Decia José Carlos Sisto, el cerebro de Mater Dronic, que en los años de la revolución, evolución y expansión del rock, los sesenta y setenta, no se podían valorar en la misma medida los avances que hacían grupos que estaban en Londres o San Francisco con los que se hicieron en la España de Franco. En California o Gran Bretaña, un tío salía de su casa, contaba mi amigo, y tenía que ir apartando a las vanguardias que se cruzaba por el camino. España, en ese periodo, era un solar cultural (y en muchas otras cosas, también). Y en ese contexto, la imaginación de los músicos locales igual no llegaba a cotas que asombrasen al mundo, pero tenía mucho más mérito.
Ha caído en mis manos Bikinis, fútbol y rock & roll, de Adrian Vogel (Foca, 2017), un tratado sobre aquellos años a medio camino entre el ensayo histórico y el libro de memorias. Crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), dice el subtítulo. Es una obra de referencia por lo bien documentada que está. Me recuerda, y se podría complementar con ella, a Bienvenido Mr Rock: Los primeros grupos hispanos, 1957-1975 de Salvador Domínguez. Trabajos que si, por ejemplo, sirven para que alguien descubra que aquí tuvimos grupos como Tapiman, pues servirán para que el mundo sea un lugar más bonito.
Contacto con el autor, periodista musical y A&R durante aquellos años, y en cierto sentido está de acuerdo con que la vara de medir debería ser distinta: «Ser director artístico en UK era más fácil que en España, precisamente por el overbooking de talento que había en las islas. Si te equivocabas y no fichabas a los Beatles, rectificabas y te hacías con los Rolling Stones. Como así ocurrió».
No obstante, cree que tampoco hay que subestimar lo que salió de aquí: «Bajo una dictadura militar tenía bastante más mérito salir adelante que en una democracia consolidada como la británica, pero escuchas hoy en día los discos de grupos como Los Pasos, Los Bravos, Brincos o el Dúo, Los Iberos, Módulos, Pekenikes, Canarios, etc., y el nivel es muy alto. Algunos grababan en Londres o Milán».
Con los seguidores de la música ocurría lo mismo. No tenía el mismo significado una música de liberación moral en una sociedad democrática, por estricta que fuese, que en una dictadura como era la franquista. Sigue Vogel: «El rock fue un fenómeno mundial. Recogió conflictos generacionales, frustraciones juveniles y adolescentes. Y en nuestro caso había un componente político. Ese nacionalcatolicismo que oprimía cada aspecto de la vida cotidiana. El rock era una vía de escape. Una rebeldía individual que se colectivizó y creó signos de identidad. Al llegar a la universidad o a tu primer curro ya estabas infectado por el virus del rock o a punto de estarlo. Y se formaba una cadena que se iba transmitiendo desde los hermanos mayores. El rock, los discos, eran nuestras redes sociales, nuestra internet. El rock respondía a la acción del día a día, la cotidiana. En actitud, desobediencia, forma de vestir, el pelo largo. Por eso digo que el pop y el rock fueron la china en el zapato del régimen. Una bien gorda, porque se multiplicaba generación tras generación. Las movilizaciones obreras y universitarias se enmarcaban en los parámetros de las cosas importantes y puntuales. Y también tuvieron sus referentes musicales, los cantautores. Si sumas ambos géneros, es fácil observar la importancia de la música popular en la lucha contra el régimen».
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Una vez más, otro artículo más… quizás otro libro más en que se habla de la historia del rock en España y no se nombra ni a Los Milos, ni a Los Rockeros ni a Bruno Lomas, paradigma del pionero, visionario, rock star e ídolo de masas que no admite parangón. Por ignorancia o mezquindad, tanto da, estos artículos tienen el mismo crédito que un ensayo de la historia del fútbol español que no mencionase al Athletic Club…
En el libro «Bikinis, Fútbol y Rock & Roll»:
Los Milos: p. 264 y 265
Los Top-Son: p. 265
Bruno Lomas: p. 213, 214, 264-266, 280
Los Rockeros: p. 265
Alvaro, creo que te interesará este libro: https://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=160074
Gonzalo García Pelayo fue el productor de los dos primeros discos de Triana pero el mánager siempre fue su hermano Javier,amigo y testigo de la formación del grupo,que ensayaban en su propia casa.
Gracias ? gracias ?
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