Violencia lírica: edición internacional

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Kanye West. Fotografía: rodrigoferrari (CC).

(En anteriores episodios, la edición en español)

En 2016 la Academia sueca galardonó a Bob Dylan con el Nobel de literatura. Un anuncio que logró zambullir los monóculos de varios estudiosos de las letras en sus tazas de té y al mismo tiempo elevar las cejas del propio Dylan que ni se lo esperaba, ni sabía que participaba en la quiniela, ni tuvo ninguna prisa en pasarse a recogerlo. Aquel reconocimiento de los suecos ayudaría a impulsar la percepción de la música popular como un arte elevado. Una apreciación interesante teniendo en cuenta que, si bien es cierto que el folclore sonoro ha sido capaz de tejer maravillas de notables ramificaciones literarias, es en dicho panorama pop donde se han perpetrado los mayores atentados poéticos de la historia. Y es que estamos hablando de un medio donde los tarados de Baha men arrasaron con una canción compuesta en parte por ladridos que fue premiada con un Grammy.

Batidora aleatoria

Amontonar palabras para ver qué pasa es un clásico de todo compositor reconocido. El propio Dylan cerraba su tema «I Shall Be Free Nº10» haciendo mofa de lo críptico de su producción: «Ahora te estarás preguntando / ¿De qué va esta canción? / Y lo que probablemente te desconcierta más / es entender el sentido de todo esto». Noel Gallagher admitió que mientras militaba en Oasis a veces no sabía qué coño estaba entonando: «Cuando voy por la mitad de “Don’t Look Back in Anger” me digo a mí mismo “Todavía no tengo claro qué significa esto”». Per Gessle confesó que el tema «The Look», la canción que lanzó a la fama a Roxette a nivel mundial en el 89, arrancaba con un par de líneas que no tenían sentido: «Los dos primeros versos de la canción, «Walking like a man / hitting like a hammer», tan solo servían de guía lírica. Se trataba de palabras que se metieron ahí para tener algo que cantar, y como no se nos ocurrió nada mejor lo dejamos tal y como estaba». Nick Kershaw convirtió en hit de éxito «The Riddle» confundiendo al público con versos como «Cerca de un árbol junto al río / hay un agujero en el piso / donde un anciano de Aran / da vueltas y vueltas / Y su mente es un faro / en el velo de la noche / Existe lo incorrecto y lo correcto / pero él nunca peleará». El propio Kershaw acabó explicando que toda la letra era un puñado de palabras al azar que apiló sobre la melodía cuando le apuraron para sacar el tema, un detalle que no impidió que el single llegase acompañado de un concurso donde el objetivo era descifrar el significado de las estrofas.

El «Born Slippy. NUXX» de Underworld, un corte que se hizo extremadamente popular a mediados de los noventa tras aparecer en Trainspotting de Danny Boyle, ametrallaba frases incomprensibles mientras escupía más «boys» por segundo que Sabrina en nochevieja: «Drive boy dog boy / dirty numb angel boy / in the doorway boy / she was a-lipstick boy / she was a-beautiful boy / and tears boy / and all in your inner space boy / you had hands girls boy / and steel boy / you had chemicals boy / I’ve grown so close to you boy / and you just groan boy / she said come over come over / she smiled at you boy». Según sus creadores, toda aquella montaña de incoherencias trataba de reflejar el monólogo interior de un alcohólico muy jodido.

Dave Wyndorf, cantante y letrista de Monster Magnet, confesó que tenía una técnica para salir adelante cuando se quedaba atascado mientras componía la letra de una canción: escribir cualquier cosa sobre volcanes o tornados, porque los volcanes y los tornados siempre molan. En Radiohead durante la etapa de Kid A estaban tan obsesionados con el dadaísmo que construían algunas letras de manera totalmente aleatoria, arrojando palabras a la buena de Dios. Beck se hizo famoso gracias a «Loser», un corte que nació encadenando frases disparatadas sin relación entre sí. Algo coherente con la carrera de la persona que se asomó por Futurama para afirmar que la palabra «Odelay», que daba nombre a uno de sus discos, era válida porque figuraba oficialmente en el Becktionario. Jonathan Coulton, el músico geek responsable de escribir la aplaudida canción «Still Alive» que cerraba el videojuego Portal, concibió un moderno revoltijo de versos aleatorios con un tema llamado «Flickr», donde se limitaba a cantar lo que veía en una serie de fotos de licencia Creative Commons que había pescado de, obviamente, Flickr.

