Gonzalo Vázquez: El telepibón deportivo

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De un tiempo a esta parte el agitado panorama audiovisual, y especialmente el deportivo, subraya una tendencia cada vez más acusada. Lo ha hecho además sin disimulo ni cita previa, extendiéndose con la sibilina rapidez del contagio.

Mientras en las redacciones la proporción de mujeres y hombres no ha variado gran cosa se podría admitir una mayor presencia femenina en pantalla. Pero incluso ese posible repunte no explica el nuevo fenómeno que consiste, básicamente, en el aspecto, en exhibir un tipo de mujer muy definido, en la preferencia por un canon, o mejor, por un molde que antes asomaba, como el florero en decoración, y ahora además presenta. No es que la información haya pasado por el bisturí de la cirugía plástica. Es que información y cirugía empiezan a compartir el mismo principio. De ahí que nunca como ahora hayamos visto tanta chica mona en los espacios deportivos. No es otra la realidad a considerar.

Para avistar con mayor claridad el contraste, cuya cresta atravesamos, basta echar un vistazo a una televisión anterior.

Entre la fiebre del destape en el cine y su resurrección por los canales privados en los años noventa, con la Telecinco de Lazarov en incesante desfile mudo de hembras danzantes, de carne a la parrilla, hubo en la pantalla española, que es lo mismo que decir TVE, unos años de tregua donde tal vez lo último a denunciar era esa ampolla conocida como sexismo.

Por aquel entonces, en ese como periodo de calma, la presencia femenina en televisión, de peso gradual y tono discreto, no tenía nada de género y sí de natural fusión con el medio. La mujer era en pantalla lo mismo que el hombre, un elemento básico de la comunicación, a su entero servicio, de manera que el sexo de los profesionales y su genuina forma eran accidentales y no fundamentales. Mensaje y contenido primaban en los programas por ellas presentados. Y que las elegidas fueran guapas o feas resultaba, como el género, cosa incidental. Que pudiera haber una preferencia, que la había, no desalojaba en ningún caso una competencia anterior. De ahí que hasta los ensayos por embellecer lo femenino en pantalla, como las azafatas en Ibáñez Serrador, vinieran precedidos de una rigurosa selección artística al modo de las actrices. Aquellas chicas podían ser hermosas. Pero tanto lucían muslamen como voz y resolución, de la vis cómica al arte dramático.

En el fondo, y ayuda mucho la perspectiva, fueron años de aparente inocencia felizmente a salvo de retorcidos yugos de audiencia o paridad. La mujer fluía en pantalla y su aspecto lo hacía al gobierno de la comunicación y no al revés.

Detrás del discurso filocomunista de La Bola de Cristal se ocultaba el cerebro creador de Lolo Rico así como la promoción del respeto al público infantil veía su encarnación en la enternecedora figura de María Luisa Seco. Aquel periodo cercano a la década es tan femenino como presentador, artístico o directivo. De ello dieron cuenta mujeres como Sandra Sutherland, Beatriz Pécker, Mayra Gómez Kemp, Verónica Mengod, Sonia Martínez, Isabel Tenaille, Mercedes Milá, Rosa León, María Teresa Campos, Rosa María Sardá, Victoria Prego, Mari Cruz Soriano, Marisa Abad, Tina Sáinz, Marta Angelat, Eva Nasarre, Paloma Chamorro o María Casanova. Y en deportes, donde más escueta era la cosa, Mari Carmen Izquierdo y Olga Viza.

Andando el tiempo el flanco posterior al 11 de septiembre, que también alteró la televisión, vendría vertebrado por un batiburrillo de formatos y pastiches donde lo informativo volvía a primer plano y la guerra al terrorismo como nuevo mundo servía de coartada para la escorada politización de las cadenas. El resto, a grandes rasgos, lo formaban el género ya fallecido del testimonio, la emergencia del reality, los shows de alto presupuesto bajo el hegemónico Noche de Fiesta, que rescataba en tono satén a bailarinas que luego hacer desfilar en lencería, la epidemia totalitaria del llamado corazón que todavía padecemos con fuerza y la futbolización del deporte, siempre el deporte.

Y es precisamente bajo el gigantesco manto deportivo que se asiste de unos años acá al género más reciente, un género televisivo en sí mismo: el telepibón deportivo, esto es, la incorporación a los espacios de deportes de una o más bellezas sin mayor prioridad que su mera exposición. Es crucial el matiz. No se incorporan especialistas mujeres. Lo hacen modelos.

