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30 grandes personajes inanimados del cine

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Duel Hz

Un niño entra en un autobús, llevando consigo una caja. Ni él ni ninguno de los demás pasajeros pueden sospecharlo, pero la caja contiene una bomba que podría explotar en cualquier momento y matarlos a todos. El espectador, sin embargo, sí lo sabe: de repente, los personajes humanos de la secuencia se convierten en mero atrezzo. Sus destinos —así como el destino del argumento de la película— están temporalmente en manos de un objeto inanimado. La cámara deja de prestar atención a los actores, que ya nada cuentan, y se centra en la caja. Esa caja es, durante estos tensos momentos, la auténtica protagonista del film.

Esta secuencia pertenece a Sabotaje, una de las películas de la etapa británica de Alfred Hitchcock, y es probablemente uno de los ejemplos clásicos de cómo otorgar el protagonismo a un objeto por encima de los actores humanos con los que comparte la escena. El director inglés fue un maestro en esta modalidad (por no decir que fue El Maestro) y de hecho podría haberse confeccionado una lista completa de grandes personajes inanimados citando únicamente objetos usados por Hitchcock en sus películas. En cierto modo, el artículo es en buena parte un canto a Hitchcock y su introducción del personaje inanimado en el cine.

Pero, ¿a qué llamamos “personaje inanimado” en este artículo? Pues a cualquier objeto que tenga una influencia en el argumento, o bien una presencia característica propia de un actor secundario, adquiriendo características distintivas y una personalidad propia. Y, esto es importante, sin imitar comportamientos humanos o animales. Es decir, cuando hablamos de inanimado (en este artículo al menos) hablamos de un objeto “no personificado”. Personificación es, por ejemplo, lo que se hace en los dibujos animados cuando una taza o un automóvil hablan, gesticulan y se comportan como seres humanos. No, el objeto del que hablamos aquí no hace nada propio de seres vivos, y sólo realiza acciones propias de su propia naturaleza. Algunos de esos objetos incluso no realizan ninguna acción visible.

Según esta definición, un personaje inanimado tampoco dialogaría con los actores, ya que dialogar es una acción impropia de un objeto y más propia de un personaje convencional. Esto deja fuera de esta lista a personajes tan interesantes como el Hal 9000 de 2001: una odisea del espacio o el Proteus de El engendro mecánico, por citar un par de personajes que existen sólo en forma de voz y alguna imagen fija. Son inanimados en lo visual, pero no en lo auditivo, ya que ejercen influencia sobre otros personajes hablándoles. Nuestros objetos inanimados no serían capaces de hablar. Por el mismo motivo tampoco entraría en esta categoría, por ejemplo, la planta de La pequeña tienda de los horrores, ya que es capaz de hablar con los personajes que la rodean, interactúa con su entorno de manera similar a un ser humano, y no usando únicamente los recursos propios de la planta carnívora que es.

Algunos personajes inanimados sí imitan las motivaciones humanas pero no sus comportamientos concretos: no caminan, ni dialogan, ni adquieren expresiones faciales, sino que como decíamos efectúan actos propios de su naturaleza. Pero eso no impide que podamos deducir lo que sienten de la manera en que actúan. Por ejemplo, el ascensor asesino de la película holandesa De lift parece actuar movido por motivaciones criminales, pero sus actos —realistas o no— son los “propios” de un ascensor, aquellos que le permitiría realizar su maquinaria de tener voluntad propia. No es un ascensor que habla y nos explica qué siente, ni tampoco le aparecen dos brazos con los que estrangular a la gente, sino sencillamente muestra un patrón de comportamiento que no es humano en la forma, aunque podría serlo en el fondo, en la motivación. A esto llamaríamos un personaje inanimado, ya que la naturaleza remotamente humana de sus sentimientos es algo que inferimos, pero de lo que no podemos estar seguros. Hay otros objetos que ni siquiera actúan por sí mismos pero que evidentemente tienen una influencia activa sobre los personajes que los rodean (por ejemplo el anillo de El señor de los anillos o los cristales de kryptonita de Superman, dos buenos ejemplos que podrían haber estado en la lista… no pasa nada, incluiremos otros equivalentes) lo cual, unido a determinada forma de filmarlos y mostrarlos en pantalla, los convierte también en auténticos personajes.

La presente lista no contiene, evidentemente, todos los ejemplos posibles. Como comentaba, se podría haber elaborado sólo con la obra de Hitchcock, y tampoco he incluido todos los personajes inanimados que ha usado Steven Spielberg —otro especialista en dotar de personalidad a los más dispares objetos— en sus películas. Por lo general, el director que es bueno usando personajes inanimados suele emplear este recurso en más de una película, así que no es raro que algunos nombres se repitan en la lista, como bien podrían haberse repetido otros. Así que, aunque algunos se hayan quedado fuera, sencillamente he intentado que estén varios de entre los más relevantes, que aparezcan objetos inanimados de diversas categorías y que haya un poco de todo —acción, drama, terror, comedia— porque también hay géneros, como el del horror, que podrían monopolizar por sí solos el artículo. Vamos con ello:

30) El Gran Hermano — 1984 (1984) de Michael Radford

1984

El Gran Hermano. No, en este no sale Marta López.

Su rostro está por todas partes, y en teoría es un personaje humano, pero en la práctica no lo es. No lo vemos hablar, no lo vemos moverse, es sólo un cartel, un simulacro de presencia. La adaptación cinematográfica de la pesadilla totalitaria de George Orwell supo captar algunos elementos de la novela que, en principio, no resultaban fáciles de trasladar a la pantalla. Uno de ellos era la sensación de agobio que produce el exagerado culto a la personalidad que se le rinde al Gran Hermano, un personaje supuestamente cercano al pueblo del que, en realidad, nada sabemos. Es más, muy bien podría no existir. La película usa los carteles como única representación de ese individuo cuya existencia sólo podemos suponer, pero a todos los efectos el personaje ejerce su papel in absentia y su única encarnación real es un mero objeto inanimado: una fotografía. Haciendo una reducción al absurdo, toda la sociedad que describe el film rinde culto a esa simple fotografía. Una premisa inquietante que desde luego consigue su objetivo: hacer que nos preguntemos muy seriamente sobre la validez de aquello o aquellos en quienes depositamos nuestra fe y nuestra confianza.

29) Otto — Aterriza como puedas (1980) de Jim Abrahams y los hermanos Zucker

otto

Otto el piloto, felicidad inflable. Como la de todos.

Uno de los ejemplos más chorras pero también más entrañables de objeto inanimado que casi llega a parecer humano es Otto, el muñeco hinchable que ejerce como “piloto automático” en el avión de la película de desastres aéreos más enloquecida de la historia. En muchos otros filmes se han usado muñecos y maniquíes como personajes, pero los autores de Aterriza como puedas se las arreglaron para que, sin dejar de mostrar que el muñeco es efectivamente un mero objeto inerte, nos termine resultando tan cercano y familiar como cualquiera de los actores humanos del film. Ayudaban bastante, eso sí, sus sutiles cambios de expresión —una pequeña trampa si nos ponemos estrictos, pero bueno, ¡a él se lo perdonamos!— especialmente después de que una de las azafatas le soplase concienzudamente la válvula de inflado, sospechosamente situada cerca de la cintura. Otto es un objeto inanimado y no hace nada por sí mismo… pero desde luego se deja hacer.

28) La línea — La profecía (1976) de Richard Donner

La Profecía

La raya nunca falla.

En ciertos argumentos, hay personajes cuya función es únicamente la de ejercer como señal. Se limitan a dejarse ver para generar diversas emociones en el espectador, o bien para transmitir cierta información, adquiriendo también el rol de mensajero. En ocasiones este papel lo realiza un objeto, que normalmente no alcanza la categoría de “personaje” y se queda en el estrato de símbolo. Pero cuando ese objeto ejerce como mensajero repetidas veces —y más en una película de terror— acaba sufriendo un extraño proceso de pseudopersonificación. Dicho de otro modo, terminamos identificando al mensajero con el autor del mensaje. Esto hace que el objeto, aunque no tenga parte en la acción propiamente dicha, termine transformándose en una especie de Presencia. Existen numerosos ejemplos de esto, pero uno de los más sorprendentes —por lo abstracto del objeto en sí— es la línea negra que aparece en diversas imágenes tomadas por un fotógrafo en La profecía. Dicha línea, que anuncia la muerte (a manos de Satán, nada menos) de la persona fotografiada sobre cuyo retrao aparece, nos termina pareciendo algo más que una simple raya en un papel fotográfico. Es como un fantasma, una presencia, el retrato de algún tipo de ente sobrenatural y maligno que sobrevuela sobre esas personas en el momento de disparar la cámara. La línea negra de La profecía es uno de los hallazgos narrativos más macabros de la película, y aunque concebida en primera instancia como una especie de firma de Satán, termina casi adquiriendo vida propia, como una tétrica sombra chinesca. Aunque la película no es perfecta, pocos filmes han sabido captar el Mal y simbolizarlo en objetos o situaciones de manera tan inquietante. No cualquier película es capaz de convertir una simple línea borrosa en todo un Ente sobrenatural.

