La tumba de la discordia es muy modesta. Apenas ocupa una de las esquinas de una iglesia también pequeña, aunque de tronío, La Basílica de la Macarena, que se enseñorea del barrio del mismo nombre en la ciudad de Sevilla. Dentro de este templo descansan los restos de un militar español, una figura controvertida pero de relevancia indiscutible durante el siglo XX. En la capital de Andalucía se le conoce solamente como Queipo, el de la radio, aunque su nombre completo es Gonzalo Queipo de Llano y Sierra.
“Y mañana tomaremos Utrera, así que vayan sacando las mujeres los mantones de luto…”
Cuando estalla el golpe Queipo está en Huelva a la expectativa. Le comunican que el alzamiento ha empezado en Melilla y escenifica rechazo. Espera a la madrugada para deslizarse hasta Sevilla y cuando llega a la capital se atrinchera en el Hotel Simón, donde El Arenal. Las fuerzas que se le unen allí no son en absoluto las prometidas: sólo quince falangistas se ponen al servicio de Queipo en la mañana del 18 de julio. Sin embargo el militar vallisoletano, simple Inspector de Carabineros, consigue acaudillarse de la 2º División sin apenas oposición. Con el instinto pendenciero que le caracteriza se presenta en el cuartel con una comitiva suicidamente pequeña y reduce sin más al personal a su voluntad.
“Sevilla está con el golpe, miren ustedes”
Ni un tiro ni un forcejeo. Todos saben quién es él. El regimiento se une a la causa con el simple convencimiento de que los suyos son los de uniforme, no los de Madrid, y de que la República se estaba yendo a tomar por saco desde la victoria del Frente Popular. Queipo no escatima peligros y se juega el bigote por el triunfo del levantamiento en Sevilla, plaza mayor del sur y ciudad obrerista por antonomasia. Lleva a cabo poco menos que una chapuza llena de arrojo, una acción planeada pero hecha con gran imprudencia e improvisación. Al caer la noche los cañones zumban en Triana, Macarena o San Julián, se forman barricadas en todos los barrios que están con la República. La Sevilla roja se agita pero Queipo aplasta la resistencia sin misericordia, con fuerzas modestas pero crecientes según va sumando efectivos. El avance nacional es imparable. Esa misma noche el general vallisoletano protagonizaría la primera de sus arengas al micrófono de Unión Radio Sevilla:
“¡A las armas! La Patria está en peligro y para salvarla (…) unos cuantos generales hemos asumido la responsabilidad de ponernos en frente de un movimiento salvador que triunfa por todas partes. Tropas del Tercio y Regulares se encuentra ya camino de Sevilla, y en cuanto lleguen, esos alborotadores serán cazados como alimañas. ¡Viva España!”
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Todo un personaje Queipo. Estupendo que estos actores ninguneados de la Guerra Civil salgan a la luz y más si está tan bien contado.
Al que le interese el tema, le recomiendo ‘Sevilla fue la clave’, de Nicolás Salas.
Menudo canalla! un tipo realmente interesante
Si Spain is different, Sevilla es la polla en vinagre. Los sevillanos (muchos en otros lados abundan en ello alimentando el tópico) se creen peculiares, especiales, capaces de estar rezándole a su Macarena junto a la tumba de un genocida asesino cuyo fajín adorna a su virgen. Pero esa peculiaridad es otra cosa: no conozco a gente más hipócrita, capillitas, meapilas y miserables que los sevillanos.
Paco, quizás tú no conozcas gente tan miserable como los sevillanos, pero yo pocos he visto tan estúpidos como tú. Junto a la muralla de la Macarena hay un monolito erigido por el ayuntamiento recordando a los fusilados, y ha habido peticiones para que los restos de Queipo sean retirados de la Basílica. Meter a todos los sevillanos en el saco de tus prejuicios te muestra como un osado ignorante, y el tono de tus palabras, como un infeliz.
Queipo asiste a un evento cultural de masas. Incomprensiblemente no se trata de una corrida de toros:
http://www.criticalpast.com/video/65675038837_Cultural-program_hoop-drills_dance
Más que interesante, el relato de este personaje.
¡Qué tiempos! ¿Qué sensación causaría, escuchar a este personaje en la radio en la Sevilla de entonces? Espeluznante.
Es muy curioso, el sentido de lealtad o afinidad a una causa o persona, que tenía Queipo. «Se resiste a la etiquetación, «disciplina personalista». Al final, fue incómodo, para la propia dictadura.
Gracias al autor.
¿»ambigüo»? La primera «charla» de Queipo se convirtió, desde el primer momento, en un permanente objeto de debate historiográfico. Pena que el autor no cite la obra de Antonio Checa Godoy ni el artículo contenga ninguna alusión a Antonio Fontán de la Orden y/o a Fernando Machado Cayuso.
Hola,
¿Podría alguien decirme si se puede encontrar el audio original de radio de 1936 del bando proclamando el estado de guerra?
Muchas gracias!!
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¿Sabéis dónde se puede encontrar el audio?
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