No deja de sorprender que fuesen los medios más ligados a la izquierda, donde el feminismo anidó siempre, quienes tomaran la delantera en esta radicalización de la cosmética informativa que rápidamente absorbería el resto del espectro televisivo. Y la sorpresa proviene de la presunción en la izquierda teórica de unos principios donde el valor de lo profesional debiera preceder al aspecto exterior, donde el presumible talento y el espíritu de sacrificio quedaran como muy por encima de la simple belleza.

De hecho ninguna cadena actuó con igual fuerza detonante y animó más el contagio que LaSexta, la selección de cuya nutrida plantilla de presentadoras y colaboradoras apenas dista de la que Zara, Bershka o cualquier otra cadena de moda promueve con sus dependientas.

Para la perspectiva futura incluso es posible establecer un efecto llamada en el programa Sé lo que hicisteis, una porción nada insignificante de cuyo éxito reposaba en la espectacular puesta en escena de ejemplares como Patricia Conde, Pilar Rubio, Berta Collado, Cristina Urgel, Paula Prendes o Cristina Pedroche. Y como en un plano de aparente mayor rigor pero en el seno de la misma estrategia se añadían en informativos Mamen Mendizábal, Cristina Saavedra, Cristina Villanueva o Helena Resano. El pastel lo coronaba un equipo de deportes que incluía a Sandra Sabatés, Sara Carbonero, Susana Guasch, Carlota Reig o Karina Kvasniova.

Al amparo de la nueva ola Marca TV presentaba de golpe y porrazo un plantel de pasarela formado por Ana Cobos, Lara Álvarez, Carolina Bueno, Marina Palmero y Alba Lago. La llamada Televisión del deporte absorbía así la nueva estrategia y se animaba a llevarla incluso más lejos. Una corte de pibones sin trampa ni cartón.

Antes, durante y después se habían venido sumando al entero espectro audiovisual nuevos encantos de cámara en los nombres de Mónica Martínez, Noemí de Miguel, Fe López, Carolina Alcázar, Nira Juanco, Ainhoa Arbizu, Desirée Ndjambo, Lourdes García Campos, Marta Solano o Irene Junquera entre otras. En suma, no queda cadena que no se precie de ellas.

Se abre así con periodos anteriores una fractura reseñable, un salto cualitativo, como una revolución estética de la presentación, eso sí, exclusivamente femenina. Allá donde el hombre puede ofrecer una mayor diversidad de aspecto se encuentra el molde de la mujer cada vez más encorsetado y uniforme, más a salvo de alternativas.

Es evidente que todo ha cambiado mucho y nada cabal habría en recular a ningún sitio. Pero mucho más flagrante aún el reciente y como repentino ascenso del criterio estético, su total predominio sobre cualquier otra consideración, incluida la competencia profesional, en relativo suspenso en el proceso de selección.

No se trata de desgranar la capacidad de cada una de las profesionales citadas, que sería como hacerlo con la de sus homólogos hombres. Como en ellos las hay buenas y malas. Se trata de poner en la diana el denominador común, especialmente en las meras lectoras del prompter, de su cosmética poderosa, de la primacía del atractivo radiante, inmediato y gomoso, formando todas en conjunto una nueva generación, un género televisivo paradójicamente no basado en el género como ingenuamente pudiera parecer. Sino en la salvaje selección de género. Porque donde antaño pudiera haber una ligera inclinación ahora no cabe alternativa.

Es evidente que en televisión se cumple como en ningún otro sitio aquella máxima de Berkeley según la cual “ser es ser visto”. Ante la proliferación de canales y la fragmentación de las audiencias los directivos promovieron diferentes estrategias comerciales una de cuyas manifestaciones más compactas ha dado en el telepibón deportivo, un intento por redoblar la atención del espectador y hechizarlo a base de rostros bonitos, mejor cuanto más llamativos.

De la desvergonzada puesta en escena de las mamachicho a estas muñecas de la información puede haber, y de hecho hay, un mundo de distancia. Se ha pasado de la glotona carne muda en movimiento a la maquillada locución de estilismo patrocinado. El cuerpo femenino se ha visto, pues, cubierto por esta sorda filigrana. Y sin embargo la raíz del fenómeno dista de aquellos lodos mucho menos de lo que pudiera presumirse.

