
Foster es un hombre temible, un arquitecto mediocre. (Santiago Calatrava, arquitecto, ingeniero de caminos y fuerza de la naturaleza)
Es muy difícil encontrar a alguien que no tenga opinión formada sobre sir Norman Foster, puesto que en los últimos veinte años el arquitecto británico no puede parar de triunfar. En la mayoría de las ciudades importantes del mundo es posible encontrar algún edificio o puente que lleve su firma, llegando a su máxima expresión en Londres, donde, si damos unas bellotas mezcladas con esteroides y MDMA a las ardillas de Hyde Park, podríamos verlas saltando por toda la city de obra en obra de Foster sin tocar el suelo. Como supondrán, Foster no nació petándolo muy fuerte en el mundo de la arquitectura —es más, todo lo contrario (1)—, y tuvo que estar varias décadas trabajando duro hasta que, finalmente, sobre todo gracias a su reforma del Reichstag, alcanzó su actual estatus.
En 1993, la Alemania recientemente reunificada convocó el concurso arquitectónico más apetecible en años por su carácter simbólico: reconstruir el Reichstag de Berlín para que albergara el Bundestag, su Parlamento. El edificio diseñado por el arquitecto Paul Wallot a finales del siglo XIX tenía en su cúpula de metal y cristal, calculada por el ingeniero civil Hermann Zimmermann, el contrapunto innovador a un diseño neoclásico en piedra. La cúpula, que había resistido el célebre incendio provocado de 1933 y los intensos bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, fue demolida en 1954, y desde entonces hasta la caída del muro de Berlín, como Sansón tras un corte de pelo, el edificio languidecía sin una función clara. La elección de Berlín frente a Bonn como capital de la nueva Alemania propició que se retomara la idea de que el Reichstag fuera el epicentro de la política nacional. Unos ochenta equipos de arquitectos, entre los que se encontraba Foster + Partners, se presentaron al concurso de ideas para la reforma, ya que no hacía falta ser un lince para darse cuenta de que aquello podría suponer el impulso definitivo para una incipiente carrera profesional o la consagración definitiva. En general, los concursos de esta índole suelen ser el caldo de cultivo ideal para intrigas, trapicheos y rumores de amaño ante la mínima sospecha, pero lo del Reichstag fue la charlotada suprema.
Primera vuelta: lo hacéis todos fenomenal
El 29 de enero de 1993, la comisión que se encargaba de gestionar la reforma del Reichstag anunció los tres ganadores del concurso, a saber: Norman Foster, el holandés Pi de Bruijn y nuestro viejo amigo Santiago Calatrava. Tres ganadores, sí señor. Hay muchas cosas que no comprendo y otras que no entiendo pero además me indignan: qué es eso de que hay tres ganadores. Toda argumentación del tipo «son los tres muy buenos, no sabemos con qué quedarnos» bebe de la filosofía de Torrebruno o Paulo Coelho. Personalmente, considero más digno quedar segundo en un concurso en el que el primer premio se declara desierto a que me hagan compartir los honores con otras propuestas que, como en este caso, se parecen como un huevo a una castaña. O que directamente son una castaña. Veamos:
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No me gusta el tono del artículo.
Te jodes. Yo, en cambio, he disfrutado con un artículo que, una vez más, deja con el culo al aire a nuestro mafioso starchitect Santiago Telaclavo.
lo siento pero yo me he reído un buen rato
Pues ahí tienes un rinconcito recogido donde llorar.
Muy bueno lo del «ingenioso sistema de cables». Lo que viene a significar otra de mierdas que no funcionan (y hay varias), pero no porque yo sea un chapucero, si no porque soy un ser preclaro que va adelantado a la tecnología de su tiempo.
Uno ha tratado con unos cuantos arquitectos con tendencia a mirar por encima del hombro a los mortales que no lo somos, y a buscar soluciones que solo existen en su imaginación (que realmente no sean posibles o que no se puedan fabricar es culpa nuestra, que no dejamos de ser unos patanes). Pero lo Calatrava es otro nivel…..
Como la aguja hipodérmica esa de Bankia de la Pza. Castilla, que supuestamente se movía…
En Israel hizo una idéntica que sí que se mueve. Claro que es mucho más pequeña. Tampoco hay ningún Blesa al mando, que yo sepa.
Pues eso, el homenaje perfecto a Bankia.
Fantástico artículo.
Excelente como siempre Sr. Domosti. Se le echaba de menos.
Muy bueno el articulo. Aunque por aquel entonces ninguno de ellos era un arquitecto estrella como se dice. Hoy en día Foster no hubiera aceptado que le impusieran un diseño. No conocía esta historia. Gracias
Esa cúpula es como mucho un aggiornamento de la de Brunelleschi. Ni siquiera los materiales son diferentes a los del Grand Palais de 1900. Muy fallero todo.
¿Sólo a mí me parece el «pebetero» de Bruijn un corta-pega del Congreso de Brasilia. http://www.brasilia50.info/es/img/Congresso.jpg
De repente quería homenajear al gran Niemeyer… Bromas a parte, se dijo en su momento que representaba la ausencia de cúpula, aunque igual estaba un pelín fuera de escala, como la «marquesina» de Sir Norman.