27) Bernie — Este muerto está muy vivo (1989) de Ted Kotcheff

Bernie

Bernie, viviendo la (otra) vida a tope.

¿Qué mejor ejemplo de personaje inanimado que un cadáver? En la mayoría de las películas la presencia de un difunto cumple un papel meramente informativo o emocional, es decir: su presencia nos informa de alguien ha muerto o pretende que sintamos algo hacia el difunto o la situación en sí. Pero no deja de ser un objeto inerte y de formar parte de la escenografía. Sin embargo, en ocasiones el peso del cadáver en el guión lo convierte en un personaje más. Esta entretenida comedia de los ochenta —que, de acuerdo, no es una obra maestra— edificaba todo su argumento sobre las andanzas de un fiambre. El simpático Bernie se convertía en protagonista involuntario de aventuras varias aunque ya había abandonado el mundo de los vivos. No fue ni la primera ni la última ocasión en que un cadáver inmóvil adquiría trazas de verdadero personaje en un film, aunque probablemente sí las más exagerada. Pero hubo ejemplos anteriores, sólo que más dramáticos y desde luego más sutiles. Por citar alguno, tenemos a la esposa difunta de Marlon Brando en El último tango en París, cuyo cuerpo está tendido en una cama pero que casi parece cobrar vida cuando conocemos retazos de su personalidad gracias al desesperado monólogo de su viudo. En este caso, la mujer fallecida se convierte en un verdadero personaje a través de los recuerdos de Brando. Lo de Bernie es mucho más directo y simple —es manejado como un títere por los protagonistas vivos— pero no por ello menos digno de mención.

26) Los autobuses — Cortina rasgada (1966) de Alfred Hitchock

Cortina rasgada

En Madrid, uno de los dos autobuses ya estaría metido en un atasco.

Huyendo de sus perseguidores, Paul Newman y Julie Andrews suben al autobús que realiza el recorrido entre dos poblaciones vecinas. Compran su billete e intentan esconderse entre los pasajeros. Pero cuando parece que se han librado de la amenaza, sus perseguidores toman el autobús siguiente, confundiéndose también con el pasaje. Un autobús —en el que viajan los buenos— transita por la carretera mientras a cierta distancia hay otro —el de los malos— que le está pisando los talones. Ninguno de los dos conductores sabe la historia que está desarrollándose detrás, y, como es típico en Hitchcock, sólo los espectadores y los protagonistas lo saben. Así que, de repente, perseguidores y perseguidos pierden todo el control sobre lo que sucede en la secuencia y se convierten —como nosotros— en meros espectadores pasivos, con su destino a merced de lo que suceda en la extraña caza de un autobús a otro. Uno de los vehículos es ahora el “héroe” y el otro es el “malvado”, y son los personajes que dominan la secuencia, mientras los personajes humanos han quedado completamente anulados. Este es sólo uno de los muy numerosos ejemplos de la maestría de Hitchcock para convertir objetos inanimados en “intérpretes” de secuencias que, sobre el papel, aún estaban al servicio de los actores.

25) El rifle — Chacal (1973) de Fred Zinnemann

Chacal

"Hmm... me gustas, creo que le voy a matar para que podamos quedarnos a solas"

Hay un tipo característico de objeto en el cine que es el fetiche. La mayoría de los fetiches se limitan a ejercer como McGuffin, como pretexto para explicar las acciones de los personajes, que los buscan, los codician, los anhelan o los quieren destruir. Pero hay determinados fetiches que entablan una extraña relación con los personajes humanos y he querido citar un ejemplo muy sutil, que suele pasar inadvertido, de relación de amor fetichista entre un personaje humano y un personaje inanimado. Fred Zinnemann es otro de esos directores del que podrían citarse varios ejemplos notables de cómo convertir un objeto en personaje. Probablemente la muestra más evidente era el reloj de Solo ante el peligro, pero por una vez he preferido quedarme con el rifle desmontable de Chacal. En este fantástico film —no confundir con el horrendo remake a mayor gloria de Bruce Willis— un asesino a sueldo es contratado por la extrema derecha para matar nada menos que a Charles de Gaulle. El propio asesino diseña un arma desmontable (un rifle de francotirador personalizado, que ha de poder desmontar en pequeñas piezas para poderlo camuflar con facilidad) y encarga su construcción a un armero clandestino. Pero desde el mismo instante en que tiene por primera vez el arma terminada ante sí, se produce en él una extraña atracción la cual, una vez nos hemos fijado en ella, resulta muy divertida e interesante. El arma ya no es un arma, sino una especie de amante, una cómplice. Incluso se produce un crimen sutilmente pasional, cuando “Chacal” asesina al armero… en teoría para intentar eliminar pistas, pero sin dejar de parecer ferozmente celoso del hombre que dio vida al rifle, una animadversión incurable no muy distinta de lo que muchos hombres sienten hacia las ex-parejas de su actual novia. Así, por extraño que parezca, el rifle se transforma en un fetiche que parece despertar sentimientos bastante más profundos en “Chacal” que alguna mujer que se cruza en su camino.

24) Los tomates — El ataque de los tomates asesinos (1978) de John De Bello

Tomate

Puedes correr, puedes esconderte, puedes bañarte en vinagre de Módena... no importa, ellos te encontrarán igual.

Esta delirante —y por qué no decirlo, deliciosamente cochambrosa— película sobre la rebelión de unos tomates genéticamente modificados, no hubiese sido lo mismo, claro está, si esos tomates no hubiesen tenido tanto carisma. Pese a que El ataque de los tomates asesinos es un infecto artefacto de serie B —nada que pueda competir con Ernst Lubistch, desde luego— hay que reconocer la habilidad de su director para convertir a estas hortalizas en protagonistas absolutos del metraje y haciéndolo además con unos medios limitadísimos. No hay efectos computerizados, ni complejas animaciones, ni 3D, ni nada que se le parezca. Hay tomates. Y eso es precisamente lo mejor, que los tomates son simplemente tomates; no tienen ojos, ni brazos, ni nada. No son como Wall-E en versión tomate, para entendernos. Son… ¡tomates! Pero roban cada escena en la que aparecen con una facilidad pasmosa y producen algunas de las secuencias vegetales (¡!) más hilarantes que pueda concebirse. Aún suelto una risa floja cuando recuerdo a los policías encerrados en su coche patrulla, totalmente aterrorizados, mientras una lluvia de tomates cae sobre los cristales de las ventanillas. Una película no sé si decir que recomendable, pero desde luego jodidamente divertida… para quien la capte. Porque no quiero pensar lo que le debe de ocurrir a alguien que no pille el humor de este film y se pase hora y media preguntándose qué demonios pretenden hacerle ver con tanto tomate en pantalla.

23) La silla de ruedas — Al final de la escalera (1980) de Peter Medak

Silla de ruedas

¿...hay alguien ahí?

Una de las películas que contiene más y mejores objetos inanimados transformados en personajes. Aunque nunca me pareció una obra totalmente redonda (el tramo final flojeaba un poco para mi gusto), sí creo que Al final de la escalera es no sólo una gran película sino probablemente el epítome del cine de fantasmas, una obra de referencia de la que títulos como El sexto sentido o Los otros se han alimentado muchísimo (ya sea indirectamente como incluso copiando escenas concretas). La película de Medak, además de contar con una sublime interpretación del gran George C. Scott,  usaba de manera muy inteligente los objetos para indicar al público la presencia de espectros. De hecho, lo hacía con tal maestría que será el único film que aparezca dos veces en esta lista con dos objetos distintos. Uno de esos objetos que adquirían personalidad ante nuestros ojos era una silla de ruedas de tamaño infantil, que no produce demasiado pavor la primera vez que la vemos en pantalla, pero que con el paso de los minutos termina poniéndonos los pelos de punta apareciendo en el momento más imprevisto. Lo mejor de Al final de la escalera es que construye el aura terrorífica de los objetos poco a poco, sin obviedades, poniéndonos en antecedentes sobre la historia que tienen detrás antes de usarlos para pillarnos por sorpresa. De hecho, casi todos los objetos que son usados en este film para asustarnos se nos muestran primero en un entorno más bien neutral, haciendo incluso que nos centremos en su faceta inofensiva, lo cual hace todavía más meritorio el que conforme nos vamos adentrando en el film comprobemos que adquieren unas connotaciones completamente distintas. Dicho de otro modo: al principio no dan miedo, pero después angustian al espectador sencillamente con que la cámara los enfoque. Y eso es todo un logro. 