En el fondo de la percepción directiva reposa, en términos de audiencia, la certeza de que a la atracción de la colosal manada de machos es posible sumar cierto magnetismo femenino a la belleza femenina, sea cual fuere su reacción espectadora, de la morbosa expectación ante Carbonero al primitivo recelo misógino de la competencia natural al finísimo examen que en ellas causa el estilismo. El caso es quedarse. Y la belleza parece que lo consigue.

Hace tiempo que la televisión suplantó al medio de comunicación por el medio de exhibición, a la estantería por el escaparate. El cinismo y una calculada presunción demagógica han conseguido que enunciar esto, tan solo enunciarlo, suene a como represivo y anticuado. Y sin embargo nada explica mejor lo ocurrido en estos últimos tiempos que la cosmética actualización del espíritu del destape a través de esta como playmateización deportiva y su plétora indumentaria en generosos escotes, labios pronunciados, curvas definidas y cabellos de anuncio.

No importa si hay algo que decir. Porque igual que los sucesos despolitizan la realidad los pibones desustancian el mensaje. La banalización es así extrema: se banalizan ellas, se banaliza la información, se banaliza el espectador, se banaliza el medio. Y todo ello en un contexto donde el deporte encuentra en la futbolización su ideal banalizado.

En un informe realizado conjuntamente por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF), la Universidad Politécnica de Madrid, el Consejo Superior de Deportes y el Instituto de la Mujer (El Deporte Femenino en los Medios de Comunicación, nov. 2009) se establecían una serie de objetivos preliminares y conclusiones. De los seis que vertebraban el primer punto uno refería “la influencia que los medios de comunicación tienen en la visibilidad de las mujeres en el deporte” más allá del deporte. De las nueve conclusiones la cuarta denunciaba “el efecto fagocitador del fútbol en los medios”; la sexta el tratamiento “impregnado de estereotipos de género y la información” propensa “a resaltar más a la mujer que a la deportista, una creciente tendencia a presentar a las mujeres deportistas como iconos eróticos más que como ídolos deportivos en sentido estricto”, un debate aparte. Y la octava, en clave lapidaria, “la aplicación de una mirada androcéntrica”, esto es, una política de hombres.

En el fondo, deportivamente hablando, esto siempre ha sido así dada la condición incorregible de la genética masculina, inflamada para colmo por las urgencias del mercado y las cuotas de pantalla. Pero mientras antaño esta selección hormonal de mujeres quedaba en petit comité y se obraba, en última instancia, con arreglo a criterios de mayor peso profesional ahora el criterio de mayor peso, tal vez ya el único operativo, es el estético. Y todo ello sin el menor disimulo. Dicho en claro: “Usted está buena, adelante; usted no lo está, fuera”.

La exclusión salta pues a la vista.

El caso de Sara Carbonero, por enconada intensidad, es tal vez el más representativo del fenómeno. Para empezar el problema de Carbonero, como el de todas estas jóvenes, no es suyo. Es que a través de ella ha estallado por fin la raíz misma de la ofensiva, resumida en que una jovencita mona es colocada a dedo por directivos cuyo único interés reside en absorber la atención de una audiencia mayoritariamente masculina, caldearla y extraer un rédito comercial de todo ello. Que las presuntas cualidades pesaran algo en su selección, incluso merezcan ser reseñadas sobre su aspecto, es un atentado a la veracidad.

En el caso Carbonero interviene además un añadido explosivo. Su presencia algo distante y fría, como una endémica falta de gracia natural y un tono de princesona aburrida podrían resultar válidos, en términos televisivos, en el borde de un sofá de programa matinal en, pongamos, sección de moda. Pero ocurre que esta figura de aspecto delicado ha sido arrojada al campo de batalla más masculino de todos, a la trinchera del fútbol y su sanguínea simbología vociferante, enérgica y grosera. Incorporar a esta joven de cristalinos ojos manga que susurra aristocrática mientras se mesa el cabello equivale a colgar una lámpara de palacio en una cuadra. Es tal el contraste que difícilmente el fondo del debate debiera ser distinto si Carbonero luciera un aspecto menos afortunado. Mientras no habría la menor disonancia en otros formatos de pantalla su artificial admisión por el fútbol insulta al sentido de la proporción.

Así ha ocurrido, para desgracia de la chica, que la española costumbre de la inquina, la infecciosa envidia, su natural tendencia al linchamiento y la espantosa potencia de las redes sociales han llegado a convertir a Carbonero, en el peor caso, en mártir de una causa que no merece. Hasta sería digno de reflexión el connivente silencio del género femenino, que termina viendo en ella a la quintaesencia del nepotismo estético y el desprecio al criterio profesional; una niña bonita colocada a dedo bajo retribución astronómica, una reina de la noche a la mañana, como una Letizia del fútbol.

