Tragicomedia de Norman Foster y la cúpula del Reichstag - Jot Down Cultural Magazine

Tragicomedia de Norman Foster y la cúpula del Reichstag

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02 Jul 2011, Berlin, Germany --- Reichstag (Parliament Building), the dome (architect Norman Foster) --- Image by © Atlantide Phototravel/Corbis

Exterior de la cúpula del Reichstag, diseñada por Norman Foster. Fotografía: Corbis

Foster es un hombre temible, un arquitecto mediocre. (Santiago Calatrava, arquitecto, ingeniero de caminos y fuerza de la naturaleza)

Es muy difícil encontrar a alguien que no tenga opinión formada sobre sir Norman Foster, puesto que en los últimos veinte años el arquitecto británico no puede parar de triunfar. En la mayoría de las ciudades importantes del mundo es posible encontrar algún edificio o puente que lleve su firma, llegando a su máxima expresión en Londres, donde, si damos unas bellotas mezcladas con esteroides y MDMA a las ardillas de Hyde Park, podríamos verlas saltando por toda la city de obra en obra de Foster sin tocar el suelo. Como supondrán, Foster no nació petándolo muy fuerte en el mundo de la arquitectura —es más, todo lo contrario (1)—, y tuvo que estar varias décadas trabajando duro hasta que, finalmente, sobre todo gracias a su reforma del Reichstag, alcanzó su actual estatus.

En 1993, la Alemania recientemente reunificada convocó el concurso arquitectónico más apetecible en años por su carácter simbólico: reconstruir el Reichstag de Berlín para que albergara el Bundestag, su Parlamento. El edificio diseñado por el arquitecto Paul Wallot a finales del siglo XIX tenía en su cúpula de metal y cristal, calculada por el ingeniero civil Hermann Zimmermann, el contrapunto innovador a un diseño neoclásico en piedra. La cúpula, que había resistido el célebre incendio provocado de 1933 y los intensos bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, fue demolida en 1954, y desde entonces hasta la caída del muro de Berlín, como Sansón tras un corte de pelo, el edificio languidecía sin una función clara. La elección de Berlín frente a Bonn como capital de la nueva Alemania propició que se retomara la idea de que el Reichstag fuera el epicentro de la política nacional. Unos ochenta equipos de arquitectos, entre los que se encontraba Foster + Partners, se presentaron al concurso de ideas para la reforma, ya que no hacía falta ser un lince para darse cuenta de que aquello podría suponer el impulso definitivo para una incipiente carrera profesional o la consagración definitiva. En general, los concursos de esta índole suelen ser el caldo de cultivo ideal para intrigas, trapicheos y rumores de amaño ante la mínima sospecha, pero lo del Reichstag fue la charlotada suprema.

Primera vuelta: lo hacéis todos fenomenal

El 29 de enero de 1993, la comisión que se encargaba de gestionar la reforma del Reichstag anunció los tres ganadores del concurso, a saber: Norman Foster, el holandés Pi de Bruijn y nuestro viejo amigo Santiago Calatrava. Tres ganadores, sí señor. Hay muchas cosas que no comprendo y otras que no entiendo pero además me indignan: qué es eso de que hay tres ganadores. Toda argumentación del tipo «son los tres muy buenos, no sabemos con qué quedarnos» bebe de la filosofía de Torrebruno o Paulo Coelho. Personalmente, considero más digno quedar segundo en un concurso en el que el primer premio se declara desierto a que me hagan compartir los honores con otras propuestas que, como en este caso, se parecen como un huevo a una castaña. O que directamente son una castaña. Veamos:

Foster

Proyecto de Norman Foster. Imagen cortesía de berlinonbike.de

Foster se sacó de la manga una estructura gigantesca que cubriría el Reichstag, una especie de mesa de acero y cristal o de palio translúcido apoyado sobre veinticinco colosales pilares de unos cincuenta metros de altura, y que iba a integrar toda la actuación, que no se circunscribía en exclusiva al viejo edificio. Los alemanes tienen fama de ser algo fríos y circunspectos, pero los críticos le echaron salero al asunto al definir la propuesta de Foster como «marquesina de gasolinera de lujo». En efecto, era espantosa, fuera de escala y difícilmente justificable.

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Proyecto de Pie de Bruijn. Imagen: Deutscher Bundestag

Por su parte, el elemento más destacado del diseño de De Bruijn era un incomprensible volumen en el exterior del Reichstag, frente a la fachada principal, que tenía el aspecto de un plato o una concha o un frutero de abuela, que no había por dónde cogerlo y que habría jodido la fotogenia y simetría del edificio.