22) La pelota de goma — Al final de la escalera (1980) de Peter Medak

Pelota

Como diría Serrat: "niño, deja ya de joder con la pelota"

Como decía, la única película que aparece dos veces en la lista. Y es que hay otro objeto memorable en ella (bueno, hay varios más) que merece una mención por la transformación que sufre ante nuestros ojos. Al principio es una sencilla pelota de goma con connotaciones meramente sentimentales, porque había pertenecido a la hija del protagonista, un mero recuerdo sin mayor influencia en la historia. Pero, poco a poco, la dichosa pelotita va adquiriendo una extraña importancia en la trama, hasta convertirse por derecho propio en una de las protagonistas absolutas de varias de las secuencias del film. Decir que “cobra vida” sería una descripción inexacta, por incompleta. No es que cobre vida, es que sufre una metamorfosis que va representando a la perfección el cambio de contextos en el guión, y la manera en que entornos y cosas cotidianas se van transformando en terroríficas expresiones del Más Allá. Pocas veces un objeto tan sencillo dio tanto de sí a la hora de despertar emociones en el espectador; cualquiera que haya visto este film sabe a lo que me refiero y recordará perfectamente los escalofriantes botecitos de la pelota de marras. Terror hecho con imaginación y buen pulso, sin necesidad de monstruos ni FX sofisticados. Una simple pelota de goma.

21) El busto de Julio César — El último hombre vivo (1971) de Boris Sagal

Cesar

César concentrado ante la partida. Su próxima jugada ha de ser espectacular, porque lleva pensándola dos mil años.

Fue una de las adaptaciones de la famosa novela Soy leyenda de Richard Matheson, de hecho fue probablemente la adaptación más sui generis y divergente, rodada a la mayor gloria del carismático Charlton Heston en su época de reinado taquillero. Nuestro fascista favorito, Heston, encarnaba al único hombre que sobrevive a una plaga mundial que ha transformado a la humanidad en una especie de zombies esquizoides que sólo salen de noche.  Vemos al protagonista intentando sobrevivir en una ciudad desierta de día y plagada de mutantes por la noche, todo bañado en metáforas sociopolíticas muy de su tiempo (y un tanto forzadas, por qué no decirlo). Aunque no era necesariamente una gran película y probablemente no ha envejecido demasiado bien, desde luego tenía sus momentos y, lo que es más importante, está repleta de una imaginería icónica que desde entonces ha sido copiada e imitada en multitud de películas post-apocalípticas, desde las secuencias de Heston conduciendo por una San Francisco completamente vacía hasta el extraño atuendo pseudomonacal de los zombies estigmatizados que le persiguen. En una de esas escenas míticas, Heston intenta paliar su soledad conversando con un busto de Julio César, al que ha vestido con una gorra y contra quien finge jugar al ajedrez. La efigie de piedra es su única compañía y por tanto se convierte en un “personaje sin actor”, algo que más tarde hemos podido ver en diversas películas de todo pelaje, incluidas algunas que centran su argumento precisamente en la relación entre un hombre y una muñeca de goma, como Tamaño natural, de mi ilustre paisano Luis García Berlanga. El Julio César de El último hombre vivo es un paradigma de personaje que existe sólo como proyección de lo que otro personaje anhela ver en él, y su aparición es lo bastante memorable como para haber convertido esa escena del ajedrez en una secuencia clásica.  

20) El aire — El incidente (2008) de M. Night Shyamalan

Zooey

¿Que a Zooey le molesta el aire? Ok, seamos maduros y ecuánimes... ¡vamos a abolir el puñetero aire!

De acuerdo, la película fue un bluff. El director de El sexto sentido nos decepcionó por enésima vez con una obra que no llegaba al nivel de lo que esperábamos de él, y sirvió para que mucha gente perdiese definitivamente la fe en su cine. Pero obviando que la película haya resultado fallida para muchos de nosotros, lo que no se puede negar es que la premisa de partida era brillante, aunque después el cineasta no la ejecutase correctamente. La idea de convertir al propio aire en el villano de la historia era tan ambiciosa y admirable como difícil de realizar, al menos de manera convincente. Shyamalan no pudo triunfar en el intento, su arriesgado concepto inicial naufragó en un guión endeble y El incidente terminó viniéndose abajo, pero las escasas y breves secuencias en que consiguió que ese aire se convirtiera en un personaje tangible nos hablan de lo que pudo haber sido y no fue, esto es, de la película inquietante que no llegó a existir. Admirable ocurrencia, pésimo resultado… y aun así un personaje a rescatar en alguna futura película con más acierto.

19) La zona — Stalker (1979) de Andrei Tarkovski

La Zona

La Zona. Misteriosa, enigmática, peligrosa... hasta que caiga en manos de un concejal de urbanismo.

Lo que Shyamalan no logró plasmar en El incidente, sí fue logrado —y de qué manera— por el genial, abruptamente introspectivo y por momentos desesperante maestro ruso Andrei Tarkovski, sin duda uno de los directores más difíciles que existe: No es extraño que mucha gente llega a tener verdaderos problemas para introducirse en su cine, especialmente a causa de su exagerada lentitud. De todos modos, incluso quienes no gusten de su estilo tendrán que reconocerle dos méritos: uno, que fue un artista visual a la altura de nombre-usted-a-quien-quiera. Y dos, que era un auténtico virtuoso creando atmósferas a voluntad. En Stalker, una extraña historia de ciencia ficción de tono metafísico y existencialista, lograba que toda una región industrial abandonada —reconquistada por el bosque— y de apariencia en principio normal, se erigiera en la inquietante protagonista del film. La “zona” es el centro de los temores y anhelos de los protagonistas, un decorado natural que se convierte en un personaje en sí mismo. Resulta difícil describir con palabras la manera en que Tarkovski, sin ningún efecto especial, construye un ambiente misterioso y agobiante hasta el punto de que los propios escenarios se convierten en una amenaza tan abstracta como tangible (probablemente le dedique un artículo completo al film en un futuro próximo), pero lo cierto es que el director se sale con la suya. Aunque Tarkovski tiene como decimos un estilo muy lento y bastante exigente para el espectador (no se lo recomendaría a cualquiera) en Stalker consiguió básicamente todo aquello que Shyamalan pretendió plasmar en El incidente, esto es, convertir al propio aire en un personaje tan invisible como capaz de hacernos contener la respiración en las butacas.

18) Wilson  — Náufrago (2000) de Robert Zemeckis

Wilson

El apacible Wilson, una mezcla entre Bart Simpson y la pesadilla de un azteca.

Fue una película curiosa y bastante más interesante de lo que algunos habíamos previsto a priori, pese a que en ciertos momentos recurría a resortes más bien previsibles, aunque no por ello menos efectivos. Uno de esos recursos era una pelota de voleibol de la marca Wilson, que termina convirtiéndose en el único amigo de un Tom Hanks perdido en una isla desierta y cada vez más trastornado por la soledad y la desesperación. La manera en que el protagonista iba caracterizando a la pelota, pintándole una cara y poniéndole un cabello falso hecho con ramas, enterneció a muchos espectadores. A mí me pareció un tanto forzado por momentos, pero no puede negarse que como personaje inanimado consiguió de lleno su objetivo: el que a mucha gente se le quedase grabada en la memoria la extraña imagen del balón transformado en el Viernes particular de Tom “Crusoe” Hanks.

17) El areoplano — Con la muerte en los talones (1959) de alfred Hitchcock

Aeroplano

Obsérvese la cara de preocupación de Cary Grant cuando nota que se le desarregla la corbata.

Una vez más Hitchcock, el director que mejor entendió el enorme y hasta entonces poco explotado potencial dramático de los objetos. Situémonos: Cary Grant está de pie en mitad de un prado, esperando tranquilamente el autobús y mirando al soleado horizonte, donde ve aparecer una avioneta de esas que sirven para fumigar los cultivos. Grant observa la trayectoria del avión, que parece estar acercándose justo en su dirección. Cada vez más sorprendido, comprueba que el biplano se dirige directamente hacia donde está él. Y, efectivamente, al final ha de tirarse al suelo porque el avión que ha surgido de la nada le está atacando. Una de las secuencias más recordadas de la historia del cine, protagonizada no tanto por Cary Grant como por el propio avión. Cualquier otro director de la época hubiese mostrado profusamente planos del rostro del malvado piloto, para dejar claro al espectador que se trata de un asesino. Con frecuencia, el cine temía provocar demasiada confusión en el espectador y en otro film nos hubiesen obligado a descartar la idea de que pudiese tratarse de un accidente. Todo eso a Hitchcock no le preocupaba lo más mínimo, porque sabía que ocultar al piloto tenía un efecto distinto al previsto. No causaba confusión sobre los posibles motivos del ataque, sino que desviaba la atención del espectador hacia el avión en sí, de una manera irracional que nada tenía que ver con los motivos de la acción sino con la acción en sí misma.  Hitchcock prefería hacer que el propio avión —y no quien lo pilota— fuese el villano de la escena, transformando el aeroplano en una especie de monstruo mecánico con voluntad propia, una libélula gigante que ataca al protagonista por causas misteriosas… y en el misterio de sus motivaciones está precisamente lo más inquietante. El poder de la secuencia es tal que uno hubiera deseado que fuese todavía más larga, y demuestra el talento de Hitchcock para hacernos olvidar que la avioneta está siendo pilotada, causándonos la desasosegante sensación de que la máquina estuviese actuando bajo el influjo de misteriosas fuerzas cuya naturaleza se nos escapa.