Hay algo aún peor en todo esto. Un fenómeno también típicamente español que Bordieu denunció hace ya tiempo: “Incluso puede suceder que periodistas de televisión alcancen posiciones muy importantes en la prensa escrita, lo que pone en tela de juicio la especificidad misma de la escritura, de la profesión: si una presentadora de televisión puede convertirse de la noche a la mañana en directora, por fuerza hay que preguntarse en qué consiste la competencia específica del periodista” (Sobre la Televisión, Bourdieu, Anagrama, 1997, p. 72).

Y es el caso. Porque la misma Carbonero, de quien se ignoraba todo escrito, aparece de súbito firmando columnas en un diario nacional, otra maniobra puramente comercial que actúa como contrapeso, un artificio revestido de compensación de la belleza, como una patética justificación de presuntas facultades.

Cabe preguntarse también por qué razón ocurre todo esto en el llamado periodismo deportivo. Una de las respuestas llega indirectamente de otra mujer, una periodista animal de la información, Àngels Barceló, recién entrevistada en estas mismas páginas. Preguntada por el fenómeno Carbonero la veterana periodista, a quien la dictadura estética le llega tarde, respondía por el desliz de Sara con el penalti de Iniesta. Y lo hacía a la presunta gravedad del error en contraste con otras esferas de la información: “Imagínate que alguien hace esto en el Congreso de los diputados, que llega un periodista y le pregunta a alguien que acaba de ganar la presidencia del Gobierno si le habría gustado ser presidente”.

Curiosamente, en un momento avanzado de la Eurocopa 2008, Barceló asumió el mando de la mesa que presentaba el especial Zona Cuatro desde la plaza de Colón. Una figura de informativos se colaba de pronto en el espacio deportivo de la cadena. Y lo hacía con rotundo acierto dada la poderosa versatilidad de la presentadora. Pero es el intercambio de escenarios lo que merece consideración. Porque resulta impensable en sentido contrario. Impensable que alguna de estas sports ladies ocupe de pronto papel prioritario en, pongamos, Internacional o Economía ante un evento de gran magnitud al modo en que Barceló lo hizo en la Eurocopa. La lectura de algo así pone en entredicho el presunto examen de cualidades y desciende el periodismo deportivo a su escala omnívora más baja, al ambiente del bar Manolo tras cuya barra parece admitirse todo: de Ronceros a Carboneros.

España no se ha abismado aún en algún ejemplo extranjero donde la presentadora de informativos o el tiempo va desnudándose frente a la cámara. Y tampoco el fútbol ha colado, de momento, una Marika Fruscio. No quepa duda de que si se diera el caso algún directivo, periodista orgánico o cualquier otro secuaz corporativo defenderían la maniobra en términos de imagen reiterando, como suelen sin más, que “es televisión”. Como si el lenguaje televisivo admitiera los hechos consumados como el militarismo los daños colaterales. Es lo que tiene la indiferencia ética.

La misma polémica Carbonero palidece ante ejemplos como los de Erin Andrews o la mexicana Ines Sainz. Pero en estos casos se observa cómo interviene lo peor masculino sobre lo frágil femenino. Cómo el encendido del negocio primario aplasta a un tiempo la entidad del valor profesional y del consumidor como sujeto inteligente.

Llevado esto a la realidad considere el telespectador cada vez que tenga frente a él a una de estas monadas lo verdaderamente ocurrido. Piense que en un momento de la selección que dio con una de ellas en pantalla, el momento decisivo, alguien a espaldas de la chica, alguien seguramente hombre, de traje, corbata, esposa, niños y buena reputación en el gremio, exclamó a otro igual o subalterno algo así como: “Ésta es la más guapa”, un mero formalismo que con seguridad se enunció al modo: “Joder, qué buena está”. Si esto es así, y lo es en, pongamos, la información deportiva, es de imaginar qué no ocurre cuando, sin restricción informativa por medio, la presa de caza tiene un cometido meramente ornamental.

Aquí es donde el sexismo de pantalla se dio siempre los mayores banquetes. Un fenómeno crudamente trazado por la socióloga Lorella Zanardo en el espeluznante documental Il Corpo Delle Donne (El Cuerpo De Las Mujeres) sobre las terribles consecuencias de la berlusconización de la TV en Italia.

