Martín Caparrós tiene dos cicatrices en la cara, un bigote emblemático y un acentazo argentino que los kilómetros, en vez de atenuar, han acentuado. Es el escritor en español que más ha viajado por nuestro maltrecho mundo. Ahora mismo vive en Barcelona, pero rara es la semana que no está en París presentando una novela o en un pueblo de los Estados Unidos repleto de obesos o en un festival literario de Cartagena de Indias o en alguna región africana asolada por una crisis humanitaria, porque una de las razones por las que ha escogido la ciudad catalana como base de operaciones es que está bien conectada y que su próximo libro será una crónica monumental y comprometida —la está terminando de escribir: se titulará El hambre. Así, con mayúsculas. Caparrós es de proyectos mayúsculos—. Buen conversador, acostumbrado a pensar cada pregunta como si se tratara de un problema inédito, en algún momento de nuestra entrevista se acordará de que en estos días se cumplen cuarenta años desde que publicó su primer artículo en un periódico: fue el 16 de febrero de 1974, el texto se titulaba «Un pie congelado doce años atrás» y hablaba de un pie encontrado en el Aconcagua. Cuatro décadas de periodismo y literatura. Hay que imaginar sus palabras pautadas por el ritmo del carraspeo.
¿Recuerdas cómo fue la primera vez que recibiste una caja con tus libros?
La primera vez no recibí ninguna caja: me fui a la puerta de la imprenta a pedirles que me dejaran ver el libro, Ansay o los infortunios de la gloria. Eso sería en noviembre del 84. Me dieron uno que manchaba todavía, me senté en el banco de una plaza, lo miraba. Prendí un cigarrillo. Detesto que en mis mejores recuerdos casi siempre se mezcle un cigarrillo.
La así denominada «cláusula Caparrós» es posterior. ¿En qué consiste?
No existe, pero así la llaman algunos amigos. Consiste en agregar, cuando firmo un nuevo contrato de edición, una cláusula por la cual el editor debe mandarme una caja de «muy buen vino» cuando salga el libro. Sirve, por un lado, para testear editores: ver qué consideran «muy buen vino» dice mucho sobre ellos. Pero eso no lo digas… Y sirve, sobre todo, para darle a esa aparición algún punto festivo. Es raro: uno se pasa la vida escribiendo libros y, sin embargo, cuando ese trabajo llega por fin a tu casa convertido en un objeto de papel ya no tiene gracia, no es más que la concreción torpe de aquello que tanto quisiste. Lo miras, le das un par de vueltas, piensas que debería alegrarte, incluso emocionarte, y no pasa nada. Por eso se me ocurrió la cláusula del vino: el gusto de ver llegar esas botellas, ese placer efímero, compensa la decepción de encontrarse con ese objeto bobo que te perseguirá durante años.
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¿Sarmiento?
Domingo Faustino Sarmiento fue un prócer argentino del Siglo XIX. Fue presidente de la república x 6 años y fue un gran impulsor de la escolaridad argentina. Como parte negativa, estuvo a favor de desterrar a los aborígenes del territorio argentino.
Agrego, fue el mejor escritor y ensayista argentino del siglo XIX. Para el que le interese, ahí están Facundo, civilización y barbarie y Recuerdos de provincia.
Gracias. Quizá debería haberlo aclarado el autor de la entrevista, pues no me consta que Sarmiento tenga club de fans en España.
¿Pero quién coño es este tío?
Martín Caparrós
Uno de los principales periodistas y escritores de Latinoamérica.
pues gracias. Vivo en México y es la primera vez que oigo hablar de él.
Yo leí La Historia. Eso sí, me llevó como dos años…
¿Familiar de Joaquín Caparrós?
He leído sus crónicas, desde hace tiempo, en «El País». Como periodista tiene garra…los kirchneristas lo ponen de chupa dómine. Algo a su favor, también, creo.
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Otra vez esa errónea expresión «Crisis humanitaria». Hay que dejar de aceptar los errores inaceptables. Sobre todo en una revista cultural.
humanitario, ria.
(Del lat. humanĭtas, -ātis).
1. adj. Que mira o se refiere al bien del género humano.
2. adj. Benigno, caritativo, benéfico.
3. adj. Que tiene como finalidad aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que las padecen.
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» No ficción» suena a truenos removidos, hubiera estado bien buscar una expresión más acertada.
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Grande Martín, carajo!
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Siempre excelente, de una garra impresionante como su bigote que esconde …. esconde ¿qué carajo esconde ese bigote? un cronista de puta madre. Voy a ver si puedo suscribirme al PAIS.
Una vez tomé un curso de CRÓNICA con una mujer escritora que se autodenominaba cronista, cuando lo nombre me cortó el zoom. Lo juro. Era el año de la puta pandemia, también había mostrado un libro de crónicas generales, los alumnos luego me pedían saber dónde lo había comprado. Obvio me borraron aún habiendo pagado la cuota. Larga distancia son CRÓNICAS POÉTICAS, DE LA PUTA MADRE. GRACIAS POR ESTA ENTREVISTA.
Por si lo lee Caparrós: En el creo que 84, año crucial para los argentinos, intenté leer «La voluntad» pero lo dejé porque me identifiqué con la chica que quiso ser militante y tenía que repartir volantes en la estación Constitución (de Buenos Aires) y terminó llorando y volviendo a su casa con todos los papeles. Éramos las de clase media que queríamos luchar junto al pueblo, claro pero no teníamos la misma garra que los muchachones de Villa Fiorito, pongamos por caso.
Cuarenta años después alguien me regaló Ñamérica. En esos días salió la noticia de que Caparrós había propuesto llamar Ñamericano al español en un congreso de la lengua. Me pareció lo que en alemán se dice «typisch argentinisch» y más todavía: propio de los intelectuales pedantes argentinos de los setenta y apenas abrí el libro. Eventualmente algo despertó mi interés y emprendí la lectura.
Y me ha gustado! Coincido en muchos aspectos con sus críticas a los fenómenos sociales de hoy en día, especialmente con el concepto de que por ser «originario» y defender costumbres ancestrales una persona debe ser más respetada que cualquier otra no originaria(por ejemplo los que «descendimos de los barcos «) y se le deben otorgar favores especiales. En alguna discusión he usado el argumento de que a nadie se le ocurriría reivindicar a los galos en Francia, tal cual lo dice Caparrós pero con una formulación más pintoresca.
Un saludo de argentina que se tomó el buque en la otra dirección.
Atentamente
B.C.
Me gusta su manera de escribir y su rico vocabulario.
(Por ejemplo el uso de la palabra «inmarcesible» de la cual recién me vine a enterar a los cincuenta años cuando escuché el himno colombiano)
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