Música

Los críticos musicales del franquismo y la creación del «buen gusto» español

Francisco Franco y Carmen Polo en Donostia, 1950. Fotografía: Vicente Martín / Kutxa Fototeka (CC).

Hace dos años comentamos con el historiador del flamenco Juan Vergillos el impacto que tuvo la Guerra Civil en este género musical. Según explicó, era el arte más popular de España y se codeaba con las vanguardias de los años veinte y los treinta, pero tras la guerra hubo un cambio radical. El régimen se ocupó de despolitizar el flamenco y lo convirtió en un «fenómeno étnico». Antes, había sido un género precursor de la canción protesta de los años sesenta, abordaba temas sociales de actualidad y no faltaron fandangos republicanos con loas a la bandera tricolor.

Este año ha salido un libro que abunda en esa fractura, la que se produjo en la música española tras la guerra, pero hace referencia a la música clásica. Lo ha publicado Eva Moreda Rodríguez, de la Universidad de Glasgow. Se titula Music Criticism and Music Critics in Early Francoist Spain (Oxford University Press, 2017) Su lectura me ha dejado fascinado. Como todo el mundo sabe, la figura del crítico musical siempre ha sido controvertida, quizá solo la del crítico de cine ha podido serlo más, y es realmente divertido, de reír por no llorar, descubrir que las manías y obsesiones típicas de estos plumillas también estuvieron presentes en un proceso de gran magnitud y terribles consecuencias como fue la implantación del Estado franquista en los años cuarenta.

Cito, por ejemplo, a uno de los primeros en desfilar por estas páginas. Joaquín Turina, que admitía que la guerra había dejado un vacío en la producción musical española, pero subrayaba que había sido para bien, porque en la II República el arte se estaba deshumanizando con tanta innovación y tendencias avant-garde. Proclamó: «La victoria de nuestros soldados ha barrido, al menos en el ámbito de la música, toda esa confusión». Se conoce que al hombre no le gustaban esos que hoy se conoce como modernos.

Parte de ese supuesto sindiós de música vanguardista venía por el Grupo de los Ocho. No eran muy numerosos, como su propio nombre indica, pero tuvieron su importancia. Me cuenta Moreda: «irrumpieron en la escena musical española en los años veinte con ganas de cambiarlo todo de arriba abajo y a menudo con una cierta arrogancia». Pero la clave fue que con la llegada de la República, uno de ellos, Salvador Bacarisse, entró en la Junta Nacional de Música de la República junto a otros personajes cercanos al Grupo, como Adolfo Salazar y Óscar Esplá. Y durante la guerra, tres miembros de los Ocho integraron el Consejo Central de Música de la República y otro compositor cercano, Gustavo Pittaluga, fue diplomático.

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5 comentarios

  1. Pablo Cepeda

    Enhorabuena por el artículo.

    Tan sólo una puntualización: Ramón González de Amezúa nació en Madrid, no en Guipuzcoa. Para más detalles, además de la entrada en Wikipedia se puede consultar la tesis de Esteban Elizondo sobre la organería romántica en el País Vasco y Navarra.
    http://www.tdx.cat/handle/10803/1274

    https://es.m.wikipedia.org/wiki/Ramón_González_de_Amezúa

  2. El rey que trajo músicos italianos -Boccherini, Scarlatti, el castrado Farinelli- fue Felipe V, no Fernando V.

  3. Excelente la cita y por desgracia mu de actualidad hoy día;
    . Una famosa cita de Pilar Primo de Rivera, jefa de la Sección Femenina, resumía este espíritu: «Cuando los catalanes sepan cantar las canciones de Castilla; cuando en Castilla conozcan también las sardanas y sepan que se toca el chistu, (…) cuando las canciones de Galicia se conozcan en Levante; cuando se unan cincuenta o sesenta mil voces para cantar una misma canción, entonces sí que habremos conseguido la unidad entre los hombres y entre las tierras de España. Y lo que pasa con la música, pasa también con el campo, con la tierra: la tierra, que nos da el pan y el aceite, el vino y la miel. España físicamente estaría incompleta si se compusiera solamente del Norte o del Mediodía. Pero son incompletos también los españoles que solo se apegan a un pedazo de tierra».

  4. Peter Mountain

    En 1944, se creó un departamento de folclore del Instituto Español de Musicología. Para su dirección, Anglès seleccionó a Marius Schneider, un experto folclorista alemán que había huido del III Reich en 1944. Perfecto. ¿Pero no ha oido hablar el autor del reportaje del folclorista Manuel García Matos? El mayor trabajo de campo que se haya hecho durante el franquismo del folclore español lo representa este múscio placentino y su magna obra publicada posteriormente con indudable éxito.

  5. ^^^^ Totalmente de acuerdo., la labor de Manuel García Matos fue grande y profunda, cual Alan Lomax lo hizo en 1952. Lástima que fue una labor puntual entre 1956-59 y no tuvo continuidad a lo largo de los años. Su Antología del Folklore Musical de España publicada por Hispavox en 1959 en 4 lps como resumen de su fenomenal trabajo supo a poco y se tuvo que esperar hasta 1978 para poder oir una mayor selección en 17 lps y posteriormente editada en 10 cds.
    Fundamental trabajo de campo.

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