Louis Van Gaal, elogio de un bicho raro

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A Van Gaal le daban fuera y en casa. Le daba El Mundo Deportivo y le daba el Sport y ni siquiera el paraguas que suponía José Luis Núñez servía para algo porque aquel hombre estaba condenado desde el momento mismo en que resultó no ser Johan Cruyff. En el Camp Nou sacaban pañuelos y gritaban decenas de miles de gargantas: “Fora Van Gaal, Fora Van Gaal” cada vez que marcaba Shevchenko. El Barcelona ganaba ligas y copas pero eso daba igual, todo lo que quedaba en el imaginario colectivo eran la libreta, los holandeses y la interpretación siempre negativa, nunca positiva.

Una tarde, en el Carlos Tartiere de Oviedo, las cámaras de Canal Plus recogieron la imagen de Nicolas Casaus entre lágrimas pidiendo desgarrado a unos aficionados que retiraran una pancarta. No era gran cosa: “Van Gaal, vete a tu casa y llévate a Hesp contigo”, decía, después de un noviembre negro que llegaba tras tres años sin ganar la liga. Era la primera temporada del holandés en el club y no recuerdo si aquellos aficionados eran del Oviedo o del Barcelona o simpatizantes de ambos clubes, me inclinaría por lo tercero. Casaus, a sus 86 años, les repetía: “Su madre acaba de morir, por favor, acaba de morir”.

Los seguidores retiraron la pancarta, al menos delante de las cámaras, que luego los partidos duran 90 minutos y ya sabemos que son molto longos, pero, para salvar su imagen, Van Gaal habría necesitado a Casaus, Serrat y La Moreneta recorriendo cada grada de España entre lágrimas. Era un caso perdido. Injusto, pero perdido. Los guiñoles le dibujaron como un ladrillo y él mismo se empeñó en convertirse en su caricatura. Por el camino han ido quedando una Copa de Europa con el Ajax, dos ligas con el Barça, un amago de triplete con el Bayern de Munich y un título con el modestísimo AZ Alkmaar. Los debuts de Xavi, Víctor Valdés, Iniesta o Puyol con el primer equipo. La adaptación definitiva de un 3-4-3 fantasioso a un 4-3-3 casi científico, del que Guardiola tanto se aprovecharía años después, pasando por el a veces confuso 2-3-2-3.

El Barcelona perdería aquel partido del Tartiere, su tercera derrota en cuatro partidos de noviembre después de ganar en el Bernabéu por primera vez desde 1994. Acabaría campeón de liga. Van Gaal se puso a celebrar el título en la Plaza de Sant Jaume con un entusiasmo que denotaba cualquier cosa menos naturalidad. No encajaba y nadie se molestó en ocultárselo.

Esta no es sino la historia de un cuerpo extraño, en definitiva. Puede, eso sí, que se trate del cuerpo extraño más importante de la historia reciente del fútbol europeo.

De asistente de Beenhakker a campeón de Europa

Después de acabar su periplo exitoso con el Real Madrid, al que dejó tres años consecutivos en semifinales de la Copa de Europa, ganando tres ligas al frente de la Quinta del Buitre, Leo Beenhakker fue reclamado por el Ajax de Amsterdam. El Ajax pasaba por un momento complicado en Holanda, a la sombra del omnipotente PSV. Aquello era toda una novedad porque el rival natural de los “ajacied” era el Feyenoord de Rotterdam, pero fue llegar la Philips a Eindhoven y ponerlo todo patas arriba con la ayuda de Hiddink, Koeman y Romario.

El reto de Beenhakker era lograr lo que ni siquiera Cruyff había sido capaz: ganar la liga holandesa después de cuatro años. Johan, sin título de entrenador, sí consiguió un par de Copas y la Recopa de 1987, la que le daría el pasaporte el año siguiente al Barcelona. Leo, mucho más moderado y práctico, acabaría ganando la liga a la primera, con un asistente compulsivo, Louis Van Gaal, tomando notas como loco, proveniente del AZ Alkmaar y ex canterano del equipo, en el que militó durante los años dorados de los setenta, viendo a sus ídolos desde la distancia, antes de tenerse que ir a Bélgica para tener su oportunidad como jugador.

Beenhakker y Van Gaal formaron pareja un par de temporadas, con Dennis Bergkamp como gran estrella del equipo acompañado por el eterno Danny Blind. La alegría del primer campeonato duró muy poco porque en seguida el PSV recuperó el trono de la Eredivisie a base de goles de Romario. El Ajax era un equipo joven y poco trabajado, con ese punto fantasista que había implantado Cruyff y que hasta cierto punto irritaba tanto a Van Gaal, incapaz de hacer entender a Beenhakker la necesidad de un método, entre otras cosas porque Beenhakker estaba con la cabeza en otro sitio: el Bernabéu.

Cuando en 1991 se confirmó su vuelta a Madrid como “manager general”, es decir, verdugo en la sombra de Radomir Antic, a Van Gaal le tocó asumir la responsabilidad del cuerpo técnico como primer entrenador. Su apuesta quedó clara desde el principio: extremos abiertos, muchos canteranos, renovación de la plantilla a partir de la jerarquía de Bergkamp y un sacrificio defensivo que no se veía habitualmente por Amsterdam. Van Gaal había sido un jugador muy limitado y no entendía el fútbol como una explosión de talento puro sino de esfuerzo continuado. Van Gaal no era Cruyff, no era “jueguen y diviértanse”, sino orden, orden y orden. Y dentro del orden, ya sí, el talento.

Sus primeros años fueron irregulares, pero suficientemente esperanzadores: en 1992 el PSV repitió campeonato, pero el Ajax le ganó la Copa de la UEFA al todopoderoso Torino de Martín Vázquez y Lentini, algo así como el Manchester City de principios de los 90. En aquella plantilla seguían los Winter, Van’t Schip, o Jonk pero ya aparecían jóvenes como Frank de Boer, una especie de “nuevo Koeman”, capaz de jugar de central y pivote, todo elegancia con el balón en los pies, el velocísimo Bryan Roy, o el espigado portero suplente, Edwin Van der Sar, esperando que Menzo por fin diera un paso al lado.

El equipo jugaba a tirones: podía arrasar en el Trofeo Santiago Bernabéu en verano y acabar tercero en la liga. Podía ganar la copa de Holanda y naufragar en la defensa de su título europeo… Bergkamp se fue al Inter y el equipo se quedó huérfano de líder. La solución de Van Gaal fue montar una cooperativa: un equipo que se abasteciera a sí mismo, sin una figura por encima de las demás, todos trabajando por una misma causa: el balón, su posesión y, sobre todo, su recuperación.

En 1994, cuando el Ajax recuperó el título de liga cuatro temporadas después, la plantilla ya no tenía nada que ver con la de dos años antes. El equipo jugaba un 4-3-3 con muchos matices, pues uno de los centrales solía adelantarse para sacar el balón, los laterales eran más bien defensivos, formando a menudo una línea de tres, y el delantero era más un poste de referencia que dejaba el hueco para las llegadas de los interiores, generalmente goleadores como Litmanen o Ronald de Boer. En las bandas, dos balas: el jovencísimo Overmars, llegado del Willem II y George Finidi, un nigeriano completamente desconocido que había enamorado a Van Gaal con su potencia.

El año de la consagración fue 1995. La temporada empezó con una victoria contra el Milan en Copa de Europa, dando una exhibición de primera y de ahí fue para arriba. La llegada de Frank Rijkaard al equipo como pivote, en el final de su carrera, le dio un punto de calma y orden que el equipo necesitaba. Junto a él crecerían los Davids, Seedorf y compañía. Mientras mantenía su dominio en la competición nacional, el Ajax fue pasando rondas en Europa: primero de grupo en la liguilla, sendas goleadas ante Hadjuk Split y Bayern de Munich en los partidos de vuelta le sirvieron para plantarse en la final por primera vez en veinte años. El rival sería precisamente el Milan, cerrando por completo el círculo, el sueño de Rijkaard.

Los italianos habían aplastado al Barcelona el año anterior en Atenas con un 4-0 de escándalo y por supuesto eran los máximos favoritos para repetir título en Viena, con Capello en el banquillo y los eternos Baresi, Maldini, Albertini, Donadoni, Simone, Massaro… sobre el césped. El Ajax planteó una alineación completamente inesperada, plagada de centrocampistas: Van der Sar ya era el portero titular; Reiziger, Blind y De Boer cerraban la defensa intercambiando posiciones, con Rijkaard un poquito por delante, ayudando a Davids y Seedorf, que a su vez podían presionar al contrario y llegar arriba, juntándose en paredes con Ronald de Boer y Jari Litmanen, otros dos centrocampistas reconvertidos esta vez en delanteros. En las alas, abiertos, Finidi y Overmars. La media de edad no llegaba a los 25 años.

