Jot Down Cultural Magazine – Quince tebeos de diez

Quince tebeos de diez

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Vamos con la selección de lo mejorcito en tebeos del año pasado. En la anterior entrega la lista se acotó a libros de autores españoles o con presencia de autores españoles—; este año vamos a ampliarla para dar cabida a tebeos de cualquier procedencia e igualmente aumentaremos el número de entradas para poder abarcar todas las obras interesantes. Se quedan muchas en el tintero el 2014 ha dado, de nuevo, una buena cosecha de títulos interesantes pero para no tener que hacer un Jot Down 100 annual con estas revisiones, ha habido, inevitablemente, que elegir.

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Las meninas, de Santiago García y Javier Olivares

lasmeninasportadaNormalmente la palabra «imaginación» cuando se refiere a una obra de cómic parece estar siempre asociada a obras de fantasía o futuristas, situadas en universos coloridos y extraños y repletos de personajes ingeniosos. Sin embargo, la imaginación puede emplearse en más de un sentido. Por ejemplo, puede usarse para la construcción de ficciones a partir de elementos reales que, aun siendo ficciones, puedan aportarnos comprensión sobre eventos reales sucedidos. Es el caso de Las meninas de Santiago García y Javier Olivares, novela gráfica que se propuso la labor de desgranar las claves de la creación de la celebrada obra maestra de Velázquez. Lo hicieron construyendo una ficción plausible a partir de los referentes históricos de la vida del pintor. Y ahí van desmenuzando el proceso de la creación artística en este caso dirigido hacia la creación de la obra que da título al cómic desde sus múltiples ángulos : el estado anímico del artista, el desafío de las convenciones de lo que se considera arte en su momento histórico, la visión de la culminación de una carrera, el acceso a una voluntad interna de no repetir patrones propios o ajenos o el entendimiento de lo que significa representar la realidad a través de la pintura son algunos de ellos. En Las meninas se intuye la confluencia del Santiago García autor con la del teórico y de la mano de los múltiples recursos gráficos que es capaz de desplegar Javier Olivares consiguen explicar y mostrar, sin dejar de narrar en ningún momento. Las Meninas es de aquellos tebeos que te lees del tirón y relees con más calma después. Sin lugar a duda ha sido una de las publicaciones capitales del año pasado, pero también lo será de este y se seguirá oyendo hablar de él en el tiempo.

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Cowboy Henk, de Herr Seele y Kamagurka

cowboyEstupendo volumen recopilatorio de varias historietas del personaje creado a principios de los ochenta en Bélgica. De temática underground, pero trazado con la línea clara del cómic franco-belga, cuenta las aventuras de humor surrealista de Cowboy Henk, un tipo que parece una bizarra fusión entre el Tintín de Hergé y el Popeye de Segar. Se le podría emparentar con otros autores europeos que usaban la misma pulcritud y la temática decantada hacia lo underground en el estilo como Joost Swarte; también con El bus de Kirchner que este año también ha visto su reedición en su dominio del surrealismo gráfico. Aunque el libro contiene historias extensas como «Cowboy Henk y los regaladores de caballos», creo que donde mejor se desenvuelve el personaje y mejor lucen sus ráfagas de humor absurdo y escatológico es en las historietas a una página o a tira. No hay frontera para las salidas de Herr Seele y Kamagurka: la caca, los penes, las amputaciones, el sexo y los códigos éticos resueltos en la práctica de forma impredecible son sus temas favoritos. El pasado año, además, Cowboy Henk recibió el Premio del Patrimonio en el Festival de Angulema. La editorial Autsaider ha rendido su particular homenaje a esta obra en nuestro país con un voluminoso y bien editado libro-ladrillo que recoge historietas de varios momentos de su publicación, suficientes para sacarle carcajadas al lector durante mucho tiempo.

