Oona Chaplin: «Que te digan “ponte guapa” es la frase más repugnante que he escuchado en mi vida» - Jot Down Cultural Magazine

Oona Chaplin: «Que te digan “ponte guapa” es la frase más repugnante que he escuchado en mi vida»

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Fotografía: Lupe de la Vallina

Oona Chaplin [Madrid, 1986] busca incesantemente cambiar de opinión. Contradecirse. Tiene una energía incontrolada, una conversación vertiginosa en la que conscientemente defiende una cosa y la contraria. Cada vez que lo hace ríe con más estruendo. Es actriz, pero se siente una extraña entre actores; está más cómoda en ese papel de enfant terrible que vuelve locos a sus representantes trastocándoles los planes. No se lee los contratos, rechaza papeles por pálpitos y se aburre en las entregas de premios. Los impulsos son su droga dura. Nunca conoció a Charles Chaplin, el abuelo que le dio la fama y el apellido, pero aminora y dulcifica la voz al mencionarle, con la delicadeza con la que se abraza a un recuerdo. Desde que saltó a la fama con su papel de Talisa Stark en Juego de Tronos, su carrera avanza entre Hollywood, Reino Unido y España, donde no consigue que nadie pronuncie bien su nombre, aunque todos sepan lo que ocurrió en la Boda Roja. Se confiesa pija y privilegiada, pero ya ha dejado de sentirse culpable por ello. Tampoco se preocupa cuando la rechazan. Si lo de actuar no funciona, buscará otra cosa.

Con la película Proyecto Lázaro vuelves a la ciencia ficción y al cine distópico. ¿Quedan ganas de más después de rodar Black Mirror?

[Risas] Sí, claro que sí. Todo surgió porque Mateo Gil se puso en contacto con mi repre, diciendo que quería tomar un café conmigo. En ese momento se me congeló el tiempo, es una de las personas a las que más admiro en el cine español. Es responsable de los mejores guiones que ha producido este país. Nos conocimos y la conversación fue increíble, el guion trata sobre cosas que me emocionan muchísimo. Me obsesiona la muerte, y ese es un tema bastante central en la historia. Y él lo trata de una manera que me cuadra. El personaje principal, que en mi humilde opinión es un gilipollas, me encanta, porque te mete en la cabeza de otra persona. No es un tipo cualquiera, es especial, muy raro. Te da la vuelta por dentro, y parece que estás viviendo sus decisiones. Dialogar sobre la muerte en ciencia ficción es el sueño de cualquier persona a la que le mole la ciencia ficción.

Eres muy fan de Star Wars y de otros clásicos del género. ¿Están los títulos que se están haciendo ahora a la altura?

Diría que sí, sin duda. Además de los clásicos, soy muy fan de esta ciencia ficción; creo que es el mejor tipo, la que usa la distancia para hacer un comentario sobre el ahora. Todo eso es la temática de la película: el futuro, el pasado, el presente. ¿Quién quiere vivir en el presente? Muy poca gente. Si somos honestos, vivimos en el futuro, o en el pasado; es el gran error del ser humano. Es de lo que tratan muchas de las espiritualidades de todo Oriente, que son las que más me fascinan. Las que hablan de cómo reducir el futuro y el pasado para que tu nivel de atención esté en la eternidad de cada momento, en el infinito de cada momento. Eso se trata en la película, lo que pasa es que yo me enrollo, él lo trata de una manera mucho más sencilla [risas]. Luego lo que me moló del personaje fue el tratar de construir una relación a base de momentos, momentos que están todos escritos en el guion. Que alguien pueda imaginarse tantos momentos fugaces dice mucho de la sensibilidad de Mateo. Son instantes que parecen intrascendentes, como lavarte los dientes o buscarte las canas en el espejo con alguien; si pudiéramos verlos tiempo después nos daríamos cuenta de que son realmente lo que da forma a la relación.

¿Cómo volver a apreciar esos momentos? Esto me ayudó mucho, me ayudó a vivir mejor. Ese tratamiento de la temática. Si me muero, algunos de los momentos del montaje de mi película, de mi vida, serían esos. Momentos cotidianos a los que no das valor. Como las peleas, que hay que apreciar cuando una pareja lo hace, cómo fluye la energía… Las relaciones son superinteresantes, pero son mucho más enriquecedoras todas estas pequeñas cosas.

En El viaje más largo, la película que adaptaba la novela de Nicholas Sparks, cuentan que no te cortaste a la hora de añadirle más líneas a tu guion, modificarlo. ¿Es algo que haces habitualmente?

A veces sí. Con Mateo tenía muy decidido que era yo el personaje, eso influyó mucho, y cuajamos. Y además no había mucho guion, era mucho mayor la improvisación. Yo soy más «chica montaje» [risas]. Mis dos especialidades en el mundo del cine son enfermera y novia del pasado. Son cosas que hago mejor que nada en el mundo.