16) La bolsa de plástico — Bolsa de plástico (2009) de Ramin Bahrani

Bolsa de plástico

Cuando te emociona más una bolsa de plástico que todas las interpretaciones juntas de Joaquin Phoenix, es que algo no va bien por algún lado.

Supongo que muchos lectores recordarán la famosa escena de la bolsa mecida por el viento en American Beauty, escena que, todo sea dicho, siempre me pareció algo cursi (aunque posiblemente hubiese algo intencional en ello por parte del director). Sea como fuere, esa escena pudo servir para que el norteamericano Ramin Bahrani tomase el concepto y lo elevase a un sublime paroxismo en el fabuloso cortometraje Bolsa de plástico, donde se nos narra el ciclo vital de una bolsa de supermercado desde su “nacimiento” (el momento en que una mujer la usa para llevar su compra a casa) hasta un incierto, profundo y escalofriante final de tintes existencialistas. Narrado por la dramática voz de Werner Herzog, el cortometraje Bolsa de plástico es un impactante ejercicio de poesía visual que por momentos consigue lo impensable: que nos identifiquemos con lo que le sucede a una vulgar bolsa de plástico, objeto en el que por lo general no repararíamos ni un segundo, considerándolo simple basura. En los breves veinte minutos de este film hay de todo: amor, desamor, soledad, desesperanza, sueños cumplidos, decepciones, miedos, ilusiones, preguntas sobre el sentido de la existencia… y todo ello por boca de ¡una vulgar bolsa de supermercado! A algunos podrá parecerles quizá un tanto melodramático, pero creo que cualquiera que haya vivido lo suficiente encontrará que este cortometraje es tan profundo como conmovedor. Probablemente uno de los ejercicios de pseudo-personificación de un objeto vulgar más impactantes que se hayan visto en muchos años. Olviden ustedes Wall-E y similares, lo de la bolsa de plástico de Bahrani hará que no vuelvan a ver con los mismos ojos una bolsa tirada por la calle.

15) Las vainas — La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) de Don Siegel

Body Snatchers

Lo malo de huir junto a una mujer es que con tacones corre menos. Lo bueno, que se preocupa de que tu corbata siga impecable.

Esta película —como también su magnífico remake de 1978— es todo un hito de la ciencia ficción y el terror de bajo presupuesto. Probablemente es una de las películas de serie B que con mayor justicia puede ser considerada un clásico en toda regla, a la altura de grandes títulos del cine “mainstream”. La invasión de los ladrones de cuerpos es una aterradora historia de ciencia ficción en la que los seres humanos van siendo sustituidos por copias exactas, pero desprovistas de emociones y otros rasgos psicológicos que normalmente identificamos con el concepto de “humanidad”. Estas copias surgen de unas extrañas vainas, unas semillas de procedencia extraterrestre que terminan adquiriendo un halo de maldad instrínseca. Al final de la película, cada vaina es como una amenaza en sí misma porque sólo viéndola sabemos los horrores de los que es capaz. El (todavía hoy) infravalorado director Don Siegel sabe que, hacia el final del film, conseguirá inquietarnos sólo con mostrar en pantalla la ominosa presencia de uno de aquellos extraños bulbos vegetales. Como en Al final de la escalera, ha conseguido destilar las esencias del horror del argumento e introducirlas en los propios objetos, para que con sólo verlos se despierte toda una cadena de asociaciones. Lo dicho, clásico inmortal del cine y personaje inanimado igualmente inmortal: la dichosa vaina verde.

14) Rosebud — Ciudadano Kane (1944) de Orson Welles

Rosebud

Serían un buen hombre y logo para una marca de bourbon. Interesados en financiar a un emprendedor que jura no probar el producto, contacten con la redacción.

Quizá el mejor ejemplo de “personaje ausente”, o al menos el más famoso. Es un personaje ausente porque se habla de él durante toda una película pero sin que sepamos muy bien quién (o qué) es, aunque no podamos olvidar que al parecer es importante intentar averiguarlo. Como la magdalena de Proust, Rosebud es sólo la excusa inicial para introducirnos en la escabrosa historia de ambición y poder del millonario editor Charles Foster Kane, alter ego en la ficción del poderoso magnate de la prensa William Randolph Hearst. Cuando al final descubrimos quién es Rosebud, entendemos que ese “personaje ausente” es ni más ni menos que la representación del Kane que pudo haber existido y nunca existió, tal vez un Kane más feliz, y desde luego un Kane menos dañino para la sociedad. Su célebre director usó con inteligencia la referencia a un personaje inanimado para construir otro que en realidad no existe, pero que aun así es el eje central de toda una película. Eso sí, está el detalle sarcástico de que Rosebud era el mote que W.R. Hearst le daba al clítoris de su amante. Hearst, cómo no, odió la película con todas sus fuerzas, porque aquel jovenzuelo llamado Orson Welles estaba osando ridiculizar su vida ante toda la nación. Pero nosotros, por descontado, sabemos que se trata de una de las obras más grandes del siglo XX y que Rosebud es uno de los nombres clave de la historia del cine, aunque el personaje, como tal personaje, no haya existido ni en la ficción o no terminase siendo lo que pensábamos que era.

13) Los platillos volantes — Encuentros en la tercera fase (1977) de Steven Spielberg

Ovni

Esto es en EEUU, porque en España lo paran, le hacen el control de alcoholemia y lo multan por no haber pasado la ITV.

Siempre lo digo: si hubo un director que supo asimilar las enseñanzas de Hitchcock, ése fue Steven Spielberg, no en vano aparecerá también más de una vez en esta lista. En las mejores películas de Spielberg hay multitud de detalles que muestran cómo supo imitar (en el buen sentido) lo mejor del cine de Hitchcock, y uno de esos detalles es cómo sabe convertir a los objetos inanimados en personajes con entidad propia. En la épica Encuentros en la tercera fase, un grupo de ovnis siembran el desconcierto en una tranquila ciudad norteamericana. En ningún momento (excepto al final) podemos ver a quienes pilotan esos platillos volantes. Sólo vemos luces y extraños artefactos que van y vienen, de modo que los propios ovnis adquieren personalidad propia. Las luces que campan por sus respetos en el cielo nocturno para asombro y terror de la población local, crean un ambiente de irrealidad que no tiene nada que envidiar a lo que hacía Hitchcock en obras ejemplares como la citada Con la muerte en los talones o Los pájaros. Una buena muestra de las habilidades hitchcockianas de Spielberg es la secuencia en que unas luces se acercan por detrás a la camioneta de Richard Dreyfuss, parada en mitad de una carretera. Dreyfuss, creyendo que se trata de un camión que le pide paso, le hace gestos impacientes para que lo adelante. Entonces, las luces del supuesto camión se disponen a adelantarlo… por la parte de arriba. La primera mitad de la película está repleta de secuencias similares, aunque tampoco podemos olvidar otro gran personaje inanimado del film; el monte de la Torre del Diablo. En definitiva, una de las mejores películas de Spielberg y una de las más hitchcockianas también.

12) La cabina de teléfonos — La cabina (1972) de Antonio Mercero

La cabina

Cuando el teléfono funcionaba con monedas y, por lo tanto, nos costaba mucho más barato que ahora.

Dos enormes talentos del cine español en su máxima expresión: Antonio Mercero y el nunca suficientemente ponderado José Luis López Vázquez (¿el mejor actor que ha salido de España?), unidos en este legendario y agobiante mediometraje. La historia es conocida de todos: un hombre entra en una cabina de teléfonos, y mientras intenta hacer una llamada —el teléfono no funciona— la puerta se cierra y queda encerrado sin poder salir. Pese a todos sus angustiosos intentos y gritos de ayuda, y pese a la presencia de gente que se agolpa sorprendida ante tan inusual hecho, no podrá escapar de su encierro. Algo tan cotidiano y neutral como una cabina de teléfonos se convierte finalmente en un monstruo hambriento y malévolo, que no realiza acción alguna pero que se vuelve más y más abominable con cada minuto que pasa. La cabina es sin duda una obra cumbre de nuestro cine (o de nuestra televisión, como se prefiera) que en su día fue emitida en muchos países y tuvo bastante eco fuera de nuestras fronteras, llegando a ganar un premio Emmy. Una combinación de terror surrealista y crítica social que gustosamente hubiese firmado Rod Serling, o como leí no recuerdo ya dónde, una perfecta mezcla de Kafka, Orwell y Hitchcock. Por descontado es imprescindible, si es que queda alguien que todavía no la ha visto.

