
«Kod bogataša na glas, kod siromaha na čast» es un viejo refrán balcánico que repite la gente mayor cuando ocurre una tragedia. Si estás necesitado, viene a decir, mejor que llames a la puerta de alguien a quien tampoco le vaya muy bien. La crisis de los refugiados en el corredor de los Balcanes, la ruta hacia Alemania que surca Grecia, Macedonia y Serbia, lo ha puesto de manifiesto. Mientras los políticos han dejado pasar los meses mirando hacia otra parte o postergando el acuerdo sobre el reparto de los refugiados, han sido muchos los ciudadanos de estas repúblicas que a título individual se han preocupado por sirios, afganos, iraquíes o libios que han atravesado sus países.
Porque la crisis empezó antes de este verano, cuando el problema saltó definitivamente a la primera plana de los medios de todo el mundo. Desde septiembre del año pasado, la prensa de la región ya recogía la llegada de refugiados. El día 2, el medio serbio B92 contaba en un reportaje qué rutas seguían los sirios para llegar a Europa desde Turquía atravesando los Balcanes y cuánto les costaba —de tres mil quinientos a cuatro mil euros—. Después, aparecieron noticias de que Serbia la estaban atravesando niños solos, la mayoría afganos. Y, ya en abril, que catorce refugiados murieran en Macedonia atropellados por un tren cuando caminaban siguiendo la vía dio la voz de alarma antes de que estallara definitivamente la crisis, en agosto, cuando llegaron a entrar tres mil al día en el país.
Maša Mišić, activista de Belgrado, se ha pasado todo este verano en los alrededores de la estación asistiendo a los refugiados desde que leyó las primeras noticias y vio con sus propios ojos cómo iban llenando las calles de su ciudad e instalándose en los parques. Sacrificó sus vacaciones y organizó un grupo de ayuda en torno a unas ONG locales; no le faltaron colaboradores, pero lo que más recuerda fue la ayuda desinteresada que recibieron de antiguos refugiados de las guerras de desintegración de los noventa: «Ha venido gente de todos los rincones de la antigua Yugoslavia a traer alimentos y cualquier cosa que pudiera ser útil; recuerdo a una mujer que fue refugiada de la guerra de Croacia llegar con utensilios de higiene femenina, nos dijo: “creedme, yo sé lo que necesita realmente una mujer en estas circunstancias”».
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No recuerdo otro reportaje de refugiados en Jot down, hacía falta.
Habría ayudado mucho un mapa para saber donde están los lugares, pero muy interesante, sí.
Excelente reportaje. Es de esos que te hacen recobrar la esperanza en el género humano y en su bondad intrínseca. Enhorabuena!!!
Buen artículo. Uno, q está lleno de contradicciones y de prejuicios, tenía una imagen del pueblo serbio muy estereotipada y para nada positiva. Veo que la buena gente brota de todos lados. Estaría bien que esa buena gente también estuviera presente en los gobiernos de Hungría, de Alemania, de España…
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