Y sufridora por amor.

También. Y no puedo tener hijos y siempre muero.

Vas por el camino de Sean Bean.

Exacto. Y perfecto, ¿eh? Aunque lo que más me frustra es la falta de imaginación y de interés que existe en los papeles femeninos. A la gente no le interesa quiénes somos las mujeres, le damos absolutamente igual. ¿Y sabes lo peor de eso? Que los que lo sufren más son ellos; los hombres, a la hora de enfrentarse a una mujer de verdad, no se les pone dura. No saben por dónde empezar y sufren. Mucho. Ese modelo reducido de mujer que se fomenta, reducido a lo más banal y lo más básico, les hace mucho daño a ellos. Porque no somos nada básicas. Somos muy complejas, muy ricas, muy sabrosas, superpoderosas.

Cuando hay un guion como El viaje más largo, que está escrito por un hombre, basado en una novela de un hombre, en la que todo son hombres en el mundo de producción… me gusta entrar en la lucha, aportar algo que haga a los personajes femeninos más interesantes, más reales. Por eso hice lo de cambiar partes del guion. Me gusta hacerlo siempre, pero en esa película en concreto lo hice muchísimo, luché a muerte por esos cambios. Y todos los hombres allí estaban super a favor de que lo hiciera, lo que pasa es que les costó entender porque son hombres blancos. Menos George [Tillman] que es negro, y es otro chip.

Te significas mucho como feminista, pero la etiqueta no te convence del todo.

El término «feminismo» me parece una reducción a lo más básico, no tiene nada que ver con un -ismo, que son movimientos que cuando llegan al poder, fallan. Todos. Y por eso defiendo una manera de honrar lo que existe ya, no un movimiento. Es un trabajo que tienen que hacer muchas feministas también, y todo ser humano: estar a gusto con la verdad que te incorpora. Así de sencillo… y complicado [risas]. Es un postulado muy simple, y luego llegamos nosotros y lo complicamos, lo jodemos todo. Por eso el -ismo del feminismo me genera rechazo, pero claro, si me preguntas si soy o no feminista, lo soy. Absolutamente. El lenguaje me gusta mucho, hablo muchos idiomas, y el origen de las cosas me interesa, por eso asocio el -ismo a cosas que fallan: el comunismo, el capitalismo, el socialismo, el consumismo…. Todos han fallado.

Aunque no te guste el término, durante tu carrera has protagonizado bastantes reivindicaciones feministas. Cuando llegaste a Juego de Tronos te quejaste de que el papel de mujer estaba circunscrito a ser «o puta o virgen», aunque ahora no sea exactamente así.

Así fue. Porque además en Juego de Tronos ellos no tratan de idealizar nada, están enfrentándose a una situación. ¿Y qué es lo que les pasa a las mujeres? Las violan, las cosifican, las usan para sus ganancias de poder y son objetos de los hombres para su recreación. Y eso es lo que estaban representando.

Al margen del hecho de que es el reflejo de una sociedad medievalista, aunque fantástica.

Vale, pero no es muy diferente de lo que está pasando ahora. La serie les ha dado mucho más poder y todo el mundo está supersorprendido, pero eso era así.

¿Por qué alguien feminista opta por protagonizar una película basada en un libro de Nicholas Sparks, con un concepto del amor tan trágico en el que la mujer siempre hace la mayor parte de los sacrificios?

Sí, es absolutamente así, pero en realidad la película es un homenaje a todas las mujeres que han hecho eso en su vida.

¿No es una defensa?

A ver, yo creo que ser capaz de renunciar a todo por amor es de las cosas más grandes que puedes hacer en tu vida. Seas mujer, hombre, niño o viejo. Si lo das todo por amor es que amas de verdad. Si no estás dispuesto a darlo todo eres un puto cobarde, no estás siendo de verdad. Nicholas Sparks viene de un mundo, y lo que me gustó fue poder entrar en él; tan diferente, tan profundamente diferente a mí. Tiene una perspectiva distinta, y cuando nos sentamos a hablar, aprendí un montón de ese tío.

¿Tenías prejuicios sobre él? Basándote en su literatura.

Sí, porque The Notebook (El diario de Noah) la he visto cincuenta mil veces y creo que idealiza tanto al hombre como a la mujer. Idealiza el amor. Es un cuento de hadas, no intenta cambiar la sociedad ni comentarla. Él existe en el romanticismo, es un pozo sin fondo de historias de romance entre un hombre y una mujer que se aman profundamente y que van a acabar juntos y muriendo. Porque siempre es así. Pero dentro de esa tragedia está el amor. Eso es lo que habita él, todo el rato. Respira romanticismo.

Qué rosa, ¿no?

Muchísimo. Pero no rosa para él. Al conocerlo se volvió no-rosa también para mí.