11) El hotel Overlook — El resplandor (1980) de Stanley Kubrick

Overlook

Si te pasas horas tu solo mirando un pasillo vacío, es normal que empieces a ver cosas raras. Lo sé desde mis tiempos de escolar.

Un perfecto ejemplo de “metapersonaje”, o de personaje al que conocemos a través de sus encarnaciones en otros personajes menores, que son como una extensión suya en forma humana. Algo que por ejemplo había hecho Tarkovski en Solaris. Aunque el hotel Overlook también es un buen ejemplo de personaje ambiental, que no tiene una presencia concreta y discernible, sino más bien una omnipresencia a la que juzgamos por las vibraciones que desprende y por la influencia que tiene sobre los personajes humanos del argumento. El hotel Overlook es, en sí, el auténtico villano de El resplandor, película en la que Jack Nicholson —el villano oficial— es poco más que otra víctima de los manejos de un edificio maldito que lo convierte en su títere. Kubrick plasmó a la perfección la maldad impersonal y difusa del propio escenario, en el que radicaban (y no en los actores) las causas de todo cuanto sucede.

10) El televisor — El televisor (1974) de Chicho Ibáñez Serrador

El televisor

Creo que está viendo el primer episodio de "El barco".

Una muestra más del buen nivel del terror y la ciencia ficción que se rodaba (y se escribía, dicho sea de paso) en España durante los años setenta, por lo general entremezclando la influencia de la ficción norteamericana con una aproximación literaria y filosófica más a la europea. Chicho Ibáñez Serrador, el creador del famoso Un, Dos, Tres, fue el responsable de aquella serie llamada Historias para no dormir, el último de cuyos episodios era un guiño sarcástico al propio medio donde trabajaba. El episodio staba protagonizado por un hombrecillo convencional —interpretado por el padre de Chicho, el gran Narciso Ibáñez Menta— cuya mayor ilusión es comprarse un buen televisor… y cuando lo hace, el aparato lo va absorbiendo hasta apoderarse completamente de él. Una especie de avance a la española de lo que más tarde haría Stephen King, en el que un aparato teóricamente inofensivo cobra vida y se manifiesta a través de los inquietantes efectos que tiene sobre la gente que lo rodea.

9) Christine — Christine (1973) de John Carpenter

Christine

Es bonita, es elegante y está como una cabra. Pero juraría que no se llamaba Christine.

Como habíamos citado, y de modo similar al televisor de Ibáñez Serrador, Stephen King se especializó en máquinas malditas y escribió sobre un automóvil que se apodera del alma de quien lo conduce. El director John Carpenter decidió llevar la historia a la pantalla y de hecho la adaptó de manera muy hábil. Supo reflejar a la perfección la personalidad vengativa del malvado automóvil, el cual se comporta como una novia posesiva y celosa con su dueño. Christine, pese a tener forma de automóvil (un imponente Plymouth Fury de los años cincuenta) es de hecho una de las grandes mujeres fatales del cine, tan seductora como destructiva, dotada de un humor ácido propio de toda una Barbara Stanwyck (como cuando bloquea los seguros de las puertas para que nadie pueda entrar en su interior, mientras hace sonar en el equipo de música —la radio de Christine sólo emite música de los 50— nada menos que Keep a knockin’ de Little Richard). Sin duda uno de los vehículos más emblemáticos de la historia del cine: el automóvil que todos querríamos tener y la novia de la que todos saldríamos huyendo.

8) El retrato — Laura (1944) de Otto Preminger

Gene Tierney

Estaba en un cuadro, pero la pones en serigrafía y te quedas igual de tonto mirando. Francamente.

Cuando Dana Andrews se enamora del retrato en óleo de una mujer difunta, lo cual parece —y es— completamente absurdo, desde luego no puede tratarse de una mujer cualquiera. Y evidentemente no lo era. La elegida para mostrar su efigie en el cuadro fue Gene Tierney, una de las actrices más bellas que han pasado por una pantalla de cine. En Laura, ese retrato se convierte no sólo en un personaje más, sino en una especie de representación de la mirada divina sobre el mundo. Laura, inmóvil en el cuadro, contempla a los demás personajes desde una distancia inabarcable pero parece ejercer una influencia inexplicable sobre ellos, con el simple encantamiento de su imagen. El romanticismo insensato del protagonista y su aberrante pasión por una mujer que ya no existe tienen no tanto de freudiano como de directamente paranormal. De hecho en la película de Preminger el amor es una fuerza sobrenatural que conecta al protagonista con la verdad, que aún no ha descubierto, pero que siente de manera instintiva aunque camuflada bajo un extravagante enamoramiento hacia una pintura inanimada, retrato de una mujer que ya no existe. Podría decirse que el retrato de Tierney, tan importante en este film, es la única mujer que hizo sombra a la propia Tierney, lo cual probablemente representa un miedo intrínseco de toda mujer propensa a ser idealizada por los hombres: el no estar a la altura del ideal.

7) El halcón maltés — El halcón maltés (1941) de John Huston

Maltese

Todos fascinados con el pajarito de Bogart. No, ehhhm... déjenme volver a redactar este pie de foto. El humor garrulo no tiene lugar en Jot Down.

“Está hecho con el material del que se hacen los sueños”. La estatuilla del halcón maltés —o lo que es lo mismo, uno de los más memorables McGuffin de la historia del cine— es quizá el epítome de fetiche, de objeto inanimado que se convierte en personaje debido a la pasión insana que los personajes humanos sienten hacia él. Como el rifle de Chacal o el famoso anillo de Frodo, el halcón maltés es un centro del universo en torno al cual orbitan los deseos y codicias de los caracteres del film, ya sean el heterosexual Humphrey Bogart o el homosexual Peter Lorre. Su influencia sobre los individuos humanos le hace trascender esa categoría de fetiche hasta convertirlo en un verdadero actor, un agente, un factor vivo en la historia que se está narrando. Como el retrato de Gene Tierney en Laura, el halcón maltés no es una recompensa en sí mismo, sino la representación de lo que cada persona quiere interpretar como su recompensa perfecta. En cuanto a la película en sí, no hace falta decirlo: es una obra maestra.

6) El planeta Solaris — Solaris (1972) de Andrei Tarkovsky

Solaris

Solaris se manifestaba a través de personajes ficticios, como el Banco Central Europeo.

En este artículo relacionamos bastante a menudo a Kubrick con Tarkovski y viceversa, lo cual no es nada casual y va más allá de la tópica comparación entre 2001 y esta Solaris. En la forma —que no en el fondo— el planeta Solaris era un antecedente del hotel Overlook de Kubrick, aunque a su vez remotamente inspirado en el otro hotel (el cósmico) y el monolito del propio Kubrick en 2001. Como decía, con frecuencia se cita a Solaris como la “2001 soviética”, lo cual es cierto, aunque no necesariamente por los motivos más bien superficiales que a veces se esgrimen. Solaris, además de ser también ciencia ficción grandilocuente con implicaciones metafísicas, dio ciertos pasos intermedios entre 2001 y El resplandor que Kubrick, por así decir, se había saltado en su evolución artística personal. En el tema que nos ocupa, el de los personajes inanimados, lo hizo desarrollando un personaje que era a la vez un metapersonaje como el hotel Overlook y una presencia inerte, pero de la que el espectador nunca puede abstraerse, como el hotel cósmico o el monolito de 2001. Tarkovski era bastante más humanista que Kubrick (en su cine, al menos) pero aun así, cuando se aproximaba a la ciencia ficción mostraba la misma tendencia a descomponer los personajes humanos, rompiendo su psique en facetas artificiales y proyectando muchos de sus pensamientos o emociones en el entorno, como una expresión abstracta y desdramatizada (o dramatizada de otro modo) del personaje. Del mismo modo que el hotel Overlook representaba el subconsciente criminal de Nicholson, la inquietante esfera oceánica de Solaris representa el subconsciente afectivo de los personajes humanos del film. Algo que por cierto cabreó bastante al autor de la novela original, el polaco Stanislaw Lem, que había concebido su Solaris original como el epicentro de reflexiones más científicas e intelectuales, y que no disfrutó demasiado con los giros románticos y melodramáticos de Tarkovski. Por fortuna, nosotros podemos sí disfrutar hoy de la misma historia desde dos perspectivas distintas, la anaítica de Lem y la poética de Tarkovski, aunque no dejo de comprender la desazón de Lem, porque la verdad es que no se parecen demasiado la una a la otra.

5) La botella de Coca Cola — Los dioses deben estar locos (1980) de Jamie Uys

Cocacola

En su tribu se pelean por una botella, y en la nuestra nos peleamos por un partido de fútbol. Matices.

