Jot Down Cultural Magazine – Pero qué hizo Luis Enrique en el Real Madrid

Pero qué hizo Luis Enrique en el Real Madrid

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Luis Enrique en el Real Madrid, temporada 1991-92. Foto: Cordon Press.

Luis Enrique en el Real Madrid, temporada 1991-92. Foto: Cordon Press.

Verano de 1993. Se extienden por España los establecimientos de serigrafía, donde, ¡oh, el milagro del progreso!, uno puede hacerse la camiseta que le dé la gana. Una revolución. El mundo a nuestros pies. Voy con un amigo. Él se hace una con el rostro del flamante último fichaje del Real Madrid, Claudemir Vitor. Yo, una de Luis Enrique en cuerpo entero, saltando majestuoso con mueca de apóstol en la batalla de Clavijo sobre una entrada de alguien del Español, creo que Francisco. 1994, crezco un poco y considero que esa camiseta, con el nombre del jugador en un tipo de letra propio de un puticlub de carretera comarcal, es mejor llevarla en la intimidad. Parezco cuando me la pongo, digámoslo a las claras, tonto de los cojones. Decido usarla de pijama. Era una época extraña que los más peques de la casa no entenderéis, la ropa tenía cierto valor y no se tiraba nueva a la basura así como así. Con el chaval de Vitor pierdo el contacto hasta finales de la década. Cuando me encuentro con él comenta que se ha enrolado en las Fuerzas Armadas. Noto que me mira fijamente, silencioso, cuando doy un trago a mi copa. Creo que sospecha que recuerdo lo de su camiseta perfectamente. Yo lo entiendo, lo respeto y no digo nada. Otoño de 1996. Luis Enrique Martínez García ficha por el FC Barcelona. Le echo valor y sigo durmiendo con mi camiseta. Mi vida no experimenta cambios sustanciales, ni erupciones subcutáneas ni nada, solo que cada noche parezco delante del espejo, cuando me lavo los dientes, sin paliativos, completamente gilipollas. Todo gracias a Luis Enrique. Gracias, Luis, de corazón.

Este sainete biográfico viene a cuento porque hace unos días, comentando con un amigo las viscerales celebraciones que hacía Luis Enrique cuando le marcaba al Madrid, nos preguntamos qué hizo antes en nuestro club. Qué nos dio. Cuándo resultó decisivo. Si es que acaso tuvo algún valor. Y la respuesta fue que ni pajolera idea. Yo solo recuerdo superficialmente que corría mucho, que era impreciso en el regate y que en el Bernabéu le terminaron pitando con inquina. ¿Y por qué? ¿Se rompió el amor de tanto usarlo? ¿No dio pie con bolo? Investiguémoslo. Aunque antes del desglose de datos, vayan por delante unas valiosas palabras del brillante excentrocampista del Real Madrid y solista del dúo de música folk Simon & Garfunkel, Ricardo Gallego. Tribuna en El País, abril de 1995:

Él no tiene problemas para desenvolverse como lateral derecho o izquierdo, como delantero o centrocampista. Es un ejemplo a seguir como profesional, pues en todas las situaciones intenta sacarse a sí mismo el máximo provecho en beneficio de su equipo. Esta polivalencia es un seguro para su entrenador en casos de emergencia. También es poco valorada por el aficionado en general.

Nacido en Gijón en 1970, Luis Enrique vino al fútbol en la escuela de Mareo, cantera de la que fue expulsado por ser «pequeño y delgado». En una tierra, la asturiana, donde los filetes cuelgan a ambos lados del plato, se conoce que eso no estaba bien visto. No obstante, después de hincharse a meter goles en el Club Deportivo La Braña, lo trajeron de vuelta al Sporting. Y poco faltó para que se fuera ya al Barcelona. Tal y como contó hace poco Javier Giraldo en el diario Sport, el Barça le hizo un seguimiento y el ojeador de los catalanes en el norte de España, Isidoro Sánchez, se lo terminó llevando a hacerle una prueba en Barcelona.

Eso sí, la cosa salió mal. Al llegar a Barcelona perdió el billete de vuelta —entonces las gentes no podían llevar el localizador en el walkman— y en los entrenamientos le molestaron los abductores. Dijeron que ambas cosas se debían a los nervios. Luego jugó un partidillo con el juvenil, donde estaba Tito Vilanova por cierto, y decidieron rechazarlo sin muchos miramientos. El máximo responsable de la cantera, Luis Romero, le dijo un lacónico: «Has hecho poco». Y dieron orden a Isidoro Sánchez de dejar de seguirlo. El protagonista de esta historia se volvió a casa desolado. La vida suele ser así para la mayoría de la gente.

Pero este chaval o su entorno dieron muestras ya en ese momento tan temprano de su carrera de que nada se iba a interponer entre el futbolista y el triunfo. Luis Enrique firmó un precontrato con el Oviedo, el máximo rival. Algo que los forofos verán como un gesto herético y despreciable, pero que cualquier persona en plena posesión de sus facultades mentales entenderá más bien como que tonto no era. Al final, con mucha «épica conversacional», Carlos García Cuervo logró retenerlo en Gijón y el jugador contribuyó a forjar la leyenda del Sporting B de Abelardo, Manjarín y el susodicho. Era 1988, el año que había comenzado con la teta de Sabrina Salerno.

En la 89-90 debutó en Primera División. Derrota en casa contra el Málaga, pero en la que envió una chilena al larguero. No hizo mucho más, pero en la siguiente temporada explotó. Enchufó goles de todos los colores y la mayoría de una ejecución impecable. Se pueden ver en un YouTube de Fiebre Maldini donde rescatan un programa de El día después en el que se daba fe del pedazo de jugador en que se había convertido. Con música de un VHS de prevención de riesgos laborales o, si se quiere, una película porno escandinava, Jorge Alberto Francisco Valdano Castellanos comentó los goles que llevaba Luis Enrique ese año junto a un señor que había debajo de unos relojes y que se llamaba Nacho Lewin. Uno de los tantos destacados era a Zubizarreta en el Nou Camp, nada menos, y era sencillamente espectacular. El argentino concluyó la locución con una de esas frases de las que le granjearon fama de brillante orador en los locales de ocio del mundo entero. Sentenció: «apto para la lucha y finalmente para la sutileza final» (sic). Demostrando que con eso de «la sutileza final» también podría haber sido un magnífico letrista de Sangre Azul, pero sigamos con el fútbol.

Luis Enrique se convirtió en el futbolista revelación de Primera División. Y por si alguien todavía no se había dado cuenta, marcó a Abel, portero del Atlético de Madrid, acabando con su legendario récord imbatido. Tuvo tanta visibilidad que al asturiano solo le salieron novias. Hasta Rafael Martín Vázquez dijo de él que podría ser un buen jugador para el fútbol italiano, pero por lo que fuera prefirió quedarse en la piel de toro. El Real Madrid corrió raudo a pagar su cláusula de doscientos cincuenta millones de pesetas, que le parecía desorbitada al Barcelona —«es como un melón sin abrir», adujeron—, y la capital se llevó el caramelito.