Contra todo lo antedicho podrá alegarse que nada malo hay en disfrutar de una simple vista agradable con las informadoras de pantalla. Es posible. Pero entonces urge preguntarse dónde queda el sentido de la profesión, dónde el valor de la experiencia —Doris Burke o Jackie McMullan no cabrían en el modelo ibérico actual— y, dónde, he aquí lo grave, el derecho profesional de las menos agraciadas físicamente. Si no ha podido llegar para todas la fatídica hora de suplantar la Facultad por la Agencia de Modelos.

50 comentarios

  • Está sembrado.Además da en el clavo con los temas a tratar.Subidle el sueldo

  • De acuerdo con todo, excepto con:
    “Pero es el intercambio de escenarios lo que merece consideración. Porque resulta impensable en sentido contrario. Impensable que alguna de estas sports ladies ocupe de pronto papel prioritario en, pongamos, Internacional o Economía ante un evento de gran magnitud al modo en que Barceló lo hizo en la Eurocopa.”

    Ahí sólo puedo pensar:
    Tiempo al tiempo, tiempo al tiempo, cosas más impensables han pensado los inclitos directivos de nuestras cadenas…

    • Estoy de acuerdo. Pero volvemos a un error muy común. Una cosa es ser periodista, otra muy distinta, presentadora. Pilar Rubio era reportera, pero con una redactora tras la cámara soplándole las preguntas. No creo que estas locutoras escriban lo que redactan. Y particularmente hipócrita me parece que La Sexta reivindique a la mujer cuando luego hace una selección similar en sus criterios a la de Telecinco.

  • Recrearse la vista con mujeres guapas gusta, sin duda. El asunto es si eso basta y sobra para ponerse delante de la cámara y ejercer una profesión de periodista. Generalizar es injusto siempre porque seguro que algunas de estas mujeres son grandes profesionales pero la mayoría no parece mejor que lo que había antes. Claro que quizá el problema esté en que al público le (nos) da igual y aumenta la audiencia en proporción a lo guapa que es la señorita de turno que aparece en pantalla…

    http://saliendodesdeelbanquillo.blogspot.com.es

  • El caso es que a mi la Carbonero me parece mas fea que un frigorífico por detrás.

  • En realidad Olga Viza pasó de deportes a información generalista siendo mujer. No era la época del bollín en los deportes pero es un salto posible.

  • sr. vazquez, el primero de la lista de jot down, donde abundan los buenos escritores (y fallan también otros cuantos)

  • Tienes más razón que un santo, pero tu estilo de redacción es endiabladamente barroco y lioso como pocos.

  • También cabe cuestionarse el nivel académico de esas universidades, tanto públicas como privadas, que son un mero transcurrir de los años sin la más mínima capacidad crítica y profesional para desempeñar el oficio de periodista.

    El caso Sara tb traspasó fronteras cuando se dedicó a aceptar megacontratos millonarios por publicidad(champú, etc). Ahí, más si cabe, la gente la identifica como eso mismo: una mera figura del panorama catódico

  • Enhorabuena por el texto, señor Vázquez

  • Lo que no me queda claro es que diferencia a Mamen Mendizábal o Cristina Villanueva de Ängels Barceló. Creer que Ángels hubiese llegado a la presentar los informativos de Telecinco si no hubiese sido una mujer bien guapa me parece, como poco, iluso

    • #trebede Àngels Barceló, antes de presentar los informativos de Telecinco estuvo presentando durante años los informativos de TV3. Tiene un bagaje “ligeramente” espectacular como locutora de radio desde 1983 (y diría que en la radio que seas un pibon o no, no es tan importante).
      Me da que no se fue a T5 por ser guapa. Pero a lo mejor soy un iluso, claro.