La divertida película sudafricana Los dioses deben estar locos edificaba su desenfadada comedia en torno a uno de los objetos más vulgares e improbables como leitmotiv de un film: una botella de Coca-Cola vacía. La botella, que una avioneta dejaba caer en mitad de un poblado africano totalmente aislado de la civilización moderna, se convierte en una especie de icono religioso-social que transforma completamente su entorno. Los habitantes del poblado, que jamás han visto el vidrio ni nada que se le parezca, observan las particulares propiedades físicas de la botella y deducen como única explicación posible que se trata de un regalo de los dioses. A partir de ahí, la codicia que sienten hacia el preciado objeto provoca un caos total en la tribu, hasta el punto de que algunos de ellos empiezan a considerar que puede tratarse de una encarnación del mismo diablo. Aunque se trata de una comedia más bien ligera, Los dioses deben estar locos no dejaba de hacer una reflexión interesante sobre nuestra sociedad y el modo en que perdemos la cabeza por cosas que son inútiles, o por cosas que incluso que para otros son —como el caso de la botella vacía— simple basura. Lo absurdo de que toda una sociedad humana (en este caso una tribu) resulte totalmente trastornada por algo tan intrascendente como una botella vacía, nos da bastante que pensar cuando lo traducimos a nuestra propia sociedad moderna, que en el fondo se sigue comportando bajo criterios igualmente estúpidos. El film no es una obra maestra, pero sí es muy entretenido y entrañable. Además, sin necesidad de argumentos mágicos ni influjos sobrenaturales, el devastador efecto de la botella sobre sus poseedores casi deja en mantillas a lo que sucede en El señor de los anillos. 

4) La mansión Bates — Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock

Bates

Ya daba miedo entonces... y eso que no habìa hipotecas subprime.

Hitchcock se empeñó en no rodar Psicosis si no podía contar con una casa que fuese expresiva como un rostro, que pudiese funcionar en pantalla como un personaje independiente, y desde luego lo consiguió. La mansión de la familia Bates, y resulta difícil precisar el porqué, es sin duda uno de los edificios más inquietantes que existen. Hitchcock captó a la perfección el extraño aura de la construcción y astutamente le otorgó un considerable protagonismo en el film, donde el edificio frecuentemente sustituye a los personajes humanos, y da la cara por ellos, mira por ellos e incluso habla por ellos. La mansión no es solamente el rostro del que durante buena parte del film carece el asesino. También es una cabeza en sentido literal, un cráneo de ladrillo por cuyo interior pululan las truculentas fantasías y obsesiones del enfermizo Norman Bates, cuyas ventanas son sus ojos y cuya puerta es su boca. Hitchcock ya había jugado antes con las características de los edificios e incluso con la personalidad propia de su construcción —como en La ventana indiscreta y, muy especialmente, en Rebeca— pero la arquitectura de la mansión Bates era lo bastante simple, impactante y fácil de recordar como para causar una honda impresión en el público. De hecho, no creo que haya nadie que haya visto esa película y no sea capaz de reconocer el edificio aunque hayan pasado muchos años.

3) La caja — Sabotaje (1936) de Alfred Hitchcock

Sabotage

Lo peligroso no es la bomba; lo peligroso es la lata con la filmografía completa de Drew Barrymore.

Otra vez Hitchcock. Abríamos el artículo con esta caja y no es para menos, ya que es uno, si no de los primeros, sí de los más tempranamente logrados ejemplos de objeto totalmente inanimado que, sin efectuar acción visible alguna, ejerce perfectamente como personaje. Por algo está en los primeros puestos de la lista. Como decíamos más arriba, un niño entra en un autobús portando una caja, sin saber que dentro de ella hay una bomba. La caja no se mueve, no hace tic-tac ni realiza ningún comportamiento distintivo, pero aun así Hitchcock pensó que podría darle vida filmándola desde diversos ángulos y presentándola bajo diversas perspectivas en el montaje, donde gracias a los rápidos y estudiados cambios de plano dejaba de parecer un objeto inerte, sin necesidad de moverla en la realidad. El propio director ponía esta secuencia como ejemplo de lo que pretendía cuando quitaba el protagonismo a los actores humanos ponía al timón de la acción un objeto. Es algo que hizo en un sinnúmero de secuencias en muchas de sus películas (por eso decía que sólo con Hitchcock se podría haber llenado la lista entera) y casi puede decirse que creó —o perfeccionó— un nuevo tipo de personaje cinematográfico. El personaje que está sin estar, que actúa sin actuar y que —aunque sea manejado por humanos— termina dándonos la impresión de que tiene voluntad propia.

2) El camión — El diablo sobre ruedas (1971) de Steven Spielberg

El diablo

El segundo camión más dañino de la Tierra, después del que les transporta los instrumentos a El canto del loco.

El mismo concepto del aeroplano de Con la muerte en los talones llevado a la cima por un Spielberg en estado de gracia, que ya causó sensación con esta su primera película. En ella, un hombre que atraviesa en automóvil un desértico paraje norteamericano empieza a sufrir el extraño acoso de un camionero desconocido. Nunca podemos ver al camionero, excepto parcialmente (a veces saca el brazo por la ventanilla, a veces vemos sus botas cuando camina) y precisamente ahí radica el verdadero poder del film. No sólo por el misterio sobre la identidad del camionero al que no podemos ver, sino por algo mucho más automático e irracional (otra enseñanza de Hitchcock: incluso en una trama lógica como lo es la del suspense, el público tiende a reaccionar con el corazón y las entrañas, no con la cabeza). Al no mostrarnos al conductor, el propio camión termina siendo el protagonista, el auténtico villano, y su inquietante morro repleto de matrículas es el rostro del Mal. Spielberg imitó con mucha inteligencia, saber hacer y buen gusto el cine de Hitchcock, desde ciertos detalles técnicos —como el montaje acelerado en algunas secuencias— hasta la inclinación por mostrar hechos que no son sobrenaturales, sino perfectamente plausibles, pero rodeados de todos modos por una aureola irreal, como de pesadilla nocturna. Una buena manera de crear esa sensación de irrealidad es mostrarnos un camión que sabemos perfectamente tiene un conductor, pero que —en la práctica— parece actuar por su propia cuenta, como si ese conductor fuese una pieza más de su engranaje. Así, aunque sepamos que el vehículo está siendo manejado por alguien, ni por esas quiere nuestro cerebro dejar de interpretar que es precisamente el camión ese alguien. Para ayudar más a crear esta impresión, la caracterización del propio camión es absolutamente magistral, con un aire de abandono y una pátina de óxido más propios de una chatarra del desguace, lo cual hace todavía más inverosímil la idea de que un conductor profesional normal iría al volante de un cacharro tan descuidado.

1) El monolito — 2001: una odisea espacial (1968) de Stanley Kubrick

Monolito

Mono cabreado porque el monolito se ha vuelto a quedar sin cobertura y no puede colgar en Facebook las fotos de la última batalla de troglos. O rave party, que no las sé disntiguir muy bien.

El personaje inanimado por excelencia. No solamente no hace nada, sino que ni siquiera tiene unas características particularmente pensadas para influir en el espectador en un sentido u otro. Es un mero rectángulo negro, que podría ser de plástico, de piedra, de metal o de papel… y daría lo mismo. ¿Qué nos produciría el monolito si lo vemos desprovisto de la música y el argumento del film? Exacto: no nos produciría absolutamente nada. En realidad el monolito es, cinematográficamente hablando, una metáfora dentro de una metáfora. Es un objeto convertido en personaje, pero es un personaje que a la vez es un no-personaje. Suena enrevesado, pero me explico: sabemos que el monolito es un personaje únicamente por los efectos que su presencia tiene en el entorno. Si no fuera por eso, parecería un mero adorno de atrezzo sin importancia. Es más, el monolito ni siquiera se relaciona activamente con los personajes humanos como sí suelen hacer los objetos de casi todas las demás películas. O mejor dicho, su relación es —a nuestros ojos— completamente pasiva en el nivel visual: los personajes se acercan a él y lo tocan; él no se acerca ni toca a nadie. Sólo se relaciona activamente en el nivel abstracto, fuera de nuestra vista como espectadores, y tenemos que deducir sus acciones, más que ser testigos directos de ellas. En ese sentido, es el fetiche llevado al extremo, aunque no es un fetiche por sus características o por lo que puede ofrecer. No es un halcón maltés, ni un anillo mágico: en realidad es un fetiche sin que sepamos muy bien por qué. No hay nada lo suficientemente atractivo en él ni ninguna ventaja aparente en desear poseerlo. Pero la exquisita neutralidad de su diseño, su casi total ausencia de características distintivas, es precisamente lo que le confiere su grandeza. El monolito puede ser cualquier cosa según quién lo contemple, porque, en realidad, no es nada. Un rectángulo negro no es nada ni significa nada. Sólo sus acciones significan algo, pero tampoco podemos ver directamente esas acciones y nunca estamos seguros de cuáles son los sucesos de los que es directamente responsable, y cuáles no. Como no podemos definirlo con claridad tampoco podemos delimitarlo, y por eso mismo acaba estando presente en toda la película. Cuando lo vemos en pantalla y cuando no, siempre está allí, porque no sabemos hasta dónde llegan sus efectos y no sabríamos precisar cuándo de verdad no está. En definitiva, el monolito acaba por apoderarse de todo el metraje y al final la película se convierte en el personaje (con permiso de HAL 9000 y sus minutos de gloria en la parte intermedia de 2001, que es como otra película dentro de la película). El monolito negro es el origen, el medio y la finalidad de todo cuanto sucede en 2001: una odisea del espacio, y lo es sin necesidad de causar ninguna impresión concreta en nosotros, porque obviamente ni Kubrick ni Arthur C. Clarke podían prever qué le parecería el diseño del monolito a cada una de las personas que fuesen a ver el film. Cuando lo miramos no es un objeto terrorífico, ni gracioso, ni amenazante, ni entrañable, ni bondadoso, ni malvado… ni ninguna otra cosa. En realidad es sólo un espejo donde cada uno de nosotros puede proyectar sus propias interpretaciones. O mejor dicho, un vacío que cada uno de nosotros puede llenar a su manera. El monolito es la cumbre del personaje inanimado porque como tal personaje, no existe… y sin embargo, desde que aparece, no podemos ver un solo segundo de la película sin sentir que de algún modo está manejando los hilos de todo cuanto sucede. Es lo más trascendente que puede aspirar a ser cualquier personaje de ficción: el Dios de un argumento, un dios sin rostro, ni voz, ni personalidad, ni —que sepamos— alma.

