Es uno de los grandes misterios de la prehistoria: la música. Es imposible saber qué diablos cantaban o tocaban los hombres de las cavernas, ya que ningún registro sonoro o escrito ha llegado hasta nuestros días. Sin embargo, los paleontólogos han encontrado indicios de primitivos instrumentos musicales y de representaciones artísticas de los mismos que datan del Paleolítico medio. Aerófonos, idiófonos, membranófonos, cordófonos… Alguno de estos instrumentos, como la bramadera (una placa de madera o metal con un orificio en un extremo para atar una cuerda, que se hace sonar girándola a gran velocidad) todavía es usada en ciertas tribus de Australia y Nueva Zelanda. Otros, son arcaicas flautas fabricadas con falanges de enormes bestias. En cuanto a la percusión, los hombres de la Edad de Piedra usaban piezas de marfil, mazos y huesos de mamut. Hasta bien entrado el Neolítico no se empezarían a utilizar cuerdas. Poco después, con los metales, llegó el escándalo: sonidos como «dong», «klang» o «chin» empezaron a ser habituales en las sesiones protomusicales de aquellos enigmáticos y velludos especímenes. Los expertos no se ponen de acuerdo cuando discuten sobre el tipo de sonidos que los cavernícolas perpetraban con sus rudimentarios cacharros, pero no hace falta poseer inteligencia de Homo sapiens para suponer que predominaban el ruido y los alaridos.
Cabe imaginar una profunda y oscura cueva de Bang Chieng (Tailandia), con las paredes llenas de pintadas, donde las bestias pardas se reunían para golpear sus antediluvianos instrumentos, en un desesperado intento de expresarse. Como en 2001, una odisea del espacio, uno de los cavernícolas sale de la cueva, agarra un hueso de mamut y lo tira al aire. Una vez más, se produce la elipsis espacio-temporal: el hueso se transforma en un teclado Wurlitzer de 50 dólares, que cae en manos de un chaval menos peludo que el cavernícola, pero no mucho más agraciado. Se llama Martin Reverby y acaba de conocer a Boruch Alan Bermowitz. Martin Rev y Alan Vega para los amigos. Corre 1970 y estamos en Nueva York, en The Project of Living Artists. Una cueva subvencionada por el Ayuntamiento para fomentar actividades artísticas, que pronto se llenó de yonquis, alcohólicos, cantamañanas y pintamonas. «Estaba abierto 24 horas al día y cualquiera podía ir allí en cualquier momento a hacer lo que le saliera de los cojones, yo era uno de los socios que lo abrieron, se supone que hacía las funciones de un conserje, o sea, que tenía las llaves», recuerda Vega, que además de crear extrañas esculturas con basura tecnológica, experimentaba con chatarras y soniquetes: «hacía loops, ruidos industriales, drone, esas cosas». Rev, por su parte, tocaba el teclado con Reverend B, un destartalado combo de free jazz / rock. En aquel tugurio pagado con los impuestos de los honrados trabajadores norteamericanos «había de todo, radicales, vagabundos y un montón de drogas», según cuenta el músico. Martin se dejó caer por allí algún día y, en cuanto se conocieron, él y Alan decidieron que no les quedaba más remedio que trabajar juntos. Al fin y al cabo, los dos tenían una edad parecida (rondaban los 30) y el mismo objetivo: hacer más ruido que una jauría de australopitecos.
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Enorme banda que nunca debió ser olvidada.
que no son feos, que son guapos… angelitos
Geniales. Y genial el artículo, pero de qué edad los lectores de JD que aún conservamos los vinilos?
Cuando los escuche por primera vez, sentí una presión en la cabeza y un rabia interna. Rabia contenida. Eran y son pura vida. Mi grupo para el resto de mis días.
Sin ánimo de ofender: todo esto está escrito como si molara… cuando en realidad da asco. Es como leer a Burroughs contando cómo hacían caca los yonkis. Y Suicide son uno de los grupos más COÑAZO de la historia.
Por lo demás, eso de «el grito del hombre contemporáneo ante el horror de vivir en plena Edad Sombría, en la fase final de la trayectoria descendente de la humanidad» no es más que una sucesión de palabras sin sentido. Es que no significa absolutamente nada
Buffffffff………… es mejor que leas el dominical del país, creo que es más tu estilo.
Pues no, no es nada de»mi estilo» el dominical que tú dices, pero tampoco es cuestión de disputar sobre estilos con alguien que derrocha tantísimos puntos suspensivos
David: http://elcoxeluniversoyyo.blogspot.com.es/2009/12/el-kali-yuga-escrituras-vedicas-e.html
Suicide serán todas esas cosas que describes, pero también son pura alegría de vivir. Escucharlos es abrazar lo primitivo, lo idiota, lo barato, la centrifugadora, una lucha gozosa entre cerrar los ojos para entregarse al chunda chunda y mantenerlos abiertos porque el estupor no nos deja apartar la mirada de ellos. El grupo favorito 4ever
Por como empiezas el artículo: http://www.youtube.com/watch?v=SSylmjlAXhk
Pues yo es oir los primeros acordes de «Cheree» y caer rendida y turbada. Esa canción es pura sensualidad.
Totalmente de acuerdo…. la acabo de escuchar mientras leia el interesante aunque , creo, algo exagerado articulo. La primera vez que escuché y vi la portada del disco,,,allá por 980-1981 me encantó…no recuerdo si todo el Lp o algunas canciones . Entiendo que a mucha gente, la mayoria, les parezca insoportable. A mi no. Hurra por Suicide.
Saber la historia de esta gente o, más en este caso, prehistoria: impagable. Franky, en el agujero donde esté, ha vuelto a soltar una lágrima.
Fueron un dúo rompedor capaz de hacer música que no deja indiferente con sólo una voz y un instrumento pero reconozco que con el paso de los años sólo los pincho muy de vez en cuando y únicamente en su faceta más «comercial» (Cheree, Ghost Rider) ya que «Frankie» y compañía me resultan hoy en día insoportablemente pretenciosas (y aburridas).
Definición perfecta de grupo seminal. La lista de grupos impensables sin ellos es infinita.
Añado a los citados en el artículo a Soft Cell, The Scientists, Dum Dum Boys o The Gories y de más cerca Atom Rhumba y Cancer Moon.