Ciencias

Los científicos que se enfrentaron al ébola (sin tener mucha idea del virus)

This photograph showed Sister Marietta as she walked among the grave sites of her colleagues that had perished during the Zaire now known as the Democratic Republic of the Congo Ebola outbreak of August 1976 PHIL Cen
Tumbas de víctimas del brote de Ébola en Zaire (República Democrática del Congo) en agosto de 1976. Fotografía: Public Health Image Library / Centers for Disease Control and Prevention (DP).

Cuando Richard Preston publicó Zona caliente en 1994 en EE. UU. seguramente no adivinaba que este libro volvería a convertirse en un bestseller veinte años después. El autor, especializado en temas científicos, trataba en aquel entonces de alumbrar sobre el virus del ébola, todo un desconocido, a través de los hechos reales sucedidos en 1989 en la Casa de los Monos de Reston, cerca de Washington D.C, donde centenares de primates fueron infectados y el ejército estuvo a punto de dar la voz de alarma nacional por riesgo para la salud pública. Con un estilo muy periodístico y a la vez novelesco —una mezcla de hechos reales y la pluma del escritor— Preston describe minuciosamente los primeros datos que se tienen sobre el ébola, la infección sufrida por algunas personas en África y, sobre todo, cómo una serie de veterinarios y científicos han de enfrentarse a la amenaza sin tener mucha idea de ello, solamente con el conocimiento de que es un virus terriblemente mortal.

Su lectura hoy no deja de ser curiosa. Primero, porque uno tiene que haber estado en Marte para no saber qué es el ébola. Y segundo, porque plasma con notable, y triste, claridad, la despreocupación existente en Occidente con este virus que ya arrasaba en África desde los años setenta.

La historia de Preston sumerge al lector en el Instituto de Investigaciones Médicas sobre Enfermedades Infecciosas del Ejército de EE. UU. y en la Casa de los Monos de Reston, en los años ochenta. En el primero, los científicos por supuesto, conocían el virus, pero muchos no lo habían visto nunca. Para otros era un bicho que existía en África, pero no en EE. UU. (y mejor que fuera así). Era uno de esos monstruos que uno se iba a buscar al continente africano para analizarlo después. En la Casa de los Monos trabajaban veterinarios que se encargaban de cuidar y tratar a los animales enfermos. Como mucho una fiebre hemorrágica símica, pero nada que ver con el ébola. Allí, de hecho, se desconocía por completo a este depredador.

Cuando el virus se hace presente tienen que actuar y son increíblemente llamativos, para los que leemos ahora el libro, los errores que se cometen, como coger tejidos infectados sin protección. Sin embargo, no debería llamársele error. En la mayoría de las ocasiones fue desconocimiento. Y, sobre todo, porque, ¿cómo demonios podía estar el ébola en EE. UU.?

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2 comentarios

  1. Pingback: Los científicos que se enfrentaron al ébola (sin tener mucha idea del virus)

  2. Interesante articulo¡¡¡ ¿Para cuándo uno contando como el Dr. Peter Piot descubrió el ébola en su laboratorio de Amberes?

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