En su primera temporada en el Real Madrid, Luis Enrique pudo sumergirse enteramente en la filosofía del único club español que conserva en su escudo la franja morada de la bandera tricolor de la II República y justo encima una corona borbónica; dicho de otro modo, la filosofía de películas como la saga de Porky’s o la también muy jocosa Desmadre a la americana. Fue el año de Mendoza, Radomir Antic, Leo Beenhakker y otras chicas del montón. Una temporada que glosamos jugosamente en el perfil de Ricardo Rocha que publicamos este verano.

Johan Cruyff, sin pelos en la lengua habitualmente, dijo sobre él: «En ningún momento entramos en la puja por su fichaje, se trata de un buen jugador, pero no es la gran estrella que se dice». Lo clavó inicialmente. Pero como siempre, sobre el papel, no parecía mala idea. Mil trescientos millones se gastó Mendoza en Prosinecki, Rocha, Lasa y el asturiano, llamado a sustituir, él o el emergente Alfonso, la figura de Hugo Sánchez, en franco declive y que además estaba lesionado. Después de lo visto en la 90-91, el plan sonaba a Wagner.

Fue uno de los tremendos dilemas del año, el acompañante de Butragueño. Aunque curiosamente, como mejor rindió el pequeño de cara angelical fue sin nadie. Respaldado atrás por Míchel, Hierro, Luis Enrique y don Gica Hagi haciendo la guerra por su cuenta. El asturiano se estrenó con un gol de cabeza contra el Logroñés en la séptima jornada y repitió en la décima contra el Burgos con un tanto interesante que no recuerdo haber visto, pero que las crónicas destacaron:

El Madrid salió en tromba y a los dos minutos se adelantaba en el marcador merced a un contrataque bien llevado por Luis Enrique, que pilló a la defensa burgalesa mal colocada, enfiló desde medio campo la portería rival y batió a Elduayen de tiro cruzado en su salida. El gol madridista desmoronó la hasta entonces bien organizada defensa burgalesa. (La Vanguardia, 18 de noviembre de 1991).

Sin embargo, ahí se quedó la cosa más o menos. Metió dos más y ese fue su saldo en todo el año. Cuatro goles. Paralelamente, la selección española no se clasificó para la Eurocopa de Suecia, pero, pese al desastre nacional, se hablaba mucho del combinado olímpico que tenía que dar la cara en Barcelona 92. Ahí Luis Enrique y Alfonso se compenetraban perfectamente y se hablaba de un equipo muy serio en el que llamaban la atención nuevos valores como Solozabal, Ferrer y Abelardo.

Debió ser lo único estimulante que tuvo Luis Enrique ese año, porque en el Madrid en enero se desató una crisis-charlotada-lupanar de las que hicieron época. Ramón Mendoza medió ante Radomir Antic para que sacase a jugar a Hugo Sánchez, que estaba enfadadito. Esto obligaba al serbio a cambiar todo el dibujo de su equipo. Luis Enrique había sido titular hasta el momento en casi todos los partidos, pero tampoco había demostrado que era un supercrack como lo había sido el ganador de cinco pichichis. Antic obedeció, Hugo no marcó, y en un partido en casa contra el maldito Tenerife en el que se terminó pidiendo la hora con José Miguel González Martín del Campo de portero por expulsión de Buyo, se tomó la decisión de despedir al entrenador con el equipo líder. Se entendía que Radomir no sabía lograr que sus jugadores dieran espectáculo.

Pero Beenhakker, que le sustituyó para traer el fútbol-samba, lo hizo incluso peor y el affaire con Hugo le estalló en la cara. El mexicano se negó a viajar con el equipo si no iba a ser titular y declaró «si el equipo pierde la primera plaza y sigo sin jugar, entonces diré unas cuantas cosas». El órdago acabó con Hugo en el Rayo Vallecano previo paso por el CF América y con el club haciendo la que sería recordada como la histórica segunda vuelta de la muerte, de la mierda, del infierno, de satanás, del Gólgota… de lo que quieran ustedes. Un recordado «masaje» con «final feliz» en Tenerife.

En todo caso, en el verano se le tuvo que olvidar esta tragedia a Luis Enrique porque logró la medalla de oro en Barcelona 92. Un extraordinario campeonato, una gran generación y unos partidazos de mucho cuidado. Jugó todo lo jugable y marcó un golito en dura competencia con unos Kiko y Alfonso en plena forma. No obstante, aunque resulte difícil de creer, la selección no es el Real Madrid, así que pasemos página y volvamos al meollo de la cuestión.

En la siguiente etapa, Benito Floro Sanz, paisano de Luis Enrique, el nuevo Sacchi, se hizo cargo del equipo. Temporada 92-93. El club incorporó a Iván Zamorano, indiscutible en la punta, y a Rafael Martín Vázquez. Alfonso y Luis Enrique pasaron a ser suplentes. El equipo empezó la temporada perdiendo en el Nou Camp y mostrando un juego muy poco atractivo. La penúltima oportunidad de la Quinta para volver a ser la que era se estaba esfumando. Para colmo, Robert Prosinecki, la estrella esperada y deseada, volvió a jugar después de su complicada lesión, pero resultó que ahora estaba deprimido. Fue el año de que si fumaba mucho, de que si las noticias que llegaban de Yugoslavia le amargaban, o los yugoslavos que frecuentaba en Madrid no le subían el ánimo precisamente con sus relatos vitales y, fuera como fuese, sobre el césped parecía un exjugador.

Con todo, la arqueología en YouTube nos ha legado un vídeo de un buen gol de Luis Enrique en otoño al Timisoara. Una elegante definición que hacía honor a la cosa esa de «finalmente la sutileza final» que había dicho Valdano. El chico, caray, prometía.

Así las cosas, en diciembre Mendoza ya empezó a mandar mensajitos de que con la garra de Luis Enrique el equipo parecía otra cosa. No sé, pues por ejemplo se asemejaban más a un grupo de once veinteañeros que practican deporte en un país soleado, no a una fila de obreros siderúrgicos polacos yendo a trabajar a las cinco de la mañana en los años duros de Gomulka, que es lo que parecía la Quinta con Prosinecki de director de orquesta. Al menos el Bernabéu es lo que hizo notar empezando a pitar a Butragueño con inequívoca hartura.

Lo gracioso es que en enero el equipo ganó al Barcelona en un polémico encuentro en el Bernabéu, 2-1 de penalti, y empezó a remontar hasta ponerse segundo en febrero por detrás del Superdepor que se lo estaba pasando pipa con Bebeto y Mauro Silva. En estas fechas, Luis Enrique llegó a ser considerado un jugador indispensable. Martín Vázquez se fastidió el quinto metatarsiano y nadie le echó mucho de menos.