Aquel partido no fue el mejor de los años gloriosos del Ajax de Van Gaal, pero sí fue un buen ejemplo de lo que eran sus coordenadas de juego: presión constante, para empezar; intercambio de posiciones a partir del balón con “falsos nueves” y extremos abiertos… cuando el rival parecía cansado, el entrenador no especuló con una prórroga y unos penaltis: metió a dos delanteros centros, Kluivert y Kanu, que apenas contaban con 20 años. Más madera. Precisamente, el primero marcó el gol definitivo en el minuto 85 en una jugada de trompicones, de más entrega que calidad.

Era el inicio de un ciclo desgraciadamente corto.

El desmantelamiento del Ajax y los coqueteos con el Barça

Muchos de mi generación tenemos a ese Ajax de Van Gaal como el mejor equipo que hemos visto en nuestra vida. Entre ellos, Pep Guardiola, que veía en la construcción de defensa y ataque, esfuerzo y talento, centrocampistas que jugaban de centrales o delanteros, el futuro del fútbol. La fascinación por el Ajax llegaría a su punto más alto el año siguiente, con Rijkaard ya retirado y Seedorf en la Sampdoria. Aquel Ajax era imperial, arrollador, un rodillo que te iba moliendo poco a poco y acababa goleándote en cualquier respiro. Todos los jugadores parecían estrellas de primer nivel aunque sus carreras en otros equipos a menudo lo desmentirían. Van Gaal consiguió su objetivo de que nadie sobresaliera y que el colectivo estuviera por encima de todo. En 1995, era el rey del mundo justo cuando a Cruyff le estaban preparando el finiquito en Barcelona.

De aquella temporada recuerdo un 0-2 en el Bernabeu entre los aplausos de la grada, satisfecha porque solo hubieran caído dos cuando pudieron ser muchísimos más. Recuerdo la presión, la manera de recuperar inmediatamente el balón y perderse en posesiones larguísimas, machaconas. Litmanen acabaría como máximo goleador de la Champions League llegando siempre de segunda línea. En cuartos de final, el poderoso Borussia de Dortmund caería en los dos partidos; en semifinales, un despiste contra el Panathinaikos con derrota 0-1 en la ida obligó a una exhibición ofensiva en la vuelta. Al Ajax se le criticaba su poca contundencia cara a la portería contraria pero se plantó en Atenas y metió tres goles casi para empezar, dejándose llevar luego hacia su segunda final consecutiva.

Pocos días después de ganar su tercera liga en Holanda, Van Gaal se plantó con sus guerreros en Roma, precisamente para enfrentarse a un equipo italiano, la Juventus de Marcelo Lippi, que intentaba recuperar sus galones ochenteros después de una década eclipsado por Milan y Nápoles. Esta vez el favorito era el Ajax, aunque contaba con una baja importantísima para ese partido: el extremo Marc Overmars, con sus rodillas de cristal. Su lesión dio paso a un inexperto Musampa y el equipo lo notó, estrellándose una y otra vez contra la sólida defensa turinesa. El resto de la alineación era prácticamente la misma de Viena con la inclusión de Silooy por Reiziger y Winston Bogarde por el retirado Rijkaard. En punta jugaría Kanu, otra novedad como titular. Por una vez, Van Gaal parecía rendirse a la ortodoxia: un 4-3-3 como dios manda. Le salió horriblemente mal: Ravanelli marcó al poco de empezar el partido y aunque Litmanen empataría en la primera parte, esta vez sí que la final se iría a la prórroga y a los penaltis con victoria italiana.

La sorpresa fue aún mayor que la del año anterior. El Ajax, insisto, parecía imbatible si se ponía a jugar en serio, en una competición importante. Sí, podía perder un partido de ida contra un rival menor, pero, ¿una final? Imposible. Aquel partido supuso el principio de una desbandada: Blind se retiraría ese mismo verano, Davids y Reiziger se marcharían al Milan —un año más tarde se les unirían Kluivert y Bogarde— mientras Finidi fichaba por el Betis. La “ley Bosman” y el dinero del boom de las televisiones desmantelaba a un equipo maravilloso, que aún tendría un último momento de esplendor en el Vicente Calderón en los cuartos de final de la Champions de 1997, cuando gracias a un golazo del portugués Dani conseguía eliminar al Atleti en cuartos y plantarse en semifinales por tercer año consecutivo. Fue un destello fugaz: la Juventus, de nuevo, evitaría la rebelión.

Aquel año, el Ajax solo pudo ser tercero en su propia liga y ante la previsible huida de lo poco que quedaba, incluidos los jóvenes talentos como el propio Dani o el veloz Babangida, Van Gaal decidió aceptar una oferta de José Luis Núñez, que llevaba tiempo intentando ficharlo para enterrar definitivamente al fantasma de Cruyff, convencido de que con su mano de hierro en el banquillo y su estilo de juego ofensivo, el Camp Nou se rendiría a sus pies, viendo caer una Champions tras otra.

No podía estar más equivocado.

Holandeses y libreta

El problema no fue que Núñez presentara a Van Gaal como redentor del barcelonismo sino que el propio Van Gaal se lo creyera. Entró en el club como si fuera su casa sin tomarse ninguna cautela de invitado y enlazó una serie de ruedas de prensa en las que abusó de una prepotencia mal medida, enfrentándose a todos los que le criticaban un fichaje o una decisión técnica. No contento con eso, se sentaba en el banquillo armado con una peligrosa libreta. Los periodistas enloquecieron, ¡una libreta, hasta dónde íbamos a llegar! Van Gaal apuntaba cosas y se las pasaba a Mourinho para cruzar datos y juntos mantenían al equipo y al entorno controlado, tal y como le gustaba a Núñez.

El Barcelona venía de dos marchas traumáticas: poco antes del verano de 1996, el presidente decidió despedir a Johan Cruyff, harto de sus continuos pulsos públicos y privados. Su sustituto fue Bobby Robson, un inglés simpático y demasiado bonachón, que se comió unas críticas despiadadas pese a ganar dos títulos, la Copa del Rey y la Recopa de Europa. Fue el gran año de Ronaldo, aparecido del PSV para meter 34 goles en su primera temporada. Ronaldo se convirtió en la gran esperanza de la afición culé, la promesa de años y años de triunfos. Sin embargo, bastaron cuatro reuniones de noche con sus agentes para que todo acabara como el rosario de la aurora, relaciones rotas y el brasileño rumbo a Milán por una cantidad obscena de dinero.

La relación entre directiva y afición estaba muy deteriorada. Veinte años de “nuñismo” habían acabado cansando al socio y no había margen para decisiones tan impopulares. Van Gaal se dijo “esto lo arreglo yo por las bravas” pero no era tan fácil. De alguna manera, él era el hombre del “establishment”, era el cabeza-ladrillo que se empeñaba en quitar minutos a la Quinta del Mini —De la Peña, Celades, Óscar, Roger…— para dárselos a sus malvados holandeses. Para compensar la marcha de Ronaldo, Núñez fichó a Rivaldo in extremis, a Sonny Anderson, a Dugarry… y a Hesp, un portero desconocido que le hacía la competencia a Vitor Baía. También llegaron, por petición expresa del entrenador, Reiziger y posteriormente Bogarde.

Todo fue más o menos bien hasta noviembre. El clima era tenso, aquel hombre resultaba en ocasiones insufrible, De la Peña jugaba demasiado poco entre lesiones y decisiones técnicas… pero el Barcelona encadenó seis victorias consecutivas para empezar la temporada, incluyendo un 0-3 en Valencia y culminó un inicio esplendoroso con la victoria 2-3 en el Bernabéu, corte de mangas de Giovanni incluido. La victoria calmó la decepción europea: después de dos pinchazos europeos ante el PSV y el Newcastle, el Barça visitaba Kiev un 22 de octubre y se llevó tres goles que complicaban muchísimo su clasificación. Quedaba un margen de esperanza: dos partidos en casa y solo una salida, en principio asequible, a Eindhoven.

Pero, entonces, surgió el caos.

