Jot Down Cultural Magazine – Stanislas Wawrinka, Angelique Kerber y varias cosas que aprendimos del US Open

Stanislas Wawrinka, Angelique Kerber y varias cosas que aprendimos del US Open

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Angelique Kerber y Stanislas Wawrinka. Fotos: Cordon.

Angelique Kerber y Stanislas Wawrinka. Fotos: Cordon.

En enero de 2010, Roger Federer ganaba en Australia su decimosexto título del Grand Slam. A los veintiocho años, y después de siete finales consecutivas, era difícil verle un fin a su reinado. La duda era si los dieciséis se quedarían en veinte o si irían aún más allá. Pocos imaginaban que en los seis años y medio siguientes apenas ganaría otro «grande». Algo parecido le sucedió a Rafa Nadal. Cuando en junio de 2014, también con veintiocho años, ganaba su noveno Roland Garros para un total de catorce títulos del Grand Slam, pocos dudaban de que alcanzaría o incluso superaría a Federer. Era número uno del mundo, vigente campeón del US Open y finalista en Australia. Desde entonces, no ha llegado ni a semifinales de ninguno de los cuatro grandes.

Estos antecedentes no implican que a Djokovic le tenga que pasar lo mismo, pero desde luego invitan a pensar que es una posibilidad con la que hay que contar. Novak ganó hace apenas tres meses Roland Garros, completando un año entero de triunfos y asentándose en el número uno de la clasificación con la mayor ventaja sobre el segundo de la historia. En estos tres meses ha tenido tiempo de perder en Wimbledon ante Sam Querrey, caer a las primeras de cambio ante Juan Martín del Potro en los Juegos Olímpicos —la única gran competición que falta en su palmarés junto al torneo de Cincinnati— y ceder la final del US Open ante Stanislas Wawrinka dejando unas sensaciones francamente mejorables.

Ha habido excusas de todo tipo: problemas personales, molestias en la muñeca, cansancio acumulado… exactamente en eso consiste el deporte profesional y lo que lo hace imprevisible. De repente te comes el mundo y de repente el mundo te come a ti con patatas y todos los pronósticos quedan hechos trizas. Cuando todo el mundo pensaba que 2016 sería de nuevo el año de Djokovic y Serena Williams —aún puede serlo, ojo— el guion ha pegado un giro sorprendente. Lo analizamos en veinticinco píldoras.

1. Empecemos por el ganador masculino: Stan Wawrinka ganó a su manera, es decir, casi a traición, por la espalda. Cuando nadie le ve. Después de unos meses de resultados anodinos, se planta en Nueva York, salva un match point en tercera ronda ante Daniel Evans, sufre más de la cuenta ante Illya Marchenko… y de repente se convierte en otro jugador. Un jugador capaz de remontar un break y una lesión en el primer set a Juan Martín del Potro en cuartos, un jugador capaz de levantar un set en contra ante Kei Nishikori en cuartos y un jugador capaz de ganar su tercera final de Grand Slam de las tres disputadas después de ceder también el primer set y ante el número uno del mundo. Casi nada.

2. El caso de Wawrinka, un jugador para el que no existen los términos medios, es exactamente el contrario del de los grandes campeones que citábamos en la introducción. A los veintiocho años, su carrera parecía condenada a limitarse a aquel oro olímpico que ganó junto a Federer en los dobles de Pekín 2008. Desde entonces, casi tres años de locura: ganó el Open de Australia de 2014 con lesión incluida de Nadal en la final, ganó el Roland Garros de 2015 con un tenis frenético y se ha impuesto en el US Open de 2016 a base de fortaleza mental. A eso hay que sumarle la Copa Davis de hace dos años para completar un palmarés tardío pero envidiable.

3. Sobre Djokovic ya lo hemos dicho casi todo. En general, la sensación es que no estaba listo para este torneo. Solo las lesiones de sus rivales y alguna actuación esperpéntica como la de Monfils en semifinales le colocaron en la final y una vez ahí no pareció tener suficiente fe en la victoria. La relación del serbio con el US Open nunca ha sido fácil: con la de este domingo ya van cinco finales perdidas por solo dos ganadas.

