Ciencias Faster than light

El espía que surgió del frío

Quien no haya leído esa obra maestra de John Le Carré, todavía está a tiempo de descubrir una de las mejores novelas de espías de la historia, un clásico que, en cierto modo define el género, con sus agentes dobles y sus dobles tramas que nos arrastran, inexorablemente, a un trágico final.

Pero —se preguntará el avispado lector—, ¿qué pintan Le Carré y sus espías en Faster than light? No era este un blog en el que se hablaba de ciencia en general y neutrinos en particular?

Así es. Pero el lenguaje tiene esas cosas. El diccionario nos da esta definición de espía:

Persona que observa o escucha lo que pasa […] para comunicarlo al que tiene interés en saberlo.

A lo que añade la de espía doble:

Persona que sirve a la vez a partes que son contrarias, rivales o enemigas.

Repitiendo pues. Se trata de un agente que nos trae (disimulada, sutilmente) información de algo que está pasando ahí fuera, algo que estamos interesados en saber.

Qué es «ahí fuera» depende, por supuesto, de lo provincianos que queramos ser. La parroquia vecina, el pueblo de al lado, la finca más allá del lindero, la comarca donde hablan otra lengua romance, el país que se extiende al otro lado de los Pirineos, o del telón de acero o del océano… O bien, «ahí fuera» puede referirse a lo que ocurre allende nuestro planeta, nuestro sistema solar y, ¿por qué no?, nuestra galaxia, que no deja de ser, en la escala apropiada, un arrabal chiquitito que la luz puede recorrer de punta a punta en poco más de cien mil años, un paseo si lo comparamos con la distancia al barrio más cercano (la vecina Andrómeda, que se encuentra a un millón de años luz), apenas un instante cuando lo ponemos en la perspectiva cósmica. El universo tiene un tamaño de unos trece mil quinientos millones de años luz. «Ahí fuera» es un sitio muy grande.

Y ahí fuera pasan cosas interesantes, de las que querríamos saber. Hay estrellas que se incendian, convirtiéndose en supernovas. Hay agujeros negros que están devorando su propia galaxia, con la misma voracidad con que Saturno devoraba a sus hijos. Hay nebulosas que se están cruzando en su deriva cósmica, enfrentando entre sí ejércitos de estrellas. Hay objetos misteriosos que envían pulsos monstruosos de rayos gamma que podrían aniquilarnos, de no ser por lo lejos que están… Sin embargo, no es fácil dar cuenta de todos esos fenómenos. Incluso la luz, el mensajero universal, es absorbida en el polvo que permea, tenuemente, el espacio intergaláctico, por no hablar de partículas cargadas como protones o electrones, zarandeados sin piedad por los campos magnéticos que se extienden por el cosmos.

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Un comentario

  1. Excelente artículo: fácil de leer, y hasta nos hace creer que podemos entender lo que dice. ¡Gracias JJ!

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