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Croquis de Santiago Calatrava. Imagen cortesía de peganarquitetura

Paradójicamente, y fíjense lo que voy a decir, la idea central de la propuesta de Calatrava era ¡la más sensata! de las tres: recuperar de alguna manera las formas iniciales del edificio dotándolo de una nueva cubierta de cristal y metal que gravitara sobre el Parlamento. Evidentemente no se quedaba en una cosa tan sobria, no olviden de quién estamos hablando: frente a la estática y clásica cúpula original, ahora se abriría en «cuatro pétalos» según el diseño de Calatrava. El capullo (ojo, nos estamos refiriendo poéticamente a la bóveda) se movería mediante lo que él describía como un «ingenioso sistema de cables», que a lo mejor habría funcionado pero seguramente no. Queda en entredicho la interpretación metafórica: las más que posibles goteras caerían sobre las cabezas de los diputados, los representantes elegidos democráticamente por los alemanes. «La democracia alemana hace aguas» sería el divertido titular en un universo paralelo. Por otro lado, a la vista de la maqueta, con las dimensiones que se planteaba la estructura, aquello se antojaba, cómo no, inconstruible.

Segunda vuelta: lo hacéis todos fenomenal, pero no tenemos pasta

Mientras se esperaba una resolución oficial que proclamara al ganador de verdad que llevara a cabo la redacción del proyecto, el 22 de abril de 1993 la comisión realizó un sorprendente comunicado en el que instaba a los tres finalistas a que repensaran sus diseños para hacerlos más baratos sin especificar cuánto, como quien dice vete pintando la habitación que luego ya te digo el color. La explicación oficiosa era que, debido a lo traumática que estaba resultando la reunificación desde el punto de vista económico, las autoridades alemanas habían decidido que había que recortar costes superfluos. Otras versiones inciden en que, como los arquitectos estrella tienen más peligro que una granada sin anilla, la comisión había revisado el presupuesto de cada una de las tres propuestas y había concluido que aquello era una locura.

Así, De Bruijn y Calatrava retocaron ligeramente sus trabajos, principalmente cambiando materiales y dimensiones, pero Foster corrigió su diseño a fondo: por fortuna mandó a paseo la idea del terrible dosel gigante, sobre la cámara del Parlamento colocó una discreta cubierta traslúcida que optimizaría la iluminación y ventilación natural y ganó, esta vez en solitario, el concurso.

Y la voltereta mortal: lo has hecho fenomenal, Foster, pero cámbialo todo

Foster se puso a trabajar en el proyecto, desarrollándolo en detalle, hasta que en una reunión de seguimiento con la comisión en primavera de 1994 le dejaron con el culo torcido: que lo habían pensado mejor y que querían una cúpula. Poderes económicos y políticos y gran parte de la opinión pública no concebían un Reichstag sin cúpula, así que se habían dedicado durante meses a presionar en este sentido hasta que al fin consiguieron su propósito. Foster se quedó perplejo. En la justificación de su diseño y en numerosas declaraciones a los medios se había posicionado de manera rotunda en contra de rehacer una bóveda que imitara a la original y ahora le salían con esto. En fin, con seguridad murmuraría algún juramento, pero preparó café, mucho café, y se puso a trabajar por tercera vez en un diseño para la reforma del Reichstag.

Como todos esperaban, puesto que aquel proyecto era muy goloso, Foster accedió a incluir la cúpula de marras, aunque matizó que iba a hacer una «interpretación moderna de la forma original» de la misma. Hasta llegar a la solución que se construyó, estuvo jugando con distintas ideas de bóvedas que iban desde un cilindro hasta volúmenes que recordaban a los remates de vidrio de los antiguos tendidos de telégrafos. Cuando llegaron a la prensa los ecos de este cambio de criterio y se filtraron los primeros bocetos de Foster con una cúpula, se lio parda. Se suele decir que la ópera no acaba hasta que canta la gorda. En efecto, en este último acto Calatrava salió a escena como una soprano wagneriana despechada: ¡él había tenido antes la idea de la cúpula! Se sentía realmente indignado con lo que consideraba un insulto hacia su persona y su arte (una blasfemia en definitiva), y una injusticia de alcance histórico. Desatado, Calatrava debió pensar que por qué no y puso toda la carne en el asador, sacando a la luz viejas rencillas con Foster que hay quien interpretaría como cierta tensión sexual no resuelta. Pueden revisar la hemeroteca si quieren. Cojan palomitas:

«Foster presentó un proyecto absurdo y estrafalario que, en cuatro fases posteriores, reformó como el mío».

