El túnel es quizá el libro que más he regalado en mi vida. A muchos de los homenajeados les encantó y a alguna le horrorizó; me dijo que no le regalara cosas tan raras y se fue a vivir a Londres. Mi pasión por Sábato empezó hace veinte años cuando una amiga me lo regaló por mi cumpleaños; me encantó y ella se fue a vivir a Australia. Luego apareció Sobre héroes y tumbas por casa en una colección de literatura del siglo XX que compró mi padre. En esa misma colección venía también El túnel, edición que le di a mi amiga para que se la firmara el autor una vez que fue a un curso de verano de El Escorial. Luego rebusqué por todo Madrid Abaddón el exterminador e incluso me compré un número de Anthropos dedicado a Sábato pese a que, por supuesto, no entendí ni una línea de ninguno de los artículos.

Fuera de la literatura Sábato es también el mejor; su independencia y su figura de cascarrabias me recuerdan a Baroja y si dices que la famosa foto de Muller del novelista español paseando por el Retiro en realidad es del argentino paseando por Santos Lugares, no irías muy descaminado. Quizá por esa independencia no es más conocido y es mirado de reojo por todos los sectores y sectas. Personajes más brillantes pero también más siniestros como Cortázar se llevan siempre el aplauso. Me da mucho asco que digan que una persona es comprometida porque casi siempre es mentira, pero creo que en el caso de Sábato puede decirse sin miedo: estaba comprometido consigo mismo. Lo mejor que puede hacerse y lo que más le envidio. Me gustaría ser tan digno como él, o la mitad al menos. Cuando algún año vaya a Buenos Aires ya me sé el recorrido. Además de los sitios sobre Carlos Gardel que mi padre me contaba de memoria sin haber ido nunca a Argentina, que serán los primeros que cumplimentaré, iré como una grupi cualquiera a sentarme al lado de la estatua de Ceres del Parque Lezama a ver si aparece alguna Alejandra que me susurre algo y me cambie la vida mientras veo en el mapa la forma más rápida de llegar al rascacielos Kanavagh, otro de mis objetivos bonaerenses. Y si acabo meando de madrugada en la Patagonia, pues perfecto.








a mí me lo regalaste, pero no me lo he leído todavía, ahora estoy con otro que me regalaste de Roy Loriga. El Túnel me lo leeré, lo prometo, y más después de leer esto :)
Qué coincidencia, El Tunel es uno de los libros que recuerdo me regalaron y que, cuando he tenido que regalar o recomendar, también estaba en la lista, junto al librito universal de Sa Carneiro, las memorias parisinas del inquilino eventual del escultor de la estatua del pensador (críptico como adivinanza es más entretenido), los cuentos de Ring Lardner, la novela corta de Henry James en el interior de un palacio veneciano, o el autorretrato de Knut Hamsum.
Hace unos años escribí una novela corta siguiendo los mandamientos de El Tunel de Sábato. Está metida en un cajón. Es la trágica historia de una obsesión. El narrador (la persona que elegí para que fuera el narrador), el más respetado crápula de la noche madrileña, murió hace unos meses. Tal vez sea mejor que mi novela siga durmiendo en un cajón un merecido sueño eterno.
Álvaro, qué tal. Yo últimamente regalo mucho a Modiano, que me gusta bastante. Y siempre alguna novela de Jardiel, con las que nunca fallas. Por detrás de estos dos y «El túnel» irían en mi lista de regalados Conrad y Chesterton.
Sábato ahora pasará por el túnel o purgatorio de las vacas sagradas recién difuntas y en una o dos generaciones será «redescubierto». Le quiero como si fuera mi abuelo.