La victoria ante el Madrid había llegado un 1 de noviembre. Cuatro días después, Shevchenko tomaba el Camp Nou con una exhibición que acabaría en goleada (0-4) y primera oleada de pañuelos y silbidos, Van Gaal siempre con el ceño fruncido aguantando con empaque y saliendo gallito a los medios. El holandés había venido a ganar la Copa de Europa y no conseguía meter al equipo ni en cuartos. Los palos cayeron por todos lados, pero no acabó ahí la cosa: en pleno enfrentamiento con los hermanos García Junyent y con Stoichkov, que terminó siendo despedido por indisciplina, Van Gaal se empeñó en fichar a Bogarde, un lateral muy limitado que funcionaba en el Ajax porque era parte de un engranaje perfecto.

Entre eso y poner a Hesp de portero, el tipo empezó a quedar como un excéntrico y los resultados dejaron de acompañarle: el 9 de noviembre, volvía a caer en casa, 1-2, ante el Valladolid. El 12 recibiría una goleada en San Mamés (3-0) y dos semanas después, llegaría la derrota en el Tartiere a la que me refería al principio del artículo. El equipo se mantenía en el liderato pero no jugaba a nada. Ni rastro de la contundencia o la presión del Ajax más allá de partidos sueltos. La lesión de Guardiola le dejó sin timonel en la cancha y se tuvieron que encargar entre Celades, Amor y Nadal. La diferencia se dejó notar.

Sus esfuerzos por aprender español cuanto antes —Sir Bobby Robson no se molestó en tomar ni una lección— no le ayudaron, al contrario. Sus ruedas de prensa eran confusas, demasiado contundentes, sin matices, reforzando la idea de hombre cuadriculado que la prensa vendía de él. Por las tardes se pasaba por La Masía y veía entrenar a los chavales, intentaba recopilar información e incluso celebraba el ascenso del filial en pleno Bernabéu, con Lorenzo Sanz pidiéndole calma, pero el público no le perdonaba que no pusiera más a Óscar o que colocara a De la Peña en la banda. Aquella temporada acabó con título de liga y de copa, gracias a unos enormes Rivaldo y Figo, que tomaron la responsabilidad del equipo y acabaron con la escasa resistencia de Athletic y Real Sociedad, segundo y tercero respectivamente, a una buena cantidad de puntos del campeón. El desencuentro, pese a todo, continuaba.

Si aquel primer año había sido complicado, el segundo fue una montaña rusa. De entrada, era el centenario del club, una temporada importantísima en la que la Champions volvía a ser el objetivo número uno. El verano confirmó una tendencia que no gustó nada en Can Barça: De la Peña fue traspasado a la Lazio por muchísimo dinero, rompiendo por tercer año consecutivo los corazones culés. Ferrer, Amor y Pizzi, otros tres ídolos de la afición, dos de ellos canteranos, también abandonaron el club. A cambio, llegaron Frank de Boer, después de unas larguísimas negociaciones que incluyeron a su hermano meses después, Bolo Zenden, Cocu y Kluivert. Probablemente, todos ellos tenían nivel para jugar en el Barça, pero la aglomeración de holandeses no le hizo ningún favor a Van Gaal, que llegó a poner a ocho compatriotas suyos en el campo.

Parecía no entender que no se le había fichado para recrear el Ajax pieza por pieza sino para adaptar el sistema al propio del Barça. “Mi sueño es ganar la Copa de Europa con once canteranos”, llegó a decir en un ataque de euforia, y, sí, el trabajo se estaba haciendo en las categorías inferiores, con Xavi Hernández como gran novedad de la temporada junto al prometedor Rosas o Luis García, pero el mensaje no acababa de llegar a un aficionado que no veía más que holandeses y holandeses, cada vez más alejado de lo que había sido su equipo.

El Barcelona empezó la liga de manera muy irregular: empató en Santander y en casa contra el Salamanca y el Celta de Vigo, con los correspondientes silbidos. Salvó los muebles en el Bernabéu con un buen empate a dos y ganó en Valencia, 1-3, antes de que el Piojo López le tomara la medida. En Europa, bien. Sin excesos, pero bien, en un grupo terrible: empate a tres en Old Trafford ante el Manchester United, victoria ante el Brondby, derrota por la mínima en Munich contra el Bayern. Así hasta que volvió a llegar noviembre: el mes empezó con una derrota en casa de nuevo ante el Bayern que volvía a dejar al equipo fuera de la Champions en primera ronda, después llegarían sendas derrotas ante Oviedo y Mallorca antes de afrontar el partido de inicio de los actos del centenario, el 28 de noviembre, en casa, ante el Atlético de Madrid.

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Con un Camp Nou a rebosar y Serrat cantando el himno antes del partido, los jugadores vestidos con esa preciosa camiseta de dos colores, sin rayas verticales, y el 1899-1999 serigrafiado en oro, el Atleti le dio un buen repaso al Barça, con un gol de Jugovic que bastó para llevarse la victoria. Pañolada, silbidos, “Fora Van Gaal”. Núñez encogido en el palco, pensándose la huida. Las cosas no mejorarían: la visita a Coruña se saldaría con una nueva derrota, la cuarta en cinco partidos y para rematar la faena, el Villarreal, que por entonces era un equipo sin apenas presupuesto, un milagro llegado de Segunda con una afición entusiasmada, profanó también el Camp Nou con un 1-3 sonrojante. El Marca, siempre comedido, tituló a toda página: “TITANIC”.

El Barcelona estaba eliminado de Europa y undécimo en la clasificación después de catorce jornadas. Eso significaba que Van Gaal estaba en la calle, directamente en la calle. La directiva buscaba sustituto, algo siempre complicado con la temporada a la mitad, y la agonía se prolongó al último partido antes del parón navideño, en Valladolid. Cuenta la leyenda que los jugadores estaban tan hartos de su entrenador y las broncas públicas que decidieron no poner ningún empeño en ganar ese partido, convencidos de que otra derrota suponía un despido inmediato. A mí me cuesta mucho creer esas cosas y a Xavi se conoce que también, pues a sus 18 años marcaba de cabeza, en un rechace, el gol que permitió a Van Gaal comerse el turrón en Barcelona pese a la presión de todo el entorno.

No fue mala decisión: el Barcelona encadenó ocho victorias consecutivas, incluido un 3-0 ante el Real Madrid, y se colocó líder. Pinchó en Vigo y sufrió la picadura del Piojo en un desconcertante 2-4 que presagiaba tiempos terribles ante el Valencia. Tras ese partido, volvió a ganar seis veces más y sentenció la liga. Sin brillo pero con oficio. El equipo estaba roto —los holandeses iban por su cuenta, los españoles por la suya, Rivaldo se quejaba de tener que jugar por la banda, Anderson montó en furia cuando se vio suplente…— pero era campeón por segundo año consecutivo.

Probablemente, ahí tendría que haberse acabado la historia.

Y es que la temporada 1999/2000 fue una locura. Empezó con aquello de la “interpretación siempre negatifa, nunca positifa”, en respuesta a un periodista holandés que le hablaba de problemas en el vestuario y terminó en blanco, eliminado el equipo en semifinales de la Champions ante el Valencia con un 4-1 sonrojante en Mestalla, e incapaz de remontarle la liga al Deportivo en las últimas jornadas como había hecho Cruyff en 1994. A Van Gaal no se le ocurrió otra cosa que cuadrar el círculo fichando a Litmanen y echando a Óscar. Litmanen no era holandés, pero era de su Ajax. La decisión no se entendió y el rendimiento del finlandés fue paupérrimo. Hasta trece jugadores abandonaron el club y llegaron Simao, Dani y Dehù, un central con buena planta pero una lentitud exasperante.

Ese último año de Van Gaal, como sucediera con Cruyff en 1996, fue el de su gran apuesta por la cantera. Había estado monitorizando la evolución de los chavales durante mucho tiempo y aquella temporada debutarían Nano, Puyol, Santamaría y Gabri, aparte de la consolidación de Xavi en la primera plantilla como suplente de Guardiola. No sirvió para nada. El público y la prensa le veían como un enemigo de lo catalán y un hombre empeñado en cargarse el legado de Cruyff, travistiendo el 3-4-3 por un 2-3-2-3 que a veces resultaba algo confuso. Para culminar el descrédito, el holandés, junto a Núñez, decidió que su equipo no se presentara a la vuelta de las semifinales de Copa ante el Atlético de Madrid por no poder ofrecer un once de garantías. La Federación había cometido un error gravísimo pero no presentarse después de perder 3-0 en la ida y hacer el papelón de que todo el equipo formara en la línea y Guardiola le explicara a Díaz-Vega que no iban a jugar fue bochornoso.