De esos inicios de año de resurrección también hay un gol del asturiano en YouTube. Es del 1-5 a la Real en Atocha. Butragueño abrió el marcador con una vaselina un tanto heterodoxa, pero vaselina al fin y al cabo. Y Zamorano hizo lo que le dio la gana en la segunda parte. Como dato curioso, en el segundo gol del chileno, de una brillante ejecución, se ve con toda claridad una pancarta en la grada, detrás de la portería, con un mensaje claro, sencillo, escueto y directo: «ETA». Y ahora la gente gime si le pitan el himno nacional… ay, ay. Luis Enrique, por su parte, marcó el quinto en esa portería, la de los aficionados donostiarras más desacomplejados, y también con estilazo, con unos amagos bastante guapos.

No se puede decir que Luis Enrique fuese la estrella de ese equipo, pero provocaba penaltis, ocasionaba autogoles o sus fallos de cara a puerta terminaban en gol de otro, como el que marcó Esnaider al Logroñés, que solo sirvió para empatar porque el Tato Abadía igualó a dos ese partido en el quinto minuto del descuento. Posiblemente la imagen más bella de la historia del fútbol español antes del advenimiento de los tatuados musculados y engominados.

El caso es que este equipo, al final, también doblegó al Dépor en el Bernabéu, que jugó con poca fe en sus posibilidades, y en mayo alcanzó el liderato. Entonces, ¿qué premio le tenía reservado Mendoza a Luis Enrique? En efecto, largarlo. Lo quiso colocar en un canje por Fernando Redondo, el deseado. Mal rollo. El Tenerife lo pedía a él, a Alfonso y novecientos millones —tal vez en billetes sin contar—. El asturiano se negó. Pero ya de paso, cuando Lasa se lesionaba, empezaron a ponerle de lateral para que lo tuviera aún más complicado. Fichas a un chico porque demuestra ser un killer del área y lo pones de defensa. Se ha hablado mucho de este tema, de que podía con eso y más. Pero ahí queda el dato. Sobre todo porque así se llegó a Tenerife y, una vez más, se volvió a palmar la liga en el último partido. Ni Tricicle.

Días después, el Madrid levantó la Copa del Rey tras vencer al Zaragoza 2-0. Fue el único título serio en tres años, amén de una Copa Fioruci, durante aquella travesía por el desierto de dominio del Dream Team. Pero Luis Enrique no estuvo. Qué le vamos a hacer. Así que pasemos a la siguiente temporada.

Los números 93-94 en la memoria de los aficionados madridistas suenan como las cifras de identificación tatuadas en la piel de un prisionero de un campo de exterminio. Qué año. Qué cosas nos pasaron. Qué aventuras. En la primera jornada de liga se metió un 1-4 al Osasuna que parecía prometer un año de grandes éxitos. Se había fichado a Dubovski, pichichi de la liga eslovaca, por más dinero de lo que el Barça gastó ese mismo año en Romario. Sería por algo, ¿no? Pues no.

Un 1-3 en casa en la jornada siguiente frente al Valladolid puso las cosas en su sitio. Lo que le gritó la grada a Vitor aquel día no se puede reproducir y fue poco comparado con lo que todavía quedaba por expelerle en las siguientes jornadas. Martín Vázquez pasaba por el organizador del equipo, pero la cosa estaba muy anquilosada. Lejos quedaban los años de pases vertiginosos de Butragueño, Míchel y Rafa, que este año vivió un auténtico viacrucis. Cuando el Tenerife eliminó al Madrid de la Copa en el Bernabéu por 0-3, le tuvieron que sacar escoltado por la policía. Ese día del estadio y días después también de los entrenamientos. Martín Vázquez dejó de hablarse con Floro y llegó incluso a filosofar de forma lastimera. Miren qué belleza de declaración recogió la prensa con el título «No soy feliz»:

La vida era antes más bonita, la sociedad nos ha hecho cambiar, cada uno va a lo suyo… En un sitio o en otro… puedo demostrar mis cosas. (El País, 22 de febrero de 1994).

En cuanto a Luis Enrique, en este segundo año de Floro se le situó en el lateral con todavía más frecuencia. Y ahí daría de sí lo que diese, pero hay que subrayar que la prensa lo destacó en Navidad como el jugador «más en forma de la plantilla». Al menos se logró ganar al Barcelona en la Supercopa, aunque en el póster de la celebración Luis Enrique saliera mirando para otro lado, casi como avergonzado. O igual solo estaba vislumbrando en el horizonte lo que le venía encima al equipo, una cosa que se conoce popularmente como «la puta realidad».

Ocurrió un 8 de enero de 1994. Barcelona. Estadio Nou Camp. Romario da Souza Faria hizo lo que le salió de las mismísimas narices con la defensa blanca. Resultado: cinco a cero. El público estaba tan fuera de sí que parecían los españolitos de Bienvenido Mr. Marshall. Y eso que los benditos no sabían que en el futuro crujirían así al Madrid muchas veces más. Aquella fue la primera película porno —por delante, por detrás, por la boca, de espaldas, de tijereta y vuelta a empezar— de la era moderna que protagonizó involuntariamente el Madrid con su eterno rival. Luis Enrique tuvo una colaboración destacada en el cuarto gol de la noche. Nadal lanzó un melón sin peligro a la banda, el asturiano no pudo controlarla, se la robó Laudrup, toquecito a Romario y gol. En ese momento la cámara enfocó a Hristo Stoichkov. Reía como si le hubiese tocado la lotería. Y tú pensabas: ¿Vitor y Dubovski?, ¿pero por qué? Los directivos, encima, barajaron la posibilidad de multar a los jugadores por bajo rendimiento.

Justo en el siguiente encuentro, de Copa frente al Atlético, el equipo pudo desquitarse un poco gracias a la legendaria amabilidad de su vecino. En la ida Luis Enrique tuvo una participación destacada provocando el penalti del empate del Madrid, y aquí, en la vuelta, clavó un gol de cabeza por la escuadra a pase de Paco Llorente bastante decente y que resultó decisivo. Aunque el charro de la noche fue de Lasa tras una galopada y pasar muy mucho de dársela a Butragueño. «¡Prefiere el disparo a jugar con Butragueño!», dijo asombrado José Ángel de la Casa en la retransmisión, pero de ese disparo salió un golazo de padre y muy señor mío. Iban aprendiendo hasta los nuevos de qué iba el asunto con la Quinta a esas alturas de la vida.

Ese año en Europa, de nuevo contra el PSG, no hubo suerte en la ida en casa, 0-1, y en el partido de liga de esa semana ocurrió el Lleida-Gate famoso de «Con el pito nos los follamos», la última charla de Floro que en esta casa contamos detalladamente.