Me ha gustado mucho el artículo y el sentido del humor del autor.
No sé si el señor Foster ha leido a Dante pero el cono invertido es la forma que tiene el INFIERNO en la Divinia Comedia…o dejo interpretar.
Muy bueno el artículo, pero decir que «es muy difícil encontrar a alguien que no tenga opinión formada sobre sir Norman Foster» es vivir en un mundo muy pequeño.
Pero eso es porque a Foster nunca le han dejado hacer la cúpula cuadrada.
Hombre, el artículo un poco sesgado sí que es, y claro, la crítica a Calatrava es jugar sobre seguro. Y mucho más comparar la cúpula de Foster, que es un proyecto desarrollado en cuatro fases (tras proponer un despropósito que ni el mismísimo Calatrava hubiese firmado), con el proyecto de concurso de Calatrava y su hipotética materialización sin evolución alguna «que seguro que iba a ser una pifia, como todo lo que hace». Y ya de paso pone dos imágenes de maqueta comparadas con un croquis de mie**$%.
Yo comprendo el cabreo de Calatrava. Convocan un concurso que realmente es un encargo a Foster para que acaben haciendo el concepto que ha defendido él como arquitecto en fases sucesivas. El elegante símbolo de los ciudadanos andando sobre sus representantes en la cámara para mí da un valor diferenciador suficiente al proyecto de Foster (frente a Calatrava y como catarsis de lo que previamente representaba la desaparecida cúpula). Pero si en esta historia se invirtiesen los nombres lloverían sapos y culebras en la misma dirección: hacia Calatrava.
Me ha gustado el artículo. Recuerdo lo de «marquesina» de la primera propuesta de Foster, yo había empezado a estudiar arquitectura y hacía unas prácticas para una empresa que construía gasolineras para Mobil Oil y Texaco, con el típico canopy cubriendo el patio de maniobras.
Concuerdo en que la escala se le fue de las manos, pero no nos olvidemos que el lenguaje de esa primera propuesta dialogaba con muchos edificios que forman el actual barrio de Gobierno (Regierungsviertel). Si nos damos
un paseo por la zona veremos que no es casualidad la recurrencia de estas cubiertas sobre pilares, sobretodo en los que forman parte de la Franja de la Federacion (Band des Bundes). Por otro lado, no se si sea difícil encontrar
personas sin opinion formada sobre sir Norman (a nivel mundial, entiendo yo), pero en todo caso es imposible encontrar a alguien sin opinion formada sobre Calatrava en España.
Interesante artículo.
Un problema importante de la arquitectura en la actualidad es el concepto de libertad para el arquitecto. Los grandes arquitectos del pasado tenían muchos pies forzados en sus proyectos y ahí radicaba su genialidad. Desde los constructores góticos hasta Alvar Aalto, los proyectos de los grandes se modificaban, revisaban y retocaban hasta el aburrimiento. Los patronos obligaban a introducir sus caprichos o criterios, provocando reformulaciones del arquitecto. Y después de ese largo proceso nacían edificios vivos.
Quizás la cúpula de Foster sea tan genial precisamente porque tuvo que pasar por dificultades de ese tipo. Si se hubiese hecho, sin más, el proyecto original de cualquiera de los tres «ganadores» el resultado habría sido un adefesio.
Estamos de acuerdo. Y seguro que el Papa le tocaba los pies a Miguel Angel y metía la cuchara en la cúpula de San Pedro y hacía sugerencias. El caso es que Calatrava le hubiera sugerido un «ingenioso sistema móvil» para poder abrirla y hubiera acabado en una pira en el centro de la plaza…eso que lleva ganado con haber nacido en estos tiempos… (eso y la pasta que nos ha levantado).
Excelente artículo. Desacartonado y familiar, como comentando la historieta a un amigo. Me hizo aprender criterios arquitectónicos muy interesantes. Soy fan de Calatrava, pero no es la primera vez que escucho que es problemático y privilegia la estética por sobre temas de sentido común, como el mantenimiento y limpieza. Gratos saludos.-
Calatrava no es Ingeniero de Caminos (eran 6 años por entonces), estudió Ingeniería Civil en Suiza en 4 años, aunque lógicamente le convalidarían varias asignaturas siendo Arquitecto.
Yo diría que el auténtico punto de inflexión en la trayectoria profesional de Norman Foster fue el proyecto del Metro de Bilbao (ganado también en un concurso convocado en 1988), como él mismo ha reconocido en varias ocasiones. Proyecto en el que, además de su lúcida propuesta, se produjo una fructífera colaboración e integración entre ingeniería y arquitectura: http://www.echonovemberecho.blogspot.com.es/search?q=norman+foster
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Dos años después de escrito leo este artículo y debo reconocer algo; la cúpula del Reichstag fue una ocurrencia de Calatrava adecuadamente fusilada por Foster. No me emociona Calatrava pero hay que reconocerle lo pertinente.
Me encanto la forma en que se contaron los hechos. He estado buscando información acerca del concurso y como gano Foster pero no había encontrado un articulo tan interesante y ocurrente como este.
Es cierto que Calatrava propuso una especie de cúpula primero pero lo realizado por Foster es sin duda todo un monumento.
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