Cuando se convocaron elecciones para julio, ningún candidato quiso llevarle en su candidatura. Era un apestado. De rey de Europa a apestado en tres años a pesar de sus tres títulos. Como si en Barcelona hubieran sobrado títulos en los 70 y 80… Aquel verano marcó un antes y un después en la historia contemporánea del Barcelona. No solo se fueron Núñez y Van Gaal, sino que con ellos marcharon Figo, al Real Madrid, más Hesp, Bogarde y Ronald de Boer. Curiosamente, su sustituto en el banquillo, Serra Ferrer, eligió como nueva estrella a un holandés, Marc Overmars. Inmediatamente, se lesionó.

El segundo advenimiento

El destino de Van Gaal fue la selección holandesa. Aquel grupo estaba formado básicamente por su Ajax de los noventa y venía de jugar en casa una Eurocopa a la altura de su historia: tres victorias en la fase previa, 6-1 frente a Yugoslavia en cuartos… y derrota por penaltis ante Italia en semifinales después de dominar el partido de principio a fin. El maldito gen competitivo. De Van Gaal se esperaba, como siempre, que impusiera método y mano dura y recordara a sus estrellas —con tendencia a la dispersión— que tenían que estar al servicio del equipo. Fue un desastre. Los años en el Barcelona habían convertido a aquel hombre en alguien inestable, molesto por todo, con serios problemas de comunicación, casi recluido en sí mismo.

El reto de clasificarse para el Mundial de 2002 —Holanda había sido una de las sorpresas en 1998, el último aliento del gran Bergkamp con su selección— se complicó de entrada con un empate en casa ante Irlanda y se terminó de torcer en la tercera jornada con una derrota, también en casa, ante Portugal. Estas dos selecciones acabarían primeras de su grupo, relegando a Holanda a una tercera posición que la dejaba fuera del Campeonato de Japón y Corea. El fracaso para esa generación dorada que iba atravesando la treintena fue descomunal y, obviamente, su técnico se fue a la calle. Durante meses pareció que su destino sería el Manchester United pero finalmente Sir Alex Ferguson decidió no retirarse, como había anunciado, y Van Gaal acabó de nuevo, por sorpresa, en Barcelona.

¿Qué pasó por la cabeza de Joan Gaspart para decidir repescarlo en la primavera de 2002? Es imposible saberlo. El Barcelona no había vivido mejor sin Van Gaal que con él. Los holandeses seguían casi todos, el equipo se había gastado millonadas en jugadores tipo Petit, Alfonso, Gerard, De la Peña, Rochemback… y la idea de un buen canterano era Thiago Motta. La derrota en semifinales de la Champions contra el Real Madrid, con un 0-2 en el propio Camp Nou, cortesía de Zidane y McManaman, escoció muchísimo. Ya eran tres años en blanco, dos con un presidente que tampoco se entendía muy bien qué hacía ahí, completamente superado.

Por otro lado, en algunos sectores se mantenía el convencimiento de que el estilo de juego de Van Gaal estaba hecho para el Barcelona. Con matices, Guardiola demostró años después que era así, que lo único que le fallaba al estilo Van Gaal para triunfar en el Barça era el propio Van Gaal, un hombre impaciente con problemas para manejar la impaciencia ajena. La última rueda de prensa del técnico holandés en su primera etapa había acabado con un “Felicidades” a los periodistas, que le esperaban con el cuchillo entre los dientes justo dos años después, mayo de 2002, en su presentación oficial.

Todo fueron buenas palabras: he cambiado, no podía olvidar este club, lamento la relación con la prensa y los aficionados, no volverá a pasar… pero no había empezado casi la liga y ya se estaba peleando con Riquelme, el fichaje estrella de aquel verano. El segundo advenimiento de Van Gaal a Barcelona fue un desastre de resultados y juego, aunque es cierto que la plantilla no daba para mucho más: Mendieta, el otro gran fichaje, pasó completamente desapercibido aquel año y ninguno de sus porteros, ni Bonano ni Enke ni Dutruel, que acabó traspasado, le daban garantías, hasta el punto de que decidió colocar al portero del filial, un tal Víctor Valdés, como titular.

A Valdés se le subió tanto a la cabeza que cuando Van Gaal decidió mandarlo de nuevo al B se declaró en rebeldía. Todo eran facilidades en Can Barça en aquellos tiempos convulsos.

No fue el único canterano que subió Van Gaal al primer equipo, sin duda sabedor de que su trato a la gente de La Masía había influido en la opinión de la grada durante su primera etapa como entrenador. Junto a Valdés, subió a Iniesta, un jugador insignificante, al que parecía que cualquiera podía derribar con un soplido. Recordemos que estos eran los tiempos de Vieiras y Makeleles, y que el primero en juntar a Xavi e Iniesta en un equipo fue Louis Van Gaal. Aparte, Puyol y Gabri ya estaban asentados en la plantilla, y los Oleguer, Navarro o Sergio García empezaron a tener sus primeros minutos a lo largo de aquella temporada, combinando el Mini Estadi con el Camp Nou.

El problema de Van Gaal no fueron esta vez los canteranos sino los consagrados: Riquelme y Saviola naufragaron por completo; Kluivert, Overmars y Frank de Boer estaban un escalón por debajo de sus mejores años; Mendieta fue una decepción colosal y Luis Enrique rindió sus últimos servicios con bravura pero obvias limitaciones a los 32 años. Los laterales, Reiziger y Sorín, no tenían nivel suficiente y tampoco lo tenían Andersson, Christanval, Geovanni, Rochemback y compañía. Con todo, nadie esperaba un batacazo como el que se pegó el pobre Louis, que solo duró una vuelta, suficiente tiempo para acumular ocho derrotas —incluido el tradicional 2-4 ante el Valencia— y dejar al equipo en la duodécima posición de la tabla, a pocos puntos del descenso.

Su sustituto sería Radomir Antic, siempre fiable, que llevó al equipo a la UEFA con una meritoria segunda vuelta mientras Van Gaal aseguraba entrevista tras entrevista que él podría haber hecho lo mismo, que era solo cuestión de tiempo, y Riquelme preparaba las maletas para Villarreal mientras Laporta pensaba en Rijkaard para seguir la conexión holandesa en el banquillo blaugrana.

De vuelta a los principios

En el fútbol, dos fracasos seguidos son muchos fracasos. Van Gaal quedó marcado por su mal carácter y sus malos resultados hasta el punto de volverse al Ajax como director técnico y tener que dimitir también por problemas con el resto del cuerpo técnico. Estaba desatado. Tanto que necesitaba recuperar el placer por el juego, volver a los orígenes, hacer algo parecido a lo que hizo Wittgenstein cuando abandonó los círculos académicos y se refugió en el campo a dar clases a niños. Recuperar el lenguaje normal, el del día a día.

Tras dos años sabáticos, decidió aceptar la oferta de un modesto, el AZ Alkmaar. No era un equipo desconocido para él: en aquel pequeño equipo había acabado su pequeña carrera como jugador y había iniciado la de entrenador asistente allá por 1987, poco antes de que coincidiera con Beenhakker en el Ajax. Nadie esperaba nada del AZ, un club que solo contaba con una liga en sus vitrinas, la ganada en 1981, y en esa falta de expectativas, Van Gaal se manejó a las mil maravillas: a rebufo de las inversiones de Dick Scheringa, el carismático propietario del club, el equipo volvió a labrarse un nombre en Holanda y Europa. En su primera temporada, Van Gaal quedó subcampeón, detrás del PSV. En la segunda llegó líder a la última jornada además de clasificarse para la final de Copa.

Aquel era el gran año del AZ Alkmaar y tenía que ser la gran venganza de Louis Van Gaal. Lo único que tenía que hacer era ganar al Excelsior, colista de la liga. No pudo ser. Pese a los intentos de los Arveladze, De Cler y compañía, el AZ perdía ese partido decisivo y acababa la liga tercero. En copa, perdió por penaltis contra el Ajax, equipo que también le “birló” la plaza de Champions con la que habían soñado toda la temporada. Para Van Gaal fue un momento terrible. Nadie esperaba que colocara al AZ en una posición así, pero una vez allí, tampoco esperaba nadie que se fuera con las manos vacías. Su tercera temporada en el club pudo ser la última: aún tocados por el desastre del año anterior y tras un verano con demasiadas bajas, Van Gaal llegó a presentar una dimisión que ni los jugadores ni la directiva aceptaron.