El técnico fue destituido y se acabó la dictadura del 4-4-2. Un régimen autoritario tan grave que uno de los escándalos del año se produjo cuando Toni Grande cambió a un 3-4-3 con el filial durante unos minutos y se montó la de dios es cristo por desobedecer y no mantener el 4-4-2 zonal de Floro, quien advirtió que iniciaría una investigación para depurar responsabilidades.

¿Estaba como una regadera? Pues probablemente. Aunque el infantil A ganó un día por 30 a 0 al La Flor gracias, según dijo la prensa, a su sistema. Casi como para haberse ido a Cibeles tal y como estaban las cosas. Era el famoso y temido equipo filial de Rabadán, que deslumbró en el torneo de Brunete. El Madrid terminó descartando a este chico, no sin darle tratamientos con un endocrino para que creciera. En una reciente entrevista en As, comentó que en esa consulta coincidía con un tal Raúl González Blanco. Sorpresa. Mientras, en la misma generación, el Barça tenía entonces formándose a un tal Xavi Hernández. No hay más que añadir.

Con Del Bosque, subalterno que cogió el equipo, Luis Enrique volvió al ataque y fue quizá el mejor jugador en la vuelta contra el PSG. Sin ser decisivo, digamos que sí que estuvo en las jugadas decisivas. Insistía con algo de vehemencia, recurso caro a aquel Madrid, y en un córner que propició marcó Hierro el único gol de los blancos. Pero la cosa no daba más de sí. Luego nos empataron y nos fuimos para casa. Ese año se iba a volver a dar asquete.

Los registros goleadores de Luis Enrique tampoco fueron muy allá esa temporada: dos goles en liga. Aunque hay que entender que jugó atrás todo el año. Uno fue al Racing en el Sardinero, haciendo de nuevo buena la frase de «finalmente la sutileza final» y un tiro cruzado al Albacete en las últimas jornadas. La posterior vergüenza de perder en casa contra el Barça, con aquel gol de Amor decisivo para luego arrebatar el título al Dépor en el último suspiro, Luis Enrique se la ahorró. No estuvo presente y salió en verano directo para el Mundial. En la Roja Clemente le adoraba por su polivalencia.

No profundizaremos en sus andanzas sin la camiseta blanca. Tan solo reseñar que la Copa del Mundo fue la de Estados Unidos y que Luis Enrique pasó a la historia tras agredir brutalmente a Tassotti golpeándole con el tabique nasal por la espalda y a traición en la zona más dura de su cuerpo, el codo, que estaba completamente descubierto, sin protección. El jugador italiano no resultó herido. Sin embargo, el mundo entero pudo comprobar cómo Luis Enrique se había hecho sangre de la fuerza con la que atacó al rival. Unas escenas vergonzosas que esperamos que no vuelvan a repetirse en un campo de fútbol.

En la 94-95, Jorge Valdano recaló por fin en el Real Madrid. Aunque es un dato menor. Lo relevante es que ese mismo año vio la luz Valdano, sueños de fútbol con la editorial El País/Aguilar, dirigida por Juan Cruz. Cien mil ejemplares vendió y hasta la magna obra se tradujo al japonés. No obstante, en lo deportivo, lo mundano, el equipo no tardó en funcionar decentemente a las órdenes de su nuevo técnico. Fue el año de, por este orden, Zamorano, Laudrup. Amavisca, Buyo, Quique Sánchez Flores y habría sido también el de Redondo de no ser porque Jokanovic, del Oviedo, le partió la rodilla. El excelente delantero Carlos explicó el porqué sin contemplaciones: «Ha sido una desgracia, pero también hay que ver lo que ha tenido que soportar Jokanovic. Yo he visto cómo ha intentado humillarle y he oído las cosas que le dijo. Hasta le tuve que decir que quién se creía que era. No todos tenemos la suerte de tener un amigo en el Madrid para llevarte».

¿Y Luis Enrique? Los titulares decían que cuando iba a la selección, ultradefensiva, era delantero, y en el Madrid, ofensivo, defensa. Le preguntaron si no se estaba volviendo esquizofrénico y contestó que ya estaba acostumbrado a «encontrar criterios distintos». Aquel año, al final jugó de todas las posiciones posibles. En el Madrid empezó de lateral, pero cuando Míchel se rompió en Anoeta pasó al centro del campo y, ocasionalmente, Valdano también lo puso de delantero. Lo relevante es que casi siempre fue titular. En el recuerdo esta ha quedado como su mejor temporada en el Madrid y, también, una imagen inmortal: su cuarto gol en la manita al Barcelona.

Justo un año y un día después del repaso en el Nou Camp, el Madrid le devolvió al Barcelona la manita en el Bernabéu. Luis Enrique fue comedido antes del partido y declaró que respetaba al Barça y que lo temería el resto del año aunque saliera derrotado de Madrid. Elegante y señorial, sí, pero cuando clavó el cuarto, casualmente el que regaló el año anterior, echó a correr hacia la grada abriendo los brazos como un yihadista invocando al Profeta, a continuación se agarró su camiseta del Real Madrid Club de Fútbol agitándola para detenerse y exclamar por dos veces «¡Toma!» moviendo el puño en plan «ou, yeah» de Marty McFly, instante en el que fue abrazado por sus compañeros. Zamorano hizo tres aquella noche, pero yo siempre he recordado el de Luis Enrique —que por cierto fue un poco de la escuela de Salinas y el guardameta era Busquets— porque esa rabia contenida y amor por los colores me llegó «jondo». Después de sufrir tanto tres años cenagosos, regresaba la bestia. Éramos jóvenes, 1995, y si no tenías mononucleosis aquella noche la vida era bella.

Ese año también se produjo el debut de Raúl González y Valdano tuvo arrestos para despachar a Butragueño, lo que anunciaba un cambio de era, que tardó dos años, una ley Bosman y unos cuantos millones en producirse, pero se produjo. El asturiano hizo su segundo mejor registro de goles con el Madrid, cuatro, pero en la grada estaba pasando algo. Con el equipo campeón de liga, con Buyo buscando el Zamora y Zamorano igualar a Romario como Pichichi, en uno de los últimos partidos contra el Betis en el Bernabéu, el público pitó a Luis Enrique. ¿Por qué? Porque jugaría mal. ¿Pero era justo? Pues ese fue su mejor año, qué más podemos decir. Ante la polémica, desde Barcelona ya se especuló con su fichaje, pero Núñez lo desmintió. Siguió una temporada más y ahora sí, él y todo el Madrid en su conjunto, digámoslo sin vergüenza, se comieron la mierda.

Luis Enrique en un partido contra en Ajax, en la Champions League 1995-96. Foto: Cordon Press.

