«Los teatros son el termómetro de las naciones»
Esta cita pertenece al genial Mariano José de Larra, el hombre que ya hacía nuevo periodismo un siglo antes de que llegasen los Capote, Wolfe o Thompson y sus artículos impregnados de literatura.
En efecto, Larra alcanzó la fama y la inmortalidad gracias a sus certeros artículos de costumbres, donde radiografiaba a la sociedad española del siglo XIX con una pluma afilada, cargada de ironía y un poco de la mala leche que los hombres de talento emplean cuando quieren llamar la atención al prójimo, situarlo frente a un espejo —o retrato de Dorian Gray, como más les guste la metáfora— pero no con el ánimo de ponerlo en evidencia o ridiculizarlo, sino para corregir estos comportamientos.
Es triste que un personaje así se cotice tan a la baja en nuestro calendario cultural, como dijo Jorge Bustos en su más que recomendable artículo Las cinco falacias de nuestro periodismo. Pero aquí no hablaremos de periodismo, sino de teatro, pues si poco (relativamente) se habla de faceta periodística, menos aún se tiene en cuenta su labor teatral.
Por la cita que abre el artículo ya podemos imaginar que para el escritor el teatro era algo de suma importancia, consecuencia de su educación ilustrada, lo que motivó que dedicase una parte importante de su obra a analizar, comentar, difundir y crear con el teatro.
De hecho, se lo tomaba tan en serio que, en las críticas, perdía la mordacidad y el tono desenfadado de sus artículos. Como dijo Bécquer
… cierto, muy cierto es que Larra debe sus más bellos laureles a la sátira; pero muy lejos estuvo siempre de emplearla cuando de examinar alguna obra literaria se trataba. Véanse, si no, sus célebres críticas del drama Los amantes de Teruel, y se verá que en él, tan aficionado a lucir aquellas dotes satíricas que el cielo le hizo poseedor, dejaba la burla a la puerta cuando se trataba de penetrar en santuario de la crítica literaria.
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Buen artículo. Y para quien quiera saber más de primera mano, el mismo Larra nos lo cuenta en «El corzo herido de muerte», Editorial Cahoba, 2007.
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Interesante.
Excelente artículo sobre un autor que merece más crédito del que se le suele conceder. En tan solo 29 años su contribución a las letras hispanas fue magnífica.