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Bella muerte, de Kelly Sue DeConnick y Emma Ríos

bellaUna niña ataviada con plumas de buitre y un hombre con los ojos vendados, anciano pero corpulento, llegan a una ciudad de lo que podría ser el salvaje oeste americano. Suben a la tarima de los ahorcados, despliegan un estandarte que en realidad es un tapiz compuesto por las viñetas de una historia y ante todo el pueblo, empiezan a narrarla. Una historia de belleza y amor, de desamor y venganza, de muerte y nacimiento. Y eso es solo el principio. Bella muerte es una fábula colorista pero a la vez crepuscular a la que se le podría aplicar aquel relato de los sabios ciegos y el elefante cada sabio tocaba una parte del elefante y lo tomaba por aquello a lo que le recordaba según fuera, duro, blando, frío o caliente por lo mucho y lo variado a lo que la han referenciado sus comentaristas. En sus páginas se despliega una imaginería de western, pero con algunos elementos de fantasía. Se intuyen ciertos estilismos de manga, pero también unos combates y unos diseños icónicos de los personajes que podrían remitirse al cómic de superhéroes. Hay quien podría verlo como una especie de evolución contemporánea de aquellos tebeos de tema onírico que escribía Neil Gaiman en los noventa. Pero cuando una obra apunta a tantos posibles lugares, lo mejor es tratarla como algo único. Porque esto es lo que es. Es muy, muy difícil no dejarse maravillar por las bellísimas composiciones que elabora Emma Ríos para narrar las acciones que se van sucediendo en cada página de este trabajo, reforzando el drama emocional de cada escena con la medida distribución de cada imagen o secuencia de las mismas. Con Bella muerte, Emma Ríos demuestra que es capaz de evitar los cánones visuales repetidos hasta la saciedad en los géneros de acción, y refuerza un poco más la reciente generación de historietistas del «nuevo cómic gallego» compuesta por autores como José Domingo o David Rubín en su salida al éxito internacional. El único «pero» que puedo ponerle al libro en su edición española, eso sí, es la pérdida del múltiple significado del título original, Pretty Deadly (muy complicado de salvar en la traducción, por otra parte).

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Fabricar historias, de Chris Ware

fabricar-historias-portadaEn algunas de las listas que ya se han ido publicando de lo mejor de este año pasado una de las obras que he echado en falta sí, servidor también echa en falta elementos en listas es la compleja, pero a su manera también sencilla, Fabricar historias de Chris Ware. Lo atribuyo a que como yo mismo hice en su momento el responsable de la lista se hizo con el libro original, tiempo antes de su publicación en España, disfrutándolo consecuentemente con anterioridad y pasando por alto su publicación en el presente año. No es algo raro, nos ha pasado en esta misma casa, la comentamos aquí y aquí en listas del año 2013. Pero esto es completamente normal: una obra nueva de Chris Ware es fácilmente un ítem esperadísimo. Fabricar historias recoge una vida, una vida observada y retratada en diversos momentos, cuyo enfoque narrativo viene enmarcado por formatos muy diferentes, formando todo parte de la obra mayor. Dentro de una caja se nos presentan catorce piezas muy distintas del puzle de una biografía ante la que el lector debe tomar la decisión de por que parte de la misma debe empezar y luego configurar. Como si encontrásemos un viejo baúl de nuestros bisabuelos y al abrirlo, tuviéramos que decidir por ojear primero un sobre con unas fotos, unas libretas con unos diarios o un paquete de cartas escritas. Chris Ware lo hace desde los múltiples formatos desde los que se puede plantear la publicación física de un cómic y lo deja en nuestras manos para que cada lectura sea distinta, con la secuencia que prefiramos. La edición española en su traducción del título como pasaba con Bella muerte ha perdido los múltiples significados tras el título original Building stories pero creo que la editorial ha elegido bien al optar por la que apunta hacia la creatividad y la intervención del lector en el proceso. Aquí, el único «pero» que le pongo a la obra es el precio, que convierte su adquisición casi en una inversión. Sin embargo, esta puede resolverse como una compra compartida : varios lectores pueden empezar la historia por libros distintos sin estorbarse y luego gratificantemente compartir la experiencia de sus diferentes lecturas. Hagan la prueba. No obstante, también puede ser causa de enfrentamientos a la hora del reparto de bienes en casos de divorcio.