Siempre, salvo cuando trabajaste con Claudia Llosa, has estado a las órdenes de directores varones. ¿Hay alguna diferencia, de sensibilidad distinta, una sintonía diferente cuando trabajas con una mujer?

Hombre, es que además Claudia es una crack, una monstrua. Con ella rodé la escena de amor más increíble de mi carrera. Y no solo porque fuera con Cillian Murphy, que es un actorazo y está muy bueno…[Risas] No sé cómo habrá quedado, no la he visto todavía, pero la intención es que fuera una escena continua, que no se cortara, plasmando todo lo que se puede exprimir de una relación que no funciona pero que quiere funcionar.

Me pareció como… ¡Hostia! ¡Qué poderoso! Y ella sí que le da una complejidad femenina especial, un sabor diferente. Aunque lo estoy diciendo mucho y quizá me arrepienta, creo que el gran problema es que los hombres eyaculan. Hay un gran problema a nivel mundial porque los hombres eyaculan. Es una falta de respeto al sexo el hecho de eyacular. Aunque a veces no.

Nosotras eyaculamos también…

Pero no de la misma manera. Y hay que trabajárselo mucho más con una mujer. He estado leyendo muchísimo sobre la sexualidad sagrada del tao, y hay un libro absolutamente esencial para que todos los hombres lo lean: El hombre multiorgásmico, de Mantak Chia. Entra en una psicología en la que el mundo se vuelve mucho más rico, mucho más sabroso, centrado sobre el proceso y no sobre terminar. Qué triste que algo tan maravilloso trate fundamentalmente sobre el fin. Eso se infiltra en todos los aspectos de la vida de los hombres y de las mujeres. Creo que hay un trabajo a nivel mundial para cambiarlo. Hacer talleres tántricos, o yo qué sé… [Ríe] Lo pensaré cuando vuelva de los Andes, me voy ahora a estudiar los cantos mapuches, es la tribu de mi abuela. Me voy a conectar con algo superprimordial para mí, visceral y ancestral.

Aunque estudiaste en la Escuela Real de Arte Dramático de Londres (RADA), dices que tu gran sueño habría sido ser periodista.

Sí, y no tengo muy claro por qué. Creo que porque me permitía viajar, entrar en zonas de conflicto, que me fascina, e intentar aprender del hombre basándome en por lo que lucha. Algo que ahora me parece una gilipollez, ridículo; luchamos por tanto que no merece la pena… Pero intentar entender eso durante un tiempo fue fascinante. Ahora me gusta más intentar aprender sobre lo que vivimos, por lo que sentimos alegría.

Te has involucrado en causas humanitarias. Has visitado el campamento de refugiados de Calais, que acaban de cerrar. Impulsaste una petición para que el Gobierno británico los acogiera.

Sí, luché mucho para que se acogiera sobre todo a los menores no acompañados. Hay mil doscientos, solo doscientos han llegado a Gran Bretaña y la mayor parte de los casos tienen posibilidad potencial de tener un asilo legal. Tienen derecho, en realidad, por leyes internacionales. Pero por vaguería, asquerosidad y repugnancia del Gobierno conservador británico no se ha hecho absolutamente nada. Y hay niños que tienen ocho años y están allí, solos. Han viajado por once países solos, y están en riesgo de sucumbir a todo el trauma que eso supone. ¿Qué futuro hay para esas criaturas? No se trata de que sean tus niños, son el futuro los niños. Y en este momento estamos siendo muy injustos con nuestro futuro; si hay que verlo de manera egoísta, así se pintará. Parece la única manera de que la gente pueda reaccionar.

Lo que está ocurriendo es una tragedia a nivel humano, y es la mejor oportunidad que nos ha dado la historia para que la democracia brille con una luz tremenda, todo lo que significan los valores sobre los cuales se supone que se ha construido esta sociedad. Estamos luchando y derrumbando Gobiernos, y asesinando gente en los países de donde vienen. Estamos luchando por estos valores de la democracia, de la libertad, del consumismo… Pues no. No se puede luchar sin ser consecuente en tus fronteras con la gente que lo necesita de verdad. El hombre blanco tiene mucho que perder en esta apuesta. El hombre blanco se la está jugando, y creo que va a caer. Él ha sido el gran responsable de los conflictos a nivel mundial que estamos viendo hoy. El hombre blanco, fíjate, los más privilegiados en este mundo nuestro.

Dices que eres «la persona más privilegiada que has conocido jamás».