«Arquitectos como Foster, que se venden trabajando, son cada vez más numerosos; la profesión es muy dura. Está llena de mafias y muchos de los arquitectos se han convertido en negociantes. Es cínico todo lo que está ocurriendo».

«Foster es un hombre temible, un arquitecto mediocre».

«No es la primera vez que tengo problemas con él; ya en Barcelona Bohigas le regaló la torre de comunicaciones» (2).

Foster contemporizó e hizo gala de cierta flema británica respondiendo públicamente con mucha paciencia, bastante indiferencia y sin entrar en el terreno personal (al fin y al cabo, Calatrava le había calificado de arquitecto-prostituto):

«A diferencia de Calatrava, yo he rechazado firmemente cualquier propuesta que pretenda imitar la cúpula del antiguo Reichstag».

«No hay ningún parecido con la cúpula tradicional propuesta por Calatrava o por la multitud de arquitectos que antes que él crearon cúpulas de tipo tradicional cubiertas de cristal».

Vamos, como una vaca que se aparta con la cola las moscas del culo mientras sigue rumiando la hierba. Y pasó página. Entendemos que Foster no ha perdido el sueño ni una noche por este motivo (una de las pocas noches que duerme, queremos decir).

Seamos justos. Sí, Calatrava era el único que había propuesto una cúpula entre los tres finalistas. Sí, si querían una cúpula y Foster había ganado sin ella, la situación se debía resolver convocando una tercera vuelta o nombrando a Calatrava ganador. Sí, da cierto tufo a conspiración tanta vuelta para que al final casi cojan a Foster por las solapas para decirle que quieren que les diseñe una cúpula.

PERO.

September 2009, Berlin, Germany --- Inside of the glass dome of the Reichstag, designed by architect Norman Foster. --- Image by © Frederic Soltan/Corbis

Interior de la cúpula del Reichstag, diseñada por Norman Foster. Fotografía: Corbis

La cúpula de Foster (y su diseño y justificación) no tienen nada que ver con la del valenciano. El proyecto construido del lord inglés es una maravilla. Para empezar, la estructura principal de acero dibuja una bóveda en principio bastante clásica, con base circular de unos cuarenta metros de diámetro y veintitrés y medio de altura, mientras que la cúpula original o la presentada por Calatrava tenían como base un paralelogramo y estaban formadas por cuatro hojas. Pero la mayor diferencia se encuentra en su interior: el revestimiento de cristal se sostiene gracias a unos esbeltos nervios metálicos que por su lado interno soportan una rampa en espiral, de acceso público, que permite la circulación desde la base hasta casi la coronación de la cúpula. Además, la espiral sirve para rigidizar estructuralmente el conjunto para que aguante tanto las cargas externas climáticas como las de un elemento singular que cuelga de los nervios: un cono invertido, una especie de estalactita metálica, que apunta hacia el nivel inferior, donde se encuentra el Parlamento. Este cono tiene dos funciones principales: mediante trescientos sesenta espejos orientados adecuadamente, inunda de luz natural la cámara y, además, a través de él se realiza la ventilación natural de la misma. Uno de los fines que se buscaba en el concurso era el de transmitir transparencia y acercar los mecanismos del Estado democrático al pueblo. Gracias a la transparencia que le otorgan las diferentes superficies acristaladas hábilmente dispuestas, desde el pasillo en espiral de la bóveda se puede observar tanto el exterior (la ciudad) como el interior (la cámara). Asimismo, el cono pende sobre las cabezas de los diputados como una espada de Damocles. Desde la bóveda, de acceso público (donde está el pueblo), se facilita luz y oxígeno a los políticos, que se encuentran en un nivel inferior; como insinuando que como nos la lieis, caerá sobre vosotros el peso de esta estalactita de la ley. Además, es un hito lumínico de noche, cuando, si hay sesión en el Parlamento, «brilla como un faro, proclamando en la distancia el trabajo de la democracia». Este efecto de superficies curvas acristaladas como reclamo luminoso nocturno lo ha repetido también en el City Hall, el Ayuntamiento de Londres, o en los fosteritos de Metro Bilbao (3).

