
Este texto ha sido el ganador del concurso de narrativa científica de Ciencia Jot Down 2014.
1. Cuando el percutor golpeó, el Científico todavía estaba allí.
2. [Vacía]. La recámara de la Glock volvía a estar vacía y las gotas de sudor comenzaban a secarse de la frente del Científico.
3. [Vacía]. La probabilidad seguía siendo perfectamente admisible, pero el Científico tuvo que reconocer una leve sonrisa entre el miedo que le coagulaba la mente.
4. [Vacía]. Cuatro segundos. Cuatro disparos en una recámara vacía. Cuatro electrones con espín negativo.
5. [Vacía]. El Científico seguía sonriendo. Era una sonrisa tranquila, casi plana. A sus ojos les pareció suficiente como para volver a parpadear.
6. [Vacía]. Tras los parpadeos, llegaron los pensamientos. Primero eran apenas destellos, brevísimos chequeos, golpes en el borde de la consciencia como los que hace una computadora cuando se reconecta. Después…
7. [Vacía]. Después un torrente imparable a la velocidad de la conducción neuronal. Ciento veinte kilómetros de pensamientos en cada segundo. Ciento veinte kilómetros de pensamientos entre cada disparo.
8. [Vacía]. Tenía toda la lógica que lo único que estuviera fallando fuese la velocidad del pensamiento, precisamente la parte del experimento que el Científico no podía controlar. Todo lo demás se había calculado y se estaba ejecutando con precisión micrométrica, ångströmétrica. «Con precisión cuántica», rio para sí ante lo absurdo del concepto.
9. [Vacía]. Imaginaba que al reducir el tiempo entre disparos, de los diez segundos que proponía Tegmark a solo un segundo, ni siquiera tendría capacidad para pensar. Que sucedería tan rápido que, aun confirmando la hipótesis de Everett, todo terminaría en medio minuto. Medio minuto para…
10. [Vacía]. Para viajar a través de millones de universos. Y para matar a millones de versiones de sí mismo. De hecho, la perspectiva de la muerte apenas le incomodaba y el golpe del percutor en la recámara ya no era capaz de interrumpir su flujo mental. De hecho, tenía la sensación de que a cada segundo pensaba más rápido. De que entre cada disparo había más tiempo. De que podía…
11. [Vacía]. De que podía ajustar cada empuje de pensamiento al intervalo entre cada medición y cada disparo. Bueno, más o menos.
12. [Vacía]. El resto del experimento, la parte exclusivamente técnica, se desarrollaba sin fallos. Y era lógico, porque el Científico lo había preparado a la perfección. Desde bastante antes de que empezara a construir la Caja. Desde bastante antes de que le diagnosticaran la enfermedad. Desde el día en que Max Tegmark enunció la hipótesis del suicidio cuántico.
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Me asaltan varias preguntas sobre Física, pero solo diré Bravo.
Me ha encantado, sobre todo por la magistral forma en que consigue aportar ágilmente información y detalles científicos sin ponerse demasiado denso, manteniendo la tensión en todo momento.
De todos modos llevo un rato largo dándole vueltas a una duda. En el texto dice que «Si llegaba al disparo número treinta, habría pasado por 1/(0.5 x 1030) universos».
Pero, ¿cómo es eso posible? Cada punto por el que pasa tiene dos opciones, cámara del arma vacía o disparo a la cabeza. Nosotros seguimos al científico que llega al número 30, pero los de los otros universos mueren en cada variación. Es decir, el primer disparo pone fin al experimento en un universo matando al científico, y otro sigue vivo; de modo que el que continúa con el segundo disparo es éste pero no así el fallecido, que no sigue el experimento.
Así, realmente el científico habría «creado» 30 variantes de sí mismo, todas muertas de un disparo (cada una en un punto diferente del recorrido) pero todas estériles, ninguna de ellas se habría bifurcado en otros dos universos, de modo que el total de universos creados (insisto, a raíz únicamente de la posibilidad dual de disparo sí o disparo no) sería de 31: el que no recibe ningún disparo y los treinta muertos en otros universos.
Si me he equivocado (cosa probable con estos temas) por favor me gustaría saber en qué, porque me va a estallar la cabeza.
Pues haciendo gala al título, en efecto hay un pequeño problema de coherencia y tiene usted razón: serían 31 universos y no más de un billón. A menos que tomásemos en cuenta posibilidades relativas no duales que implicasen que la bala no impacta del todo o que la pistola fallase por algún otro motivo. O que un disparo posterior pudiese, no sé, declarar un incendio en la caja o alertar a la policía.
En cualquier caso, si bien podrían darse ese billón+ de universos, con la hipótesis dual inicial, insisto en que tiene usted razón.
Un saludo y muchas gracias :)
¡Muy bueno!
Mentes despiertas, mentes despiertas.
2.> «recamara» sin tilde.
8.> «rió», este sí, con tilde.
9.> «aún confirmando»… también con tilde.
(…)
Por lo demás un texto muy aséptico, con tecnicismos que intentan demostrar cuánto sabe el autor sobre los universos infinitos, pero más frío que una joven de Zumaia en un after-hour a las cuatro de la mañana.
A los fans de Foster Wallace les habrá gustado, eso sí.
Si lo que pretendías era demostrar tu superioridad intelectual deberías haber evitado los chistes de «8 apellidos vascos».
Hola,
Muchas gracias por la comparación con David Foster Wallace. Es un verdadero honor.
Un saludo.
Él se dejó alguna falta, pero se dedicó a darnos un relato. Y tú, que te has puesto el mono de corrector, te has dejado alguna de sus faltas por encontrar. En este universo, tú pierdes txabalito.
Pingback: Ganador del concurso de narrativa científica: Un pequeño problema de coherencia
Me gusta que la gente escriba sobre estos temas, pero este relato, si uno conoce ya los conceptos de los que se sirve, aporta poco no? El tema de la paradojas y los viajes en el tiempo es un poco ir a lo fácil, un terreno muy trillado donde es difícil no caer en mero efectismo. El valor de esta historia está en despertar la curiosidad de quien desconozca las paradojas/interpretaciones, pero eso es más divulgación que narrativa.
Brillante
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