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I am a Hero, de Kengo Hanazawa

heroI am a Hero apareció en nuestro país en un momento ya sobresaturado de obras literarias, cinematográficas, comiqueras y televisivas de zombis. Particularmente, confieso que estaba ya hasta el gorro de muertos vivientes. El subgénero de los zombies normalmente recurre al mismo planteamiento una y otra vez hasta el cansinismo más extremo y donde su aparente originalidad es determinar si son muertos vivientes al estilo clásico o bien infectados o bien… bueno, a quién le importa. El exceso de producciones llevó la temática a una especie de paroxismo mediático donde cualquier historia de supervivencia tendría que funcionar. Y no es así. Sin embargo, Norma Editorial asomó la cabeza en medio de la «burbuja zombie» con un manga del que ya se ha publicado hasta el undécimo volumen. Debo reconocer que tardé bastante en subirme al carro de su lectura, lo que debo agradecer al crítico Daniel Ausente, por ponernos al tanto no ya de su existencia, sino de su calidad. Es cierto que I am a Hero se sale poco de los planteamientos habituales en la vida cotidiana de los protagonistas de la historia empiezan a aparecer zombis y a una velocidad de vértigo se va todo a la mierda y sin embargo, triunfa por su tono, que combina la tragicomedia con situaciones, escenarios realistas y un salpimentado ocasional de intriga. Encuadrable dentro del género que en Japón se conoce como el «humor serio» esto es, situaciones llevadas al absurdo hasta sus últimas consecuencias, lo que puede provocar la carcajada gruesa del lector no abandona para nada algunas alucinantes técnicas de terror casi cinematográficas llevadas al papel. Los autores controlan el ritmo y la secuencia de su historia haciendo que el tiempo subjetivo en el que transcurren las escenas, de repente, se convierta en tiempo real, para más de un susto del lector. A pesar de que el foco de la cámara se centre en Hideo Suzuki una suerte de trasunto del propio autor Kengo Hanazawa también ha sabido saltar de escenario puntualmente, no solo para dinamizar el argumento, sino también para potenciar la intriga de la historia y sembrar el interés en su lectura continuada. Por lo que I am a Hero es una lectura tremendamente adictiva, de aquellas en las que empezar la serie por el primer libro, habiendo ya varios volúmenes publicados, es un genuino peligro para el bolsillo.

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La mujer rebelde, de Peter Bagge

p-mujerrebeldeEste tebeo ha sido una sorpresa para mí, una muy grata. Nunca he sido un gran fan de Bagge y esto, evidentemente, no significa que no sea un gran autor pero jamás conseguí que las historias de Buddy Bradley me engancharan en exceso, ni por identificación con la quinta generacional que ilustra, ni por la mofa implícita de esta. Sin embargo, ha habido un algo especial con La mujer rebelde, la biografía contada en viñetas de la activista Margaret Sanger. Bagge cuenta la vida de Sanger a través de secuencias sueltas de su biografía ilustradas a una página o dos. Entre el carácter de la protagonista y el desarrollo de estas pequeñas historias, consigue mantener el formato de historieta de humor, si bien la mayoría de las anécdotas vira bastante hacia la tragicomedia. Así, a base de ráfagas vitales, de fragmentos biográficos, Bagge va componiendo el relato mayor con todas sus luces y sus sombras. Lo más destacable, en mi opinión, es el riesgo afrontado por el autor. A la hora de dibujar una biografía es posible caer en el error de contar la historia desde unos esquemas convencionales, una narración gráfica «realista», buscando una especie de neutralidad con la intención de compromiso hacia la verdad de la historia. Y eso, al final, puede convertir la obra en algo gris y aburrido. No es este el caso: Bagge no se pierde en el proceso, y sin entrar a juzgar o posicionarse respecto a la persona retratada, mantiene su «voz», su forma de contar la historia haciendo que al mismo tiempo sea enérgica y dinámica en todo momento, sin que el relato pierda veracidad.

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Locke and Key, de Joe Hill y Gabriel Rodriguez