Por una vez se dio cuenta: era un hombre querido y respetado. En la tranquila Alkmaar era una institución, igual que lo es el entrenador del equipo universitario en una ciudad estadounidense.

Llegó la temporada 2008/09 y por fin logró su objetivo: después de una racha de 28 partidos invicto y 11 sin encajar ni un solo gol, el AZ se convirtió en campeón holandés por primera vez en casi treinta años, la primera vez, de paso, que un equipo que no fuera ni PSV ni Ajax ni Feyenoord conseguía la hazaña desde 1981. Van Gaal había cumplido, como cuando cogíamos un equipo en la Segunda B del PC Fútbol y lo hacíamos campeón de Europa. Estaba preparado para volver a la primera línea del fútbol mundial, y, por evitar el carácter latino con el que tan poco simpatizaba, decidió irse a Alemania, a rescatar a un grande en apuros: el Bayern de Munich.

Rozando la gloria contra Mourinho

El Bayern había dominado gracias a Ottmar Hitzfeld la primera década del siglo XXI con una cierta solvencia. En 2008, después de ganar una nueva Bundesliga, a Beckenbauer le dio por fichar a Klinsmann, que había dejado una buena impresión como técnico de la selección alemana en el Mundial de 2006. La decisión fue mejorable. Klinsmann naufragó en la competición local, que se llevaría el sorprendente Wolfsburgo, y rozó el ridículo ante el Barcelona en la Champions, con un 5-1 en el Camp Nou que dejó a los alemanes fuera de las semifinales y al rubio ex delantero del Inter fuera del Bayern, sustituido momentáneamente por Juup Heynckes.

Cuando llegó Van Gaal a Munich, en la plantilla había un ambiente difícil, lleno de clanes y luchas de poder. El fichaje de Robben se percibía como una amenaza para el otro extremo del equipo, su estrella, Ribery, mientras los jóvenes —Schweinsteiger, Müller, Lahm, Olic…— aún tenían que dar un paso adelante tras su magnífica Eurocopa 2008. Por si eso fuera poco, nada más llegar, el holandés se las tuvo tiesas con Luca Toni, relegándole al segundo equipo y obligándole a marcharse a Italia. Con un juego coral, en el que nadie destacaba más que nadie, y sacando lo mejor de Thomas Müller, hasta el punto de convertirlo en una estrella mundial, el Bayern recuperó cómodamente su título nacional y le añadió días después la copa alemana, ante el Werder Bremen de Mesut Özil, con un contundente 4-0.

Había algo en aquel Bayern del viejo Ajax: un medio del campo contundente y a la vez creativo liderado por un veterano, en este caso, Van Bommel. Dos extremos bien abiertos como Robben y Ribery y varios centrocampistas con llegada que podían alternarse como falsos nueves, junto a algún cazagoles típico al que recurrir si las cosas iban mal. El doblete liga-copa estuvo a punto de convertirse en triplete justo un año después de que el Barcelona de Guardiola, con un juego que también recordaba mucho al del Ajax de los 90, consiguiera el suyo: tras imponerse a Fiorentina, Manchester United y Olympique de Lyon en los distintos cruces, el Bayern se plantó en la final de la Champions. Enfrente no estaría el Barça, como muchos esperaban, sino el Inter de Milán, un equipo que nos tenía acostumbrados a fracasar en Europa y que había llegado al éxito gracias a una buena legión de veteranos, estrellas como Eto´o o Sneijder y un técnico que lo eclipsaba todo, José Mourinho.

La final de Madrid juntaba a los inquilinos de banquillo del Barcelona en la temporada 1997/98, la primera de Van Gaal en el Camp Nou. Desde entonces, sus roles se habían invertido por completo: el holandés ya no era la referencia europea sino que lo era “The Special One”, coronado en el Oporto, vencedor de la liga inglesa con el Chelsea, y que también se disponía a completar su triplete en el Bernabéu con el Inter. Todos esperaban que el Bayern tomara la iniciativa del juego y buscara abrir las bandas mientras los italianos preparaban la contra para Diego Milito.

Exactamente eso es lo que pasó. Incapaz de salirse de sus esquemas incluso cuando se vio que no funcionaban, Van Gaal acabó enredado en la tela de araña de su otrora asistente. Dos goles de Milito, que ya había marcado en los partidos decisivos de liga y copa y que incomprensiblemente no apareció en ninguna lista de los mejores jugadores de esa temporada, hicieron el resto. Catorce años después de perder con la Juventus, Van Gaal volvía a ceder una final europea ante un equipo italiano. Aquello no solo afectó al Bayern, que cedió las dos ligas siguientes al Borussia Dortmund, sino al propio Van Gaal, que volvió a las andadas: a la altanería, las broncas con el vestuario y la mala relación con prensa y directiva. En abril de 2011, con la clasificación para la Champions en peligro, Beckenbauer y Rummenigge decidieron despedirle. Su legado: un buen montón de canteranos y jóvenes estrellas que jugarían —y perderían— otra final de Champions un año después ante el Chelsea.

Al rescate de la “oranje”

La selección holandesa llegó a la Eurocopa 2012 como uno de los favoritos junto a Alemania y España. Los de Van Marwijk no solo habían sido subcampeones del mundo dos años antes en Sudáfrica sino que habían ganado todos los partidos de su grupo de clasificación, con una defensa impecable y ágiles movimientos en la delantera. A los tres partidos estaba eliminada. Es cierto que el grupo tenía un nivel impresionante, pero la sorprendente derrota ante Dinamarca para empezar lastró todas sus posibilidades. Holanda acabó última, con cero puntos, y el seleccionador se vio obligado a dimitir ante tal ridículo.

Al equipo le faltaba disciplina y le sobraban egos, decía la prensa holandesa. ¿Adivinan a quién han llamado para que solucione ese eterno problema del fútbol moderno? Efectivamente, a Louis Van Gaal.

Van Gaal es un hombre de 61 años y unos vicios muy asentados. Ya sabe que nunca será Cruyff, que nunca alcanzará su legado pero puede conseguir algo que “El Flaco” nunca logró: ser campeón del mundo, aunque sea como entrenador. El reto es tremendo. La experiencia hasta el momento nos dice que las segundas partes de Van Gaal nunca fueron buenas, es más, fueron desastrosas. Lo bueno de esta vez es que coge a un equipo que ha caído tan bajo que todo será bienvenido. El grupo de clasificación no presenta grandes peligros más allá de la imprevisible Turquía. Ni Rumanía, ni Estonia, ni Hungría, ni Andorra deberían ser rivales para la potente “oranje”. Eso le da a Van Gaal dos años de margen para inventar nuevos talentos e intentar no pelearse demasiado con las actuales estrellas. Si las cosas le van como deberían, será bonito verle en Brasil aspirar al Campeonato del Mundo. Para entonces tendrá 63 y puede que sea el final de su carrera como entrenador. Nunca se sabe. Este hombre en cualquier momento se planta en Barcelona y se pone a fichar medio Ajax. Su acompañante en la aventura mundialista será Danny Blind, su capitán de los 90.

El antipático Van Gaal, el grosero Van Gaal, el altivo Van Gaal se encuentra ante su penúltima oportunidad de pasar a la historia. Solo un hombre ha conseguido ser campeón de Europa con un club y con su selección y ese hombre es Vicente Del Bosque. Más allá de los resultados, una buena actuación serviría para rehabilitar el nombre de un entrenador que revolucionó el fútbol en los 90 y sin el cual no se entenderían muchas de las tendencias actuales. Nunca ganará un concurso de popularidad pero seguirá sacando a Xavis o Iniestas cuando nadie confíe en ellos. Y quizás alguno de estos Xavis se lo agradezca marcando un gol que le libre de un despido mientras sus compañeros refunfuñan.

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47 comentarios

  1. Solo un apunte: Frank y Ronald de Boer llegaron juntos al Barça en el mercado de invierno.

  2. Roberto

    Quiero darle las gracias al autor Guillermo Ortiz por hacer este repaso tan entretenido de Van Gaal, entrenador que a mis 24 años tenía un poco de excéntrico (que no ha cambiado mi opinión) pero que me ha maravillado su forma de concebir el fútbol, las etapas de aprendizaje que ha tenido en los distintos clubes y de historia reciente del barcelona, muy constructiva.