Luis Enrique en un partido contra en Ajax, en la Champions League 1995-96. Foto: Cordon Press.

Verano del año 1995 después de Cristo. Ramón Mendoza, que acababa de ganar las elecciones a Florentino Pérez y de declarar como perjudicado por las escuchas del CESID, le comunicó a Valdano que no había un duro para fichar. Llegaron Esnaider y Freddy Rincón, que fue recibido cariñosamente en la capital de España con pintadas en las paredes del estadio que decían «Vuelve a la selva», «Te vamos a matar», «Eres un blanco fácil» entre otras como «Valdano solo ficha sudacas». De hecho, cuando él y Cappa firmaron por el Madrid ya se había pintarrajeado en Concha Espina «No queremos ni rojos ni sudacas». De propina, en esa temporada se empezó cayendo estrepitosamente en la Supercopa ante el Deportivo y Luis Enrique fue titular en ambos partidos.

En octubre saltaron las primeras alarmas y, cómo no, en plan charlotada. Luis Enrique se cayó de una convocatoria y aprovechó para rajar: «No juego y no juego. Y ya está. ¿Descanso? A este paso con lo descansado que estoy podré jugar hasta los sesenta o setenta años». A las pocas horas, Fernando Carlos Redondo acudió al dentista, se le infectó una muela y Valdano llamó a Luis Enrique convocado. Tuvo que estar en el banquillo con cara de sota delante del míster después de haberla liado por nada.

Todo siguió mal. Se palmó contra Oviedo y Valencia y se empató con el Albacete. El que rajó entonces fue Valdano: «Da hasta vergüenza hablar en la situación en que estamos. Me siento con autoridad para pedirle mucho a mis jugadores, pero no estamos ni para pedirle un ruego a los aficionados. El asunto se ha puesto para hombres. Espero un cambio de actitud, desde ya, en los futbolistas».

Hubo una oportunidad contra un Barça también en horas bajas ante el que se empató a uno. Luis Enrique y Laudrup protagonizaron una jugada que le pudo dar la victoria al Madrid, pero el danés falló con todo para enchufarla. Los dos se fueron después directos al banquillo. Ya se hablaba de que Luis Enrique no renovaría y de que le querían el Atlético y el Sporting. Para más inri, Mendoza dimitió como presidente. Le sucedió Lorenzo Sanz, el «emprendedor» de Los Simpson.

Pero todavía, en diciembre, Luis Enrique fue de los pocos del equipo que intentó algo que pareciera jugar al fútbol, aunque fuese sin dios ni amo, y eso curiosamente le enfrentó a Valdano. En un partido contra el Español le sustituyó en el descanso y al final del encuentro, en que palmó el Madrid, Luis Enrique se descojonó en la cara de su entrenador delante de los medios con «sonoras carcajadas». Después, en La Coruña, Bebeto le metió tres al Madrid y el técnico argentino, ya desbordado, declaró: «Hoy empieza el futuro». No iba desencaminado, Sanz había empezado a fichar a Šuker. Y Luis Enrique no iba a volver a jugar con el argentino y prácticamente estaba con un pie fuera.

Llegó enero y Laudrup y el asturiano se reunieron en privado para tomar la decisión de no volver a hacer declaraciones mientras siguieran sin jugar. Tremendo chantaje. Valdano se quejó al salir la noticia de que no se respetaba su apuesta por la cantera. Pero en Copa del Rey, con su apuesta, se cayó de nuevo ante el Español en un Bernabeu con un tercio de entrada. Sanz dijo: “La paciencia del público raya en la Santidad”. Para enfrentarse al Rayo, Valdano fue más lejos y sentó a Sanchís. No habrá nadie sobre el césped de la Quinta por primera vez en más de diez años. El vestuario estaba dividido entre un bando liderado por Raúl y Redondo, fieles al entrenador, y otro por Michel y Laudrup, desafectos. Los vallecanos ganaron por 1-2 y a la calle se fue directito Valdano. Luis Enrique vio todas estas cosas desde la grada.

Fue con la llegada de Arsenio Iglesias que volvió a rascar un poco de bola y él lo celebró con una expulsión. Agredió a Christiansen, entonces en el Oviedo, que le había dado dos patadas por detrás. Lo último reseñable de su etapa como jugador del Madrid, Luis Enrique lo hizo marcando entre pitos escandalosos un gol al Deportivo en el Bernabeu con la estrecha colaboración de Donato. En su última aparición con la camiseta blanca, en Valladolid, fue sustituido en el descanso por Lasa, que abrió lo que luego fue un 0-3, pero las victorias de final de temporada del equipo no fueron suficientes ni para entrar en la UEFA. Ramón Mendoza, por su parte, desde su retiro, presentó su obra maestra «Dos pelotas y un balón».

Tres días después del último partido de liga en la Romareda, el 28 de mayo, Luis Enrique anunció su fichaje por el FC Barcelona. Un «secreto a voces», se dijo. Parecía que el único valor que podía tener este fichaje para los catalanes era el de fastidiar al Madrid, pero dieron con un futbolista clave que les duró ocho temporadas. Si con el Madrid nunca marco más de cinco goles en las tres competiciones, con los azulgrana, el primer año enchufó dieciocho y el segundo veinticuatro. Todo esto sin mencionar los goles que le metió al Madrid. Lo cierto es que cualquier persona que se chupase la primera mitad de los noventa en el club blanco se merece todo en este mundo ¿pero era necesario llegar a esto, Luis?

Después de todos los pases horizontales en corto que sufrimos juntos ¿Por qué, por qué tanta crueldad? Muy mal.

68 comentarios

  1. La banda morada del escudo del Real Madrid no es de la II República, es el color de Castilla. Menudo madridista de palo

    • puede que me haya equivocado, pero de entrada, la franja morada de la bandera de la II República también es “el color de Castilla”

    • La banda morada es la de Castilla sí, y la de la II República, y curiosamente, el Madrid republicano la puso en su escudo.Álvaro tiene razón, es una rémora de la República que a Franco se le pasó.

      • Error. El color de los pendones (Ahhh como me encanta esa palabra) castellanos es el rojo. Lo que pasa que destiñó.

      • La banda morada responde a Castilla según el iletrado que la puso en la bandera de la II República, pues el color de Castilla es el carmesi. Por cierto, a día de hoy la franja del escudo del Real Madrid es azul, Florentino la cambio.

    • Y la razón por la que hay el color morado en la bandera de Castilla es porque era la bandera de los Comuneros, y por esa razón fue añadida como color en la bandera de la República. Así que en realidad el autor tiene razón.