76 comentarios

  • Buen artículo, Emilio. Pero ya conocías el riesgo de hacer una lista cuando lo escribiste. Que te recordemos algunos de los que te has dejado…
    Quizás el maletín de Pulp Fiction.
    El pene de Dirk Diggler en Boogie Nights.
    La cabeza de Benicio del Toro en Sin City.
    El pelo de Nicholas Cage en cualquier película de Nicholas Cage…

    • El mojo de Austin Powers, el “Canal de Panamá” en Arsénico por compasión…

      Nah, en serio, me ha encantado el artículo.

    • Pues el maletín de “Pulp Fiction” estaba en la lista inicial, pero se cayó al redondearla en 30, y preferí dejar al halcón maltés que venía a ser lo mismo pero varias décadas antes.

      Lo del pelo de Nicholas Cage es una idea buenísima, ¡te felicito! Es como los peluquines de Joe Pesci, las mangas extralargas de Julia Roberts o la llaguita en la boca de Christian Bale: algo sin lo que, para bien o para mal, resulta imposible entender sus interpretaciones en ciertas películas. Parecen detalles nimios, pero no lo son en absoluto. De hecho, podría inspirar otro artículo: “Detalles minúsculos que definen una película”.

    • ¿el pene de Dirk Diggler es un ser inanimado?

  • ¿entraria en categoria el ring en THE BOXER?, sin el en escena buenas tortas se habria evitado el prota.

  • Hablando de El Incidente, antes que el aire para inanimado Mark Whalberg.

    http://www.youtube.com/watch?v=9Rq-7zEVuwI

    Lo que no quita que sea una excelente película, como todo lo que ha hecho Shyamalan, aunque a algunos todavía los árboles les impidan ver El Bosque. Como que el juicio sobre el film debería importar poco en este artículo. Aún con eso, enhorabuena por la idea, muy entretenido de leer.

  • Echo en falta la barra inanimada de carbono que salva el viaje espacial de Homer Simpson. ¡Fue portada del Time, nada menos!

    • Si contasen los dibujos animados, la barra de carbono hubiese entrado con todo merecimiento.

      De hecho sí menciono a su hermana mayor, la kryptonita, que sin embargo no pasó el corte. Hacer una lista es complicado: no ya porque luego te recuerdan lo que te has dejado fuera, sino porque a mí mismo me gustaría haber incluido 100 cosas más.

  • Obviamente, hacer una lista es estar dejándose fuera muchas opciones automáticamente. Pero cuando he leído la introducción, lo primero que he pensado ha sido en la pelota de goma de Al final de la escalera, y en la silla inmediatamente.

    Ver que ambas tenían entrada en la lista me ha fascinado.

    Fantástico artículo, no por la lista en sí (que es bien extensa y documentada) si no por la idea original de la lista.

    • Lo de las listas es divertido. A veces he estado tentado de escribir un artículo titulado “Los diez mejores números del 1 al 10″, sólo para ver qué se decía en los comentarios.

      Pero luego caí en la cuenta de que lo primero que alguien diría sería “¿y dónde está el número Pi?”, “Es indignante que no hayas empezado por el cero” o “Los números con decimales también son números, pedazo de burro”. Aun así no lo descarto, no creas.

      De hecho, hasta yo mismo pienso esa clase de cosas a veces, cuando veo una lista que ha confeccionado otro. Tengo la teoría de que se puede convencer a cualquiera de cualquier cosa… siempre y cuando no se lo argumentes en forma de lista.

  • Fantástico artíulo. no sé porque suponía cual iba a ser el primero ;)

  • Falta el “Gran Torino” :)

  • ¿Por qué en estas recopilaciones siempre queda fuera Rubber, el neumático asesino? :/ http://www.notasdecine.es/42865/trailers/trailer-de-rubber-la-pelicula-del-neumatico-asesino/

    • En mi caso, porque como ejemplo de ese tipo de personaje me parecen mucho más entrañables y clásicos los tomates asesinos. Pero sí, haces un buen apunte, evidentemente no hubiese desentonado nada en la lista.

  • - El coche Harby
    – Excalibur
    – El anillo, Señor de los anillos
    – HAL
    – La piedra de Snatch
    – La pistola de Harry el sucio
    – La coraza de por un puñado de dolares
    – El tanque de En las entrañas de la bestia
    – La alfombra del Gran Lebowski
    – La nada de las historia interminable
    – …

  • Mientras leia el artículo no paraba de pensar en la cuerda de “La soga”… mucho mas crucial que cualquiera de los objetos inanimados nombrados en la lista.

    • la bruja de blair derebia estar en la lista, y no me hables de prejuicios de mierda que sin presupuesto maldito me acojono mas que ninguna de estas que habeis dicho

  • Los dioses deben estar locos.
    botella=iphone
    La humanidad evociona a la par de su estupuidez XD

  • Aunque sea una lista un poco monotematica (de G. Lucas)
    Sable laser.
    Aliento de Darth Vader.
    Ala X.
    Halcon Milenario.
    Latigo, sombrero y zurron de lona.

    La Nave Surprise de “Master and Commander” y la Perla Negra.

    Le Enterprise (en cualquiera de sus encarnaciones)

    La niebla de “La niebla”

    En interceptor V8 de MadMax y el Deloren de Regreso al futuro y Eleanor de 60 segundos.

    La katana de Hatori Hanso (quiero una… y una espada laser… y a Excalibur).

    etc…

  • No, en serio, os habéis dejado “la fuerza”, este hasta tiene muñeco: http://www.scificool.com/images/2007/12/force.jpg

  • Me encanto esta colección de personajes. Tambien añadiria la llave de la pelicula Crimen Perfecto, como no del Maestro Hitchcock. Es cierto solo con sus peliculas se llena la lista y cre que serian mas de 20. Saludos.

  • Perdon, no se de donde saque el 20, serian mas de 30.

  • La idea de este artículo es genial y divertida.
    Mi enhorabuena Sr. de Gorgot.

  • Fabuloso, una de las cosas que hace grande a JotDown es que no aparezca en este artículo la puñetera peonza de Origen.

  • Por si a alguien le sirve dejo mi humilde aportación con unas cuantas que se me han ocurrido en un rato:
    -El póster de Rita Hayworth de Cadena Perpetua.
    -La “bombona” de aire a presión de No es país para viejos.
    -El unicornio de origami de Blade Runner.
    -La bicicleta de El ladrón de bicicletas.
    -La frontera en La gran ilusión.
    -“lily of the valley” (a pesar de que breaking bad no es una película)
    -El miembro de Resines en La buena estrella

  • Y sin más
    el color rojo de “Marnie La Ladrona”.
    Ese Hitch y su base de datos freudianos.

    buen post
    buenos posts

    saludos

  • Falta uno más que por lo menos a mi me genera risa cuando lo recuerdo. Se encuentra en la conocida película “garganta profunda”, una película que en su género es famosa.