      • Precisamente las 3 presentadoras de información seria de la Sexta tienen bastante curriculum, por lo pronto todas ellas se han tirado sus años en la radio y en la televisión publica antes de llegar a la sexta, vaya que se acercan mas al modelo Angels Barcelo que al modelo Carbonero

  • Recrearse la vista con hombres guapos también gusta, pero a los reporteros o periodistas no los eligen por su físico. Que sean guapos o feos es indiferente siempre y cuando sea buenos profesionales. En realidad puedes poner al tío o la tía más buena del mundo que, si no es buena comunicadora, te va a aburrir como una ostra. ¿Quién es mejor reportera? ¿Chus Gutiérrez o Sara Carbonero? ¿Y por qué casi nadie conoce el nombre de la primera? Salvo raras excepciones, el periodismo deportivo en España es una auténtica basura, lo más parecido que tenemos a los tabloids ingleses. No es de extrañar, por lo tanto, que se prime el explotar las hormonas masculinas antes que la calidad de la información o categoría del comunicador. Esto es llevado a los extremos en el caso del fútbol como gran espectáculo que es. Una revista como Panenka es excepcional en sus contenidos, pero no podría tener un público mayoritario porque el 90% de las personas que compran los diarios deportivos creen que saber de fútbol es recitar las alineaciones, los fichajes del verano, los éxitos o fracasos de los equipos y las vacaciones de los futbolistas. Los diarios deportivos tienen bastante más en común con la prensa rosa que con los diarios generales. Los programas tampoco son una excepción.

    • Equiliquá… Lo has puesto en contexto. El periodismo deportivo en España, salvo excepciones, es una auténtica basura.

      La de presuntos periodistas, y bien feos que hay… Las retransmisiones de esta Eurocopa eran de vergüenza ajena… hombres, mujeres y viceversa

  • Muy buen texto, pero me ha faltado un epílogo o postdata que abordara el injerto de pelo de Hilario Pino. Por lo demás, enhorabuena.

  • Si la Barceló hubier sido elegida en lugar de Manu Carreño, ¿habría hecho el comentario? o ya sería una gran profesional…. sinceramente estoy de acuerdo con Mnur, el periodismo deportivo no es de gran calidad, ¿os ha parecido buena la cobertura de la Eurocopa de Mediaset? más preocupados porque España gane, que por el juego, el espectáculo, jaleando a Iker cuando le hace la entrevista la Carbonero……. que más da que sean pibones, los feos son iguales de malos.

    • Los feos son igual de tontos (aunque se crean expertos) y mucho más molestos. Montes, por ejemplo, se equivocaba mucho más que Carbonero. Por no hablar de los ex futbolistas a los que le dan un micrófono.

  • El que se queje porque en la televisión haya mujeres guapas aunque no valgan para nada, es porque es feo. JJajjaj, es broma! o no…

  • Un articulo repleto de verdades como puños y argumentaciones que a pesar de evidentes parece que no se pueden decir por el exceso de correcion politica actual.

    Añado que admiro y me gusta el trabajo de Noemi de Miguel, Fe Lopez, Nira Juanco, Monica Martinez (fuera del periodismo deportivo eso si) y en cierta medida el ligero histrionismo de Susana Guasch.

  • Hay una cuestión interesante que no trata el texto, y es el producto que se ofrece. La falta de consideración hacia el público es de tal nivel (y no nos engañemos, el público tampoco se queda corto en superficialidad y falta de exigencia) que el desempeño de determinados trabajos está al alcance de cualquiera. No hace falta tener ni tan siquiera experiencia en los medios de comunicación. Lo que hace Carbonero lo pueden hacer multitud de chicas que pasean por la calle. Lo que hace Roncero lo harían mejor multitud de parroquianos de taberna con un palillo de dientes en la boca y el tercer Dyc-Pepsi marchando.

    Escoger a unas modelos para presentar los deportes me parece, por tanto, consecuencia de una situación previa donde se ha erradicado la información en favor de los chistecitos, la narración plana y que cualquier elemento crítico brille por su ausencia. En resumen, se ha eliminado todo aquello que se parezca al periodismo.

    En esta situación sin periodismo creo que Carbonero lo hace dignamente, no así otros compañeros. ¿Qué ha de hacer? Entrevistas sencillísimas y tópicas. Pues lo hace con corrección. Muchos peores eran los comentaristas, que hicieron una de las peores retransmisiones que se recuerdan.

    Parece que se analizan a estas mujeres como si cumpliesen funciones en un medio periodístico, pero no hay eso periodístico por ninguna parte. Y en este medio superficial, dedicao al espectáculo y el griterío, quizá aporten lo que tienen que aportar y con cierta profesionalidad. Hace mucho que la información de deportes no existe salvo en algunos blogs. En el otro medio del que hablamos, precisamente estos pivones quizá aporten más respeto al público que el resto de compañeros. Al menos no parecen un insulto a la inteligencia como sí son un elevado porcentaje de periodistas masculinos.

