
Ulises regresa a casa y todos respiramos aliviados. Los héroes de la Antigüedad, aquellos olímpicos, semidioses, con fuerza descomunal e intelecto prodigioso han sido siempre cánones, ejemplos a emular por los mortales (todos nosotros, por si había alguna duda). Cada cultura, cada civilización, tiene su pequeño conjunto de seres elegidos, protegidos por la leyenda. En la España de hoy tenemos a Rafa Nadal, claro está, el gran guerrero contemporáneo que doblega voluntades con su «cabeza» y su portentoso físico. En ajedrez tuvimos a Arturo Pomar y todavía tenemos a Miguel Illescas, Paco Vallejo y, muy recientemente, Iván Salgado, grandes del ajedrez nacional.
Las tradiciones culturales son la perfecta excusa para celebrar el triunfo del conocimiento, de la voluntad o de la fuerza. Se trate de la liturgia religiosa o de un festival de danza, cuando una actividad se repite con periodicidad X se amalgaman varios fenómenos en la mente humana. El más importante es el de la expectación; sabemos qué va a ocurrir, sabemos cuándo va a ocurrir, sabemos dónde va a ocurrir y, a medida que nos acercamos al momento, nuestro cerebro y nuestro cuerpo con él, generan sensaciones de ansiedad y cosquilleo generalizado que no cesarán hasta que ocurra. Después de varios años viviendo en Valencia puedo decir que aquí se vuelven locos pensando en las fallas y en el momento monstruosamente mágico de la mascletá, en el que el ruido parece ahuyentar los demonios varios que acechan a la gente. Otro ejemplo más generalizado: la celebración del nuevo año, que está tan cerca, en donde la gente se olvida de la crisis y de los problemas y sale a festejar la posibilidad de un año mejor y más próspero y todos ríen y se bebe más de la cuenta y todos se besan después de atiborrarse a uvas. Otros bailan el vals, el viejo y querido Danubio azul de Strauss.

Desde finales de siglo XIX, hay una tradición en el mundo del ajedrez que se vio interrumpida durante unos años por el cisma de la asociación profesional de jugadores liderada por Kasparov, pero que se ha vuelto a reanudar en nuestros días, en el 2006. Se trata de la lucha épica por el campeonato mundial. Algo que para cualquiera que haya estudiado los entresijos de los escaques y trebejos despierta ecos de interminables viajes en barco a través del Atlántico, de cafés llenos de humo y atiborrados de gentes intentando vislumbrar los movimientos de los grandes genios históricos del ajedrez. En sus comienzos fueron tiempos de héroes y villanos, sin televisión, sin internet, sin teléfono. Cada jugador era como un caballero solitario que se disponía a retar al caballero blanco en un torneo donde poco premio se juntaba: la honra, el orgullo del jugador y una pequeña bolsa de dinero que pagaba poco más que los costosos desplazamientos. Poco sabían los jugadores de las habilidades de los otros; aquello que habían oído o alguna partida que habían visto ocasionalmente. Los retos comenzaron siendo personales, de tú a tú, el que se decía el mejor contra el que se decía aún mejor. Héroe contra héroe, voluntad contra voluntad.
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Me pregunto quien ganaria en una posible partida contra deep blue. Vamos, que la mesa esta servida.
Hola Gustavo, buena pregunta. Deep Blue ya pasó a mejor vida pero hay ahora programas monstruosos que seguramente no le darían oprtunidad alguna a Carlsen. Por ejemplo Adams perdio 51/2 a 1/2 contr Hydra y Kramnink perdió 4-2 contra Deep Fritz. Creo que la batalla está perdida, era cuestión de tiempo. Ahora el desafío computacional va por otros lados: el Go, el Poker, el Bridge… son juegos con mucha más complejidad y, en el caso de los dos últimos, con información incompleta…
La derrota de Krámnik en 2006 estuvo muy condicionada por el triste desenlace de la segunda partida, cuando Vlady no vió aquel «mate en una» y cometió el error más grosero de su extraordinaria carrera deportiva. Eso le hizo disputar la última partida buscando la victoria con negras a toda costa, utilizando una defensa siciliana que hacía años que ya no jugaba, y en ese tipo de posiciones Fritz juega con el tablero inclinado a su favor. Creo que, hasta 2008 o 2009 el ser humano, «en su mejor día» (como le gustaba decir a Kaspárov) seguía siendo superior a cualquier computadora, pero ahora, desde la aparición de Houdini, ya no lo tengo tan claro. Independientemente de eso, existen multitud de posiciones que un monstruo cibernético juega al toque y que, para un ser humano, siguen siendo extraordinariamente difíciles. Simplemente, se trata de encontrarlas en el curso de la partida para inclinar el balance a tu favor