  3. Aquel Ajax que se zampó al Madrid en Champions ha sido de lo mejor que he visto sobre un campo de fútbol, en cuanto a estética del juego, efectividad y talento.

  4. waj1Fum

    Genial artículo. Es deprimente vivir en Barcelona y escuchar a menudo comentarios negativos sobre él, y sobretodo no escuchar ninguno positivo. Cualquiera pensaría que los Puyol, Xavi, Iniesta o Valdés fueron descubiertos ya no por Rijkaard, sino por Guardiola incluso!

  5. El principal problema de Van Gaal en el Barça fue intentar un imposible, como era hacer olvidar a Cruyff mediante una excesiva mano dura en el banquillo que contrastaba brutalmente con el “Salid al campo y disfrutad” del genial flaco, también su peloteo constante hacia Núñez lo que dividía a una afición acostumbrada, y decantada hacia el preciosista juego y el recuerdo del dream team. Sin embargo su sustituto, Sir Bobby Robson, si que supo ganarse el corazón y el aplauso de la afición gracias a unos modales exquisitos y a que supo entender a la perfección la idiosincrasia del pueblo catalán…
    Xavi, Víctor Valdés, Iniesta o Puyol debutaron con él, es cierto, pero más por la presión popular de una afición que disfrutaba más en el mini que en el Camp Nou. Por otro lado cerró la progresión de muchos otros grandes jugadores de la siempre excelsa cantera azulgrana para dar cabida a unos fichajes como mínimo ‘extraños’ como bien se analiza en este post.

    • Kurono

      Krust, esos canteranos a los que Van Gaal les “cortó” su progresión fueron la famosa “quinta del Mini”, de todos ellos, solamente Iván de la Peña terminó por asentarse en Primera División en el Espanyol. El resto fue carne de banquillo, pufos inauditos o bien jugdores de segunda división; ninguno terminó por destacar ni hacer nada y eso que eran las “niñas consentidas” de la prensa.

      • Cristian

        Puyol, Xavi, Celades, o Gabri es cierto que debutaron con Louis, pero parecía en su día que fue casi más a pesar del técnico, que no por el contrario.

        Roger Junyent o Iván de la Peña apuntaban alto, y si bien es cierto que no acabaron de despuntar, fueron jugadores bastante apañados y con poco que envidiar a determinados fichajes del holandés como Cristanval, Dehú, Bogarde, Litmanen, Zenden, etc… Todos esos jugadores parecían simplemente no aportar nada que no pudieran aportar jugadores jóvenes formados en casa, y con más aprecio por el escudo.

  6. DeBoers

    Me encanta esta web.

  7. Fantástico articulo. Solo un apunte: Van Gaal es muy, a lo lejos, mentor Bielsa.

    • Alberto

      Me parece muy atinado tu comentario. Sin embargo es curioso, mientras a Van Gaal se le achaca su obsesión por el trabajo y su concepción casi científica del fútbol, a Bielsa se le elogia por su completa dedicación y su amor por el oficio, porque es un hombre que vive por y para el fútbol…

  8. scre4m

    Bravo por un artículo que hace justicia a Van Gaal, tanto tiempo después. El entorno barcelonista fue tremendamente injusto con Van Gaal. Se fue contra él para ir contra Nuñez. Se le utilizó para desalojarlo del poder. Y si bien es cierto que no contemporizaba con la prensa en un momento en que se empezaba a imponer el “tempo” mediático del fútbol, a nivel técnico pocos fueron tan profesionales. Quizá algo de eso tendríamos que aprender por estos lares. Y sí, ese Ajax es de lo mejor que se ha visto nunca, sin duda.

  9. Jason Compson

    Muy buen artículo, pero tengo dos pequeños apuntes: ¿Pizzi ídolo del Barcelonismo? y, creo, que si no se le agradece la primera liga es porque coincidió con La Séptima. Un saludo.

    • Manudo

      No soy del Barcelona, pero Pizzi c-a-d-a vez que salía marcaba un gol en esa 96-97. Y no solo es que los marcase…es que tenía unas pelotas que no entraban en los anfiteatros del Nou Camp.

      • Jason Compson

        Según Wikipedia, Pizzi marcó 18 goles en 72 partidos (me imagino que en muchos saldría de suplente), sobre sus pelotas no me veo capacitado para opinar.

  10. Javier

    También he disfrutado leyendo el artículo…la verdad es que Van Gaal siempre me gustó. Siempre le he defendido, y más todavía viendo lo que fue el Barcelona tras su marcha en 2000. Ver la desidia competitiva en la que pueden caer algunas grandes estrellas sin la figura de un Van Gaal como supervisor da mucha perspectiva con respecto a lo importante que es la disciplina y la solidaridad en un equipo, y lo poco que importa que un jugador se queje de no jugar donde quiere. Irónicamente (o no tanto), Rivaldo fue el rey del mundo mientras Van Gaal estuvo en el Barcelona, y sin embargo tras su marcha, con más libertad y con todos los galones, se hundió y se quedó como una mera cabeza de ratón, el jugador más destacado de equipos caóticos y perdedores. Y eso por no hablar de gente como Ronaldinho, que sí que brilló durante un par de años y relanzó muchísimo al Barcelona, pero que luego se abandonó de una forma tan vergonzosa y lamentable que sigo pensando que la lesión que le dejó fuera durante los últimos tres meses de su última temporada fue un compromiso entre jugador y técnicos para apartarle del equipo en secreto. Cuando ves en lo que pueden convertirse jugadores como él, básicamente en ex-futbolistas a los 30 años, desde luego valoras más a los entrenadores que valoran el esfuerzo como Van Gaal…

  11. Javier

    Aparte de eso, es cierto que su carrera tiene muchas sombras también. Es casi increíble no haber podido clasificar a los Países Bajos para una Eurocopa, por ejemplo. Y su último año en el Barcelona fue terrible…pero bueno, él tampoco tiene la culpa de la política deportiva completamente caótica y sin criterio de Gaspart, que trajo a gente como Riquelme o Saviola con estatus de estrella… El primero aún tiene un pase porque en el Villarreal, con un equipo construido en torno a él y diseñado para moverse a su -exasperante- ritmo, consiguió buenos resultados (otra cosa es cuando había una noción de equipo superior a darle todo el poder de decisión a él, que es con lo que se encontró el Barcelona). Pero el segundo, es decir, Saviola…para mí es el mayor bluff de la historia del Fútbol Club Barcelona, un jugador de traspaso record en su momento que estaba limitado en todos los aspectos físicos… o sea, un delantero centro bajito, sin punta de velocidad, físicamente flojo, con una técnica decente a secas…era un jugador simple y llanamente menor, nada del otro mundo, un jugador para el Getafe o el Zaragoza, y Van Gaal creo que fue el primero que se atrevió a sentarle…desde luego mis respetos para él por haberlo hecho, porque con Saviola el Barcelona habría seguido en blanco todos estos años…no hay más que ver el resto de su carrera, cuando se fue al Benfica y ni allí destacaba…

    • Stanley

      Pues Saviola, en ese Barcelona, marcó 83 goles en 172 partidos. Me parece una estadística buenisima.

  12. viejotrueno

    Esta frase es muy buena:
    El Marca, siempre comedido, tituló a toda página: “TITANIC”
    jejeje

    Pues sí, yo también fui ardoroso amante de aquel Ajax. Recuerdo un 5-2 en Amsterdam al Bayern que fue épico. 5 goles como 5 soles al Bayern Münich no se han visto muchas veces, y menos en Copa de Europa. El problema es que en el Barça no contaba con peones como con el Ajax donde podía erigirse en arquitecto y todo el mundo obedecía por el bien común. No es posible olvidar el descontento de Rivaldo cada vez que Van Gaal le mandaba jugar escorado en una banda. Rivaldo era un jugador inmenso, pocos se han visto como él, pero claro, hacerle trabajar… o inculcarle disciplina; aquello era muy difícil. Pero qué bien funcionó en el Bayern ese rigor que siempre exige.

  13. Muy fan de Van Gaal, un tipo con el que no se ha sido justo y que algún dia el fútbol le reconocerá su trabajo. Solo su papel en el AZ ya merece un monumento.

    El problema de Louis es su vehemencia, no mal carácter (de hecho es un gran tipo), cuando repite una orden o un ejercicio durante tres veces y siguen sin entenderlo/salir a la quinta estalla… por cierto en Munich tuvo otro episodio “a lo Oscar” con Demichelis en plena pretemporada.