Noel Gallagher. Fotografía: Drew de F Fawkes (CC).

Adriano Celentano, el hombre que le cantaba a un color en una de las canciones más pegajosas del pop universal, paseó en el 72 un disco titulado Nostal Rock, cuya segunda pista lucía título impronunciable («Prisencolinensinainciusol») y letra juguetona: el tema sonaba a inglés pero en realidad era un batiburrillo de palabras sin sentido o lógica alguna colocadas de modo que al ser cantadas por un italiano sonasen como un hit musical americano (el videoclip de la interpretación televisiva de dicha pieza resulta poco menos que fascinante). Un par de años después Elton John canturrearía «Solar Prestige A Gammon» una composición que sonaba a francés pero estaba compuesta por palabras absurdas en inglés. El Chombo perfeccionaría la técnica del idioma falso al fusionarla con el concepto de canción del verano en «Chacarrón macarrón», una pieza compuesta a base de versos ininteligibles farfullados.

El caso más extremo de ensalada incomprensible fue el de la canción «Louie Louie» en la versión realizada por The Kingsmen. El tema original era una balada jamaicana compuesta por Richard Berry en 1955 que narraba el regreso de un marinero a su tierra para ver a la querida. En cambio, en la versión del 63 perpetrada por The KIngsmen la letra era un amasijo de sílabas indescifrables donde parte de la gracia parecía hallarse en saber qué estaba diciendo un cantante (Jack Ely), que probablemente entonaba a tres metros del micrófono, con la boca llena y en un estado avanzado de ebriedad. Un DJ de Boston emitió la pista en su programa asegurando que aquella era «la peor canción que había escuchado» y el tema no tardó mucho en convertirse en un éxito nacional. En 1964, un padre cabreado escribió al fiscal general de los Estados unidos denunciando que había localizado obscenidades inenarrables en los versos de Louie Louie y poco después el gobernador de Indiana declaró la canción pornográfica y propuso vetarla en todo el mundo civilizado. Como consecuencia de tanto rumor apuntando a lo sucio de la canción, el mismísimo FBI decidió lanzar una investigación sobre el asunto y sentó a varios de sus hombres delante de un tocadiscos con la orden de escuchar Louie Louie durante meses, y a diferentes velocidades, para acabar certificando que, efectivamente, a Ely no se le entendía una mierda. Curiosamente, nadie reparó en el detalle de que en la pieza se puede oír al batería (Lynn Easton) gritando «fuck!» en el segundo cincuenta y seis porque se le había caído una baqueta.

Tensión sexual muy revuelta

Deff Leppard en «Pour Some Sugar On Me» llevaba fatal lo de las metáforas en la cocina para hablar sobre el fornicio: «Tú tienes los melocotones, yo tengo la crema / Dulce al gusto, sacarina». Pero peor era lo de Kiss en «Burn Bitch Burn» con aquel «Oh nena, quiero poner mi tronco en tu chimenea». «The Lemon Song» de Led Zeppelin tuvo poco que ver con Juan Antonio Canta y mucho con versos que serían considerados pecado en casi todas las religiones conocidas: «Estrújame nena, hasta que el jugo se deslice por mi pierna / La manera en la que aprietas mi limón va a hacer que me caiga de la cama». La boy band inglesa East 17 demostró con «Deep» que tampoco era muy de dar rodeos para llegar a los sitios: «Yo te unto la tostada si tú me lames el cuchillo», mientras otra boy band americana llamada Pretty Rick apostaba por el racismo casual: «Quiero ser el amante mexicano que te va a reventar la piñata». Spinal Tap estaban de coña reconocida, pero eso no le restaba mérito a su «Mi nena me encaja como un esmoquin de carne / Me gustaría hundirla con mi torpedo rosa».

