Jot Down Cultural Magazine – Uwe Boll, un trol en una grieta del sistema

Uwe Boll, un trol en una grieta del sistema

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Uwe Boll en una escena de Postal (el de sombrero). Imagen de Running With Scissors, Inc.

Uwe Boll en una escena de Postal (el del sombrero). Imagen de Running With Scissors, Inc.

«Tan inepta a todos los niveles, que te preguntas por qué el distribuidor no la lanzó directamente en vídeo, o mejor, no la tiró directamente a la basura». «La peor película del año, la idea de que pueda existir algo peor que ella es el único terror genuino que puede ofrecer». «Menos que cero estrellas». «Completamente destrozada por su terrible guion, su inepta dirección, su opresiva banda sonora y su fangosa paleta visual». «La película es algo verdaderamente desagradable de principio a fin». «Inepta en casi todos los niveles, pero es buena para echarse las manos a la cabeza y reír con incredulidad». «Sientes que te estás volviendo más idiota solo con verla». «Boll es tan mal director que tiene que hacerlo de forma intencionada». «Pedazo de pustulencia» (neologismo a partir de pestilencia y pústula). «Por favor, Dios, haz parar a Uwe Boll». De todos los comentarios que han suscitado entre la crítica las obras de este peculiar cineasta alemán a lo largo de los años, este último ha logrado su eco y —ya sea por intervención divina o porque la ciudadanía ha tomado conciencia de la gravedad de la amenaza— ya es oficial: Uwe Boll ha parado. Podemos respirar tranquilos, ya pasó, va.

Lo anunció él mismo hace unos días y las reacciones han sido de alivio, burla y congratulaciones por un aborto que ha provocado más alegría que muchos nacimientos. Rampage 3: No Mercy (For Viewers, le faltaba añadir) no saldrá a la luz debido al fiasco que ha supuesto la campaña de crowdfunding que el cineasta inició para reunir la financiación necesaria. Pero como podemos ver en el vídeo enlazado, de elegante título, también aprovechó para atacar a Marvel, Harry Potter («un mago retrasado en el bosque»), los espectadores y Hollywood en general, así como para jactarse de que podrá seguir jugando al golf hasta que muera. Lo que le ha permitido desatar un nuevo escándalo y tener más de un millón de visitas en unos pocos días. Misión cumplida. Podríamos definirlo como un «directrol de cine» porque, como muchos recordarán, no es la primera vez que monta una de estas. Hace unos años ya señaló a un crítico el camino que debía tomar: «vete con tu madre y fóllatela… porque ella lleva treinta años cocinando para ti… así que se lo merece». Aunque en esa relación tan agria con los que han valorado su obra como merecía, la palma se la lleva la ocasión en la que retó a cuatro críticos a un combate de boxeo, ellos aceptaron y les atizó con toda su alma. Se le da mejor soltar galletas, no hay duda, de hecho tiene cara de boxeador antiguo o de forzudo de circo. Y sin embargo estamos ante un espíritu cultivado, un doctor en Literatura por la Universidad de Colonia. También siendo muy joven fue infectado por el virus de la cinefilia desde que vio Rebelión a bordo, y los cineastas que más le impactaron fueron sin duda los mejores: Orson Welles, Martin Scorsese, Stanley Kubrick, John Ford y William Wyler son los que cita. Es decir, tuvo ocasión de profundizar en los autores más sublimes, vio de cerca lo que era el talento creador, los más elevados cánones estéticos… y pasó de largo olímpicamente. Lo suyo era chapotear en el barro y así lo demostraría desde entonces una y otra vez.

Su primera película fue German Fried Movie en 1992, a la que seguirían otras cuatro en esa década en su país natal y posteriormente se trasladaría a Canadá, debido a su legislación laboral y fiscal más beneficiosa. Sus presupuestos pasarían a ser cada vez mayores, aunque su pericia seguía escondida en el mismo sitio. House of the Dead costó, incluyendo la promoción, veintidós millones de dólares y logró recuperar apenas algo más de trece. Alone in the Dark elevaría su inversión hasta los treinta y dos millones incluyendo publicidad y recaudaría solo seis, y En el nombre del rey (con unos Jason Statham, Burt Reynolds y Ray Liotta que seguramente no sabían dónde se metían) alcanzaría los muy respetables sesenta millones de presupuesto, toda una superproducción… que de nuevo sufrió un batacazo en taquilla haciendo una caja de apenas la quinta parte. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo alguien puede rodar películas que una y otra vez son vapuleadas por la crítica, son un fracaso de taquilla y no solo perseverar en ello sino contar cada vez con más medios? ¿Qué fallo de Matrix es este?

BloodRayne 3: The Third Reich, imagen de Boll Kino Beteiligungs GmbH.

BloodRayne 3: The Third Reich. Imagen de Boll Kino Beteiligungs GmbH.