4. La derrota de Djokovic tiene algo de sorpresa, pero chocó aún más que no fuera a manos de Andy Murray, el llamado a ser su sucesor. Que los «sucesores» de Djokovic tengan veintinueve y treinta y un años es un tema que ya trataremos algo más abajo; de momento, centrémonos en el escocés, imparable durante cuatro rondas hasta el apagón mental del cuarto y quinto set ante Nishikori, en el que quizá fuera el mejor partido del torneo. Murray empataba a un juego la cuarta manga con 15-40 sobre el servicio del japonés y veinte minutos después había perdido 1-6 el set y cedía 0-2 en el definitivo. Tuvo tiempo para recuperarse, volver a caer y volver a recuperarse, pero su lenguaje corporal lo decía todo: completamente de los nervios y fuera de sí, el campeón de Wimbledon y de los Juegos de Río, acabó cediendo 7-5 en el último parcial.

5. Vamos a lo del relevo generacional: el único jugador nacido en los noventa, es decir, el único jugador menor de veintiséis años, en llegar a cuartos de final fue el francés Lucas Pouille. La temporada de Pouille viene siendo excelente a sus veintidós años y su victoria ante Nadal en octavos está a la altura del citado partido entre Murray y Nishikori. Aun así, la alegría duró dos días, los que pasaron hasta que Gael Monfils, de treinta años, le arrasó en cuartos de final. El problema de esta generación no es que no sean capaces de ganar a Djokovic, Murray, Federer o Nadal… es que siguen siendo incapaces de quitarse de en medio a los Monfils y siguen sufriendo con los Baghdatis.

6. Volviendo al partido de Pouille ante Nadal, es momento de recordar que el manacorí lleva dos años y medio sin disputar unas semifinales de Grand Slam. Creo que ha llegado el momento de preocuparse oficialmente. Rafa disputó tres partidos a un nivel altísimo, sin ceder ni un set y cayó en el único mínimamente problemático, con el agravante de que volvió a hacerlo en el quinto set (Fognini, Verdasco…), ante un jugador inferior y después de tener un break de ventaja. Aunque se mantiene el cuarto en la clasificación de la ATP, cae al octavo lugar en la llamada «Race to London», es decir, el ranking de lo que llevamos de año. Su presencia en el antes llamado Masters no peligra precisamente por la ausencia de rivales de entidad, pero el top 5 se aleja cada vez más.

7. En general, no fue un buen torneo para el tenis español, que lleva dos años viviendo de los fogonazos de Garbiñe Muguruza y los éxitos en la categoría de dobles. La ausencia absoluta de relevo hace que el cuadro masculino se limite a lo que puedan hacer Nadal y Bautista y el femenino a la inspiración de Garbiñe y la constancia de Carla Suárez. Ninguno de ellos llegó siquiera a cuartos de final. Solo la pareja de dobles Pablo CarreñoGuillermo García López salvó el honor patrio llegando a la final, aunque acabaran cayendo con cierta facilidad ante Jamie Murray —el hermano de Andy— y Bruno Soares.

8. Aunque los focos de esta pequeña catástrofe se pongan sobre Muguruza por esa sensación de dejadez que acompaña a sus derrotas, mucho peor pinta lo de David Ferrer. Después de ocho años casi ininterrumpidos entre los diez mejores del mundo, su temporada parece el presagio de una retirada inminente. Su última victoria ante un top ten data de enero (John Isner en Australia) y aunque sacó fuerzas de flaqueza para ganarle a Fabio Fognini en segunda ronda, apenas pudo competir con Del Potro en dieciseisavos. A los treinta y cuatro años, parece que el tiempo se le acaba. Momento, quizá, de valorar todo lo que ha conseguido durante sus dieciséis temporadas como profesional.

9. Por cierto, Del Potro está de vuelta. Ya es oficial. Otra cosa es que uno pueda pasarse dos años casi enteros sin jugar y luego arrasar con todo, pero si la final de Río ya fue un aviso de lo que era capaz, los cuartos del US Open, revalorizados al caer contra el campeón final en cuatro sets, confirman la sospecha. Al cien por cien, no hay nadie en el circuito con su derecha. Con veintiocho años, aún debería soñar con completar dos semanas redondas y hacerse con un torneo del Grand Slam que sumar al US Open de 2009. Puede que físicamente al argentino aún le falte un poco pero mentalmente está a un nivel superior al de sus mejores años, emociones y lágrimas incluidas.

