Mis mujeres favoritas: Ruth Cracknell

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Ruth Cracknell con Garry McDonald en la serie Mother and Son (1984–1994). Imagen: Australian Broadcasting Corporation (ABC).

La encontré por casualidad, como encuentra siempre uno lo que por un motivo u otro no es muy conocido más allá de su país de origen. Aún no sabía quién era Ruth Cracknell realmente —la gran dama del teatro y la televisión en Australia— pero pude experimentar el asombro de quien acaba de descubrir a una actriz cuyo talento se sale de lo normal.

Fue gracias a la deliciosa serie de TV «Madre e hijo»: tras una cabecera con música agradable y fotografías en blanco y negro esperaba una amable comedia familiar de esas que tanto se estilaban durante los 80. Y bien, el tono amable estaba allí, pero era sólo una tapadera bajo la que se escondían considerables dosis de humor negro. La serie trataba el delicado tema de la enfermedad de Alzheimer —sí, en clave de comedia… algo casi impensable hoy en día— a través de la figura de Maggie Beare, una anciana amnésica y de carácter pueril. Maggie convive con su abnegado hijo Arthur, a quien manipula emocionalmente para someterle a sus continuos caprichos, creando una relación de dependencia tan insana como entrañable y, por momentos, surrealista. Los guiones de «Madre e hijo» eran ágiles, inteligentes, muy divertidos y psicológicamente muy certeros, pero la gran baza de la serie era indiscutiblemente la soberbia interpretación de Miss Cracknell.

Durante cuarenta y dos episodios Ruth Cracknell dibujó un retrato tan cómico como fascinante —y en el fondo estremecedor— de una mujer cuya personalidad muestra los primeros estragos de la demencia senil. Su trabajo dando vida a Maggie Beare era tan exquisito, tan poderoso y a la vez tan repleto de sutilezas, que me pregunté asombrado por qué esta mujer no era tan célebre como algunas de las más respetadas actrices de Hollywood. Todo en su interpretación —y hablamos de una serie cómica presuntamente «ligera»— era una demostración de virtuosismo: sus movimientos, sus imperceptibles muecas, sus miradas, las entonaciones de su voz… nunca me cupieron dudas: Ruth Cracknell era simple y llanamente una de las mejores actrices del mundo. Al gesticular confusa mientras intentaba recordar dónde había puesto la tetera o mirando al techo para hablar con el espíritu de su difunto marido (por lo general para hacerle preguntas de lo más absurdas y terminar diciendo «está bien, está bien, no te pongas así») Cracknell se las arreglaba para hacer comedia mientras dejaba entrever el trasfondo trágico y conmovedor de su personaje, y sin necesidad de caer por un instante en la sensiblería o el melodrama facilón. No es una serie norteamericana y eso se nota, y mucho: la comedia y la ironía no ceden jamás ante las tentaciones lacrimógenas, más bien todo lo contrario. Maggie Beare podía despertar ternura, pero también podía resultar irritante o desconcertante: no era un personaje pensado para que el espectador se apiadase de él (en realidad nos apiadamos de su pobre hijo Arthur). Maggie nunca dejaba de sorprender: tan pronto la veíamos volcando una malla de naranjas sobre un ataúd en pleno funeral como llamando «golfa» a la cara a cualquier amiga de su hijo, o intentando encender el horno de gas lanzándole cerillas a distancia («algo le pasa al comosellame«), o contestando al teléfono cuando oía el timbre de la puerta, o leyendo varias veces en voz alta el mismo párrafo de la Biblia porque a cada interrupción olvidaba que ya lo había leído… aunque siempre manteniendo, pese a todo, su inquebrantable dignidad de mujer decente de clase media.

Cracknell también hizo incursiones en el cine o en otros programas de TV, donde podemos contemplarla en registros muy diferentes: casi sorprende verla desprovista de los hilarantes manierismos tan propios de la senil Maggie, desarrollando su talento en papeles de mujer perfectamente normal (es tan buena actriz que, efectivamente, no parece la misma). Cracknell era una mujer elegante y refinada, que además demostró su inteligencia en su autobiografía «A biased memoir» («Unas memorias tendenciosas»). Obviamente, su trabajo teatral anterior a «Madre e hijo» no está a nuestro alcance —el teatro era su medio natural— así que, por lo que a nosotros respecta, Maggie Beare es el gran papel de la vida de Ruth Cracknell (una vida que desgraciadamente terminó hace unos años) y por el que será recordada el día en que el mundo, más allá de Australia, descubra la magnitud de tan maravilloso personaje. De hecho en Australia es su papel más celebrado y ganó por él varios premios en su país, incluyendo el de mejor actriz de comedia y el de personaje cómico más popular.

Supongo que será pasión de admirador —o quizá sea sólo un reclamo de plena justicia— pero Hollywood se rehabilitará ante mis ojos el día en que, durante la ceremonia de los Oscars, digan algo así como «…y acabamos de descubrir a Ruth Cracknell, esta increíble actriz australiana», concediéndole póstumamente los cuarenta y dos Oscars que, como mínimo, merece: uno por cada capítulo de «Mother and son».

Un Oscar o, como diría la olvidadiza Maggie, un «comosellame».

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1 comentario

  1. ARRIET

    Gran serie de tv

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