LockeandKey_coverEsta serie de misterio con coletazos de terror publicaba su conclusión en el pasado año, dejando muchas horas de entretenida lectura y un buen sabor de boca a sus seguidores. El desencadenante de la historia no podría ser más típico: una familia que ha pasado por una tragedia familiar, vuelve a habitar la vieja casa de sus antepasados en una península ficticiade Nueva Inglaterra, llamada Lovecraft. A partir de ahí, los personajes empiezan a descubrir unas extrañas llaves que, en ciertas cerraduras… y hasta ahí voy a contar, porque el resto es para el gozo y disfrute del lector. A Joe Hill seudónimo del hijo de Stephen King es cierto que se le notan algunos de los dejes del padre. Como si eso fuera un problema. Los puntos fuertes de la historia residen en un elenco de personajes en el que los autores se molestan en profundizar sin que la interesante metatrama los engulla o los precipite al arquetipo fácil, un despliegue paulatino de los misterios de la historia que a los lectores les permitirá aventurar y apostar sobre los acontecimientos posteriores amén de engancharles irremediablemente a la lectura, el intensivo detallismo de los dibujos de Rodriguez que a un servidor de ustedes le tuvo horas buscando pistas ocultas en las paredes de la casa y un par de números especiales con estructuras narrativas peculiares, de entre los que hay que destacar el genial homenaje al Calvin and Hobbes de Bill Watterson (un experimento que podría resultar contraproducente en una serie de intriga y terror, pero que con mucha inteligencia los autores consiguen salvar con éxito). En la parte negativa, hay que reconocer que en el tomo final la originalidad de la serie se va un pelín hacia abajo, si bien en mi opinión ello no desmerece la buena calidad que hay que otorgarle al conjunto. Un gran tebeo al que aficionarse y para disfrutar viendo la cara de satisfacción de los amigos a los que se lo hayas recomendado.

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Unastoria, de Gipi

unahistoria_Creo que la vuelta de Gipi (Gianni Pacinotti) al cómic es una de las mejores noticias que hemos podido tener este 2014. En las primeras páginas de Unastoria se podría adivinar una especie de tanteo del autor en el regreso al medio, como si ilustrara cómo flexiona y estira los músculos antes de una gran carrera. Casi podría uno aventurar que ese personaje perdido incapaz de recordar ciertas cosas, es un autorretrato de sí mismo. Pero a medida que nos adentramos en el relato, vemos cómo la mano del italiano para la narración dibujada le es tan natural y sus recursos son tan variados que resulta difícil tomar esa intuición de inseguridad o de preparación preliminar como algo más que una finta para distraernos y sumirnos en el gran relato que se nos echa encima. En esta obra, Gipi nos hará malabares con dos historias entrecruzadas, la de un escritor desmemoriado y la de su abuelo en la primera guerra mundial. Gipi juega a la alternancia entre relatos distintos, con estilos gráficos distintos me ha recordado mucho a la variedad de la que hacía gala en Mi vida mal dibujada pero con ecos entre ellos, lo que le permitirá de alguna forma, ligar agua y aceite. Contado en cuatro capítulos, las dos historias, como una sola, se desarrollan en una especie de sinfonía visual, una ópera dibujada, con momentos que se quedarán grabados en la retina del lector.

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Orgullo y satisfacción, de V.V. A.A.

orgylloA principios de junio del año pasado, con motivo de la censura de una portada de un número de la revista satírica El jueves que representaba la abdicación de Juan Carlos I en favor del entonces príncipe Felipe con la imposición de una corona embadurnada de heces provocaba la salida de un gran número de autores que habían sido insignia y referencia de la misma durante muchos años. Albert Monteys, Manel Fontdevila, Bernardo Vergara, Guillermo Isaac Rosa, Luis Bustos, Manuel Bartual, Paco Alcázar, Malagón, Pepe Colubi, Bea Tormo, Mel, Iu Forn, Lalo Kubala, José Luis Ágreda y Miquel Gras abandonaban la revista en protesta por la censura impuesta sobre el número. Sin embargo, de tan triste suceso surgió una nueva iniciativa. Rápidamente, buena parte de los autores que salían de El jueves, estrenaban nueva cabecera, autoeditada y en formato digital. No habría tregua. Orgullo y satisfacción no solo ha entrado a formar parte de la historia de las publicaciones satíricas en España sino también de la historia de nuestro cómic online. Con media docena de números ya a sus espaldas y unos autores con amplia libertad para contar lo que les dé la gana, como les dé la gana, prometen seguir dando guerra.