10. Vamos con el cuadro femenino: en un circuito tan imprevisible como es la WTA, parece claro que está vez, por fin, ganó la favorita. Todo el mundo citaba a la alemana Angelique Kerber como clara candidata al título y se lo llevó sabiendo sufrir, especialmente en la final ante la sorprendente checa Karolina Pliskova. La victoria, junto a la derrota de Serena Williams en semifinales, le otorga a Kerber la condición de número uno del mundo después de ciento ochenta y seis semanas consecutivas de dominio absoluto de la estadounidense. Hacía veinte años que una alemana no ganaba en Nueva York: en aquella ocasión, la campeona fue Steffi Graf, y su rival, Monica Seles.

11. Con todo, la temporada de Serena sigue siendo prodigiosa: campeona en Wimbledon, finalista en Roland Garros y en Australia y semifinalista en el US Open. Para estar a punto de cumplir treinta y cinco años no está nada mal. El año pasado no volvió a competir después de su derrota ante Roberta Vinci en Nueva York, así que tendrá multitud de oportunidades de recuperar el número uno en algún momento a poco que Kerber baje un poco su nivel.

12. Detengámonos un momento, porque lo merece, en Karolina Pliskova. Tardó más de la cuenta en llegar al top ten (no lo hizo hasta el año pasado) y buena culpa de esa tardanza tiene que ver con sus malos resultados en los grandes torneos. En apenas un mes, le ha dado la vuelta a la tortilla: ganó el torneo de Cincinnati imponiéndose precisamente a Kerber en la final y en Nueva York se plantó en la final eliminando en el camino a las dos hermanas Williams, algo que solo habían conseguido ocho jugadoras en toda la historia, la última de ellas Kim Clijsters en 2009. Esta semana ocupa el número seis del ranking WTA, a un solo paso de las cinco primeras.

13. Entre las decepciones femeninas nos volvemos a encontrar con la polaca Agniasza Radwanska. Después de caer en primera ronda en Río, aquí llegó a octavos de final, donde fue derrotada por la croata Ana Konjuh en dos sencillos sets. Konjuh era la número 92 del mundo, lo que habla a las claras del favoritismo de Radwanska, aunque también es cierto que, a sus diecinueve años, hay que tenerla como una de las candidatas a dar el salto en los próximos años.

14. Apagada Bouchard, esperemos que no definitivamente, tenemos además que asistir al calvario de Belinda Bencic. La suiza, llamada a ser una de las dominadoras de esta temporada, va enlazando lesión con lesión y aquí solo pudo llegar a tercera ronda. Queda al borde del top 30. La campeona de Río, Monica Puig, tampoco estuvo a la altura de las expectativas. Después de la fiesta llegó la resaca y fue derrotada en primera ronda por la china Zheng, siendo capaz de sumar tan solo seis juegos en todo el partido. La cara opuesta fue Caroline Wozniazki, que demostró que Nueva York es su ciudad fetiche y se plantó en semifinales después de un año de lo más insulso.

15. En el cuadro masculino también hubo decepciones sonadas: la primera y la más llamativa fue, sin duda, la del canadiense Milos Raonic. Después de ser finalista en Wimbledon y de completar la temporada más regular de su carrera a las órdenes de Carlos Moyà, Raonic decidió meterse en un pequeño lío: se saltó los Juegos Olímpicos, su decepción por las derrotas contra Murray le empujaron a prescindir de John McEnroe como ayudante y acabó perdiendo en segunda ronda del torneo ante Ryan Harrison, uno de los tantos proyectos de estrella que surgen en Estados Unidos y que acaban ganándose la vida en torneos menores o directamente en challengers. También se esperaba más de Marin Cilic, el campeón de Cincinnati, que perdió contra otro estadounidense, Jack Sock.

16. Nos quedamos en Estados Unidos. Que en España no haya relevo llama la atención pero que no lo haya en un país de casi trescientos millones de habitantes y la tradición tenística de Estados Unidos resulta muy, muy sorprendente. Harrison le ganó a Raonic pero cayó en la siguiente ronda ante el eterno Marcos Baghdatis. Sock derrotó a Cilic para caer dos días después ante Jo-Wilfried Tsonga. Nadie más llegó siquiera a octavos de final. Al menos, Jared Donaldson ganó un par de partidos de mérito —Troicki y el decepcionante Goffin— antes de caer en tercera ronda contra Ivo Karlovic.

