciones de quita y pon para presentarse a determinadas elecciones.

Cuando las cosas van bien es relativamente fácil mantener prietas las filas en los partidos. En momentos así apenas hay discrepancias internas, voces disonantes o debates acerca de las decisiones a tomar. Las formaciones políticas que gobiernan son tranquilas balsas de aceite donde rara vez se cuestiona al líder y nadie asoma la cabeza más de lo justo, a excepción hecha quizá de los que un día fueron importantes y ahora intentan gestionar con mayor o menor éxito el ostracismo propio de los «ex». Lo malo es que estos tiempos no son buenos para ningún partido, ni siquiera para el que detenta más poder que ningún otro en la democracia.

Hasta este momento de crisis sistémica, el problema venía casi siempre cuando al partido le iba mal. Aquello de que «a perro flaco todo son pulgas» encaja muy bien con la lógica interna de las formaciones políticas. Entonces arrecian las críticas y solo los más fieles siguen junto al patrón en previsión de que en breve haya un relevo. Empiezan las filtraciones a la prensa, las críticas veladas, la búsqueda de nuevos talentos que puedan ser los líderes del mañana, algunos arriman su sardina a ese ascua emergente en los mentideros y los movimientos tácticos en torno a personajes e ideas van volviéndose indisimulados.

Ahora el ejemplo más claro es el PSOE, que lleva casi dos años de guerra interna en los que los bandos han ido moviéndose. El «zapaterismo» ha muerto, habida cuenta de su envenenada herencia y el escaso protagonismo que de momento quiere tener el expresidente del Gobierno, aunque algo de su legado sobreviva en la ejecutiva de Ferraz. Frente a un Rubalcaba y su equipo al que las primarias dieron oxígeno pero no salvación se erigió en su día una Carme Chacón hoy «exiliada» de la atención pública pero que de vez en cuando asoma su patita en los medios. Curiosamente, siempre aparece en varios a la vez y acaparando portadas como si una excelente estrategia de la comunicación se urdiera en su entorno más cercano, dicen que gracias a la experiencia de su marido, el exsecretario de Estado de Comunicación Miguel Barroso, a la postre amigo del expresidente que le hizo ministra y valedor del grupo mediático de izquierda hoy aniquilado del mapa y que hace poco más de un año le servía de altavoz mejor que ningún otro.

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6 comentarios

  1. Pingback: Cuando los partidos se parten

  2. Pingback: Bitacoras.com

  3. El PSOE esta muerto. Solo le salva el sistema actual bipartidista

  4. Haiku sobre la política en España:

    Da igual PSOE o PP/
    la misma mierda es.

  5. Pingback: Blog de Notas » Blog Archive

  6. Una de las cosas por las que los militantes del PSOE piden perdón en el vídeo es por haber «limitado el techo de gasto» lo que se traduce en que no se puede gastar más de lo que se ingresa, es decir, piden perdón por no habernos endeudado más.

    Cachondos…

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