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Terry, de V.V. AA

TERRY_0Ay, la revista de historietas. Cuánto añoramos algunos aquellos tiempos en que por una cantidad razonable de pesetas se podía llevar uno a casa un semanario o revista mensual con cómics de diversos autores, que nos permitía conocer lo mejor de aquí o lo de allí, seguir los estilos y temáticas más en boga. De la revista de historietas queda actualmente poco o casi nada. Sobrevive y no muy bien en algún semanario satírico y en la escena fanzinera, hasta donde puedan llevarlo sus esforzados autores. Por eso hay que celebrar a lo grande que Fulgencio Pimentel, una de las mejores editoriales de libros no solo de cómics, ya hablo de libros en general que pone muchísimo mimo y detalle en cada una de sus publicaciones, se lance a editar una revista como Terry que busca dar a conocer lo mejor de la vanguardia actual del cómic y la ilustración de nuestro país y del extranjero. Su primer número y hasta la fecha único, esperamos su continuación contiene trabajos de Los Bravú, Olivier Shrauwen, Sammy Harkman, Nacho García, José Ja Ja Ja, Jim Woodring, Sindre Goksøyr, Gonzalo Rueda, Bendik Kaltenborn, Rayco Pulido, Peter Jojaio, Sébastien Lumineau, Ed Carosia, Michael DeForge, Simon Hanselmann y Seiichi Hayashi. Sin duda es un must para todos aquellos que quieran asomarse a la escena del tebeo más experimental e independiente.

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Tiempo de canicas, de Gilbert Hernández

canicasEste pasado 2014 ha visto aparecer también unas cuantas obras interesantes sobre el tema de las memorias de la infancia o el costumbrismo de antes de entrar en una forma de vida adulta, con las pérdidas de inocencia respectivas. Curiosamente, estas mismas obras han sido abordadas desde la ficción más que desde la autobiografía, género que goza de una cierta popularidad entre el público lector de cómics de un tiempo a esta parte, pero que con la temática de las memorias de la infancia no parece haberse prodigado en exceso, quizás buscando narrar experiencias comunes a toda una generación. Desde estas ficciones, sin embargo, se han ensayado reflexiones interesantes, además de entretenidas, sobre esa etapa de la vida. Hay que destacar Aquel verano de Mariko Tamaki y Jillian Tamaki y Lo primero que me viene a la mente de Juaco Vizuete. Pero si me tengo que quedar con una sola, no puedo más que aferrarme al Tiempo de canicas de Gilbert Hernández. El autor de Palomar demuestra que está en una excelente forma narrativa, hace gala de sus mejores virtudes desarrollo equilibrado de una obra coral, manejo de la elipsis, caracterización de los personajes y sabrá atrapar a cualquier lector que haya vivido su infancia y juventud entre los setenta y los ochenta. La pasión por los cómics y por los muñecos articulados, las canicas, los amigos nuevos y los de toda la vida, los prejuicios de género, gamberradas, las peleas y los juegos inventados son algunos de los temas que quedan abordados en una historia o conjunto de historias que no tiene ni principio ni final, aunque a medida que pasa el tiempo quede en nuestras mentes como una especie de paraíso perdido (con permiso de Milton). Por ello hay que agradecerle a Gilbert Hernández que las plasme con tan buen tino en el papel que permita abrir las puertas al recuerdo. Algo bueno traerá.

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Torpedo: 1936 Integral, de Enrique Sanchez-Abulí y Jordi Bernet

TorpedoEn el campo de los integrales y recopilatorios este año ha cundido la reedición de historieta francobelga aparecida ya en nuestro país en revistas de historietas de humor infantil y juvenil. Dolmen ha continuado con la publicación de los tomos de Johann y Pirluit y este año ha añadido a la lista los títulos de Natacha, Quena y el sacramús y una por la que servidor tiene una particular debilidad Los hombrecitos. Trilita ha dado también una buena noticia al empezar a publicar los tomos de Aquiles Talon. Por su parte, Norma Editorial ha puesto a la venta el indispensable integral de Blacksad en castellano, con todos los álbumes publicados hasta la fecha en un solo volumen. Volumen, por cierto, que hace apenas unos años en un Salón del Cómic un encargado de stand me aseguró muy categóricamente que nunca se publicaría. Bueno, pues aquí lo tengo ya en mis manos: si usted me está leyendo, le agradezco que errara el tiro con tan certera rotundidad. Pero si hay que quedarse con un solo volumen recopilatorio de historietas, escojo el integral de Torpedo, 1936 de Panini. Y esto es por muchas razones de las que muchos ya habrán oído hablar: porque es un tebeo único en su género y fuera de su género; porque Jordi Bernet es uno de los dibujantes más grandes que ha visto la historia del cómic; porque las historias que crearon él y Enrique Sanchez-Abulí combinaron el género negro y el humor a través de este mismo color, con una capacidad narrativa sublime. No en vano decidimos incluirlo en nuestros 100 cómics imprescindibles.