17. Si en octavos no estuvo ni siquiera John Isner fue por culpa del británico Kyle Edmund. Tengo debilidad por este chico, aunque puede que no esté justificada. Le falta físico y algo de fuerza mental, pero cuando está en racha tiene muy buena pinta. Apenas tiene veintiún años y ni siquiera está entre los cincuenta primeros del mundo, pero me da la impresión de que no tardaremos en verle como cabeza de serie en algún torneo del Grand Slam.

18. Siguiendo con los jóvenes, hay que hablar del agotamiento de Alexander Zverev. Es pronto para hablar de estancamiento, más bien parece un bloqueo mental y físico que le impide competir a su nivel de principios de temporada. Algo parecido pasa con Dominic Thiem, aunque el austriaco al menos llegó a octavos de final, donde se retiró, exhausto, contra Juan Martín del Potro. La selección de calendario de ambos jugadores ha sido pésima a lo largo de todo el año. Sin ir más lejos, Thiem, ya bastante «cascado», no tuvo mejor idea que apuntarse a dobles en Nueva York, por si la carga no era suficiente.

19. Nick Kyrgios afirmó antes del US Open que si ganaba el torneo se retiraba del tenis. Que no le gustaba el deporte y que sigue solo por el dinero y la fama. Un solo torneo de Grand Slam justificaría su carrera. Obviamente, con esa mentalidad, quedó muy lejos de su objetivo. Tan lejos que ni siquiera acabó su partido contra el ucraniano Illya Marchenko en tercera ronda. No hay que olvidar que hablamos de un chico de veintiún años; que ya esté tan de vuelta de todo no deja de resultar triste.

20. También pareció de vuelta de todo Gael Monfils en su partido de semifinales contra Djokovic. Su actitud en el primer y el segundo set, donde apenas corrió y dejó que el serbio le pasara por encima le valió críticas algo desmedidas, especialmente por parte de John McEnroe, comentarista de la televisión estadounidense. El francés ha intentado explicar varias veces su actitud pero sigue siendo difícil de entender: hablamos de un jugador que había ganado los quince sets disputados en el torneo y que jugaba contra un rival lejos de su mejor momento. Aun así, decidió no competir o empezar a hacerlo demasiado tarde. No sé si a los treinta años tendrá otra oportunidad tan clara de plantarse en una final de Grand Slam.

21. Por fin se estrenó el techo de la central después de varios años de construcción y muchos millones de dólares por el camino. Eso deja a Roland Garros como el único grande sin protección contra la lluvia. Lo curioso del caso, como suele pasar, es que no llovió prácticamente en las dos semanas. El «debut» del techo tuvo lugar en medio del partido de Rafa Nadal ante Andreas Seppi. Todo el mundo lo celebró como hecho anecdótico excepto el tenista español, que mostró su disgusto en rueda de prensa: «Esto es un torneo al aire libre y tiene que jugarse al aire libre, no se puede cerrar la pista cada vez que caigan cuatro gotas». Tenía razón, por supuesto, pero la organización quería enseñar al mundo su juguete y nada iba a detenerlos.

22. La final se jugó en el aniversario del 11-S, con la carga emotiva que eso supone en Nueva York. Fue la segunda vez en la historia del torneo que el partido decisivo se juega en día tan señalado: en 2005, Federer derrotó a Agassi, en la que sería la última final de Grand Slam del estadounidense.

23. Siempre es bueno echar un vistazo a los adolescentes que ganan el torneo junior, especialmente cuando todo el mundo habla tan bien del canadiense Felix Auger Aliassime. Ganó la final cediendo solo tres juegos y eso que acaba de cumplir los dieciséis años. De hecho, el único set que perdió en todo el torneo llegó en segunda ronda. El prometedor español Nicola Kuhn llegó a cuartos de final, donde perdió en tres ajustados sets contra Miomir Kecmanovic.

24. En cuanto a las chicas, el triunfo fue para Kayla Day, también de dieciséis años. La española Paula Arias Manjón solo pudo llegar a segunda ronda.