Sin ser hombre blanco, siendo mujer latina, soy la persona que más suerte ha tenido de todas las que conozco. He sido muy afortunada: mis padres se quieren, me quieren, quieren a mis hermanos, tengo gente alrededor que tiene una imaginación y una creatividad insólitas. Nunca me ha faltado de nada, he viajado donde he querido, he tenido todos los lujos y privilegios que se le pueden dar a una persona… Y no solo eso. He disfrutado el sabor de poder ver otros mundos, de viajar de Cuba, a Suiza, a Sri Lanka; te da unos referentes que molan mucho. Te hace sufrir mucho también, pero porque no lo he sabido asimilar hasta hace muy poco. El paso de la culpabilidad al agradecimiento es algo muy grande.

¿Te sentías culpable por ser privilegiada?

Claro, sí. Pero ahora estoy muy agradecida. Y lo que mola del agradecimiento es que te da alegría, y la alegría la puedes compartir. La culpabilidad no la quieres compartir, yo no quiero hacerlo.

¿Sientes algún tipo de responsabilidad, por ser una figura pública y famosa, de involucrarte en este tipo de causas?

Sí, y eso que me he tenido que frenar algunas veces. Me controlo un poco porque iría a sitios muy chungos, y haría cosas muy malas [risas]. Pero tengo que pensar y hacerlo bien. Es lo que estoy aprendiendo a hacer ahora que tengo treinta años y utilizo la estrategia, no solo con mi carrera y con mi vida, sino también en mis relaciones y conversaciones. Intento pensar un poco más y no ser tan impulsiva.

Toda tu carrera ha sido «a base de impulsos», pero ¿ha habido suerte también?

En mi carrera es donde más. He sido una pija total con mi carrera, en lo que he aceptado hacer y en lo que he rechazado. Ha sido totalmente inesperado que las cosas que me molaban funcionaran después. He dicho que no a mucho y me he puesto muy pija en muchos momentos, pero me ha servido. La prueba está en que sigo trabajando en esto.

Bajas el tono al decirlo.

[Risas] Sí, porque no sé quién puede estar leyendo esto.

¿Temes que un día dejen de darte trabajo?

Si se acaba, se acaba. Eso es importante. Tengo una vida muy rica y muy llena, y eso mola, porque te permite no estar tan desesperada para conseguir el siguiente trabajo.

¿Podrías vivir sin actuar? ¿O eres de esos actores que dicen «yo, si no actuara, no sabría qué otra cosa hacer en la vida»?

Sí, podría, y perfectamente. No sería una tragedia. No podría vivir sin contar historias, que es lo que me interesa, pero encontraría mil maneras de hacerlo. He bailado, canto… He hecho muchas cosas. Pero también me interesa estar aquí, con estas conversaciones, y vivir más cosas para después poder compartirlas. Esa es la herramienta de la evolución más grande que tenemos: contar historias y aprender de los errores. Yo, por ejemplo, el otro día me corté el flequillo sola. Gran error. Un gran aprendizaje, un gran error: nunca te cortes el flequillo tú sola, para eso existen los peluqueros. [Risas]

Si en treinta años es la primera vez que te haces un desaguisado no es tan grave.

[Risas] Ya, es como una cosa muy de dieciséis años, ¿no? De adolescente… ¡Es tan estúpido! Sobre todo, cuando estás de promoción y tienes sesiones de fotos. Un amigo me ha tenido que hacer este peluquín postizo para disimular el desastre.

Da la impresión de que no encajas en esa pauta del star system, de tener que estar siempre perfecta…

¡Qué va! ¡Yo mando a la mierda todo eso! ¡Y me dejo crecer los pelos del pubis también! [Risas] Para mucha gente todo este mundo trata de eso, de apariencias, pero para mí no. Me parece un rollo muy estúpido, no se disfruta tanto. La gente que lo disfruta de verdad, los modistos, o la gente que se trabaja su look con calma, bueno. Pero la mayor parte de los actores que conozco no disfrutan. Lo pasan muy mal. Y es pasarlo mal por algo que no importa. Por eso en los festivales, las entregas de premios, siempre me ha parecido que se respira una angustia muy chunga… Pienso que alguien se tendría que emborrachar, subirse encima de una mesa, desnudarse y cantar. Por favor.

Creciste en un ambiente rodeada de creatividad; una madre actriz, un padre músico y director de fotografía, pero ninguno de los dos ha sido nunca una socialite. Dices que agradeces no haber estado nunca en ese ambiente de fiestas que…

No, no he vivido eso. Mi familia es de «artistas», no stars, ni celebrities. Y mi madre se deja el pellejo, se lo trabaja todo un montón. Los festivales son agotadores porque lo da todo. La ves, y la luz y la sabiduría que tiene y que transmite es un acto de generosidad increíble. Es un trabajo muy profundo, muy serio, para ella.

A tu madre, Geraldine Chaplin, ¿no le ha afectado lo que denuncian las actrices más veteranas de que a partir de cierta edad el trabajo se esfuma?