    La “invasión de los pivones deportivos” es sólo una pata más de la destrucción de los medios de comunicación iniciada en los noventa. El caso curioso de estos pivones es que no descarto que gracias a su educación y a que creo conocen sus limitaciones y saben en qué lugar están… terminan aportando algunas cosas buenas o al menos no contribuyen al roncerismo o a la actitud de los diarios basura deportivos, valga la redundancia.

    • Bigote,

      Creo que has dado con la clave del asunto. La falta de consideración hacia el público. El periodismo deportivo es la reducción al absurdo del general cuya máxima es trata al ciudadano como un iletrado carente de espíritu crítico.

      La falta de escrúpulos éticos de la prensa conlleva a su derrumbe económico a largo plazo. Y en eso están, tratándonos como idiotas.

  • Muy buen artículo (aunque algo farragoso en el estilo para mi gusto). Ya era hora de que alguien desgranara en un texto esta realidad que aunque evidente, apenas se expresa, y menos con esta rotundidad. Enhorabuena

  • ¿Gente guapa en la tele? ¡el acabose! Qué será lo próximo, ¿vozarrones en las radios?

    • Hay un pequeño matiz que te has saltado con tu ironía. La radio no está llena de vozarrones y, los que hay, pertenecen a periodistas que han demostrado su calidad. Espero que no pensemos que Toni Garrido es lo mismo que Sara Carbonero.

      El físico ayuda, pero en el medio televisivo hay algo bastante más importante: la capacidad de comunicación. Si no eres buen comunicador, “estar como un tren” no hace milagros. No creo que sea tan difícil entender que no se puede elegir periodistas, aunque sea para la televisión, por su físico.

      ¿Quién es mejor comunicadora Chus Gutiérrez o Sara Carbonero?

  • Por cierto, quizá el autor debería pensar en hacer un texto con emoticonos y abreviaturas de sms para aquellos que lo califican de farragoso. Mientras tanto los “farragoseros” pueden ilustrarse con los twitters de Rosa López y Amaia Montero.

    • Relájate, a ver si uno no va a poder expresar su opinión en cuanto a redacción. Que no me guste el estilo mas grandilocuente no quiere decir que me tenga que pasar al lado cateto. Amigo, hay mucho estilos de escribir, y muchos gustos. A ver si faltamos menos.

  • Lo explicaron (como muchas otras cosas que están pasando ahora) La Polla Records hace unos 30 años: “anuncio con maciza y asunto terminado”.

  • Excelente artículo. Gracias

  • [MODO FEMINAZI ON]Machista, misogino, retrogrado…!![MODO FEMINAZI OFF]

    Enorme articulo Gonzalo, mis dies.

  • Discrepo en esta ocasión con el autor del texto.

    No se hasta que punto el asunto que se trata es un problema o la situación que se critíca es en realidad el síntoma del verdadero problema, que para mí es el estado general del periodismo deportivo “reconocido” patrio. Y digo “reconocido” porque sigue existiendo periodismo deportivo de calidad, que goza de infinita menos popularidad.

    Me resulta curioso, por ejemplo, que se critique por ejemplo este viraje hacia el “telepibonismo” que dice el autor, y se deje de lado el “telecampechanismo” que se da en determinados varones, (hablo de presentadores, no redactores) y cuya bandera parecen enarbolar gustosamente “los Manolos” de Cuatro. Y voy a obviar determinados momentos que los deberían haber puesto ya en la calle y que están en el recuerdo de muchos presentes, seguro.

  • Pues en realidad el modelo no es tan dificil de entender.
    Público objetivo de Deportes: hombres jovenes a mediana edad, clase media, media-baja.
    ¿Que busca mi público objetivo mayoritario?:
    – Fútbol
    – Comentarios de nivel medio- bajo para repetir en el bar u oficina.
    – Macizas.
    Como la situación ideal para un ejecutivo televisivo (Un grupo de ocho macizas ligeras de ropa debatiendo acaloradamente sobre falsos nueves, dobles pivotes y presión en tres cuartos de campo) no es posible, se opta por la mejor opción de las posibles: Dos Ronceros (uno del Madrí y otro del Barça), un ex-árbitro con más o menos problemas de expresión oral, un Maldini o Axl Torres para analizar un posible fichaje de Madagascar,un par de moderadores para que no todo sean berridos y un par de macizas para ruedas de prensa y/o leer los sabios comentarios del público en Facebook o Twiter.
    Una vez a la semana traes a un Segurola o Julio Cesar Iglesias para mantener un mínimo de prestigio…y ya tienes 3 horitas de programación apañadas.