La verdad es que marearon a Foster con todo el proceso, pero le hicieron un favor: el resultado es una obra emblemática, extraordinaria tanto desde el punto de vista estético como conceptual y simbólico. Aunque, bien pensado, fue un favor recíproco: Berlín le dio la posibilidad de concebir un diseño fabuloso y Foster les evitó la lacra de tener un Calatrava como objeto arquitectónico más significativo de la ciudad. De la mano del Reichstag llegó el premio Pritzker y el reconocimiento definitivo de Foster, puede que el arquitecto más grande de su tiempo. Por su parte, como ya saben, Calatrava medró, acusó esporádicamente de plagio a otros profesionales y hoy, requerido con regularidad por los juzgados, sobrevive como arquitecto estrella de fortuna; si usted es concejal de obras y quiere tener algún problema, tal vez pueda contratarlo.

Notas:

(1) De hecho, su vocación arquitectónica fue tardía. Abandonó los estudios y estuvo de becario en el Ayuntamiento de Manchester, en el departamento de Hacienda. Solo tras volver del servicio militar y trabajar de ayudante de campo en un estudio de arquitectura se decidió a comenzar los estudios. Eso sí, desde joven atesoró un increíble talento para el dibujo y una capacidad de trabajo descomunal que hoy en día sufren sus empleados: su estudio está abierto las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.

(2) Se refiere Calatrava a la torre de telecomunicaciones de Collserola, en Barcelona, un concurso ganado también por Foster para el que el valenciano presentó una especie de cohete espacial, idea que luego repetiría para la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

(3) Las icónicas marquesinas de entrada a Metro Bilbao, de cristal y acero, fueron conocidas popularmente desde un primer momento como «fosteritos» y hoy en día, incluso en los pliegos de contratación de las sucesivas ampliaciones de la línea del suburbano, se denominan así de forma oficial. Por cierto, debe ser contradictorio para tu ego que denominen «fosterito» a un elemento que se asemeja a una versión high-tech de la concha de un nautilus. Hubiera tenido su gracia que Foster hubiera sido mujer o, rematando el festival del humor de los dobles sentidos sexuales, que llamaran fosterito al edificio Swiss Re de Londres, que también es conocido como N.º 30 de St Mary Axe por su ubicación y como The Gherkin (el pepinillo) por su forma (fálica).

Este artículo es un avance de nuestra revista impresa dedicada al Reino Unido #JD12

28 comentarios

  1. Pingback: Tragicomedia de Norman Foster y la cúpula del Reichstag

  2. No me gusta el tono del artículo.

  3. Pues ahí tienes un rinconcito recogido donde llorar.

  4. Muy bueno lo del “ingenioso sistema de cables”. Lo que viene a significar otra de mierdas que no funcionan (y hay varias), pero no porque yo sea un chapucero, si no porque soy un ser preclaro que va adelantado a la tecnología de su tiempo.
    Uno ha tratado con unos cuantos arquitectos con tendencia a mirar por encima del hombro a los mortales que no lo somos, y a buscar soluciones que solo existen en su imaginación (que realmente no sean posibles o que no se puedan fabricar es culpa nuestra, que no dejamos de ser unos patanes). Pero lo Calatrava es otro nivel…..

  5. Fantástico artículo.

  6. Excelente como siempre Sr. Domosti. Se le echaba de menos.

  7. Muy bueno el articulo. Aunque por aquel entonces ninguno de ellos era un arquitecto estrella como se dice. Hoy en día Foster no hubiera aceptado que le impusieran un diseño. No conocía esta historia. Gracias

  8. Esa cúpula es como mucho un aggiornamento de la de Brunelleschi. Ni siquiera los materiales son diferentes a los del Grand Palais de 1900. Muy fallero todo.

  9. ¿Sólo a mí me parece el “pebetero” de Bruijn un corta-pega del Congreso de Brasilia. http://www.brasilia50.info/es/img/Congresso.jpg

    • De repente quería homenajear al gran Niemeyer… Bromas a parte, se dijo en su momento que representaba la ausencia de cúpula, aunque igual estaba un pelín fuera de escala, como la “marquesina” de Sir Norman.

  10. Me ha gustado mucho el artículo y el sentido del humor del autor.

  11. No sé si el señor Foster ha leido a Dante pero el cono invertido es la forma que tiene el INFIERNO en la Divinia Comedia…o dejo interpretar.

  12. Muy bueno el artículo, pero decir que “es muy difícil encontrar a alguien que no tenga opinión formada sobre sir Norman Foster” es vivir en un mundo muy pequeño.