La explicación la encontraremos en lo que en Hollywood era conocido hace unos años como «Stupid German Money». Una norma fiscal alemana insólitamente benévola permitía a los productores obtener una deducción íntegra si no se lograba un retorno de la inversión y el dinero ni siquiera tenía que ir a una producción de nacionalidad alemana. Infinidad de grandes producciones americanas se beneficiaron de ello, desde Terminator 3 hasta Yo, robot, y nuestro protagonista encontró ahí su gran oportunidad para medrar, pues se le podrá llamar muchas cosas pero tonto no es. Así que su objetivo pasó a ser encadenar el mayor número de rodajes con el mayor presupuesto posible, pero cuidándose de que no fueran tan atractivos como para atraer al público pues de acuerdo al fisco germano tener beneficios podría ser perjudicial. Tal y como un crítico de los que citábamos al comienzo supo intuir, «Boll es tan mal director que tiene que hacerlo de forma intencionada». ¿Cómo lograrlo? Para empezar creándose una mala fama. Como en aquella película de Richard Pryor en la que este debía presentarse a unas elecciones pero no ganarlas y gastaba miles de dólares en pedir a los votantes que no le escogieran, Boll lleva años esforzándose por dar a conocer su nombre, pero como sinónimo de cochambre y despropósito.

Su otra baza ha sido la adaptación de videojuegos a la pantalla. ¿Qué sentido tiene hacer algo así? Si echamos la vista atrás podemos decir que este subgénero ha sido el más innecesario de la historia del cine. Para que nos hagamos una idea, la segunda adaptación mejor valorada según la metacrítica de Rotten Tomatoes ha sido Prince of Persia. El mayor tropiezo en la carrera de Jake Gyllenhaal está en el podio de lo mejor que se ha hecho al respecto. Ese es el nivel. Y en él por tanto Boll está en su salsa; le permite comprar licencias a precios módicos, le da la excusa para recurrir a presupuestos elevados y la apariencia de que busca un éxito de taquilla que, vaya por Dios, luego resulta que nunca llega.

Pero la fiesta no podía durar siempre y hace unos años las normas fiscales alemanas fueron modificadas para evitar esta clase de comportamientos estratégicos. De hecho el año pasado estrenó En el nombre del rey 3: la última misión, con un presupuesto de tres millones y medio, muy lejos de los sesenta de la primera. Y para sus siguientes proyectos, como decíamos anteriormente, ha tenido que recurrir al crowdfunding con escasos resultados. Su carrera parece que llega a su fin y sus cintas ni siquiera entran en la categoría esculpida por eminentes críticos de cine como «bodriculón». Para el autor de un bodriculón la vergüenza ajena es como el mármol para Miguel Ángel, crea a su manera una obra de arte y logra arrancarnos más de una carcajada, aunque siempre de forma involuntaria. Los bodriculones pueden ser disfrutados en compañía de amigos y bajo el efecto del alcohol, resultan entrañables y sus escenas más maravillosas consiguen miles de visitas en YouTube. Retroceder nunca, rendirse jamás es por ejemplo todo un clásico al respecto.

Pues bien, lamentablemente Uwe Boll tampoco ha conseguido ningún bodriculón memorable. Le falta ingenuidad, vocación sincera de hacer algo emotivo u original. Alguna aspiración de algo, en resumen. Veamos por ejemplo Blubberella, una historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial y protagonizada por «la primera superheroína gorda del cine», en palabras de su director. Mitad vampira y mitad humana, se dedica a matar nazis tirándose encima de ellos o aplastándolos al apretarlos contra sus tetas. Aunque estamos en los años cuarenta, la chica tiene un ordenador con internet en su habitación y cuando ella y los demás protagonistas abren un vagón y lo encuentran lleno de judíos que estaban siendo enviados a algún campo de concentración, a continuación vuelven a cerrar la puerta porque huelen muy mal. También podemos ver el cameo del propio director disfrazado de Hitler. En definitiva, y por si no se hacen a la idea, es mala de cojones y servidor, pese a su predisposición, no ha tenido aguante para verla hasta el final.

Por todo ello, cuando alguna vez se le compara con Jess Franco o Ed Wood es injusto para la memoria de estos, pues por infectos que fueran al fin y al cabo su objetivo era otro que el de enriquecerse a costa de los contribuyentes. Entre el candor y el cinismo, nos quedamos con el primero. Pero quizá algún día quiera redimirse, hacer algo para que el legado que deje tras de sí no sea este descampado con hierros oxidados, jeringuillas y lagartijas que es actualmente su obra. Esa podría ser la mayor venganza contra los críticos que tanto odia: obligarlos a hablar bien de uno de sus films. No sería la primera vez que viéramos una conversión así y lo cierto es que por ejemplo Rampage no es demasiado mala, e incluso tiene aspectos apreciables (su continuación es abyecta, eso sí). Quizá algún día se lo tome en serio y quiera hacer algo que sea realmente bueno. Mientras tanto solo quedará como una extraña anomalía de la historia, como un Rasputín, un Byron Khun o un Pequeño Nicolás que logran llegar lejos a base de desparpajo y de sentido de la oportunidad para colarse por las grietas del sistema.

