Tsevan Rabtan: Yo también tenía planes

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Nunca quise tener gracia. De niño no quería ser payaso como Dani Mateo. Ser gracioso no me parecía una aspiración noble y ninguno de mis infantiles mitos era un tipo simpático y/o dicharachero. Cuando entré en la adolescencia, mi aversión por el modelo del hombre bienhumorado, del graciosete con la escopeta de los chistes cargada, aumentó a la par que se me ensombrecía el semblante según iba planteándome las cuestiones más profundas de la existencia. Si imaginaba el plano/secuencia de una película aún no filmada, veía un puente, de noche, lloviznando, música de Rajmáninov y un ser solitario que pasea sin rumbo. Mi melancolía, lecturas y seriedad crecieron, abonadas por la certeza de que estamos aquí para algo, aunque sea para decir de forma inefable que no sabemos qué es ese algo o que ese algo no existe o que existe pero no es o que es pero no existe. No, no me iba lo de ser un tipo divertido. Naturalmente, me reía con las bromas exclusivas de las películas sin doblar, las referencias oscuras y el humor absurdo y adulto de Woody, pero lo hacía, como esos pocos otros que podrían llenar varios estadios de fútbol, con una mueca encajonada e inteligente. En fin, que habrá quien diga que era un gilipollas de nota.

Ahora, gracias al cuento de los yoes sucesivos puedo decir que aquél no era yo, pero les mentiría y quiero ser sincero por una razón que explicaré al final de este artículo. Hay gente que dice arrepentirse de su pasado, pero, en el fondo, con la boca pequeña: “Fui un imbécil de izquierdas, ya veis, pero ahora soy un tipo ingenioso de derechas” (no, no me refiero a Cristian Campos, cabrones malpensados, que sí es ingenioso, sino, por ejemplo, a Jiménez Losantos). Lo de la boca pequeña —sí, sí, habrá excepciones— lo digo porque siguen siendo lo mismo que fueron y sólo sucede que dicen otras cosas con la misma jeta e idéntico énfasis. Realmente, creo que la gente no cambia; al menos, según mi experiencia. La gente simplemente aprende a disimular.

Ésa es mi tesis. Yo no quería ser un payaso. Y sigo sin querer serlo. No quiero ser un tipo divertido. Quiero ser importante, grande, decisivo. Quiero iluminar a la Humanidad y sacarla de sus pequeñas disputas domésticas y encaminarla hacia el futuro y más allá. Mis sobrinos, en las reuniones familiares, se alegran cuando me ven y dicen: “nos gusta cuando está el tío Tsé, porque nos partimos de risa con sus historias”. Y mi madre, cuando ve que estoy callado más de cinco minutos me pregunta qué me pasa y, si le contesto que nada, empieza a machacarme, como sólo puede hacerlo una madre, con afirmaciones del tipo “a mí no me engañas, que te he parido, a ti te pasa algo y no nos lo quieres contar”. Así que, en ese momento, dejo mi estado natural, reflexivo y enigmático, subo la voz, hago la gracia que todos esperan de mí y recupero el estado de equilibrio del universo. La culpa de mi poca perseverancia se encuentra en el deseo de agradar, de hacer lo que los demás creen que quiero hacer.

He terminado siendo esclavo de cierta fama. Cuando empecé a escribir artículos en Jot Down me propuse demostrar que podía recuperar el tiempo perdido y emplearme a fondo en asuntos serios como el derecho natural, la inteligencia militar o la ópera veneciana. Por desgracia, a la primera que deslicé una de esas coñas —puestas a prueba en tantas reuniones de trabajo-familia-amigos o en alguna ocasión verdaderamente agradable— descubrí que algunos de ustedes reaccionaban: “eres la monda”, “divertidísimo”, “sigue así”. ¡Maldita sea vuestra estampa! Me echasteis —como al borracho de Río Bravo— unas monedas en la escupidera y piqué. Iba a escribir sobre derecho internacional y crímenes horribles y terminé explicando la historia de la rana toro. Os habéis convertido en sobrinos comilones, joder.

Yo os acuso de no dejarme ser yo.