  13. Pero eso es porque a Foster nunca le han dejado hacer la cúpula cuadrada.

  14. Hombre, el artículo un poco sesgado sí que es, y claro, la crítica a Calatrava es jugar sobre seguro. Y mucho más comparar la cúpula de Foster, que es un proyecto desarrollado en cuatro fases (tras proponer un despropósito que ni el mismísimo Calatrava hubiese firmado), con el proyecto de concurso de Calatrava y su hipotética materialización sin evolución alguna “que seguro que iba a ser una pifia, como todo lo que hace”. Y ya de paso pone dos imágenes de maqueta comparadas con un croquis de mie**$%.

    Yo comprendo el cabreo de Calatrava. Convocan un concurso que realmente es un encargo a Foster para que acaben haciendo el concepto que ha defendido él como arquitecto en fases sucesivas. El elegante símbolo de los ciudadanos andando sobre sus representantes en la cámara para mí da un valor diferenciador suficiente al proyecto de Foster (frente a Calatrava y como catarsis de lo que previamente representaba la desaparecida cúpula). Pero si en esta historia se invirtiesen los nombres lloverían sapos y culebras en la misma dirección: hacia Calatrava.

  15. Me ha gustado el artículo. Recuerdo lo de “marquesina” de la primera propuesta de Foster, yo había empezado a estudiar arquitectura y hacía unas prácticas para una empresa que construía gasolineras para Mobil Oil y Texaco, con el típico canopy cubriendo el patio de maniobras.
    Concuerdo en que la escala se le fue de las manos, pero no nos olvidemos que el lenguaje de esa primera propuesta dialogaba con muchos edificios que forman el actual barrio de Gobierno (Regierungsviertel). Si nos damos
    un paseo por la zona veremos que no es casualidad la recurrencia de estas cubiertas sobre pilares, sobretodo en los que forman parte de la Franja de la Federacion (Band des Bundes). Por otro lado, no se si sea difícil encontrar
    personas sin opinion formada sobre sir Norman (a nivel mundial, entiendo yo), pero en todo caso es imposible encontrar a alguien sin opinion formada sobre Calatrava en España.

  16. Interesante artículo.

    Un problema importante de la arquitectura en la actualidad es el concepto de libertad para el arquitecto. Los grandes arquitectos del pasado tenían muchos pies forzados en sus proyectos y ahí radicaba su genialidad. Desde los constructores góticos hasta Alvar Aalto, los proyectos de los grandes se modificaban, revisaban y retocaban hasta el aburrimiento. Los patronos obligaban a introducir sus caprichos o criterios, provocando reformulaciones del arquitecto. Y después de ese largo proceso nacían edificios vivos.

    Quizás la cúpula de Foster sea tan genial precisamente porque tuvo que pasar por dificultades de ese tipo. Si se hubiese hecho, sin más, el proyecto original de cualquiera de los tres “ganadores” el resultado habría sido un adefesio.

    • Estamos de acuerdo. Y seguro que el Papa le tocaba los pies a Miguel Angel y metía la cuchara en la cúpula de San Pedro y hacía sugerencias. El caso es que Calatrava le hubiera sugerido un “ingenioso sistema móvil” para poder abrirla y hubiera acabado en una pira en el centro de la plaza…eso que lleva ganado con haber nacido en estos tiempos… (eso y la pasta que nos ha levantado).

  17. Excelente artículo. Desacartonado y familiar, como comentando la historieta a un amigo. Me hizo aprender criterios arquitectónicos muy interesantes. Soy fan de Calatrava, pero no es la primera vez que escucho que es problemático y privilegia la estética por sobre temas de sentido común, como el mantenimiento y limpieza. Gratos saludos.-

  18. Calatrava no es Ingeniero de Caminos (eran 6 años por entonces), estudió Ingeniería Civil en Suiza en 4 años, aunque lógicamente le convalidarían varias asignaturas siendo Arquitecto.

  19. Yo diría que el auténtico punto de inflexión en la trayectoria profesional de Norman Foster fue el proyecto del Metro de Bilbao (ganado también en un concurso convocado en 1988), como él mismo ha reconocido en varias ocasiones. Proyecto en el que, además de su lúcida propuesta, se produjo una fructífera colaboración e integración entre ingeniería y arquitectura: http://www.echonovemberecho.blogspot.com.es/search?q=norman+foster

  20. Pingback: Berlín, mon amour – unsicarioenmiascensor

  21. Dos años después de escrito leo este artículo y debo reconocer algo; la cúpula del Reichstag fue una ocurrencia de Calatrava adecuadamente fusilada por Foster. No me emociona Calatrava pero hay que reconocerle lo pertinente.

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