Déjese de policías, horarios de cierre de los bares o prohibición de sacar los vasos a la calle, lo que más ha hecho por evitar reyertas de borrachos de madrugada en este país han sido los smartphones. Ya no se puede sostener en una discusión algo que uno escuchó de oídas y quiere convertir en auto de fe. Ahora, en pocos segundos, cualquier barrabasada queda aclarada en un santiamén con una consulta al teléfono. Quién sabe, igual los borrachos del futuro bracearán en plan Minority Report ordenando sus recuerdos colectivamente: este gol del Eibar fue con la cara interior del muslo, es inexacto referirse al culo; 9000 rebotes pilló Divac en la NBA, no 10.000 y etc., etc.
Esto viene a cuento porque recientemente en una de estas me juraron y perjuraron que durante la Guerra Civil hubo un combate entre un púgil republicano y otro franquista. Me extrañaba mucho que no hubiera fotos de eso, que sería una imagen que superaría al célebre cuadro de Goya Duelo a garrotazos, pero en el smartphone en ese momento solo fui capaz de encontrar apuestas para próximos combates de boxeo internacionales y poco más. Me quedé con cara de sota. Asintiendo impotente.
Luego en casa me puse a buscar más en serio. Eché mano del libro El deporte en la Guerra Civil de Julián García Candau, miré en su capítulo «El boxeo se llenó de dramas», y no había ni rastro. Historias buenas a las que seguir la pista, muchas, a rabiar, pero de ese supuesto combate, nada. Cuando iba a dar por hecho que se lo habían inventado, encontré en Google una referencia. En El Correo, en un artículo titulado «Peleas con metáfora», decía:
Durante la Guerra Civil española, el gobierno rebelde de Burgos y el leal de Madrid acariciaron la idea de celebrar un combate entre dos campeones que representasen a cada bando, que eran los vascos Uzcudun y Gastañaga, ambos guipuzcoanos, uno el Toro de Régil y el otro el Martillo Pilón de Ibarra.
Esto ya era más interesante. De Paulino Uzcudun (Errezil, Guipuzcoa, 1899), los no iniciados en el boxeo pero sí modestamente en el cine sí que sabíamos por la película de Manuel Summers Juguetes rotos. Es un documental maravilloso de 1966 sobre personajes célebres y entonces completamente olvidados y en no muy buena situación. Una pena que cayera en el olvido. Ponerse solo con un intento de búsqueda de referencias de un combate que nunca se celebró es un baile de personajes propios de los años treinta y un aflorar de situaciones históricas pintorescas como para filmar varias películas.
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Muy bueno…
Giménez Caballero, por cierto, tenía fama de mentiroso, hiperbólico y exagerado, no en vano fueron sus iniciales devaneos con el futurismo o el surrealismo (llegó a filmar una película con Gómez De la Serna), por no hablar de ese rótulo: «el primer fascista español» que uno sospecha que bien pudo haberselo inventado él mismo.
Perdonen, pero es que creo que este personaje bien merecía un artículo entero para él mismo
A propósito de Ernesto Giménez Caballero, recuerdo leer sus memorias publicadas por entregas en Historia 16 en los finales 70 y que no podían dejar de llamar la atención a un adolescente: «Memorias de un Dictador»
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Grandioso artículo. Y corto.
Bravo!!
Muy interesante.
He gozado lo suyo; de lo mejor que he leido por aquí…¡un no combate épico!
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Muy bueno, lo que me he reido.
Hola,
Se sabe dónde y cómo murió Daniel Strauss?
Gracias.
Curiosamente estuve hace unos años en la Quiaca.
estoy buscando informacion de un promotor de boxeo y de lucha libre llamado alberto pons mateu
Muy interesante, articulo para un amante, como yo, del noble arte de las doce cuerdas (ahora 16)
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