Eso es cierto, pero también que ella respeta y ama trabajar. No tiene ningún complejo. Gran parte de la actitud de querer estar mona a toda costa tiene algo de querer luchar contra la vejez. Esa una estupidez, y a la vez muy humano y muy natural. Mi madre funciona al revés: siempre dice que en el momento que deje de trabajar se va a poner muy mona, muy estirada. Yo no la creo. Pero bueno, esta lucha de ser lo menos natural y lo menos real y humano posible es absurda, al menos para mí.

Lo que me mola de la gente es la reacción cuando se tira un pedo. ¿Cómo te enfrentas a lo más rico y sabroso [risas]…? El error es el ridículo. Lo peor que te puede pasar en la vida es vivir una mentira, ponerte una máscara y que alguien se enamore de eso, de algo irreal. De lo que tú no eres. Si voy por la vida supertranquila porque pienso que va a causar una buena impresión, porque es más astuto, a alguien le va a encantar esa tranquilidad y se va a enamorar.

Es el personaje que interpretaste en The Hour.

Si, exacto. Estaba atrapada en un mundo irreal. Por eso el conflicto es interesante, cómo uno se enfrenta a eso, a lo que la gente quiere que seas. Para un drama es interesante, pero para la vida, paso. Olímpicamente.

¿En este mundo hay presión para que seas de esa manera?

No la siento. Me niego a sentirla. Bueno, mentira. Esta mañana mismo he tenido un photoshoot donde me he sentido superpresionada, a ser algo que yo no era. Y me sentí muy incómoda, aunque intenté hacerlo lo mejor posible. Era algo que no funcionaba, no era yo.

Pero, ¿por qué?

Que te digan «Ponte guapa» es la frase más repugnante que he escuchado en mi vida. «Ponte Guapa». Mira, vete a la puta mierda. No me digas eso porque la belleza a las personas se la puedo encontrar cuando tienen la boca llena de paella. Verle comer la paella con gusto y con amor es lo más atractivo que puede haber en el mundo. Así que no me digas que me ponga guapa, dime que para la foto es mejor cerrar la boca para que no se vea la paella [risas]. Mira, te voy a decir la verdad: lo que yo quería en realidad era ponerme esto [coge el peluquín postizo] y ponérmelo aquí, que es mucho mejor [se lo coloca en el pubis]. [Risas]

Fuera de bromas. Sí, esa presión existe, pero trato de no hacer caso. No me gusta lo que dice de la mujer, la reduce a algo que no es. Por ejemplo, en el cine, cuando ves una escena de sexo y la mujer se corre, siempre está guapa. Y eso no es un orgasmo de verdad; se te arruga la cara, te abres toda, la vena se te sale y aúllas como un oso. Al menos en un buen orgasmo. Entonces, todas estas cosas crean expectativas que contradicen lo que somos, porque somos mucho más ricos. Sobre todo, las mujeres españolas, no hay mujer más rica que la española. Es un arte lo que existe en este país, y está muy menospreciado: el arte de ser mujer. Y española. Es muy fuerte lo que veo, hay mucha frustración.

Vives en Londres…

Sí, ya, no me hagas hablar de las mujeres inglesas [ríe]. Pero en realidad voy saltando de sitio en sitio.

Cuando se habla de tu carrera es inevitable mencionar a tu abuelo, Charles Chaplin. ¿Te molesta que siempre se aluda a ello, que ciertos diarios te llamen «la nietísima»?

Ese en concreto no lo he leído. ¿Cómo me siento? [Reflexiona] Estoy intentando ver lo que me sucede dentro, pero solo escucho al cerebro. Puedo decirte lo que pienso, y es que hay poca gente en el mundo a la que se ame más que a mi abuelo. Es un referente que me ha servido mucho. Imagina estar asociada a algo tan poderoso y especial. Hace poquito he sentido curiosidad por honrar al otro lado de mi familia, la paterna, y también me ha causado mucha felicidad. Es flipante que en los dos lados haya gente tan alucinante. Intento comprender de dónde les viene el arte, y hablar de ello ayuda, ayuda a alcanzar cosas nuevas.

Lo que mola del apellido Chaplin es que tiene integridad. Mi madre ha hecho una master class en Valladolid y me quedé con la mandíbula en el suelo de lo genia que es, del sentido del humor que tiene, de la perspectiva tan original… Hay una frecuencia que ambos rozan, crean, la van alentando: la frecuencia de la ternura. Por muy cabrones que se pongan a veces —apuesto a que mi abuelo era un cabrón a ratos, siendo un genio no se puede ser una persona normal—, tienen tanto corazón que están constantemente en contacto con los sentimientos. Y eso es lo que mola de mi familia: están en contacto con lo que sienten, siempre.

A tu abuelo no le conociste, pero con tu abuela, Oona Chaplin, sí tuviste contacto unos años.