      • El color del llamado pendón de Castilla no es, ni nunca fue morado. Todo arranca en el siglo XIX, cuando algunas sociedades y partidos, ni cortos ni perezosos recurren al color morado que utilizaba alguna unidad militar, que de Castilla solo tenía el nombre, atribuyendo este color a nuestra tierra castellana y al de los comuneros. Con esta falacia cromática cometieron uno de los mayores errores de la historia de la vexilología española, induciendo a su mal uso incluso a las instituciones, condicionando el futuro y divulgando lo que nunca fue. Tanto es así que hasta muchos castellanos aún hoy, se lo creen.

        http://www.abc.es/toledo/20140319/abcp-morado-color-castilla-20140319.html

  2. Pedazo de artículo. Me ha encantado.

    Una sola crítica: repites la expresión “goles de todos los colores” dos veces en dos párrafos casi consecutivos. Si corriges esa tontería te ha quedado como para enmarcarlo.

  3. La rodilla de Redondo venía de otra lesión (Mendiguren, del Ath. de Bilbao en la pretemporada) y justo cuando se recuperó lo volvió a quebrar el otro… que recuerdos, bendita 93-94 con aquel trio Laudrup – Amavisca – Zamorano (y un ral Raúl González empezando a asomar la cabeza…). Me siento mayor

  4. 94-95 quería decir, la neurona, que a los 34 años me falla :(

  5. Un equipo con diez Luisenriques y un portero sería invencible. No sé cual será la historia verdadera, pero siempre he oído que el Real Madrid le ofreció una renovación a la baja, al tiempo que empezaba a crear el “club de los 300 millones” con otros del equipo, y que Luis Enrique no dio por zanjado el tema sin ni siquiera querer negociar (ya tendría la oferta del Barca, y orgullo no le falta).
    Un grandísimo jugador, y un enorme error del Madrid el trato que le dispensó.

  6. Maravilloso artículo. He disfrutado de la historia vista desde la perspectiva de un madridista.

    • realmente muy bien escrito, he disfrutado con ello. pero me pregunto, ¿si, como el propio relato concluye, no es una etapa ni gloriosa, ni sobresaliente deportivamente, ni el personaje dio grandes titulares, ni provocó grandes polémicas, ni rompió corazones en desmesura…, qué aporta el artículo? que al madridismo le duela como siguió la historia es algo que todos sabemos. que al autor del artículo le moleste la espina que todavía lleva clavada con esto es algo que leemos muy al principio.

  7. Todo cierto, pero LE ha demostrado ser, digámoslo finamente, un tipo poco educado, conflictivo, marrullero, provocador y con malas artes. Esto dicho finamente. De otra manera no diré lo que me parece como persona. Sería censurado ( y justamente, además ).
    Saludos.

  8. Lo que olvida mencionar el autor del artículo es que el amigo se comería la etapa más mierdosa de la historia moderna del club mientras que el Madrid levantaría la séptima, octava y novena copas de Europa.

    Fracasó en el Madrid (como le sucedió a Etoo) y eso siempre le escocerá de por vida.

  9. De parte de un culé; decir que me he reído bastante, el artículo es divertido y las pullitas son de buen rollo. Muy bueno. Eso sí, rogaría al autor (y a todos los escritores, narradores, comunicadores y seres humanos en general) que al estadio del Barça le llamaran “Camp Nou”, que es como se le conoce popularmente, y no “Nou Camp”. No sé de dónde salió el cambio de orden, pero es un poco como llamar “el Bilbao” al Athletic; a un seguidor del club aludido le da un cierto repelús espasmódico cada vez que lo oye…

    • Perdón, pero ni ‘Camp Nou’ ni ‘Nou Camp’ son los nombres oficiales del estadio. Los apodos se pueden usar indistintamente si le agradan más o menos al apodado. Será más de su gusto ‘Camp Nou’, porque usted es culé (otro apodo, anda), pero como no es nombre oficial tiene el mismo derecho otra persona a utilizar ‘Nou Camp’, que también se usa. Incluso los pericos le llaman ‘Orinal’, que igual es denigrante pero igual de válido que ‘Camp Nou’.

      • Jacob, desde 2001 el nombre del estadio es, oficialmente, Camp Nou.

        Wikipedia no es la Biblia pero lo explica bien:
        http://es.wikipedia.org/wiki/Camp_Nou

        Por cierto, quienes son “los pericos”? un grupo musical?

        • Desconocía que fuese oficial, gracias. Creía que el oficial seguía siendo ‘Estadi del F.C. Barcelona’. Pero vamos, es como si al estadio del Madrid le llaman algunos ‘Chamartín’. ¿Qué más da?
          Los pericos son los aficionados del Espanyol. No cantan, pero dan el cante. Por cierto, su estadio se llama ahora ‘Power8 Stadium’ pero, ¿quén diablos le llama así?

          • Hombre al Bernabeu se le conoce como Chamartin porque era el nombre anterior estadio. Tambien se le conoce como cuadra, cuernabeu y pocilga, pero eso solo al sur del Manzanares.

      • Acabo de comprobar que desde 2001 se llama Camp Nou. De todas formas, cuando tanta gente lo llama Nou Camp, uno debería de dejar de sentir ese “repelús espasmódico” por la costumbre. Aconsejo que se visite a un especialista si los síntomas continuan.

      • Hay gente fuera de Cataluña que habla de “Nou Camp” por la propia dificultad (¿?) que les supone pronunciar “Camp Nou”. Por mi parte, aun siendo “mesetario”, siempre digo “Camp Nou”.

  10. Gran articulo, he disfrutado especialmente recordando noventadas como las del gran Tato Abadia (un grande)

    Respecto a Luis Enrique, pues que quieres que te diga, le he odiado mucho pero viéndolo en la distancia el hombre se comió una de las épocas mas patéticas del madrid y también estuvo en una de las peores del barsa. Fue irse del madrid y el equipo ganar copas de europa, idem en can Barça, así que algo habra tenido que ver.

    En fin que gracias a dios nos libramos de el y se lo comieron en barcelona, por muchos goles que nos marcase

    • el que alguien se ponga de apellido chinaski dice mucho y muy bueno en su favor. enhorabuena

    • Bien chinaski, buen análisis. Al fin y al cabo, sufrir unos cuantos goles suyos en clásicos intrascendentes (conviene recordar que los únicos importantes que disputó fueron los dos partidos de la semifinal de champions 01-02, con triunfo blanco y antesala de la Novena) quedan sobradamente compensados con las toneladas de gloria que proporcionaron al club los que le sobrevivieron y sustituyeron. Y, por cierto, al tipo aún le escuece el asunto. De todos modos, aunque pueda entender que, siendo aún jugador, pudieran molestarle los grandes triunfos del Madrid tras su marcha del club,aparejados a sus escasos éxitos menores y muchos fracasos en el Barça, me cuesta aceptar que, a día de hoy, siendo ya un hombre maduro, razonablemente inteligente…sea incapaz de pasar página y guarde tanto rencor al Madrid, una institución que le brindó una paciente oportunidad (de 5 AÑOS) de la que prácticamente nadie goza en la vida. Aceptable jugador que supo crear un personaje, nada más. Nadie en su sano juicio, si volviera atrás, sacaría de su equipo a Redondo, Figo, Raúl, Savio o incluso Geremi para ponerle a él.

