Deportes El último baile Opinión

Guillermo Ortiz: La amarga plata de Michael Phelps

El paseo se convirtió en una carrera. Íbamos borrachos como cubas pero conocíamos perfectamente nuestro deber: a las 04.06 de la madrugada empezaba la carrera de 100 metros mariposa, la que daría la séptima medalla de oro a Michael Phelps si todo iba bien, y no podíamos perdérnosla. Nuestro cuerpo tenía el horario de Pekín. Cinco días antes, la hazaña estuvo a punto de truncarse ante el relevo francés pero Jason Lezak le remontó un cuerpo de ventaja en la última posta a Alain Bernard, recordman mundial en ese momento, y le dijo a Phelps con una mirada eufórica: “Aquí la tienes, ahora te toca a ti”.

Y sí, le tocaba a él y todos éramos sus fanáticos. Fanáticos borrachos ya con un principio de resaca: días alocados en Barcelona, anocheceres en fiestas de barrio y amaneceres imprevistos, carreras de ciclismo en pista y finales surrealistas de competiciones de vela. Iba con un amigo, tan forofo del deporte como yo y con una tendencia parecida a perder los papeles por las noches: dormíamos poco y a horas improbables, nuestros planes los fijaba la guía del Marca.

Ahora estábamos en la Diagonal, subiendo hacia nuestro hotel en L’Illa, el mismo donde, una mañana, entre ojo abierto y ojo cerrado, descubrimos que en nuestro ascensor estaban Piqué y Eto’o y decidimos seguir hablando de la noche anterior como quien comparte viaje con la vecina del cuarto. El tiempo se nos venía encima. De Francesc Macià arriba no nos quedó más remedio que recurrir al sprint: 04.02, 04.03…

Estamos hablando de una carrera, los 100 metros mariposa, que dura menos de un minuto. Una carrera histórica —ya nos habíamos tragado las otras seis— que no pensábamos ver en diferido, con el resultado ya en el teletexto. De ninguna manera. Llegamos derrapando a la habitación, pasamos la tarjeta por el pomo de la puerta y nada más entrar, mi amigo se lanzó sobre el mando y encendió la tele: justo en ese momento daban la salida a la carrera.

Phelps tuvo un comienzo penoso. Llevaba casi una semana peleándose con la historia y no es que no estuviera acostumbrado: ya en Atenas se llevó 6 medallas de oro y 2 de bronce, como quien no quiere la cosa. Allí le ganó Ian Crocker, aquí la amenaza era serbia y se llamaba Miroslav Cavic, que se lanzó como un poseso a la piscina castigando inmenso al agua en cada brazada. Un oro siempre es un oro, pero este oro sería además para Cavic la oportunidad de aparecer para siempre en todas las repeticiones, año tras año tras año.

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4 comentarios

  1. Cada columna tuya es un verdadero placer. De ésta, por ejemplo, podría aprender Diego Torres, que desde hace tiempo vive de las rentas adquiridas por su acento y los libros de Borges. La natación, la gimnasia rítmica, quizás también el balonmano… son de esos deportes de los que se suele pasar en el día a día, pero que llegados unos JJOO te vuelcas a tope. Y totalmente de acuerdo, José María, con lo de que Pelphs es el mejor deportista de todos los tiempos…con permiso de Mikel Loinaz, claro está.

  2. Ojo, que José María es el de la puerta de al lado, jajaja, yo soy Guille :-) Gracias por los piropos, es un placer. Saludos!

  3. «Totalmente de acuerdo, José María» es una expresión que se popularizó a raiz de la infame pelota que Domingo Balmanya y otros le hacían a José María García día sí, día también, en los tiempos de García en la radio.

    Vamos, no tiene importancia alguna, pero dejo ahí el apunte.

    Gracias a ti, Guillermo, por tus textos.

  4. Jajaja, es que el insigne «Jose María Albert de Paco» tiene su pedazo de columna también en esta revista por eso creí que te habias liado, en cualquier caso, de nuevo, muchísimas gracias :-)

    Y si, me acuerdo de Balmanya, ya muy mayor a finales de los 80 principios de los 90 en Antena 3 con Supergarcia!

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