Hay historias que se recuerdan toda la vida. Quedan en la memoria como grabadas a fuego. Hay otras muchas que, tan pronto se cuentan, quedan relegadas al olvido casi sin darse uno cuenta. Sin embargo, hay otras que sencillamente han nacido para sentirse olvidadas. Así es una pequeña isla del Mediterráneo, que hasta los mapas omiten en sus dibujos. Situada en un lugar estratégico, Lampedusa es un escenario donde personas, problemas y miles de historias nacen diariamente con el único destino de sentirse olvidados ante el mundo.
Lampedusa está situada en el centro del mar Mediterráneo. Este territorio flotante de unos seis mil habitantes ubicado en el Canal de Sicilia, se halla a doscientos cinco kilómetros de las costas italianas. Estando tan solo a ciento trece kilómetros de la ribera tunecina, se descubre que esta isla siciliana es a la vez, geográficamente, Italia y África.
Playas paradisiacas, ningún semáforo, paseos en barco, atardeceres que enamoran, pesca artesanal y tortugas marinas son algunos de los reclamos que aprovecha esta isla de cara al turismo, una de sus principales fuentes de ingresos. Hay acontecimientos que, sin embargo, dejan relegados a un segundo plano todos estos atributos, convirtiendo Lampedusa a veces en un paraíso y otras veces en el mismo infierno.
Una puerta en mitad del mar
Antes de las actuales rutas migratorias, eran dos los trayectos conocidos con rumbo al continente europeo. El occidental, que tenía como destino las islas Canarias y que generalmente partía desde el Sáhara o Marruecos; y el oriental, cuyo objetivo era alcanzar las costas de Italia o Grecia. El exhaustivo control en ambos itinerarios por parte de las autoridades ha obligado a los inmigrantes a tomar una dirección alternativa: el Mediterráneo central. Hoy día el Canal de Sicilia se ha convertido en una carretera de paso para unos flujos migratorios que, en las últimas décadas, ha dejado más de ocho mil muertes certificadas.
Este escenario es el que ha llevado a Frontex, la Agencia de la Unión Europea para el control de las fronteras, a determinar a la isla de Lampedusa, enclave transalpino del Mediterráneo central, como la segunda puerta de entrada hacia Europa de migrantes indocumentados, justo por detrás de Grecia y Turquía. Una realidad que ha apodado al Mediterráneo como «el cementerio sin cruces».
Un enclave estratégico
El problema de la inmigración no es nuevo para esta pequeña isla. Menos trayecto y menos peligro, pero el mismo destino: Italia. La isla a la que algunos lampedusanos llaman «el salvavidas del Mediterráneo» es, para los migrantes, la alternativa más segura para llegar al territorio europeo. Dos hectáreas rodeadas de agua ayudan a las personas que huyen de guerras, conflictos, hambrunas y dictaduras a vislumbrar la esperanza un poco más cerca. Exactamente a ciento veinte kilómetros de sus costas. He ahí Lampedusa, es decir, Europa.
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«Dos hectáreas rodeadas de agua ayudan a las personas que huyen de guerras […]»
¿Y cuáles son esas hectáreas? Si se refiere a la propia isla al completo, 20 kilómetros cuadrados son 2000 hectáreas, no dos. :)
Por lo demás un artículo muy interesante sobre un pueblecito (con 6000 habitantes en tan poco espacio no puede haber nada más) que a pesar de su manifiesta falta de recursos, o más probablemente a causa de ello muestra una humanidad y una cercanía a los problemas que es ignorada desde las torres de marfil del poder.
Pingback: Lampedusa, entre el limbo y el edén
Recomiendo leer a Andrea Camilleri. la mayor parte de su obra tiene como escenario lampedusa y alrededores, siendo una perfecta radiografía de la zona y, sobretodo, sus gentes.
Un saludo