El programa informático del momento (en realidad, desde hace tres o cuatro años) se llama Houdini. Es un monstruo implacable cuya versión 4.0 ya tienes a la venta. Aun así, existen posiciones que un ser humano sigue interpretando mejor que una máquina. Son cada vez menos, pero «haberlas haylas», como es el caso de las llamadas fortalezas (donde la máquina sigue dando ventaja ganadora a un bando incapaz de ver que son tablas cuando la fortaleza es impenetrable) o también en el caso de algunas posiciones bloqueadas. La penúltima partida delreciente match entre Anand y Carlsen refleja muy bien la diferencia conceptual entre el ser humano y la máquina: todos los grandes maestros veían que el ataque blanco era terrorífico y la posición negra muy difícil, mientras que Houdini aseguraba que las negras se defendían perfectamente. En realidad, todo depende de encontrar la jugada precisa, no? Así que, aun con máquinas y todo, nihil novum sub soli. El ajedrez sigue siendo infinito
No estoy muy de acuerdo con la semblanza de Carlsen. Con todos los respetos, creo que su forma de entender el juego (posicional, estratégica, clásica, ortodoxa y purista) lo aproxima a otros monstruos del pasado bien conocidos, como Capablanca, Rubinstein, Smyslov, Petrosian, Kárpov, Fischer o Krámnik, que también deslumbraron en su apogeo por su facilidad para desentrañar los secretos ocultos en posiciones de aparente sencillez. Su forma de jugar no supone ninguna revolución en las leyes del juego. La gran aportación de Carlsen, y creo que ese será su legado, consiste en una revolución en la forma de interpretar la fase de apertura del juego. Una «revolución a la inversa», a diferencia de la que en su día consagró a Kaspárov, quien se especializaba en diseñar «bombas de laboratorio» que explotaban en la cara de sus rivales en posiciones críticas y bien conocidas por la teoría. Casi sistemáticamente, antes de la jugada 10 de cada una de sus partidas, Carlsen se aparta de lo conocido y entra en «posiciones frescas» o marginales (side lines, que dicen en inglés), eludiendo pilas y pilas de libros de teoría en busca de nuevos caminos mucho menos explorados. Esto ya lo anticipó Krámnik en 2000, cuando introdujo la defensa Berlinesa para destronar a Kaspárov (realmente, una elección suprema, pues no existe una defensa mejor con la que confrontar con negras a Gari), pero Carlsen ha extendido los esquemas «tipo Berlín» (planes a largo plazo, valor relativo escaso de cada jugada, ausencia de líneas forzadas, etc) a otras muchas líneas de apertura, conformándose con posiciones jugables desde la jugada 15 en adelante. Y a partir de ahí, simplemente impone su clase. Enhorabuena por tan interesante artículo
Hola John, gracias por tus certeros comentarios! Creo que en general estamos de acuerdo; en ningún momento he querido decir que Carlsen haya revolucionando las leyes del juego; como bien dices, su interpretación es de otra índole, distinta de la de los otros jugadores fuertes del momento y que ello se debe sin duda a su capacidad de cálculo y a su impresionante profundidad estratégica. Lo que sí creo también es que más que imponer su clase, lo que impone es precisamente esa comprensión superior de la posición y de las posibilidades tanto estratégicas como tácticas. A día de hoy Carlsen está sólo en el panorma del ajedrez, pero no tardarán en venir otros porque, ahora sí, la informática convierte al ajedrez en presa fácil de los niños, en un videojuego más sesudo… el próximo que mueva el mando de la consola más rápido (léase profundidad de comprensión) no tardará en llegar…
Gracias, Diego, igualmente. Mi comentario va en la línea de rechazar la etiqueta de «juego computerizado» que estila el noruego. Algo así he leído, por ejemplo, en las crónicas (siempre magníficas) de Leontxo García para El País tras el reciente duelo por el Mundial. Y me pregunto si los que dicen eso han analizado el juego de Capablanca, Smyslov o Kárpov en su apogeo, por ejemplo, cuyas jugadas estarían casi siempre en la primera línea de la computadora. Por otra parte, Carlsen se enmarca en la línea clásica de jugadores intuitivos (Capablanca sería su más claro referente), no en la de los genios consagrados del cálculo combinatorio. Por supuesto, es un fenómeno en esa faceta, pero en el nivel de los «reyes del juego», creo que su talento combinatorio es inferior al de Alekhine, Tahl, Fischer o Kaspárov, por ejemplo, quienes calculaban mucho mejor y decantaban el juego hacia posiciones endiabladas en las que explotaban su habilidad suprema en ese área. Creo que un modelo del juego que representa Carlsen es su victoria ante Van Wely a principios de este año en Wijk aan Zee: apertura sin pretensiones (variante Averbaj de la India de Rey), presión lenta, atadura de las piezas contrarias y remate en un final sin esperanzas para las negras. Un saludo
Un saludo para tí también, yo también creo que caracterizar a Carlsen como una computadora es un error de muchos comentaristas… es justamente lo que intentaba reflejar en el texto…