Kanye West apostó fuerte al aparecer por el «Gettin’it In» de Jakadiss rapeando un espectacular «My apologies are you into astrology? ‘cause, um, I’m trying to make it to Uranus» («Mis disculpas ¿te interesa la astrología? Porque, ehm, estoy intentando llegar a Urano») cuyo mayor delito no era tener uno de los peores, y más infantiloides, juegos de palabras de la historia lírica («Ur-anus» entendido como «Tu-ano») sino demostrar que West no tenía ni puta idea de cuál era la diferencia entre astrología y astronomía. R. Kelly también colocaría a Urano en una canción, «Sex planet», estableciendo vínculos anales: «Chica, te prometo que será indoloro / Haremos un viaje al planeta Urano». Pero lo cierto es que Kelly ha construido toda su producción musical sobre insinuaciones sexuales ramplonas: «Haciendo el amor como dos gorilas en la jungla», «Será como Se ha escrito un crimen en cuanto te quite la ropa», «Te voy a tocar el alma / en cuanto me meta por tu agujero negro», «¿Qué ocurre en mis pantalones? / No podría explicarlo», «Es como Jurassic Park y yo soy tu sexasaurio». Pedazos aterradores de un legado poético coronado por una inspirada colaboración en la remezcla del «Lay It Down» de Lloyd donde cantaba: «Apoya tu cabeza en mi almohada / Nena, esto se está poniendo serio como en Thriller / Vas a sentir como ese monstruo se hace grande / Y no tengo más rimas para la siguiente parte / pero no pasa nada porque esto es el remix». Líneas que resultan mucho más perturbadoras si se tienen en cuenta las acusaciones de abuso de menores que lleva años coleccionado el repelente de Kelly.

Jesse Stone escribió en 1954 «Shake, Rattle and Roll» y Big Joe Turner se metió en un estudio para dotar de voz a la letra, pero antes de hacerlo optó por dejar en el paragüero de la entrada las referencias sexuales más evidentes para evitarse problemas en aquellos recatados cincuenta que por otro lado veían normal que el tercer verso de la canción enviase a una mujer a la cocina («Métete en esa cocina y haz algo de ruido con las ollas y sartenes»). Lo sorprendente es que, pese al blanqueamiento previo, la pieza final incluye una de las referencias sexuales (confirmada por el propio Sonte) más ramplonas del mundo de la música: un «Soy como un gato tuerto curioseando en una tienda de mariscos» que se refería exactamente a lo que cualquier malpensado imagina.

«Shake, Rattle and Roll»: Doble combo de misoginia cincuentera y referencias sexuales chuscas:

Somebody once told me the world is gonna roll me

La agrupación Smash Mouth es una de aquellas cosas que en principio parecían inofensivas pero con el tiempo acabaron confirmando que el mal puede venir en diferentes envases. Su «All Star» llegó con buenas intenciones, era un tema ideado para animar a todos aquellos chavales que sufrían de acoso escolar, pero acabó resultando pegajosa en exceso y condenando a nuestra sociedad a una sobreexposición por parte de las emisoras de radio, el cine (con Mystery Men a la cabeza) y la publicidad. Que el tema arrancase con un «Somebody once told me» entonado de manera cargante logró amartillar en la memoria sonora colectiva aquella canción como una de las cosas más repelentes del universo. Su legado se ha extendido hasta el día de hoy en unos mundos digitales donde James Nielssen, youtuber amigo de la edición y la remezcla, se ha hecho famoso utilizando el videoclip de «All Star» como campo de pruebas para experimentos chiflados y maravillosos: una versión de la canción que sustituye todas las palabras de la misma por «somebody» (o lo más cerca que estará el ser humano de experimentar el infierno en la tierra) junto a interpretaciones del hit que se aceleran cada vez que el cantante pronuncia la palabra «the», recrean la melodía con los sonidos de Windows XP o pedazos de los mítines de Donald Trump, voltean todas las palabras o las ordenan según su puntuación en el Scrabble, agudizan las voces mientras ralentizan la música, o sustituyen todas las palabras de la espantosa «Photograph» de Nickelback por «somebody». Como bonus perverso Nielssen también se ha tomado la molestia de hacer que el cantante de Smash Mouth, Steven Harwell, recite ese cansino «somebody» más de un cuarto de billón de veces. Otro youtuber llamado Jon Sudano también ha hecho carrera gracias a la banda californiana: su producción se compone de vídeos caseros donde el chaval versiona a pelo diversas canciones populares: el «Hello» de Adele,  «In the End» de Linkin Park, «Smell Like Teen Spirit» de Nirvana, el «Wonderwall» de Oasis o el «Zombie» de The Cranberries con el pequeño detalle de sustituir todos los versos originales por los del «All Star» de Smash Mouth.