  11. Que echaron a Luis Enrique por pequeño y delgado??? Una estupidez así me ha hecho no leer más del artículo. Forma parte del último gran Sporting que llegó a Europa, rompió el record de Abel en la portería y con Manjarín hacían estragos en las defensas… Soy de Gijón y aquí es un ídolo…
    Pero el dinero, no sé si a él mismo o al club, le hizo irse a un club que no le ofreció muchas oportunidades (como pasa con los grandes) y que le ofreció un contrato muy por debajo al renovar.
    Una rabia así al madrid, sólo se tiene por algo gordo, igual que un amor así por el barça, se tiene por que lo pasó bien…

    • Que llegase a ser un gran jugador (en su etapa en el Barça) no quiere decir que de niño/adolescente fuese “pequeño y delgado”, y eso en un fútbol en el que se valoraba primero el tamaño del caballo y luego su talento no se perdonaba. Luis Enrique era querido en el Madrid porque era trotón y peleón, y de cuando en cuando (muy de cuando en cuando) marcaba algún gol, con lo que se le distinguía de Villaroya.

  12. RBBE en estado puro… he disfrutado como un cerdo en la cochiquera.

    Un gran jugador, de esos a los que los ponías en cualquier puesto y rendían como el mejor, tipo Cocu o Karpin. De los que saben hacer de todo, y muy bien.

    En cuanto al cartel de la Peña Mujika… típico de la época. Tengo en casa de mis padres guardados como oro en paño unos VHS que regaló Interviu con el resumen de la liga 1991-92. Hay imágenes de un Sporting – Real Madrid en el que el fondo de una de las porterías está clavadita de esvásticas. En la que por cierto Míchel marca un golazo.

    Ay Atotxa, cada vez que veo imágenes de esa época se me ponen los pelos como escarpias.

    • Creí que nadie iba a hablar de La Página Definitiva. ¡Qué tiempos, Rappa!

    • Ese vídeo también lo tenía yo: el mío incluía los 80 mejores goles de la 91-92 y los 27 goles de Manolo, el pichichi de aquella temporada. Goles de Hagi, Albistegui, Michel, Juric, Felipe Miñambres, Leonardo… ¡oro puro!
      Se me hace muy cuesta arriba ver el fútbol moderno, qué depresión.

  13. Pingback: Pero qué hizo Luis Enrique en el RealMadrid - La historia de Lucho

  14. No me molan los artículos ‘wikipedicos’, y este en gran parte es muy enciclopédico. Demasiados datos y poco relato. Le falta flow al asunto.

    • Pues tengo que decir que yo me he sentido identificado con cada frase del artículo. Parecía que me estuviesen leyendo el cerebro.
      Y lo de los incontables pases horizontales en corto, absolutamente cierto e inolvidable (para mal).

  15. “el único club español que conserva en su escudo la franja morada de la bandera tricolor de la II República y justo encima una corona borbónica”

    Falso. La franja fue morada pero ahora es azul. No sé muy bien cuándo ni quién la cambió pero lo que tengo claro es que no oigo demasiado madridistas que se quejen de ese cambio. Claro que, leyendo este artículo, igual es un problema de daltonismo.

    • Yo me quejo, y la cambio florentino hace unos años, buen ejemplo de pepeno fascista que solo respeta el dinero, de hay que ahora vistamos de rosa y tengamos dragones en la camiseta

    • Creo y sólo creo que es azul desde 2001. También he visto que en 2012 se hizo una versión sin cruz para el mercado musulmán. Es interesante la evolución del escudo según los tiempos, el fascista de turno o “los mercados”. Da para otro artículo.

    • Yo soy del Real Madrid y la verdad es que no me sentó de nada bien el cambio de la banda de Castilla otorgada en la Segunda República de color morado al azul marino, yo siempre digo que para mi el blanco y el morado son los colores que siempre han distinguido al club,no sé además porqué al Madrid lo identifican o lo identificaban como el “Club del Régimen” me parece vergonzoso. ..

  16. De este se pueden leer declaraciones de cuando fichó por el Madrid diciendo que desde pequeñito era madridista, que si su abuela estaba muy contenta porque era del Madrid, y bla, bla, bla.
    Y cuando se fue la Barça, tres cuartos de lo mismo.
    Luego le oyes hoy hacer declaraciones, y…. bueno ya lo decía alguien más arriba, sería censurable.
    Al final a mí no se me borra la imagen del mundial, lloriqueando y diciendole árbitro “señorita mire lo que me ha hecho Tassotti”.

  17. Que buen articulo y que recuerdos (estos ya no tan buenos).
    Gracias a las “No ligas” de Tenerife , me abone al canal plus para no tener que aguntar lo que vivi en un bar la primera vez que nos birlaron la liga

    • Cuanto hemos sufrido y eso que seguimos siendo el mejor club de la historia. Imagínate lo que tiene que ser del Barça o del Atleti…

      • la primera mitad de los 90 fue una pesadilla …. se junto q arranco el gran barca de cruyff y el declive del madrid de la quinta … ademas llega milla en el 90 y se jode 9 meses …. prosinecki se lesiona y cuando juega nunca lo hace bien …. solo hierro ,buyo o michel juegan bien y aun con esas se regalan dos ligas al gran barca … solo recuerdo 2 buenas en esos 5 años … eliminando al barca con 10 en la copa en el nou camp 1-2 y el 5-0 del año de valdano …

  18. Muy buen artículo.
    Por aportar algo más, sus míticas botas Kelme con el símbolo rojo de la última temporada con el Madrid. En la foto las lleva.

  19. Lo del color morado de la República es el intento del madridismo de dotarse de un pedigrí que haga olvidar su servicio al franquismo como equipo de cabecera. No cuela.

    • “un pedigrí que haga olvidar su servicio al franquismo”

      -> La franja morada se puso en 1931. Saludos

      • MECCCC, falacia detectada.

        En el 31 comenzó a funcionar el enlace telefónico entre Canarias y la península, se inauguró Barajas, nacieron Juan Goytisolo y Manolo Escobar, en Palencia se construyó el Cristo del Otero y se fundó el Granada el mismo 14 de abril que se instauró la República.

        ¿Acaso todo lo que pasó en 1931 se hizo en homenaje a la República?

        • Lo que te está diciendo es que en 1.931 era imposible que nadie tuviese deudas con el franquismo.

  20. Será recordado por su patético lloriqueo después de lo de Tassoti y por no haber ganado ni una copa de Europa ni en el Madrid ni en el Barca.