25. Acaba el cuarto grande del año y poco le queda al año más allá de la gira asiática y las Finales ATP. Con Berdych recuperándose de una apendicitis es de esperar que los ocho primeros de la Race a día de hoy acaben clasificándose para las citadas Finales. Eso sí, hay curiosidad por ver qué hace Del Potro bajo techo y cómo se recupera Djokovic de este nuevo mazazo. En cuanto al circuito femenino, Muguruza debería centrarse dentro de lo posible en acabar bien el año. Conviene recordar que defiende el título en Pekín y las semifinales del Masters. La deriva que la empuja desde su triunfo en París no apunta a nada bueno y conviene cambiar rumbo cuanto antes.

7 comentarios

  1. Después de tanto juguete roto de la ‘generación perdida’ estadounidense (Harrison, young, kudla, Johnson, Smyszeck ), creo que el relevo llegará de la mano de Fritz y Tifaoe. ..

  2. Dice este autor del artículo que Nole ha disputado cinco finales de US Open “ganando tan solo dos”…..Uff, que mal que le ha ido, llegar cinco veces a la final y ganar “Solamente dos”, tan solo dos, que eso es ir al bar y tomar cerveza, y luego escribir sobre quienes van al campo de tennis y solo ganan dos US Open, que malo que es Novak….solo dos y cinco finales de US Open. Eres un desastre Novak, vuélvete articulista de tenis que es mucho más meritorio…

    • ¿Le sucede algo?

    • Es evidente que la crítica se hace ateniéndose a los parámetros de Novak Djokovik, o sea, a uno de los mejores tenistas de la historia, no a parámetros de otro jugador cualquiera, para quien esos resultados serían magníficos.

    • El autor habla de 2 finales ganadas y 5 perdidas (2 de 7), que en cualquiera de los casos es un registro al alcance de muy pocos. Si hablamos de Djokovic, uno de los mejores de la era abierta, simplemente se hace notar que no es el torneo en el que mejor desempeño ha tenido.

  3. Un apunte sobre la “decepción” de Raonic. En su partido ante Harrison estaba lesonado. Tuvo que ser atendido por el fisio y en la parte final del partido ya estaba limitadísimo físicamente. No creo que deba considerarse una decepción, o al menos no porque jugase mal o estuvese descentrado. También pude ver las derrotas de Goffin y Gasquet y ambos dieron también sensación de estar tocados físicamente. En general ha habido muchos problemas físicos durante el torneo, entre otras cosas por el calor y la humedad tan brutales que han tenido este año, y eso ha podido generar la sensación de decepción si se comenta en general sin haber visto dichos partidos. Lo de Raonic y Gasquet parecían lesiones o problemas que ya arrastraban previamente. Goffin sí pudo ser simplemente llevar mal el calor y la humedad. En la derrota de Cilic sí que no pareció haber excusa física, Sock estuvo muy por encima. Otra decepción fue Tomic, que estaba desquiciado y perdió de mala manera contra Dzumhur.

    Y por apuntar algo más sobre los jóvenes estadounidenses, Francis Tiafoe dio muy buenas sensaciones en su partido de primera ronda ante Isner, que acabó perdiendo en cinco sets (cuando tuvo a Isner contra las cuerdas) porque…estaba absolutamente muerto por pagar la novatada de jugar su primer partido a cinco sets (bajo un calor infernal, en un grand slam en casa, ante el “mejor” compatriota del cuadro y ante un público de la nueva Grandstand entregadísimo a tan espectacular partido). Una pena que no estuviesen en el cuadro alguno más como Opelka y Paul del grupo de jóvenes proyectos estadounidenses. Fritz, que tiene muy buena pinta, estuvo muy bien en primera ronda pero no pudo con Sock.

  4. Un apunte sobre la actitud de Monfils en semis. Yannick Noah declaró hace años que su compatriota tenía que decidir si quería ser tenista. Así, directo a la yugular como es norma en el excampeon de Roland Garros cada vez que abre la boca.Lo cierto es que es una pena que un tenista con else fisico y esa calidad (ese drive en parado desde metros atras del fondo de la pista no tiene parangon en el circuito, corre como ninguno) de Monfils tenga una mentalidad tan mala

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