Sí, aunque apenas la recuerdo. Sí una cosa: estaba yo jugando con su gato siamés, que era un cabrón, y ella me dijo: «Cuidado, araña». Me lo dijo en inglés, y yo no sabía, así que no sé cómo la entendí. Creo que fue el tono. Ella me hablaba, y me decía Laly, la señora que la cuidaba y que luego me cuidó a mí, que debía aprender inglés para hablar con mi abuela. Y yo por lo visto le dije: «No, debería ella aprender español, yo estoy a gusto». Con cuatro años, toma ya.

¿Has leído Oona y Salinger, la novela de Frédéric Beigbeder que habla del romance de tu abuela con Salinger?

No, no, qué va. ¿Debería?

Sí. Aunque sea solo por la reivindicación absoluta de la figura de tu abuela.

Sí, ella siempre estuvo a la sombra del gran hombre. Quedó un poco eclipsada, y yo soy Oona por ella.

Pronúnciese «Una», ¿no?

Sí, aunque en España mucha gente me llama «Ona». Y me gusta.

No te cuento lo que nos ha dicho el recepcionista cuando le hemos dicho que veníamos a una entrevista con «Una Chaplin».

[Risas] Te habrá preguntado que cuál, claro. Me pasa constantemente con las madres de mis amigas, que las llamo a casa y preguntan quién llama y digo «Una». Responden: «Pero ¿quién?». [Risas] ¡A ver, Sonsoles, que hace veinte años que me conoces, veinte años que llamo a tu casa! [Risas] Y volviendo a mi abuela, he leído muchas de sus cartas, eso sí. Era un gran cerebro, una gran escritora. No conozco su historia con Salinger, pero por lo visto no todo es verdad.

Forma parte de la novela. No es investigación, es una especie de reconstrucción novelada.

Ah, entonces vale. Porque además Franny and Zooey es uno de los relatos favoritos de mi vida. ¡Podría haber sido mi abuelo! [Risas]

Tu bisabuelo era Eugene O’Neill, tu abuelo Charles Chaplin, tu madre Geraldine. ¿Te sentías predestinada, en cierto modo, a dedicarte a alguna disciplina artística? ¿Habría sido un disgusto que fueras economista?

¡Qué va! Mi padre quería que fuera economista. Eso también estuvo en los planes en algún momento. Pero vamos, la economía tiene ya suficientes idiotas ejerciendo como para agregarme yo a esa lista, ¿no?

Eficaz no sé, pero la haría más surrealista.

Haría cosas como «¡Vamos a invertir en flequillos como estos!». ¡Toda la economía se va a basar en flequillos púbicos! [risas]. Un día iré a una gala vestida solo con el flequillo púbico.

Es toda una declaración de intenciones. ¿A los Óscar?

A los Óscar no, porque hace frío. Pero en España… ¿en Málaga? ¿Por qué no? Aparecer en pelotas y con el flequillo, diciendo «¿Qué pasa? ¡Tengo celulitis, y qué!». A ver si tengo las narices y lo hago alguna vez. A los Óscar no he ido, qué pinto yo ahí. No soy material de Óscar.

Has trabajado ya con algún director que…

Vale, pues no todavía.

Hablando de eso, ¿cómo es Charlie Brooker, el creador de Black Mirror?

Es una de las grandes mentes de nuestra era, muy parecido a Mateo Gil en algunas cosas; los dos tienen la pregunta de la tecnología desde el punto de vista humano. Y creo que los dos, de una manera diferente. Mateo de una manera espiritual y Charlie Brooker desde un punto de vista más socialista; desde ángulos diferentes, han llegado a la conclusión de que tenemos mucho que perder. Todo aquello que contamina nuestro aire, que nos previene de salir, como en Beijing, que tienen que ponerse mascarillas y los niños no pueden jugar en la calle. Todo eso que estamos sacrificando tiene que ser por algo. Si requiere un sacrificio tan grande como nuestros bosques —y me da vergüenza decir esto porque parezco una jipilondia cualquiera— tiene que ser por algo. ¿Qué estamos ganando? Si estamos en una mentalidad economista, consumista, ¿qué ganamos? Los dos han logrado expresar a su manera ese juego, esa tensión. Es muy interesante.

Charlie Brooker tiene pinta de genio loco.

Totalmente, totalmente loco. Es un friki, es un genio. Absoluto. Tengo muchas ganas de ver la nueva temporada, por cierto.

Alguna vez te has quejado de que apellidándote «Chaplin» la gente piensa que lo tienes todo hecho. Que cuando quieres un papel es tuyo por derecho, cuando en realidad te matas a castings.

Claro, a mí me dicen que no todo el rato. A mil papeles.

¿Tanto?

Muchísimo. No te lo imaginas.

¿Te dijeron que no a ser la protagonista de la nueva temporada de True Detective?