  • Aunque no es una película, quiero compartir un anuncio que hizo Spike Jonze, donde la protagonista es una humilde lámpara (un flexo como el de Pixar, vamos). Me lo ha recordado el corto sobre la bolsa de plástico.
    http://www.youtube.com/watch?v=dBqhIVyfsRg
    Aviso: Hay que verlo hasta el final. Aunque no entendáis inglés, yo creo que se capta la idea

  • KIT del coche fantastico
    HAL de la odisea
    Excalibur!!
    El Maletero de reservoir dogs
    El Maletin en Ronin
    El unobtainium en Avatar

    Ahora en serio investiga e igual descubrirías que tus personajes inanimados tienen termino y se llaman MacGuffin.

    Investiga tambien Checkhov´s Gun y Red Herring.

    Wikipedia es tu amiga. Y sabes que Rosebud tenia que haber sido la mas importante en tu lista…

  • Muy buen artículo!

    Ante todo a mi me ha venido a la cabeza, y nunca mejor dicho, el peluquín mortal de Amazing Stories (serie producida por Spielberg) en el minuto ocho aparece..no tiene desperdicio!

    http://www.youtube.com/watch?v=qWm4zTW9y88

    Mmmm ah y el anillo de Match Point!

    Ahora mismo nada más..Saludos y buen blog! ;)

  • Buena selección. Es difícil elegir. Es una pena que no entrara HAL 9000, se comprende que no es inanimado.
    ¡Qué tal la nave Nostromo?

  • Un par más de ideas que nadie ha mencionado:
    El túnel de “Being John Malkovich” (y el ascensor!)
    El despertador de “Groundhog Day”
    El guión de “The Player”

  • En 2001, una odisea en el espacio, solo viendo la continuacion es que nos damos cuenta de que es en realidad el monolito, y para que sirve en realidad.

    • También puedes leer el relato cortísimo de Arthur C. Clarke “El centinela”.

  • Faltó la barra inerte de carbono!!

  • En cuanto a “Cortina rasgada”, nada que discutir sobre la importancia del personaje inanimado. ¿Pero estás seguro del resumen que haces?. Tal como yo la recuerdo, el autobús al que suben es de una organización que les ayuda a fugarse y todos los pasajeros, incluido el conductor, son cómplices. En el autobús que les sigue no ha subido ningún ‘villano’, pero puede hacer que los policías que los escoltan descubran que su autobús es falso.

    • Tal cual.

    • En efecto, es como dice José Luis. Los protagonistas van en un autobús falso que hace de tapadera para la fuga, y el que va detrás es el verdadero autobús que los puede descubrir.

      Me gustaría apuntar a Chori que, según creo, un Mac Guffin no tiene por qué ser un personaje inanimado. Un MacGuffin más bien se trata de una persona, cosa, animal, que aparentemente es muy importante para la trama, pero que luego se revela secundario o no determinante de la trama central. Es, como si dijéramos, una maniobra de despiste que utilizaba sobre todo Hitchcock.
      Por ejemplo, el MacGuffin de Psicosis puede ser el dinero que roba Janet Leigh en las primeras escenas, que luego no tiene nada que ver con el tema central del motel y Norman Bates.

      Creo que en este artículo Emilio habla de otra cosa.

      • Es verdad lo que decís sobre la secuencia de “Cortina rasgada” —mi memoria para estos detalles es legendaria como podeis ver— aunque realmente es lo de menos en este caso, donde lo importante es el uso cinematográfico de los autobuses.

        Y efectivamente, este artículo no hablo tanto de MacGuffins como de objetos que prácticamente alcanzan la categoría de personaje. Algunos de ellos ejercen como MacGuffin, pero otros no.

        • Los espejos en El Espejo de Tarkovski. He visto que has puesto Stalker y supongo que con eso ya llenas el cupo del director, pero no podía dejar de decir esa.

  • Muy bueno el artículo y los comentarios a pie de foto. Por cierto, la foto correspondiente a Laura no es ni el retrato ni ninguna escena de la película. El retrato es éste http://elcinedesolaris.blogspot.com/2010/08/los-dos-retratos-de-laura.html pero en blanco y negro, claro.

  • el anillo del señor de los anillos

  • El Winchester 73 de Winchester 73.
    La diligencia de La diligencia.
    La bicicleta de El ladrón de bicicletas.
    La casa de Esta casa es una ruina.
    El zapato de La Quimera del Oro.
    Bruce Willis en… en.. bueno, en cualquiera.

  • Y además:

    La Reina de África de La Reina de África.
    La General de El maquinista de la General.
    La ventana de La ventana indiscreta.
    El rio de El rio.
    La rebeca de Rebecca.

  • Aún hay más:

    El picahielo de Instinto básico.
    Las bragas de Anatomía de un asesinato.
    La mantequilla de El último tango en París.

  • Magnífico artículo, bien documentado, muy entretenido y, lo más importante, divulgativo. Sólo hecho en falta (sólo por fastidiar, claro) las no-bragas de Sharon Stone en “Instinto Básico”. Nunca un no-objeto tuvo tanta repercusión mediática. Saludos y enhorabuena de nuevo.

  • Qué artículo más cojonudo, felicidades.

  • Hablaste de Spielberg…
    Y los barriles amarillos en “Tiburón”?…
    Saludos desde Paraguay!

  • Un artículo estupendo, aunque yo claro tengo más:
    – Los pendientes de Madame de…
    – El reloj de van Cliff en la muerte tenía una precio
    – El anillo de El señor de los anillos —>(vaya, ya lo han dicho)
    – La escayola de James Stewart en la Ventana indiscreta.
    – El meteoro de Armaggedon
    – Esa maldita banqueta de Million Dollar Baby

  • Chacal no asesina al armero clandestino sino al falsificador de documentación clandestino.

  • Estupendo artículo y excelentes aportaciones de los lectores. Para no ser menos, añado una: la casa de enfrente al estanco, en Smoke.

  • Excelente. Y sólo por tocar las pelotas, añadiría la moto de “Yo compré una moto vampiro”, obra cumbre del cine trash… ;P

  • Grandísimo artículo. Tuvo la virtud de ir haciéndome pensar qué próximos artículos incluiría(s) en la lista, lo que me enganchó hasta el final.

    Las referencias elegidas son indiscutibles y la necesidad de elegir un punto en el que cortar es evidente. Pero, además, planteas con elegancia los criterios que has utilizado para definir lo que estaba (y lo que no).

    Me reitero, excelente trabajo

  • El vaso de leche de “Sospecha”

  • La pistola “Wendy” de “Querida Wendy”?

  • Solaris se manifestaba a través de personajes ficticios, como el Banco Central Europeo.

    JAJAJAJA

  • El anillo, el de airbag.

    Para inanimado del señor de los anillos mejor Sauron.

  • Supongo que lo habrán mencionado (tanto comentario me agota), pero he pasado toda la lista esperando la cabeza de Alfredo García. Aún así, gran artículo :)

  • en la infinita lista debería de esta

    la pistola de la película la Mexicana.
    El piano gigante de la Big con Tom Hanks
    El delorean de Back to the future

    Y Bianca la muñeca de Lars and the Real Girl

  • Genial artículo, te felicito.

    Me gustaría también dedicarle una mención a:

    – El “Marinero Jovial” de “La Huella”

    En la película aparecen varios objetos inanimados que tienen sus momentos de protagonismo. De todos ellos el marinero y sus carcajadas irrumpen en momentos clave de algunas secuencias, especialmente la ultima, entonando una especie de “quien ríe último ríe mejor”

  • la moneda de “pidele al tiempo que vuelva” como no se que nombre le hayan dado en españa, el nombre oficial es “somewhere in time” de Jeannot Szwarc.

  • El zippo de Alfredo Hichcock. Genial artículo ! Ole tu!!!!!

  • La bomba enterrada bajo un soldado herido en “En tierra de nadie”.

  • Ya que hay un objeto de un cortometraje, os menciono el globo rojo de ese delicioso mediometraje francés de los años 50. Os aconsejo verlo aquí entero para quien no lo conozca, 34 minutos. Impagable.

    http://www.youtube.com/watch?v=xEW1TnIxp2Y

  • Nadie ha dicho las gafas de sol de “Están vivos”? Míticas

  • Nadie ha mencionado “La Huella” (1972) del gran Michael Caine y Sir Laurence Olivier ??

    Creo que es la pelicula que deberia de estar en la posición numero 1 por la gran cantidad de personajes inanimados que captan totalmente la atención durante el desarrollo de la pelicula.

  • La muñeca de La noche del Cazador (creo que nadie la ha dicho todavía). Muy buen artículo!

  • Creo que no los he leído en ningún comentario:

    – La furgoneta de ‘Pequeña Miss Sunshine’
    – La máquina de escribir en ‘El secreto de sus ojos’
    – Las naranjas en la trilogía e ‘El Padrino’

  • Hagamos que la lista no acabe nunca! La caja de “Barton Fink”, el corazón de vaca de “El nombre de la rosa”, el cuadro de “La mujer del cuadro”

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