Dos jóvenes presumen, en presencia de un amigo algo más veterano, de la fidelidad de sus prometidas. El amigo se burla y pregunta qué tipo de animal son sus bellas amantes, no sea que resulten parecidas al Fénix de Arabia, ese animal del que todos hablan, pero que nadie ha visto. Así comienza la ópera más incomprendida, problemática y adictiva de Wolfgang Amadeus Mozart, Così fan tutte o la escuela de los amantes.
Hoy es una obra no solo conocida, sino muy representada, pero eso no evita la perplejidad de los que intentan encontrar un sentido en sus aparentes inconsecuencias, hasta el punto de que siga etiquetada de tantas maneras distintas que quizá, como dice un conocido crítico, sea la obra más polisémica de la historia. Yo haré lo propio, etiquetar la obra, a mi manera —ya lo estoy haciendo—, esperando que me perdonen por la temeridad.
Para escribir este artículo me impuse una especie de experimento. Eso es Così, un experimento con su viejo filósofo o su maestro de marionetas o su criado científico. Me propuse escuchar la obra muchas veces y verla —esto es siempre más complicado— todas las que pudiera para luego examinar mi cansancio. Así he andado más de un mes y el experimento ha fracasado: he escuchado la obra decenas de veces, pero sigo sin haberlo hecho del todo. No hay cansancio, sino un peligroso ensimismamiento, una especie de detención temporal, como esa que se observa en la obra, en sus cánones arcádicos sobre amores eternos o en las ondas del mar que aleja el barco de los enamorados. Por eso califiqué Così de adictiva. Siempre quieres más, escuchar de nuevo aquel conjunto, aquella aria o aquel enlace genial entre escenas. La obra perfecta, cerrada, la máquina automática, se convierte en inacabada para el oyente en cuanto la acaba, y eso es lo que debe suceder con los mundos alternativos.
Es fácil encontrar explicaciones sobre el origen de la obra, aunque, curiosamente, tampoco en esto hay coincidencia. La compuso Mozart a su vuelta de Berlín —de un viaje que creía le serviría para salir de la penuria y en el que por poco no cubre gastos— tras el gran éxito de la reposición de Le nozze di Figaro. Leerán que fue un encargo del misógino Emperador (o que no lo fue) y leerán que Mozart tuvo que asumir una historia y un libreto que no le gustaban (aunque llevaba casi una década pensando en una ópera con unos personajes similares). La verdad es que el asunto del que trata hunde sus raíces en varias tradiciones, alguna de ellas milenaria, que eran conocidas desde luego por Da Ponte, el libretista de las tres óperas más famosas (al margen de La flauta mágica) de Mozart. Todo versa sobre la prueba de la fidelidad. Es un tema que ya está (¡qué no está en Ovidio!) en Las metamorfosis, en el mito de Céfalo y Procris, y que se repite en la literatura europea, en Boccaccio, en Lope y Calderón, en el Curioso Impertinente del Quijote, obra dentro de la obra, en Ariosto (las protagonistas de Orlando Furioso tienen nombres prácticamente idénticos a las de la obra de Mozart).
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Qué no está en Ovidio… Sólo esa frase ya merece la lectura del artículo. Excelente. Tanto, que me han dado ganas de aplaudir cuando he terminado de leerlo. Pero que diga esto una devota mozartiana no tiene mérito.
Recuerdo lo que disfruté leyendo las memorias de Lorenzo Da Ponte. ¡Qué hombre! Era como Ana Obregón pero en el XVIII: no había nada que no supiera hacer, lugar en el que no hubiera estado y destacado y hembra que no hubiera catado. De quién sí no iba a ser el libreto de tal maravilla.
Y sí, no haber escuchado aún «Così fan tutte» es un privilegio. Porque haberlo hecho es haber sucumbido sin remedio.
Un saludo.
No olvide, maestro, la maravillosa historia paralela del mesmerismo «la calamita, pietra mesmerica» y el magnetismo para curar a los piratas. Una joya, que logra encandilar incluso a los no iniciados. De Wolfgang, sólo me falta en vivo creo que El Serrallo. Mi favorita, Don Giovanni, aunque La Flauta también es maravillosa, y esta es genialmente humana.
Muchísimas gracias en nombre de una ferviente admiradora de esta obra maestra. Si me lo permiten, me gustaría recomendar la versión DVD de la puesta en escena para TV de Jean Pierre Ponelle (Harnoncourt, Montarsolo, Furlanetto, Gruberova, Lima, Stratas). Desde el punto de vista teatral es, a mi modo de ver, perfecta. Y de nuevo agradecida por la existencia de Jot Down, que nos hace sentirnos menos solos en estos tiempos inciertos.
«A partir de esa fecha, el siglo XIX, el maldito romanticismo y la irracionalidad por bandera, cayeron sobre ella como una losa»
y así seguimos, hasta que apaguemos las antorchas funebres del romanticismo y vuelva a el amanecer de la Ilustración, todas las mañanas del mundo.
Escuchando a Mozart por supuesto.
Yo aún tengo ese privilegio de no haber escuchado la obra, pero con tantas alabanzas supongo que de esta tarde no pasa…
excelente artículo !!!!!
Más música «clásica», por favor.
Si por favor, más.
Había olvidado que tengo la obra, en cd, el castrador von Karajan y la filarmónica de Viena, con libreto e introducción de Stanley Sadie, publicado por Decca.
El dialogo entre Figaro y Susana en la 3ra escena del primer acto.
La máquina perfecta, la conclusión satisfactoria, como un organismo vivo, preprogramado en la partitura genética con todo el misterio de la libertad y la capacidad de sorpresa.
Genial artículo, ¡felicidades! He de confesar que Cosi es de las óperas de mi admirado Mozart que menos he visto.
El test definitivo fue verla con mis hijas cuando tenían 8 y 10 años. La versión fue la de Harnoncourt y Bartoli en la ópera de Zurich. La vimos en vídeo en varias sesiones y poco después de ver Le Nozze, versión también de Harnoncourt con Anna Netrebko.
Mis hijas siguieron con atención la trama esperando que las hermanas fueran fieles y se decepcionaron mucho cuando dejan de serlo. Digo que fue el test definitivo porque a esa edad no tenían gran parte de los prejuicios y expectativas que los adultos ya hemos nos hemos cargado a la espalda. Sin embargo deseaban ardientemente que el final fuera «feliz», un poco al estilo de Le Nozze. Con el paso de los años y la cantidad de cinismo que acumulamos los adultos, nos preguntamos si realmente alguna de las dos óperas termina bien. Le Nozze destapa las miserias de todos los personajes que luego tienen que convivir como si no hubiera pasado nada. Con Cosi otro tanto sucede, la amistad entre los novios se acaba y la confianza hacia sus respectivas novias se resiente hasta extremos de la ruptura.
Yo sigo bastante perplejo ante esta ópera. Algunas de las arias me causaron un profundo impacto, sobre todo después de descubrirse el pastel. Ahora comprendo que la inquietud que destila la mayor parte de la ópera viene de la astucia de la anticipación musical que se describe en el artículo.
Voy a volverla a ver con nuevos ojos esta vez.
Felicidades por el artículo. Stefan Kunze no transmite tan bien, aunque su documentación sea exhaustiva en su maravilloso libro.
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Todas es todas, amigo Tsevan.