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Versus, de Luis Bustos

versusgSi en el 2013 Nela de Rayco Pulido fue el tebeo adaptación de una obra literaria que brilló con luz propia, este año 2014 la adaptación que puede continuar la saga de estos trabajos ejemplares es el Versus de Luis Bustos dibujado a partir del relato Por un bistec de Jack London. La bonita edición del libro, inspirada en un cartel promocional de una velada de boxeo, es coherente con lo que vamos a encontrar en el interior: un combate entre púgiles que empieza en la primera página y termina con la última. ¿Recorta Bustos el relato de London ciñéndolo al enfrentamiento físico? No, al contrario. Toda la historia de Tom King está entretejida en los momentos del combate, desarrollando el personaje a lo largo del enfrentamiento con mucha inteligencia. Es por ello que sería más correcto decir que más que dibujar un combate, Bustos dibuja un proceso. Un proceso en el que paulatinamente nos irá metiendo en la piel de King, en la experiencia de ser King, de pensar como él, de respirar como él, de ver como él. Compartiremos sus miedos, comprenderemos su forma de evaluar la pelea, sentiremos su cansancio, nos invadirá su rabia. Y para conseguirlo tirará de multitud de recursos gráficos que nos obligarán a vivir la narración prácticamente como algo propio. De modo que. cuando el lector llegue hacia el final, difícilmente le importará poco el desenlace del combate. Si London nos contaba un relato y trataba de plasmar toda la emoción a través del lenguaje de las palabras, Bustos apuesta por lo mismo a través del lenguaje de las imágenes y de la narración gráfica. Con Versus, Bustos no juega en la liga de los que simplemente han transpuesto una historia colocando imágenes de forma secuencial, sino en la de los que la han comprendido, la han sentido y luego la han reproducido con lo experimentado.

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¡Cadáver en el Imjin! Y otras historias bélicas de Harvey Kurtzmann

cadaverHe aquí un pedazo importante de la historia del noveno arte y de su evolución hacia el cómic como un producto para adultos. Norma Editorial publicó este imprescindible recopilatorio sobre las historietas bélicas que hizo para EC a principios de los cincuenta que son una muestra de cómo Harvey Kurtzmann revolucionó el género del cómic de guerra con sus concienzudos trabajos de documentación inspiraba sus obras en historias reales pero también desde el empleo de un punto de vista más maduro y realista para escribir sus relatos, alejándolo de las fantasías épicas y del excesivo maniqueísmo. Los tebeos de Kurtzmann no eran necesariamente antibelicistas, pero sí que ilustraban con mucha fuerza la crudeza de la guerra cuando otros se agarraban férreamente a la propaganda y a una visión del conflicto armado más idealizada. También se permitía reflexionar sobre las muchas caras y consecuencias de la guerra de una forma que lo convertía en algo universal. ¡Cadáver en el Imjin! la historieta que da título al recopilatorio por ejemplo, ponía cara y ojos al acto de matar para sobrevivir y la pérdida de la inocencia del proceso; igualaba el enemigo al protagonista de la historia en su necesidad por mantenerse con vida a toda costa. ¡Escombros! mostraba cómo una vida de trabajo y esfuerzo la del enemigo quedaba arruinada en apenas un momento por los estragos de la guerra. Y ¡Abrir fuego! reflexionaba sobre la importancia del miedo como una forma de coraje. Todas estas vueltas de tuerca, además, ilustradas desde la particular forma de narrar secuencialmente de Kurtzmann, que abundaba en técnicas como el uso de repeticiones para crear ritmos o el fijado del punto de vista durante algunas acciones para reforzar la sensación de peligro, tensión o drama. ¡Cadáver en el Imjin! Y otras historias bélicas es una pequeña biblia de cómo hacer buenas historietas cortas y debería estar en la biblioteca de todo amante del medio.