Rimas from hell

Madonna. Fotografía: Pascal Mannaerts (CC).

El equivalente internacional a aquella rima sangrante de Mecano que se atrevía con «No hay marcha en Nueva York / y los jamones son de York» viene firmado por Madonna y protagonizado también por la ciudad que nunca duerme: «I don’t like cities, but I like New York / other places make me feel like a dork». The Steve Miller Band se arriesgaba en «Take the Money and Run» a forzar sílabas hasta obligarlas a rimar «El Paso» con «big hassle» y «his castle» sin considerar las consecuencias de dicha fechoría. Y con «Abracadabra» directamente se marcaba un facepalm lírico: «Abra, abra-cadabra / I want to reach out and grab ya». «War pigs» de Black Sabbath tiene el honor de abrir con un par de líneas que son consideradas, incluso por sus fans más leales, como unos de los versos más perezosos y ridículos de la música: «Generals gathered in their masses / just like witches at black masses». New Order forzó demasiado con «Sooner Than You Think» emparejando «reasonable» con un «seasonable» que pitaba en los oídos. El ilustre «Blame it to the Boogie» de The Jacksons coló un verso («We spent the night in Frisco/ at every kind of disco») que parecía más propio de los Vengaboys. Las rimas con las que Coldplay arrancó «The Hardest Part» evidenciaban una huelga cerebral y al mismo tiempo los cojones morenos de alguien rima una palabra consigo misma dos veces seguidas: «And the hardest part / Was letting go, not taking part / Was the hardest part». Toto casi se ahogaba al intentar llegar a tiempo para encajar las estrofas extensas y rimas desastrosas de su célebre «Africa»: «The wild dogs cry out in the night  / As they grow restless longing for some solitary company /I know that I must do what’s right / Sure as Kilimanjaro rises like Olympus above the Serengeti». Y sorprendentemente, lo peor que hizo Usher en «OMG» no fue invitar a Will.i.am y su vocoder a aparcar en medio de la canción, sino enlazar «pow» con «wow» en una estrofa aterradora: «Mi amorcito tiene un culito como pow, pow, pow / Mi amorcito tiene unas tetas como wow, oh, wow».

Violencia lírica

Kanye West se demostró valiente con «I’m in It» tras seguir saliendo a la calle después de canturrear cosas como «Persiguiendo el amor perdí horas amargas / Comiéndome un coño asiático solo eché de menos la salsa agridulce». Billy Ray Cyrus sorprendió al revelarse como alquimista excelso capaz de concentrar la vileza pura en su «Achy Breaky Heart». La BBC y los diarios The Independent y Herald Sun votaron a la canción «Life» de Des’Ree como la peor letra de la historia por contener versos como «No quiero ver un fantasma / es la cosa que más temo / Prefiero comer una tostada / viendo las noticias de la tarde». Dr Dre sentenció «Pateo muchos culos, así que llámame astronauta», 2 Chainz rapeó «Ella tiene un culo grande / y por eso la llamo Culo Grande» y Big Sean se arrimó a Nicki Minaj para dedicarle una tierna serenata a su pandero oculta en unas crípticas estrofas que entonaban «Culo culo culo culo culo culo culo culo / Culo culo culo culo culo culo culo culo / Culo culo culo culo culo culo culo culo / Culo culo culo culo culo culo culo culo» en aquella montaña rusa del mal gusto titulada «Dance (A$$)» que, contra todo pronóstico, empeoraba cuando Minaj se acercaba al micrófono: «Que alguien señale al mejor comeculos […] Si consigue un mandingo yo le compro un dashiki / y que reviente este choco abierto en las islas Waikiki / Bésame el culo y también el ano, porque por fin se ha hecho famoso».

En 1992 los alemanes Snap! reventaron pistas de baile con «Rhythm Is a Dancer» y corazones con la letra más desafortunada del Eurodance (que ya es decir): «Soy tan serio como el cáncer / cuando digo Rhythm is a dancer». Insane Clown Pose en la letra de «Miracles» culpaba a la magia de estar detrás de todo aquello que no entendían: «Las cataratas del Niágara y las pirámides / Todo aquello en lo que creías de niño / Los putos arcoÍris después de llover / Suficientes milagros para volarte los sesos […] Putos imanes ¿cómo funcionan? / Y que no me lo cuente un científico / Todos esos hijos de puta mienten, y me cabrean», lo peor de todo era que probablemente el dúo de raperos no estaba de broma, porque se han declarado fans de las enseñanzas del libro El secreto y de ese tipo de gente no se puede esperar nada bueno. Hillary Duff también evocaba el enigmático mundo de la ciencia al cantar «Si la luz está apagada, entonces no está encendida» en «So yesterday».

