
Cuando Robert De Niro hacía recapitulación en torno a su profesión y miraba hacia atrás, hacia el pasado y sus principales influencias, ahí estaba Marlon Brando. Cuando miraba hacia arriba, hacia los mejores, hacia el Olimpo de los actores, ahí estaba también Marlon Brando. Pero Brando nunca había estado cuando De Niro miraba hacia los lados: pese a que ambos ganaron un Óscar interpretando al mismo personaje —Vito Corleone— nunca habían llegado a trabajar juntos y eso era algo que parecía casi antinatural. Para nadie era un secreto lo que Brando había significado para varias generaciones de actores, pero muy particularmente para aquellos que salían del Actor’s Studio, la academia donde Lee Strasberg había continuado exprimiendo el apellido Brando hasta la extenuación. Y muy particularmente para Robert De Niro, quien había tenido en Brando el modelo a seguir.
Una de sus más famosas secuencias, la improvisación ante el espejo de Taxi Driver, era en realidad la reelaboración de otra improvisación, aquella que Marlon Brando interpretó también ante un espejo en Reflejos en un ojo dorado. Aquella película, perteneciente a sus años más difíciles, había sido un fracaso comercial que casi hundió su carrera hasta que Coppola y El Padrino vinieron en su rescate, pero De Niro nunca se perdía un film de su ídolo y se había fijado en la secuencia. No sería la única. Utilizar la improvisación como una de las principales herramientas interpretativas fue la marca de fábrica de Brando, así que para De Niro la improvisación constituía casi un deber ineludible. Verlo salirse del guión una y otra vez ponía nerviosos a algunos directores y desde luego confundió a no pocos de sus compañeros de reparto; existen numerosas anécdotas sobre actores y actrices que simplemente se quedaban mudos cuando a De Niro le daba por inventarse diálogos y sabemos que algunas de esas secuencias terminaron en la pantalla. Por ejemplo en Toro Salvaje, cuando la perplejidad de Kathy Moriarty —que optaba por guardar silencio cuando De Niro se saltaba repentinamente el guión— ayudaba a darle a su personaje una aureola sumisa.
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Un buen artículo arruinado por la calidad del vídeo adjunto.
El creador de El Sistema, Kostantin Stanislavski, acababa literalmente agotado tras cada representación. Para relajarse y liberarse del personaje que acababa de interpretar se desnudaba completamente y se fumaba un puro en su camerino.
Brando se fue a París una temporada cuando acabó con Un tranvía llamado deseo.
1949. ¡Qué envidia!
Me importa un pimiento verde la calidad del vídeo. Ver actuar/improvisar a Brando y a de Niro no tiene precio. Gracias, Emilio.
He disfrutado mucho esta nota, gracias.
El jodido amo Marlon Brando.
Merecido homenaje