Uwe Boll disfrazado de Hitler en Blubberella. Imagen de Boll KG Productions.

Uwe Boll disfrazado de Hitler en Blubberella. Imagen de Boll KG Productions.

6 comentarios

  1. Lo de retar a un combate de boxeo a unos críticos fue bochornoso. Eran unos chavalillos con granos y pinta de no haber acabado la uni. Boll es un troll, no hay que darle mas vueltas. De todos es sabido que la cabra tira al monte, y los alemanes siguen teniendo un idilio con el nihilismo que apenas consiguen superar. Además lo que les tira es el nihilismo gamberro, la supremacía del Ello (falos, sangre, violencia). Yo creía que era cosa de los del Este, pero Boll nació en la RFA. Yo creo que lo de este tipo no es un paripé. Es tan mascachapas como parece. No va a salir nada bueno de su cabeza, porque no hay nada bueno dentro.

  2. Toda esta cruzada contra Uwe Boll no hace otra cosa que alimentar mi simpatía por él.
    En su día detesté House of the Dead y no comprendí como hacia la mitad Alone in the Dark se pudo convertir en algo tan carente de sentido, pero todo este rollo de gente soltando visceras porque un hombre hace películas malas… eso sí es digno de los peores trolls.
    Los peores trolls esperan a que su campaña de crowdfunding falle para darla a conocer, no sea que logre sacarla adelante y no puedan mofarse de él.
    Uwe Boll ha hecho un cine pésimo durante un largo periodo, pero de vez en cuando tiene algo que no está del todo mal. Yo me reí con Postal e incluso Rampage se me atragantó para bien en alguna secuencia.
    Tanto malmeter no computa con el trabajo de un hombre que por lo menos sigue mejorando (en ocasiones).
    Y seamos sinceros, la crítica surge de la frustración, sea cual sea, y en muchas ocasiones es personal. Por ejemplo yo hago este comentario porque me parece de muy mal gusto hacer este artículo ahora y no hacerlo hace un mes.

    • Yo pienso exactamente lo contrario que tú, creo que Uwe Boll es de lo peor que ha habido en mucho tiempo, ahora me explico como hacía tantas películas y con tanto presupuesto. Discutir que sus películas son malas me da risa….. no es que fueran malas, eran peores. Los críticos no son santo de mi devoción pero lo de este personaje es de traca, y que él haya tenido tantas oportunidades a cargo del erario público mientras tanta gente con talento nunca ha tenido la oportunidad por falta de conexiones no creo que sea motivo para alabar, más bien lo contrario. A mi me encanta de vez en cuando una serie b, o incluso z, me veo alguna peli de ese estilo, especialmente en syfy, al menos una al mes con los colegas, pero lo de Uwe Boll no llega ni a esos niveles.

    • En fin, un articulo rapido, un reciclaje de mil comentarios hechos mil veces contra Uwe Boll y lo que se espera de un medio como jotdown (jaja, que facil es criticar malamente). Al menos, el articulo no se llama las “10 peores peliculas de Uwe Boll”. Pero esta bien, hay que hacer todo lo que se pueda por comer.

      Y respecto al comentario al que respondo, estoy totalmente de acuerdo, UweBoll ha hecho cosas infumables pero su fama se la ha creado por las adaptaciones de videojuegos y ser “infamous” entre los jugadores (que tienen pocas pelis fumables basadas en videojuegos).

      Ahora bien, Rampage II es una buena peli y Rampage I se salvan escenas del final (el principio es aburrido). Postal tambien tiene cosas muchas cosas que la salvan y que me hicieron reir sinceramente.

      Y sobre todo a Uwe Boll le contratan porque hace pelis como churros y sus rodajes duran nada y sus pelis cuestan poco dinero. Y las pelis en nuestro pais tambien estan financiadas, la otra vez vi un mierdon que iba de una fiesta de los 80, que si no me lo llega a explicar el director en directo antes de la peli que era mas un escaparate que una peli, pues me hubiera pirado y la hubiera llamado mierdon.

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  4. La carrera de este hombre es para envolverla en papel de periódico y tirarla a la basura. O mejor incinerarla, para que no huela. Porque no es ni reciclable.

    Eso sí, salvo una cosa, una sola cosa: la escena de inicio de Postal, la _broma_ sobre los atentados del 9/11. Cuando vi aquello estuve mitad descojonándome las tripas mitad admirando los enormes cojones de Boll de reirse de aquello…

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