    Un apunte: En Munich no tuvo enfrentamientos que dices, el problema llegó cuando fallaron los resultados, en su último año, el Bayern es un club muy especial donde meten mano, el problema lo provocó Hoeness con sus declaraciones en público rajando, hasta en un plató de TV llegó a declarar que hablaba mucho con Van Gaal , lo puso de tuzudo por no dejarse aconsejar sobre la forma más conveniente de jugar.. cosa lógica.. Hoeness es un metomentodo que le gusta mucho hacer alineaciones… el enfrentamiento entre ambos acabó con el holandés en la calle..

  14. No soy un admirador de Van Gaal, pero tampoco estoy de acuerdo con sus detractores. Tuvo la mala suerte de llegar a un Barcelona que entonces todavía mantenía un gran complejo de inferioridad ante el Real Madrid. En el primer año de Van Gaal en el Camp Nou el Barça ganó la liga, la copa y la supercopa de Europa; pero claro, el Madrid ganó la 7ª copa de Europa y eso dolió muchísimo en Can Barça… Y la parroquia blaugrana seguía añorando a Cruyff, a sus ocurrencias y a Carlos Busquets, Angoy, Sánchez Jara, Carreras, Pablo Alfaro, Nando, Iván Iglesias, José Mari, Eskurza, Luis Cembranos, Lucendo, Richar Witshge, Prosinečki, Korneyev, Jordi, Escaich, Kodro…

    • Mookie

      Hay nombres ahí que meten mucho, pero que mucho miedo. Parece imposible que un club con semejante pasado se haya podido levantar de tal manera. Por eso los seguidores de pequeños clubs seguimos manteniendo la esperanza de algún día poder hacer algo grande (si, que ilusos)

      • Jason Compson

        Todos los clubes grandes tienen fichajes horribles, yo como madridista recuerdo a Balic, Spasic, Gravesen, etc. La diferencia es que los clubes pequeños no suelen poder fichar a Linekers, Romarios o Maradonas. Suerte de todas formas, soñar es gratis.

        • Jaime

          Spasic!! Qué malo era. Cómo me he podido reír recordando alguno de esos nombres!! Y qué decir del yernísimo Angoy, que a los 50 seguía jugando en el filial.
          Nos hacemos viejos…

  15. Walton

    ¿El todopoderoso Torino de Martín Vázquez y Lentini? No se pase, Ortiz, no se pase.

    • Bastante poderoso sí, tiraba de gran talonario en pleno auge de futbol italiano

      • Walton

        Ésta fue la formación del Torino en el partido de ida de la final de la Copa de la UEFA de 1992: Marchegiani; Bruno, Annoni, Cravero (Bresciani 80′), Mussi (Sordo 83′); Benedetti, Scifo, Martín Vázquez, Venturin; Lentini, Casagrande; y esta otra la del partido de vuelta: Marchegiani; Mussi, Cravero (Sordo 56′), Benedetti, Fusi, Policano; Scifo (Vieri 60′), Martín Vázquez, Venturin; Lentini, Casagrande. Había un grupo de buenos jugadores, pero de ahí a decir que aquel equipo era todopoderoso me parece que hay un buen trecho, creo.

  16. Marius

    En Barça tv emiten un documental sobre entrenadores que han pasado por el club. El capitulo dedicado a Van Gal es muy interesante, el mismo explica su filosofía, su forma de entender el fútbol, el por qué y el cómo funcionan sus equipos. Complementa este gran artículo

    • Marcbranches

      Al respecto de lo que dice Marius, en ese programa de BarçaTV, “Recorda míster”, se recoge la polémica de Van Gaal con Rivaldo, cuando este decidió negarse a seguir jugando por la banda, poco después de habérsele otorgado el Balón de Oro… jugando en la banda. Rivaldo fue apartado un par de partidos, pero el equipo dependía demasiado de él y Van Gaal tuvo que comérselo y hacerle jugar. Esto ocurrió durante la tercera temporada, la del hundimiento. Recordando el incidente, Van Gaal lamenta que todo el mundo estaba con el jugador y no con el entrenador, y tiene toda la razón. El odio a su figura hacía que todo el que se enfrentase a él acaparase el apoyo de prensa y público. Es curioso observar como Rivaldo, hablando del tema hoy día, sigue sin dar su brazo a torcer y cree que hizo lo correcto… Y es curioso cómo se ha olvidado este incidente en la memoria colectiva del barcelonismo, que recuerda a Rivaldo como la única estrella brasileña que se comportó con profesionalidad en su paso por el Barça.

  17. Sanctius

    Más vale caer en gracia que ser gracioso. Van Gaal le echó una bronca a Óscar García (¡no tienes ritmo!) y en consecuencia el holandés es un ogro. Luis Aragonés agarró por el cuello a Samuel Eto’o y es un abuelito entrañable; un poco cascarrabias, sí, pero entrañable al fin y al cabo…

  18. Me encantaría una artículo sobre lo horrible y vergonzoso de Nike hace cada año con la camiseta del Barca con el objetivo de vender camisetas e “innovar”. Sorprende que nadie, ni afición, no jugadores, ni directiva, diga nada. Creo que desde 1992 con Meyba la camiseta del Barcelona no ha hecho honor a su historia (el Inter, por ejemplo, tambien tiene a Nike pero se nota que Moratti no permite que se varie del diseño clásico de la camiseta)

  19. Ya pensé que era el único en tener una idea positiva del amigo Louis.
    Grand reportaje. Enhorabuena.

  20. Alberto

    Con sus virtudes y sus defectos, el Barça de Van Gaal consiguió ganar títulos en sus dos primeras temporadas. No fue de esos entrenadores que necesitaban varios años para que el equipo “asimilara su filosofía” u otras tonterías por el estilo que se suelen decir para justificar la falta de resultado. Además, de su mano llegaron Ruud Hesp, un portero que no costó mucho y que ofreció un rendimiento notable -y más que notable, si lo comparamos con las prestaciones de los inefables Carlos Busquets o el yernísismo- y Philip Cocu, un jugadorazo de equipo cuyo palmarés no se corresponde en absoluto con su gran valía.

    • Cristian

      Ojo que el Barça ya venía de un buen año con el amigo Bobby Robson, disputando con el Madrid la Liga hasta el último minuto, ganado Copa y Recopa. Y éste sí lo consiguió viniendo de 2 malos años de Cruyff.

      De todos modos, las formas del holandés, su “amiguismo” exasperante con una figura como la de Núñez, muy desgastada desde sus enfrentamientos con el dios Cruyff de la afición, su constante recurso al mercado holandés, y sus pésimos resultados en Champions, fueron unas losas harto fatigosas para la figura de Van Gaal.

  21. Nunca antes he comentado un artículo de Jot Down. Y he leído muchos. Y muy (muy) buenos.

    B r a v o.

  22. SirLameth

    Gran artículo. Un hombre al que aquí en España, nunca se le reconoció nada por parte de los medios de comunicación.

    Y una puntualización. Marcelo Lippi también es campeón de europa de clubes y del mundo (además fue el primero en lograrlo)

    • Sanctius

      Es cierto tu comentario sobre Marcelo Lippi. Sin embargo, Guillermo Ortiz no comete ningún error cuando dice “Solo un hombre ha conseguido ser campeón de Europa con un club y con su selección y ese hombre es Vicente Del Bosque.”. Del Bosque es el primer entrenador que ha dirigido a un equipo ganador de la Copa de Europa (el Real Madrid en las temporadas 1999-2000) y a una selección campeona de la Eurocopa (la selección española de ese último torneo disputado en Polonia y Ucrania).

  23. pimpim

    Ruud Hesp es uno de los jugadores más maltratados por los cronistas de toda la historia del Barcelona. De aquel aburrido Barça de Van Gaal que ganó dos ligas todo el mundo recuerda y pone el mérito en Rivaldo y Figo. Para mí junto a ellos el otro gran pilar del equipo fue ese portero holandés veterano y casi desconocido que dio un rendimiento extraordinario en sus dos primeras temporadas en el equipo y que sólo flaqueó en su tercera temporada, la misma en que el propio Van Gaal y el equipo al completo tuvieron un año extremadamente convulso

    • Hesp fue un porterazo que tapó en gran medida la “fiesta” que sucedía en el terreno de juego.
      Injustamente tratado.