  21. Vaya, al amigo Álvaro no le gusta que le desmonten las falsedades vertidas aquí y le recuerden el pasado franquista de su equipo. ¿Este también lo censurarás?

    • No he censurado nada, yo no modero los comentarios. Adelante con el comentario, igual no ha entrado por los problemas que ha tenido la web estos días.

  22. Fernando Sanz no, Lorenzo.

    En cuanto al contenido del artículo, sorprende que no se comente nada sobre la “pillada” el dia que pasó reconocimiento médico con el Barsa y el lio que se montón…

    • Eso mismo pensaba yo, en esa pillada y en el sopapo que le dio al fotógrafo que le cazó, creo que le rompió la cámara.

  23. Me he reído mucho con el artículo, pero también me ha producido cierta nostalgia, si un chaval de 20 años lee elarticulo no va a conocer a más de la mitad de los personajes que se se nombran.

    Por cierto, Luis Enrique si que ganó titulos en el Barça, dos ligas y una Copa durante la era Van Gaal, despues si, el desastre absoluto.Una mala racha peor que la del Madrid de la primera mitad de los noventa, que al menos ganó una Copa en el 93.

  24. Pingback: Cajón semanal de enlaces nº36 | Periferia Digital

  25. 2 breves incisos:
    -A Cuper, cuando triunfaba en Mallorca, le preguntaron quién era el mejor jugador del mundo. ¿Os imagináis qué respondió?
    -Esa copa que ganó el Madrid al Zgz, fue un verdadero robo. Hasta el árbitro, hace poco, reconoció sus “errores”…

  26. luis enrique en el madrid era un jugador polivalente y con mucha implicacion pero para nada indispensable o desequilibrante

    juega de 5 años bien solo el año q gana la liga con valdano … el resto alterna suplencia con titularidad siendo un jugador complementario simplemente …

    despues da un cambio total q nadie espera y se convierte en un crack en el barca ….

    en el madrid jamas se atisbo q fuese a mas …

  27. Una “pena” que un artículo tan completo y nostálgico – en el buen sentido de la palabra – se vea teñido por la cargante expresión “la Roja”, siquiera de forma casi imperceptible, para referirse al equipo nacional.

  28. Muy buen artículo, Álvaro.

  29. Recuerdo que a los Madridistas en general la defección de Luis Enrique para fichar por el rival – en el peor momento en años de nuestro equipo – nos olió a “rata que abandona el barco” y eso, en la Casa Blanca, es imperdonable.
    Lo que ignoraba el “listillo” es que a partir de ahí, hipotecando en escudo ante los bancos, Sanz construiría el Madrid brutal que culminaría en la Séptima dos años después, el de Capello: Roberto Carlos, Redondo, Suker, Mijatovic, el recién ascendido Guti, Raúl, Seedorf, Illgner… (única “pifia”, Secretario, bien reemplazado por Panucci en Diciembre) y con la compensación (Madrid-Barça es un puente aereo) de Milla. La carrera de Luis Enrique fue muy buena en el Barça, pero, por “listo”, se perdió lo mejor (3 copas de Europa en 6 años). Así que al “Fortuna audaces iuvat” le substituiría cualquier proverbio que haga referencia a la paciencia y a la fidelidad como virtudes inestimables.

  30. Lo que me he reido con este articulo no ha sido normal. Que pasada, que recuerdos!! Articulazo!! Odio eterno al futbol moderno!!!

  31. Muchos jugadores han cruzado el puente aéreo en ambas direcciones con mayor o menor fortuna y con mayor o menor escándalo.

    Pero al único que he odiado ha sido a Luis Enrique y no porque nos clavase goles ni nada de eso sino porque construyó su personaje a base de insultar al Madrid. Un club, que por otro lado, creo que no le dejó dinero a deber.

    Eso, que entre la culerada ya es un pasaporte al corazón blaugrana, se ha demostrado que es innecesario. Ya digo, muchos cruzaron el puente y no precisaron ser tan rastreros para ser queridos en su nuevo destino.

    Repulsión eterna pues hacia Luis Enrique.

  32. En cuanto a lo de la banda morada y todo eso, mi versión hasta hoy es la siguiente:

    1. En nombre original del equipo fue Madrid Football Club.

    2. Luego adquiere el título de “Real” como muchos equipos de la época y pasa a denominarse Real Madrid Football Club.

    2. Con la llegada de la II República se prohíben los títulos “reales” y el Madrid vuelve a su denominación original. Asímismo al escudo se le añade la banda morada de Castilla.

    3. Con la llegada de la dictadura franquista se restablecen los títulos “reales” y el Madrid vuelve a denominarse Real Madrid Football Club pero castellanizado tal y como nos ha llegado hasta nuestros días: Real Madrid Club de Fútbol.

    4. El morado pasa a azul por mera estética. Se cambia, como si dijéramos, el segundo color. No creo que tenga nada que ver ni con la república ni con rollos políticos, que todo lo relacionado con el Madrid siempre está sujeto a mil interpretaciones conspiranoicas.

    El cuento del pasado franquista del Madrid es un invento de los que no llegaron a su gloria. Un rollo patatero y una pataleta constante de colchoneros y culés principalmente que de tanto repetirlo hasta han convencido a alguno por ahí.

  33. Estoy de acuerdo con algún comentario que se ha puesto por aquí, ha habido muchos jugadores que se han ido de un equipo a otro siempre, y no ha pasado nada, luis enrique se fue del madrid por dinero, porque no le pagaban en la renovación que iba hacer lo que quería, y así les ha pasado a muchos jugadores.

  34. Todos esos que achacan rencor a LE por no triunfar en el Madrid parecen más bien rabiosos porque sus mejores años los diera en el Barsa. Y no se lo perdonan, le consideran un traidor. Los que ficharon a Milla, Figo, Laudrup y tantearon a De la Peña y otros que no recuerdo.

    La verdad es que el Madrid de entonces dió para muchas risas, con esos fichajes tan estrambóticos. Lo que tampoco me explico es poner en mayúsculas el término “la quinta”, que no fue más que un puñado de buenos jugadores sin más, y que nunca demostraron nada especial cuando los sacaban de la competición nacional.

  35. Brillante, como el arroz

  36. Genial el artículo, me lo he pasado en grande leyéndolo, que en eso creo que consiste esto de leer una revista.

    Detecto un exceso de pedantería preocupante en los comentarios de los lectores. El artículo está genialmente escrito, es divertido, ameno y muy correcto, así que dejad de buscar errores absurdos, que vuestra función aquí es pasar el rato, no mejorar la raza.

    Y muy probablemente la gran mayoría no seríais capaces de escribir algo así, por mucho que podáis buscar fallos al artículo en la wikipedia.
    Me daría miedo publicar algo aquí con esta jauría, aunque sería un gran experimento. Bendiciones.

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