Opinión Vuelva usted mañana

Naturaleza incompleta (y IV) – Conciencia

Foto: Thierry Ehrmann (CC)
Foto: Thierry Ehrmann (CC)

Decía en el anterior artículo de esta serie que, en este, que la concluye, analizaría por qué un sistema emergente teleodinámico puede explicar la aparición de una forma especial de potencia causal normativa, basada en una valoración o evaluación de algo aún no sucedido y que probablemente no sucederá.

Sin embargo, para dar ese paso hacia la «yoidad», la sensitividad y la conciencia, Deacon, en la obra que vengo comentando, explora previamente una ampliación o reformulación de conceptos esenciales como los de información y trabajo, desde la perspectiva de sistemas dinámicos emergentes. A partir precisamente de ese momento, la obra se vuelve altamente especulativa, brillante y fructífera. Deacon, aunque haya quien piense otra cosa (quizás él mismo), no ha escrito un libro de filosofía. Al menos yo no lo creo así. Ha intentado formular un esbozo de hipótesis científica que pueda desarrollarse y falsarse. Sus aproximaciones en la búsqueda de una explicación de lo singular de la vida (y de su producto más refinado, la conciencia) le han exigido un aparato teórico, pero todo él es susceptible de ser desmontado en cuanto cualquiera de sus partes no se conforme a lo que está bien establecido en el conocimiento científico actual. En gran medida, lo que hace es introducir un punto de vista, estructurado sobre principios de la termodinámica, la energía, la información y la vida, y construido sobre algunas ideas nucleares: que los seres vivos son productos dinámicos emergentes refinados por selección natural; que han alcanzado un nivel en el que es elemento esencial, formal, la autopreservación y la generación de mecanismos para obtenerla; y que esos mecanismos, en consecuencia, mediante la captura de ligaduras y su amplificación, han generado una potencia causal nueva derivada de las posibilidades ausentes, de tal naturaleza que son capaces de reordenar la materia y provocar la aparición de aquello que, en otro caso, sería tan astronómicamente improbable que podríamos calificarlo como imposible.

Es un tour de force de tal entidad que es comprensible que algunas de esas especulaciones puedan resultar menos convincentes. En cierto sentido, así pasa con su proyecto de construcción de una teoría general del trabajo que incluya formas de trabajo morfodinámico y teleodinámico. Tras leer esa parte de la obra en varias ocasiones, no termino de comprender la necesidad de ir más allá del concepto usual de trabajo, salvo que busque (y no parece que sea así) un posible atajo metafórico en la descripción de la creciente complejidad de las fuerzas que permiten el nacimiento y el mantenimiento de los sistemas dinámicos emergentes. En mi opinión, esa «teoría general del trabajo» no sería sino una reformulación de lo que ya hemos analizado en los anteriores artículos, pero visto desde el punto de vista de su «coste» y no de su probabilidad: las ligaduras no solo permitirían la aparición de una realidad enormemente improbable sino que la facilitarían al ir capturando y clausurando caminos construidos sobre caminos previos que concentrarían el esfuerzo de maneras especialmente eficientes.

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5 comentarios

  1. Pingback: Magapsine Semanal (8-14/09/2014) - Dronte

  2. Pingback: Tsevan Rabtan: Naturaleza incompleta (y IV) – Conciencia « Jot Down Cultural Magazine | Simbiotica's Blog

  3. El primer párrafo ya prometía. Y después no defraudó casi ni chispa (un poco pillé), pero mis neuronas, que aún tienen pendiente una ITV clástica, se niegan a redoblar sus esfuerzos alegando una innecesaria oscuridad del qué, el cómo y el por qué. Criaturas. Que pasen la revisión y después ya veremos.

  4. ¿Prigogine? ¿Damasio?
    Bastante duro, como se deduce de los comentarios. Entorno no idóneo.
    Saludos.

  5. Pingback: Por la aceptación de los humanos basados en silicio - Revista Mercurio

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