Sí, sí, me lo quitó la capulla de Rachel McAdams [risas]. A ese casting entré ilusionadísima, pero cambiaron de director, porque el guionista de la primera era tan fuerte que no lograron estar a la altura. Había una cuestión política interesantísima y muy aburrida a la vez. Al final, nada. Pero vamos, que a mí me meten en unos castings que no veas. Son muy ambiciosos conmigo.

¿En qué?

Pues en todo. Todos los de cómics de Marvel, todos los de Star Wars… Nunca llego a los últimos estadios. Yo envío mis castings, y los envío, los envío… miles al año. Pero luego sale lo que sale. Y a veces me lo dan, y cuando me lo dan digo «Ay, no me gusta, no lo voy a hacer» [risas]. Y así dejo a mis repres, dándose cabezazos en el ordenador.

¿Qué has rechazado?

Eso no lo puedo decir…

¿Te has arrepentido alguna vez de haber rechazado algo?

No, la verdad es que nunca me he arrepentido. He rechazado una serie que se hizo para Syfy en Nueva Zelanda que era muy buena oportunidad, pero dije «hay algo que no se siente bien». Me encanta la ciencia ficción, me encantaba la temática y todo, pero no. Casi me matan… Y cuando la vimos era una mierda. Siempre tengo razón [Risas].

Olfato.

No, pero también he hecho cosas que me parecía que iban a ser geniales y han sido muy malas. Cosas que podrían haber sido buenas, pero no lo fueron… Pero bueno, nadie está cien por cien orgulloso de su carrera, o así lo espero, porque siempre hay que aprender de algo. Y solo se aprende de los errores. Así que: más ridículo, más errores.

¿Cómo eran los contratos de confidencialidad de Juego de Tronos para lograr que no desvelarais ningún detalle de la trama?

No me leo los contratos [ríe]. Tengo muchos árboles que trepar… Por regla general no me los leo. Esto no debería decirlo, ¿no?

Bueno…

Tengo representantes en los que confío; ellos me dicen qué es lo que no puedo decir, y yo obedezco.

¿En qué momento supiste que te esperaba una muerte tan trágica?

No recuerdo cuánto tiempo antes. Sabía que me iba a morir cuando me dieron el papel, me dijeron que al final de la tercera temporada me iba con Richard. Pero no imaginaba cómo iba a pasar. Incluso cuando me lo leí sobre el papel, en blanco y negro, no era tan impactante. Cuando vi aquello, que fue el último día de rodaje, Richard, Michelle y yo estábamos en nuestros últimos días y fue traumático. Y ahí se rodó la Boda Roja. Fíjate si fue emocionante que el director tuvo que venir a recordarme que los cadáveres no lloran, porque no paraba de llorar.

¿Ya muerta en el suelo?

Sí, cubierta de sangre. El director venía y decía «Por favor, Oona, tienes que dejar de llorar». Y yo no podía. En parte por lo trágico, en parte porque se acababa aquella maravillosa oportunidad.

¿Dónde estarías de no ser por Juego de Tronos?

Ni idea, haciendo alguna locura [risas]. Pero está claro que ha sido la mejor oportunidad que he tenido nunca. Sin Juego de Tronos yo no sería un pedo, no habría hecho ni la mitad de cosas que he podido hacer. Y eso que tuve la muerte más retransmitida de la historia.

Aun así, cuentas que el «fenómeno fan» de la serie no te afectó mucho.

Al contrario. Aquí se me conoció más, pero en el Reino Unido no me reconocía ni dios. Pero ni dios, ¿eh? A veces me daban ganas de decir «Eh, que yo también salgo» cuando pedían fotos. Pero a la vez, era la que me reía de mis compañeros de rodaje cuando después nos íbamos a cenar o de copas, y no paraban de agobiarles. No podían ni emborracharse por miedo a que les pillaran, y yo ahí, subida en mesas, señalándoles con el dedo y diciendo: «Jajaja, pringados».

29 comentarios

  1. Sí, hay mucha comedura de coco para las mujeres con lo de “ponte guapa”… como cuando se dice “voy a arreglarme” o “a cambiarme” o “… y yo con estos pelos”, etc,, como si la mujer de puertas afuera encarnara un personaje distinto a su ser doméstico, como si fuera, exagerando un poco, una actriz representadora de un papel, con el maquillaje por medio, las uñas pintadas, la bisutería, los zapatos de tacón… Es lo que hacía maldecir a Hamlet. Por eso llaman la atención algunas mujeres gitanas, que salen a la calle con la misma indumentaria que usan en casa, delantal incluido.

  2. Qué suerte que esa frase haya sido la más repugnante que ha escuchado en su vida.

    • Eso venía a decir yo, con que buena gente se ha tenido que juntar y que poca TV, cine y prensa a debido de leer para que lo más repugnante que haya escuchado en su vida sea eso. Soy hombre y las parejas que he tenido me lo han dicho alguna vez y me ha molestado entre 0 y nada, seré un tío raro. Pero en fin, que aqui está la grandeza de la diversidad cognitiva, gente a la que le molestan ciertas cosas y gente a la que no.