    PD: No me puedo creer que la foto de Masquecoches competición sea real…

    • Ok, pero… dejamos algún huequecito para otro tipo de mujer? Porque creo que eso es exactamente lo que propone el artículo.

      • Ojo, yo no digo que me parezca bien, sólo que es la consecuencia lógica de un negocio como la televisión actual. Es el modelo Salvame trasladado al fútbol. Apesta…pero es rentable.

        pero por supuesto que me encantaría que le diesen oportunidades a maciz… a mujeres que sepan de fútbol, y no de como poner la pierna.

  • Mucha palabrería y rodeo para no añadir nada al debate. Gonzalo ¿Por qué no hablas de cómo Canal Plus ha arrinconado a talentos como Antonio Rodriguez y ha promocionado por parentesco a analistas y comentaristas mediocres? Sin mujeres de por medio.
    Sobre la pieza. No sólo es un factor belleza. Hay también prostitución como ascensor social. Y el factor de relaciones con famosos que tiene más importancia que la experiencia. ¿Crees que Berlusconi sólo las señalaba con el dedo?

  • Tu estilo es demasiado farragoso, es absolutamente agotador leerte.

  • Bourdieu, pardiez.

  • Me ha gustado mucho el texto. Agrego que soy periodista deportivo, y conozco unas cuantas chicas de mi gremio que están en paro pero le dan bastantes vueltas a muchas de las que actualmente más cota de pantalla ocupan. Por desgracia no son ‘telepibones’, pero sí unas periodistas espectaculares.

  • Pues sinceramente, el nivel periodístico deportivo español es paupérrimo. Los manolos, Roncero, Manolete, los de futboleros, los de punto pelota,… tienen el mismo nivel periodístico que los de sálvame. Si a eso unimos que la información deportiva se a barça-madrid-unpocodeatletico-zado, que no futbolizado, pues me da lo mismo que me lo diga un Roncero amenazante o un Manolo Lama con la gracia en el culo que una chica que por lo menos da muchísima mejor imagen en pantalla y tiene por lo menos la misma cualificación profesional, y seguro que no te van a hacer cosas como lo del vagabundo en Alemania de Lama. Hoy en día la poca información deportiva salvable se da en Canal Plus (Fiebre Maldini por ejemplo, aun siendo de fútbol internacional) y incluso aquí hay casos que claman al cielo, como el hijo de Iñaki Cano dando la NBA con Nicola Loncar, tienen pinta de majetes los dos, pero son malos con avaricia.

  • No hay que confundir progre con socialista. El progre (Wyoming, Gabilondo, Bosé, Ana Belén y VM, Almodovar, “lo de la ceja” y demás “untaos” como La Sexta o Cuatro van de feministas pero luego pone telepibones; cuando hace lo mismo la derecha -raro porque los peperos saben poco de vender imagen- entonces está mal.

  • El panorama televisivo es patético. Y el periodismo futbolero televisivo es es uno de los máximos exponentes de este declive. Soy aficionado a las carreras de motos desde pequeño, deporte que lleva siendo retransmitido en directo en España desde 1984 sin interrupción, y lo de Lara Álvarez este año (y su compañero) ha sido penoso, teniendo en España un batallón de ex-pilotos y periodistas especializados escribiendo en blogs, se contrata a dos completos ignorantes en la materia. Imaginemos las Olimpíadas retransmitidas por estos bimbos, que hablan de fútbol y poco más. No entiendo por qué en natación o gimnasia hay expertos comentando y en fútbol da igual a quién pongas. Cuatro tías buenas bastante perdidas y Manolo Lama, que dice “loh jontrincantes”. Creo que aparte de entender la especialidad deportiva y tener un cierto bagaje sobre la misma, el comentarista deportivo en España siempre se ha caracterizado por un lenguaje ágil y correcto, Hasta que los De la Morena, Lama, etc llegaron y lo invadieron todo con su estilo de barra de bar. Al final, supongo que es sólo otro reflejo de el país en el que vivimos.

  • Es muy recomendable ver esta película, relacionada con el artículo http://www.youtube.com/watch?v=V-F7O4OXxQs

  • Tener que dedicar tantas lineas a este tema es lo peor del artículo, pero todavía más miserable es leerlas y terminar con la certeza de que no he perdido el tiempo.

    Como Guillermo Tell dando en pleno centro de una manzana podrida.

    Con dos cojones.

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