  24. Muy buen artículo, simplemente un apunte.
    Yo estuve en el partido del Tartiere en el que Casaus le pidio a los aficionados que quitaran la pancarta. Recuerdo perfectamente cómo, desde la tribuna de los banquillos, cruzó todo el campo muy despacio hasta la tribuna de enfrente, en la que estaba colocada la pancarta.
    Recuerdo cómo unos aficionados del Barcelona, venidos de una de las múltiples peñas de Asturias y León que todas las temporadas visitaban el Tartiere ese día, comentaban la pancarta que acababan de poner a otros que les preguntaban por ella (La pancarta estaba en inglés, por cierto).
    Recuerdo perfectamente cómo la gente la quitó. Y gracias a El Día Después, pudimos ver la conversación de Casaus con la grada, cómo les pedía por favor a aficionados del Oviedo que la quitaran. Digo aficionados del Oviedo porque yo estaba allí, sé que eran del Oviedo, y vi a los que pusieron la pancarta.
    En ningún momento se ha afirmado en este artículo que fueran aficionados del Oviedo los que colocaron la pancarta, pero mi orgullo de oviedista me obliga a aclarar esto, para poder disipar toda duda que pueda haber sobre la afición del Oviedo y su grandeza.
    Nuevamente, enhorabuena por el artículo.

  25. Hablando de todo un poco, Holanda hace casi 40 años que viene amagando con ganar algo importante y siempre hace agua. La generación que yo disfruté (del 90 para acá) siempre tuvo un gran potencial y pocos resultados.

    Debe tener que ver con el inconsciente colectivo.

  26. Kurono

    Louis van Gaal es un grande injustamente vilipendiado y humillado por la prensa catalana (principalmente) y la española; aunque también es cierto que en todos lados arma jaleo. Su palmarés lo equipara con los mejores de la historia: Un total de 8 ligas en tres países diferentes, 4 equipos distintos, es decir a un promedio de 2 ligas por club dirigido; al menos una copa nacional de cada país (Holanda, España y Alemania), una Copa de la UEFA, una Champions League, multitud de Supercopas, una Intercontinental, varios subcampeonatos tanto de liga como de Copa y Champions, etc.

    Y su aporte no queda ahí: desde aquel espigado y nada ortodoxo portero (Van der Saar), pasando por ese par de jugadores “exóticos” como Finidi George o Jiri Litmaen, el par de “enanos” que según los expertos no podrían sobrevivir al “fútbol moderno” en el F.C. Barcelona (Xavi e Iniesta), hasta el fornido pero habilidoso mediapunta bávaro Thomas Müller, la lista de pupilos de Van Gaal es inabarcable. Y su método, la fórmula del éxito: displina+sacrificio+talento=magia y títulos.

    Grande Van Gaal, ojalá sume al menos una Eurocopa de Naciones y pueda jubilarse como el más grande DT de Holanda y quizá uno de los mejores 10 de la historia del fútbol.

    • Cristian

      Johan Cruyff: 13 títulos en 11 años (1985-1996) en solo 2 clubes.

      Louis Van Gaal: 15 títulos en 21 años (1991-2012) en diversos clubes y ligas…. Impresionante currículo, sin duda, pero de los más grandes?
      De todos modos, sin duda alguna un nombre muy a tener en cuenta, absurdo negarlo. Pero la pregunta que dejo es la siguiente: ¿Hasta qué punto la brillantez de un entrenador no la medimos por coincidir con determinadas buenas generaciones de futbolistas?
      – Van Gaal y su Ajax.
      – Guardiola y su Barcelona.
      – Vicente del Bosque y su Real Madrid, o su Selección Española.
      – Capello y su AC Milan.
      – Lippi y su Juventus.

      En eso Mourinho sí puede presumir de ir un poco a contracorriente.

  27. Wil E. Coyote

    Cada día lo tengo más claro: Mourinho es el Van Gaal del Madrid. Un gran entrenador, ganador de títulos, al que la prensa ningunea y se empeñará en borrar de los libros de Historia. Y es curioso que algunos de los argumentos usados contra ambos sean tan similares, como el absurdo debate sobre la cantera.

  28. Me ha gustado bastante el artículo, pero hay algunas cosas que no me han satisfecho demasiado. Por de pronto, el hecho de decir que al Barça de Van Gaal ganó títulos sin brillantez. Francamente, me parece una barbaridad. La primera liga no fue cosa de Figo y Rivaldo, fue cosa del conjunto. Recuerdo como tras un 3-0 al Madrid en El Día Después analizaron el juego del Barcelona y cómo por ejemplo en el tercer gol todos los jugadores culés llegaban a tocar el balón. La segunda liga de Van Gaal fue espectacular (la segunda vuelta). El juego era inmejorable. Hubo goleadas como contra el Madrid (3-0) o el Depor (4-0) que son de manual. Tengo esos partidos y alguno más guardados en vídeo como una lección de buen fútbol. La tercera temporada fue la mejor de todas. El equipo arraso desde el principio de todas las competiciones, pero al final el entorno se volvió muy convulso y afectó a los resultados. Aún así, semifinalista de Champions y subcampeón de liga, que no está mal.
    Por otro lado, no se ha hecho ninguna mención a la mala suerte que ha acompañado a Van Gaal toda su vida. La final de Roma o su primera temporada con el AZ son ejemplo de ello, pero también el hecho de que las dos primeras temporadas en el Barça las iniciara con múltiples lesionados, especialmente la segunda. También tuvo mala suerte en el sorteo de Champions, emparejado siempre en los grupos más difíciles y siendo una época en a que tan sólo pasaba (a priori) el primero. En la segunda temporada, por ejemplo, tuvo que enfrentarse a Manchester y Bayern (a la postre finalistas) con Reiziger y Cocu de centrales y Okunowo de lateral, con Guardiola aún lesionado y Kluivert no habiendo sido inscrito a tiempo. Difícil tarea. Tampoco tuvo suerte con el grupo de Holanda, emparejada con Portugal (gran selección ya entonces) e Irlanda, que ahora puede sonar a poca cosa pero en aquella época era un gran equipo (llegaron hasta octavos en el Mundial y sólo fueron eliminados por España en los penaltis). Además, una victoria en Portugal les daba todas las opciones de clasificarse; dominaron durante todo el partido, practicando un gran fútbol, se pusieron 0-2, pero… en los últimos minutos Portugal consiguió empatar (con penalti incluido).
    Tampoco se menciona, por ejemplo, que Van Gaal atesora el record de goles conseguido con un equipo en una edición de la Champions (99-00) o que con el Barça, en su segunda etapa (sí, esa tan desastrosa) logró el record de victorias consecutivas en la competición.
    Por cierto, el desastre de su segunda etapa vino propiciada más por Gaspart que por Van Gaal. Ninguno de los fichajes que él pidió le fueron concedidos y sí se trajo a Riquelme, un juador que dijo abiertamente que no deseaba. Algo similar pasó en el Bayern en su segunda temporada.
    Lo que se dice de los canteranos del Barça que los sacó sólo por “quedar bien” o por exigencias del entorno es puramente fantasioso, por decir algo suave.
    Por cierto, Van Gaal concedió una interesante entrevista en TV3 cuando fichó por el Barça por segunda vez, antes de iniciarse la temporada, y en ella contó cosas muy interesante, algunas personales y otras futbolísticas. Explicó cómo quería que jugara el equipo (con pizarra y todo) y dijo algo que jamás he olvidado: que era inútil buscar un jugador capaz de sustituir a Guardiola, y que lo que el Barça tenía que hacer era cambiar la idea de ese tipo de medio centro. El optó por usar un doble pivote. No le salió muy bien. Pero en el futuro se optó por un 4 distinto a lo que había sido Pep y los resultados son de sobra conocidos. Él fue el primero en ver la necesidad de un cambio ahí.

  29. Hay muchos entrenadores que dejan huella. A mí, Mourihno me ha dado la misma pereza y/o asco que me daba Van Gaal.

    Aquí una entrevissta reciente de Diego Torres donde habla sus años en el Madrid:

    http://www.elpisapapeles.com/entrevistas/la-actualidad-con/diegotorres-mourinho-realmadrid-florentinoperez-elpais-ancelotti-cristianoronaldo-isco-higuain.php

  30. T Witmaar

    Hay un error en este articulo. No solo Del Bosque ganó la Copa de Europa con un club (el Real Madrid) y la Eurocopa con una selección (España). También lo hizo Rinus Michels, con el Ajax en 1971 y con la selección holandesa en 1988.

  31. Stalyn Saá

    Excelente artículo. Felicitaciones

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