    • Y tanto, las hay mucho peores, como “¡Luis, sé fuerte!”

  3. “el gran problema es que los hombres eyaculan”

    “el -ismo del feminismo me genera rechazo, pero claro, si me preguntas si soy o no feminista, lo soy”

    “les costó entender porque son hombres blancos. Menos George que es negro, y es otro chip”

    “Un día iré a una gala vestida solo con el flequillo púbico”

    “Lo que me mola de la gente es la reacción cuando se tira un pedo. ¿Cómo te enfrentas a lo más rico y sabroso…”

    “No me digas eso porque la belleza a las personas se la puedo encontrar cuando tienen la boca llena de paella”.

    No hay más preguntas, señoría

  4. O escuchas poco o qué suerte de vida. Por cierto, a mí también me han dicho “ponte guapo”.

  5. Me cae muy bien esta chica, llena de vida. Lo de “ponte guapa” no se si tendrá relación con lo de no leerse los contratos, quizás.

  6. La quiero de amiga, debe ser lo más….

  7. Pingback: Oona Chaplin: «Que te digan “ponte guapa” es la frase más repugnante que he escuchado en mi vida» – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  8. Veo peor “Arreglate”

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  10. No sé qué le verán a esta actriz. La he visto en Juego de Tronos, en El Padre de Caín y en Taboo y no me ha gustado en ninguno.

  11. Pero que bien me has caído, yo también he pensado que si te pillo en un bar me hago tu amiga y te uno al clan de diversión sin fin y aportar a las risas, no solo agradecerlas. Faltan mujeres como esta en el mundo

    • Para hablar de pedos y lo “feo” que es eyacular? Con suerte igual os ahorráis la cena porque se os quitan las ganas..

  12. Todas las mujeres chaplin son así de geniales? La autenticidad escasea, qué alegría leer esta entrevista que, por cierto, he leído porque es hija de quien es, porque ya la madre es un coco.

  13. Bueno… esta jóven parece graciosa y rarita… supongo que el medio del cine debe de criar “criaturas” – valga la redundancia – singulares, si las comparamos a la gente del montón, como por ejemplo yo…
    Personalmente me parece que tiene personalidad para su edad, pero definitivamente le falta elegancia, clase, o cómo se quiera llamar “charme”, “glamour”, etc. No me gusta la gente que arroja sus intimidades al público, como en los detalles referentes a su pubis, a sus pedos, a sus eyaculaciones, a sus “guarrerías” varias… no sé, ¿porqué cada vez más la gente lo hace? ¿Para presentarse como desinhibidos ante la galería? ¿Para ser más “libres”?

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  15. “Hay un gran problema a nivel mundial porque los hombres eyaculan. Es una falta de respeto al sexo el hecho de eyacular”…Esto es lo más estúpido que he escuchado en mi vida.

  16. A mí, nunca me han dicho “Ponte guapo” pero ha sido por razones obvias…

  17. genial esta comediante, sin duda muy buena, una vida muy plena y hermoza, su compromiso social y politico ejemplar, pero curiosa en algunas cosas que plantea: que los ismos han fracasado en todas partes… quizá no se haya enterado que durante muchjismo tiempo la Unión Sovietica función muy bien en todos sus aspectos, donde había igualdad en todo sentido entre el hombre y la mujer, que todo el mundo tenía el mismo acceso al bienestar y las oprtunidades, que en Cuba para eso, que en varios paises de América Latina, se avanza muy bien en ese sentido, a pesar del acoso neoliberal e imperialista. que en las sociedades autoctonas que han logrado mantener sus tradiciones y valores, también son muy buenas y algunos los llaman idigenistas o indigenismos…

    que lo más repugnante que le haya sucedido es que le digan que se ponga guapa, se nota que no le han pasado cosas musa terrible, que nos pasan a todos en la vida y particularmente a las mujeres.

    que es un problema y una “falta de repeto” que los hombres eyaculen es muy patetico, por algo normal y natural.

    pero si sumamos lo bueno y lo malo, lo bueno sale sin dudas ganando

  18. Ser escatológico no está reñido con lo glamuroso, ahí está Brad Pitt quien afirmó durante su noviazgo con Jennifer Aniston que tirarse pedos delante de la pareja era síntoma de la fortaleza de una relación. El mayor pero proviene de lo inconsistente e incoherente de ciertas respuestas que traslucen a una tipa a quien si quitásemos lo relacionado con el cine, no distinguiríamos de Tamara Falcó o Chabeli Iglesias.

  19. Siempre me ha caído bien Oona Chaplin. Ojalá tenerla como amiga!

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