Me retiro a los cuarteles de invierno —esto es una frase hecha, ya sé que empieza el verano—, dispuesto a transmutarme filosofalmente en mí mismo. Nos esperan tiempos interesantes y todos hemos de dar lo mejor de nosotros y dejarnos de coñas y risitas. Muchas gracias.

(Queridos lectores: voy a descansar un poco. He escrito una vez por semana desde hace nueve meses y estoy algo cansado. Pero, ¡volveré! Bueno, si la estupenda y, para mí, querida editora de esta magnífica revista me vuelve a admitir)

 

25 comentarios

  • Buena suerte y buena música. Hasta la vista.

  • JAJAJA Me parto con usted. Y con Cristian Campos.

  • Vuelve pronto, Tse.

  • Te echaremos de menos, tío Tsé

  • Antes de irte, respóndeme a una duda que tengo desde hace tiempo, que viéndote hablar tanto de derecho y de tribunales no me atrevía a preguntar…

    ¿Tsevan Rabtan es tu verdadero nombre?, de ser así, ¿De qué país es?

    Un abrazo y a disfrutar de las vacaciones.

  • Siento que me parecieras divertido, de verdad, lo lamento mucho.

    Demuestra que podemos comprender tu oscuridad. Líbranos de la luz. ¡Vuelve pronto!

    Un abrazo, Tsé. Buen descanso.

  • Supongo que se toma un tiempo para desinflamar el ego un poco, ¿no?

    Un saludo y buena suerte, señor.

  • Vuelva pronto. Estamos para poco descanso veraniego. :)

  • Tsé bueno.

  • Estimado Tsé:
    Gracias por estos meses en los que usted ha compartido con el resto de mortales sus intrincados caminos mentales y legales al tiempo que su enciclopédico conocimiento. Se ha convertido en una de mis lecturas preferidas. Esperaré con ganas su regreso a estas líneas, siendo inviable una buena tertulia de bar que es, en realidad, lo que querría.
    Un cordial saludo.

  • A mi nunca me engañó, desde el principio me di cuenta de que era usted un soso.

  • Se va ? Oh , no !

  • Su cuartel de invierno se parece demasiado a un chiringuito de playa. En cualquier caso espero que finalice con éxito y premura su estado de hibernación. Siento mucho ofender, pero leerle ha sido un verdadero placer.

  • Transmuta con una vida media de 9 meses.
    Esperando al isótopo.
    Saludos

  • Como bien dice, a usted no le va ser gracioso, le va lo “grandeur”. Le he visto salir de tantos lugares como sitios ha vuelto. Usted, lo que quiere, es entrar en París una y otra vez.

    Un fuerte abrazo, y hasta dentro de un rato.

  • Yo le comprendo a usted señor, me borré del facebook porque los “amigos” únicamente me hacían caso cuando escribía chistes, y no cuando escribía o enlazaba cosas mas serias destinadas a iluminar.

    El que pueda entender que entienda y el que no, que le den por el bull.

    Le echaremos de menos.

  • Gracias a todos por sus buenos deseos.

    Gormit, Tsevan Rabtan es mi nombre virtual: mire lo que hay escrito a la derecha, bajo mi “auténtica” fotografía.

    Álvarez, por desgracia, sé que es imposible que se me desinflame el ego; lo tengo así desde que nací (4,950 kg). Busqué el tapón al leer ma gavte la nata, pero nada, no lo he encontrado.

    Chau. Sean buenos.

    • Yo por si acaso me pongo a rastrear nuevas firmas en JD, por si empieza a escribir con tseudónimo. La del twitter no me la hace otra vez…

      Abrazos y vuelva pronto.

  • Buen descanso, amigo Tsé. Y vuelva pronto. Concuerdo a tope con lo de “lo digo porque siguen siendo lo mismo que fueron y sólo sucede que dicen otras cosas con la misma jeta e idéntico énfasis”. Me gustaría ser uno de sus sobrinos para poder llamarle, en las reuniones familiares, “el tío Tsé”.

  • Hasta pronto, se te echará de menos.

  • han matado al ché!!!

  • leer a dani mateo y subir la chispa de riesgo

  • ¿Significa esto que no habrá mas artículos sobre derecho internacional?

  • Yo solo visito este magazine para leerle a usted, Montano y Cristian campos. Le espero en septiembre si eso.

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