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Fútbol, la novela gráfica de Santiago García y Pablo Ríos

futbolpnovelaLo primero que me atrae de este cómic es su forma tan atípica de tratar un tema tan popular en nuestro país. Para empezar, es cierto que no hay una tradición de cómics de deportes de ningún tipo en España. Pero, además, fuera de nuestro país el fútbol ha sido ilustrado en el mundo del cómic de forma muy puntual y siempre bajo los mismos enfoques. Fútbol, la novela gráfica no es ni una bd de aventuras, ni un shonen de batallas épicas con aspecto de partido, ni un documental sobre «la vida de». Así como sucedía con Las meninas, García vuelve abordar la cuestión de las ficciones plausibles para elaborar un ensayo narrado sobre el fútbol como deporte, como arte, como pasión vital, como elemento de amor y odio entre seres humanos. Conecta con el dibujante Pablo Ríos en el estilo de explicar ideas y contar historias que recuerda a un «documento oral» en el que el locutor en este caso, García se presenta al lector y va presentando los casos y los temas. Esto, de alguna forma, es continuador de la línea de estilo narrativo con la que se manejó muy bien Ríos en Azul y pálido. También debo decir que esta obra me atrae tanto por ser amante de los tebeos desde siempre como por ser un amante muy reciente del fútbol, y se agradece el enfoque inteligente, original y alejado de las parafernalias mediáticas, las polémicas tertulianas y demás planteamientos circenses de muchos medios de comunicación. Es por ello que Fútbol, la novela gráfica no solo es una obra rara y a contracorriente, dentro del cómic cuyo tema es el fútbol, sino que lo es también dentro de las obras o documentos mediáticos que tratan de comunicar la experiencia de lo que es este deporte; se halla dentro de los sanos trabajos que son por desgracia una excepción. Y para finalizar hay que amar este libro, por un solo momento uno de los pocos contenidos que no es de ficción—: una doble página que ilustra un instante de nuestra historia reciente ante el que hay que dibujar una sonrisa, como mínimo, mientras se lee. Es extraño y una lástima también que Fútbol, la novela gráfica haya pasado un tanto desapercibida este año en un país con un amplio número de seguidores de este deporte y en un año de Mundial, además. Quizás esto sea por el posicionamiento del libro y su voluntad de evitar lugares comunes y tópicos manidos. Quizás sea porque el cómic fuera de los géneros a pesar de haber aumentado su capacidad de penetración en la cultura popular, aun tiene muchas barreras que derribar. Pero me queda el convencimiento de que este es un libro que en el boca a boca entre los aficionados apasionados pero inteligentes del fútbol y por las buenas historias del mismo puede gustar mucho. A este novato forofo, servidor de ustedes, que cree que ya le queda menos para entender cómo funciona el fuera de juego, al menos, sí le ha convencido.

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3 comentarios

  1. “Los Surcos Del Azar” de Paco Roca

  2. Pingback: Quince tebeos de diez | elaula2014

  3. Torpedo mantiene su interés, gracias al extraordinario talento de Jordi Bernet. Para mí, el mejor de la historia en esta faceta artística de contar algo por medio del dibujo con lápiz, plumillas, pinceles y tinta china, a la antigua. Sigo su trayectoria desde que era (él) un chaval de 16 años y ya era imposible para cualquiera que tuviera un mínimo de sensibilidad artística, apartar la vista de sus magnéticos dibujos. Su buen gusto quedaba patente al elegir maestros-guías como Alex Toth, Joe Kubert, Frank Robbins, Mort Drucker, Jack Davis y otros como los excelentes italianos Gino D’Antonio o Mario Uggeri, a los que tamizaba con su propio genio, destilando un producto final irresistible. No es algo baladí saber escoger a tus faros, teniendo en cuenta los baremos que rigen para muchos en la actualidad. Además, creo firmemente que hace mucho tiempo ya que Bernet superó a todos sus referentes, algo que en los años sesenta, hubiera parecido una utopía para cualquiera que no supiera captar a nivel epidérmico sus estratosféricas aptitudes. Lamentablemente, no puedo opinar lo mismo sobre la labor de Enrique Sánchez Abulí como guionista ya que con el paso del tiempo, muchas de sus propuestas han quedado reducidas a un abuso en el manejo de chascarrillos y juegos de palabras que no siempre contribuyen al buen resultado final.
    De cualquier modo, si solo pudiera comprar uno de estos productos, no tendría ninguna duda al respecto. De hecho, es el único que me interesa.

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