Nicki Minaj. Fotografía: Christopher Macsurak (CC).

En 1985 la BBC decidió suspender la emisión de Doctor Who durante año y medio. A modo de protesta, varias personalidades grabaron «Doctor in Distress», un single coral inspirado por las aventuras del doctor cuyos beneficios comerciales se donarían a alguna buena causa. El resultado final fue tan espeluznante que la propia BBC se negó a emitirlo y las ventas no llegaron para cubrir la producción. El Doctor Who Magazine publicó una crítica encantadora de la canción: «This song is bad. Not ‘so bad, it’s good’ and not Michael Jackson’s Bad. Just plain bad» («Esta canción es mala. No “tan mala que es buena” y no como el “Bad” de Michael Jackson. Simplemente mala»). Brad Paisley y LL Cool J se arrimaron para gestar a una criatura en común: «Accidental Racist», o el ejemplo perfecto de cómo orquestar un accidente musical con todas las buenas intenciones del mundo. Una pieza compuesta con la idea de que los blancos sureños de los Estados Unidos y los afroamericanos se abrazasen en paz y armonía, un relato sobre un caucásico no muy despierto que entraba con una camiseta de la bandera confederada (por ser fan de Lynyrd Skynyrd) en un lugar frecuentado por gente de color. «Accidental Racist» pretendía acabar con el racismo involuntario y su letra presentaba al blanco del sur como un paleto («Solo un hijo rebelde con una vieja lata de gusanos») y al negro como un macarra gangsta («Solo porque me cuelguen los pantalones no significa que yo no sea bueno […] Ahora mis cadenas son de oro pero me sigues malinterpretando») logrando irónicamente que la canción fuese tremendamente racista de manera accidental.

En 1865 Jimmy Cross estrenó «I Want my Baby Back», o la canción de amor más retorcida y deleznable de la historia. Mitad tonadilla vetusta y mitad narración radiofónica con efectos sonoros incluidos, la grabación nació como una parodia consciente pero desembocó en chiste malo: Cross narraba los lamentos de un chaval, cuya novia fallecía desmembrada en un accidente de tráfico («Mi nena estaba tirada por allí… y también por allá… y también por mucho más allá»), que acaba visitando el cementerio pala en mano para reencontrarse con la querida fenecida en el interior del féretro. Era difícil hacerlo peor que Cross, cuya carrera se fue diligentemente al garete después de esto, sobre todo teniendo en cuenta que la canción tenía el admirable buen gusto de incluir el sonido de la tapa de un ataúd chirriante.

7 comentarios

  1. Susana Sugrañes

    Estupendo artículo. Me emociono cada vez que escucho esa “All star” con los sonidos de Windows XP.

  2. Mmm. No pertenezco a esta generación que gusta de este tipo de ensaladas musicales, que algunas, tengo que aceptarlo, me tiran de los huesos con sus ritmos, pero ahora, leyendo las traducciones entiendo porque América tiene un tal presidente. Es desubicada esta apreciación? Gracias por la divulgación.

  3. Antonio

    Los artículos del señor Cuevas, de lo mejor de Jot Down.

    Como humilde aportación, y más asequible para los no angloparlantes: “Hotel California” de los Gipsy kings.

  4. “En 1865 Jimmy Cross estreno….”
    seguro? :)

  5. El intimo amigo de Dylan, el poeta Beat Allen Ginsberg, lideró una campaña para que Dylan fuera proclamado Nobel de Literatura durante muchos años. Decir que Dylan no sabía que estaba en la quiniela es ser bastante económico con la verdad. Lo sabía de sobra.

    • Aprovecho la ocasión para sacarme las ganas de volverlo a decir: Leonard Cohen escribía mejor. Y seguramente hubiera sido un premiado mucho más digno y agradecido. No hay más que ver cuando le entregaron el Príncipe o Princesa de Asturias. Destilando clase por todos los poros.

  6. Encantadora y absurda Atlatl, de Bhi Bhiman: https://youtu.be/UQ5m0wzMk_Y

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